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Viaje al corregimiento Colombia, en el extremo noroccidental de Manizales

(Nota publicada el 6 de agosto de 2020). Manizales en su zona rural tiene una extensión aproximada de 38.012 hectáreas, según el reporte del Plan de Desarrollo Municipal de la Alcaldía. Esa área está distribuida en 7 corregimientos y 63 veredas. Entre ellos se destaca el corregimiento Colombia, en el noroccidente, sobre el río Cauca, con una extensión de 4.339 hectáreas y 2520 habitantes. Es el corregimiento más alejado de la capital caldense, por eso es común notar que las estampas de la población nativa o asentada en este sitio, su fisonomía, vestuario, casas y hasta flora, son similares a las de la costa caribe.

Los fines de semana los manizaleños viajan a este sitio en busca de calor y de la frescura del río Cauca, todo un paseo de olla. Yo realizó el viaje un lunes de octubre.

En jeep hasta el 41

De la Terminal de Jeeps de la Galería de Manizales, a las 6:30 a.m., salió uno de los tres viajes que van desde la capital caldense con destino al Kilómetro 41. El jeep color rojo escarlata con placas UIC133 de Villamaría, conducido por Luis Fernando Betancur, de unos 40 años y que lleva 18 en este oficio, tomó la ruta de La Cabaña pues la mayoría de viajeros se quedaran en diferentes destinos, entre ellos las veredas del corregimiento El Remanso, ya que por allí cruza la vía La Cabaña que termina en el cruce de Tres Puertas. 

Los viajeros en su mayoría son agricultores o trabajadores de fincas de El Remanso. Entre ellos sobresalía Jaime Hernán Grajales, quien le rogó al conductor: “Voy de afán, chúcele a este tiesto Lucho”, pues ya lo había llamado su patrón y le dijo que lo necesitaba urgente en la finca El Agrado, en la vereda Mal Paso, que está después del peaje de la vía en La Quiebra de Vélez. Lucho pasó de los 30 kms/h a los 50 kms y en un santiamén lo dejó en su destino, cobrándole $3.500. Luego se bajaron otros 5 viajeros en las veredas El Chuzo, La Cabaña y La Pava, todos con cara de sueño, normal a esas alturas de la mañana: 6:55 a.m., además porque don Lucho no puso música durante todo el camino y el silencio era protagonista.

Jeep
Jeep, medio de transporte rural en el eje cafetero. Foto: El Tiempo

A medida que pasaban los kilómetros y nos acercábamos a Tres Puertas (el cruce para dirigirse ya sea al municipio de Palestina, a Manizales o tomar la vía hacia Medellín) se sentía el cambio de piso térmico, de unos 10°c desde Manizales hasta unos 20-22°c. Ya éramos pocos los que seguíamos en el jeep, solo 3, por lo que don Lucho decidió hacer una parada técnica, revisar el motor y ajustarle algunas cosas a su carro. Además, para conseguir dos o tres pasajeros más que fueran para el 41. Así fue, después de esperar 15 minutos, un hombre y dos mujeres abordaron el jeep. Eran las 7:10 a.m. 

El hombre se llamaba Rubén Pérez, vendedor informal de 45 años, que iba para el pare y siga que hay en las obras de la vía Panamericana hacia Medellín, a unos 3 kms. de Tres Puertas para vender los dulces y mecato que llevaba en sus manos. “Esto me lo vendo en 4 horitas, hay muchos carros y buses que paran por ahí media hora en cada carril, toca aprovechar”, aseguró con entusiasmo. Y como lo dijo él, el jeep paró y esperó unos 20 minutos más o menos, mientras le daban vía a los que venían por el otro carril. Rubén se bajó y se despidió, Lucho solo le cobró $1.000.

Kilómetro 41.
Calle del Kilómetro 41. Foto: La Patria 

Seguimos. Después de 15 minutos a de 60 kms/h Lucho avisó que estábamos cerca de nuestro destino, los viajeros nos despertamos y nos preparamos para bajarnos en el puente Llanogrande del Km. 41. Don Lucho cobró $6.500 a los que iniciamos el viaje con él en Manizales y $3.000 a las dos muchachas que iban a trabajar en los restaurantes ubicados cerca del puente.

Eran las 7:50. El viaje demoró una hora y 20 minutos, por la parada técnica en Tres Puertas y el pare y siga, pero normalmente dura de 45 a 50 minutos, dijo Gabriel Jaramillo, de 51 años, quien hace el mismo recorrido día de por medio desde Manizales, él trabaja en la finca La Arboleda en el Km. 41. “A veces, cuando necesito bajar al mediodía desde Manizales, me vengo en chiva porque casi no salen jeeps para acá después de las 11, hasta sale más barato, en 5 mil lo arriman a uno”, dijo el hombre que durante todo el viaje no hizo más que dormir. 

Explorando el 41

Del puente Llanogrande a la vereda Colombia Km. 41, la única que compone el corregimiento Colombia, hay un kilómetro de distancia aproximadamente y 20 minutos a pie con paso rápido. Para ingresar a la vereda hay varios ramales o vías de acceso, unas diseñadas para carros, jeeps, motos, chivas. Al lado del estadero y restaurante Llanogrande hay un camino de herradura angosto, destapado, en piedra, tierra y lodo, hasta cierto punto, más o menos unos 200 metros, después empieza el pavimento y se ven las diferentes viviendas ubicadas en ambos costados de la vía, todas pintadas con colores bastante llamativos y pintorescos, que indican que ya empieza el 41.

El poblado de la vereda Colombia Kmt. 41 es parecido a un laberinto, y no es porque se pueda perder fácilmente en él, sino porque tiene varias vías de acceso similares. Su topografía es plana y ondulada, sus calles son levemente inclinadas, nada comparadas con las faldas de Manizales. Está la Institución Educativa Giovanni Montini, el centro de salud, la subestación de la Policía Nacional Km. 41, la casa de la cultura y la parroquia Santa Laura Montoya Upegui, ubicados a no más de 5 metros entre uno y otro. Su temperatura oscila entre los 25 y 30°c. El régimen de lluvias es distinto al de Manizales y conforma un delicioso microclima. El caserío está rodeado por enormes haciendas de pasto, caña de azúcar y árboles frutales, especialmente de cítricos. Sus habitantes son humildes y carismáticos, viajan a pie, en moto o bicicleta, se ven pocos carros.

Institución Educativa Giovanni Montini
Institución Educativa Giovanni Montini, de la vereda Kilómetro 41. Foto: La Patria

A las 11:05 a.m. después de haber caminado el centro del 41 con unos 25°c encima, por los lados rivereños al río Cauca, está la vía que conduce a la conocida invasión de Potrerillo o a la carrilera que atraviesa el río, por la que es común ver a los vecinos de la línea férrea viajando en las llamadas “marranitas” de madera que impulsan por medio de motos. Entre las casas ubicadas a lado y lado de la vía, hay una blanca con azul, de una sola planta, allí está el negocio de arepas y pasteles de carne de Jaime Díaz, justo al lado de la tienda y carnicería La Dispensa. Jaime hace más de 100 arepas diarias para vender a todos los negocios, restaurantes, supermercados y antojados como él mismo dice. Las vende a $800 con mantequilla y al por mayor a $500. Se levanta a las 6 a.m. a hacerlas y desde las 8 a.m. o antes las calienta a fuego del carbón. 

Si de carbón se habla, en el negocio de Jaime, estaba desayunando Joaquín Antonio Ortiz Agudelo, de 73 eneros nacido en Palmira (Valle del Cauca), andariego, bohemio, trabajador empedernido, díscolo, parlero, mejor dicho… un culebrero. Es respetado y querido en la vereda, los muchachos, señoras, niños, campesinos, hasta ingenieros y maestros de obra lo saludan como ‘don Juaco’. Es “psicóloco” y telépata empírico, le gusta la construcción, la minería, la plomería, la milicia, y fue albañil en los Llanos Orientales. “El hombre o la mujer que no habla, no conversa, es porque es bruto, tapado, atolondrado”, asegura mientras le conversa a los perros que pasan por su lado, y dice al aire jocosamente: “lo que no hizo el gobierno, lo hizo un traqueto, don Roberto Escobar” refiriéndose a las casas de la invasión. 

Era la 1:30 p.m. y hacía pleno solazo, unos 30°c en las llanuras de estas tierras. En la invasión El Potrerillo, antes Hacienda El Potrerillo, terreno de 5.2 hectáreas, invadido el 11 de julio de 2013 por unas 220 familias en principio, y que ahora, parece un condominio más de la vereda, pues ya son más de 370 casas enumeradas y poco más de 300 familias las que viven allí. Este lote perteneció a Roberto de Jesús Escobar, alias Osito, hermano de Pablo Escobar, y declarada en extinción de dominio por la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE). 

Puente kilometro 41
Puente sobre el río Cauca, en el Km. 41. Foto: Eje 21

En la invasión vive Pedro Nel Moreno, de 71 años, testigo del crecimiento de El Potrerillo. En el 2014 “me di cuenta de que estaban regalando lotes por acá, por mi hijo, entonces me vine de Manizales a construir mi ranchito; al principio fue duro, pues me demore 6 meses levantándolo y mientras dormía sobre tablas y aguantando frío”. Empezó a construir su casa con plásticos y palos, pero después los habitantes del 41 le regalaron guadua, esterilla, concreto, ladrillos. Vive allí feliz con su esposa, y recorre a diario el 41 vendiendo límpido, que él fabrica en su casa, tiene la receta grabada en su mente y en sus mejores días se hace entre 40 o 50 mil pesos.

Don Pedro cuenta que lo único que le hace falta de Manizales es el mercado más económico, pues un kilo de carne allí cuesta entre 25 y 30 mil pesos, mientras en Manizales se consigue entre 17 y 20 mil. Lo más barato en la vereda son las frutas, porque allí mismo se cultivan. Cómo es 100% católico, le disgustan las cuatro iglesias de distintos cultos que hay en la invasión: la evangelista, la pentecostal, la protestante y la del Movimiento Misionero Mundial. Don Pedro visita la parroquia Santa Laura,  allí va cada dos días. A las 3:15 p.m. se va a su casa para almorzar, arrastraba su carrito de límpido y silbaba con su pito para alertar que el químico había llegado.

Yo regresé a mi Manizales, al frío.

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