martes, mayo 18, 2021

Una rodadita por el Sahara

Durante cinco días, el ciclista Carlos Enrique ‘Carrique’ Rendón Mejía se despertó a las seis de la mañana en algún lugar de Marruecos, cerca de los montes Atlas, con la misma canción de fondo: Ho hey del grupo The Lumineers. La pasión desbordante que siente por la bicicleta hizo que este manizaleño de 56 años, que por su acento cualquiera pensaría que es de algún lugar de Antioquia, dejara las rutas montañosas de grava, lodo y asfalto de su ciudad natal para embarcarse en una aventura de 708 kilómetros por caminos de arena, dunas y temperaturas mayores a los 40 grados Celsius. 

«Yo venía compitiendo normalmente en las carreras regionales y nacionales. Siempre, generalmente, era podio y, bueno, me iba relativamente bien. Había visto vídeos de la Titan Desert, en Marruecos, y me llamaba la atención. Pensaba: “¡Uy, qué berraquera! uno por allá en el África. En la vida me imaginé conocer ese continente… uno allá, en el desierto, en el Sahara; eso suena como misterioso, como chévere”. Un día leí que había un señor en Bogotá que estaba organizando un equipo, el Titán Colombia, para ir allá; que quien estuviera interesado le escribiera. 

Le escribí: “Oiga, llave, cuénteme cómo es esa vaina” y ahí me dijo que lo llamara. Llamé al man y le dije: “Hermano, yo soy fulano, compito en Cross Country” y cogió y me dijo “¡ah no! eso pa’ usted es fácil”. Yo le dije “pero, ¿cómo así hombre?” “Sí, eso pa’ usted es fácil, igual eso es lo de menos. La carrera es muy bonita y para usted eso es como un tiro”. “¡Ah, bueno! Entonces, si la vaina es tan fácil, ¿qué hay que hacer”. Me dijo que me mandaba la información y que solo era pagar. Colgué y lo primero que le dije a mi esposa fue: “oye, ¿sabes qué? Me voy pa’ Marruecos”.».

La Titán Desert se realiza desde el 2006 y es considerada por muchos como la carrera de ciclismo de montaña por etapas más exigente. El clima, con temperaturas hasta de 47 grados Celsius en el día y bajo cero en la noche; la dureza del terreno, carreteras destapadas, arena y dunas, se suman a la extensión de las etapas: su mayoría por encima de los 100 kilometros. Un desafío de superación para los ciclistas mas osados. 

Cada año se inscriben alrededor de 400 ciclomontañistas de todo el mundo, entre los que se encuentran profesionales y amateurs. La edición 2014, que se corrió del 27 de abril al 2 de mayo, y de la que participó Carrique, es considerada la más dura hasta el momento, al ser la más larga en la historia. 

« Empecé a entrenar mejor, a  hacer más fondos. Normalmente hacía vueltas pequeñas y el domingo hacía un fondo de 80 o 100 kilometros en trocha, que ya es mucho. Ya para esto me tocó ir a buscar sitios con calor, pero no había nada parecido. Decía: “me toca irme para el desierto de la Tatacoa o tendré que irme para La Guajira”. Era muy complicado entrenar ese tema del calor extremo pero, bueno, me iba para La Virginia o por el Valle (del Cauca) y así estuve un tiempo. Hasta que se vino esa güevonada». 

Ese año 17 corredores colombianos asumieron el reto de la carrera en Marruecos. El encuentro se dio en Bogotá, donde tendrían que amanecer en una sala de espera del aeropuerto El Dorado para tomar un vuelo a Madrid. 

«Llegamos a Madrid cinco o seis días antes de la carrera y lo que hicimos fue irnos al almacén deportivo Decathlon a comprar varias cosas que nos faltaban, sobre todo ropa térmica porque no teníamos y en la noche la temperatura baja a cero. Estuvimos casi cinco días sin poder montar porque las bicicletas las teníamos en cajas y no las podíamos armar. Hasta que llegó el día que nos íbamos y nos tocó ir a un aeropuerto pequeño en Madrid donde tomamos un vuelo charter, que solo llevaba corredores de la Titán.

Llegamos al aeropuerto, hermano, y empezamos a ver unos hijueputas grandísimos. Unos monos con unas pintas de profesionales, flaquitos, delgaditos, con unas chaquetas y que tales. Nosotros “¡ay, marica. Nos metimos en la hijueputa!”, pues unos indiecitos chiquitos. Todos ellos con maletas buenísimas pa’ la bicicleta y nosotros con las bicicletas en cajas usadas». 

Seis etapas, la más larga de 146.1 km, lo que equivale a un viaje de Bogotá a Tunja; la más corta, de 67.4. La competición tomó partida en la ciudad de Midelt, Marruecos, y terminaba su recorrido en Maadid, municipio de Argelia. Las primeras dos etapas eran de montaña, la primera con un desnivel de 2.134 metros y la segunda de 2.421. Mil metros más de desnivel que subir el mítico puerto de Letras desde Manizales. 

« Llegamos allá y que las inscripciones, las fotos, los números, el equipamiento y todo lo que daba la carrera. Ahí nos dijeron “bueno, ustedes pa’ las jaimas”, que son lo que usan los beduinos en el desierto. Son como unas chozas con el techo como de tela negra. Era para tres personas, tres muy buenos colchones, pero cuando había tormenta de arena, pues se nos metía la arena por encima y la cama siempre quedaba con un poquito de arena».

Dentro del campamento los corredores tenían acceso a una jaima que servía de restaurante y donde podían aprovisionarse. También contaban con otros servicios adicionales, que tenían un costo extra, como los mecánicos y los masajistas. Solo una etapa, la etapa dos, considerada como la “etapa maratón” no contaba con estos servicios. El lugar de descanso no tenía colchones, ni camas, ni otra comodidad, únicamente el servicio de comida.   

«A las seis de la mañana sonaba una canción, la misma canción, Ho hey de The Lumineers. Hoy la escucho y me erizo; quedo en shock. La ponían en unos altavoces grandísimos y nos despertaban con la misma hijo de puta canción.

La canción de la que habla Rendón se lanzó en 2012 y ese mismo año la revista Rolling Stone la catalogó como una de las mejores del año. La letra habla de todo lo que está haciendo una persona para estar al lado de quien ama, pero más allá de lo que dice, para Carrique la canción adquirió un significado especial que, aún hoy, evoca lo que vivió durante cinco días en el norte de África.  

« El primer día nos organizamos, nos echamos todo en los bolsillitos, nos abrazamos y nos dimos ánimo. Las dos primeras etapas eran de montaña, en los Atlas, y ya después era plano en el desierto. Esas dos primeras no me daban sustico porque sabía que era mi terreno. En montaña me defendía bien, pero ya en el desierto tenía que mirar qué putas hacía. Eso le dicen a uno “¡sale!” y uno sale y empiece a volear pedal. Esa primera etapa llegué entre los 100 primeros y para mí eso era un orgullo muy hijuemadre. Es que los profesionales, que fácilmente pueden ser 100, arrancan a culo alzado y uno no es capaz de coger una rueda o nada por el estilo.

Como hay tanta gente pues se van armando grupitos, pero la cosa más aterradora era que, de un momento a otro, me quedaba solo y me ponía a pensar maricadas. Cuando menos pensaba miraba para adelante y no veía a nadie y miraba pa’ atrás – creyendo que venía muchísima gente- y no había nadie. Pasaba hasta una hora y yo sentía esa soledad. No había nadie, no había un ruido y yo ahí en mitad de la nada, hasta que pasaba un rato y me juntaba con un grupito de diez corredores»

La carrera no solo cuenta con ciclistas expertos en ciclomontañismo, sino que en ella también han participado numerosos exciclistas de ruta profesionales como Abraham Olano, Joaquim ‘Purito’ Rodríguez y Sylvain Chavanel. Los corredores con más victorias de la Titán son los españoles Roberto Heras (2008, 2010, 2011, 2012) y Josep Betalú (2016, 2017, 2018, 2019), ambos con cuatro conquistas. Solo un colombiano, el bogotano, Diego Tamayo, subió al escalón más alto del podio en esta tortuosa prueba. 

«Todas las etapas eran muy duras. Hubo una en que nos tocó pasar un lecho de un río; un roto con una muralla a un lado y al otro, en un empedrado asqueroso, durísimo, y eso duró como 10 kilómetros. Ese día todos llegamos vueltos mierda, con las manos ampolladas, el culo ampollado y los pies ampollados. 

Para subir las dunas me tocaba caminando. Eso llegábamos al arenero y ¡pum! pa’l suelo. La llanta de adelante se me iba, la de atrás también, pero había gente que pasaba montada como si nada. Eran kilómetros de caminata, arrastrando la bicicleta, con los zapatos llenos de arena y hundido hasta los tobillos. Además, hacer esas etapas de casi 150 kilómetros es como morirse tres veces y resucitar”.

La quinta etapa fue la más dolorosa para Carlos Enrique. Las ganas de continuar en la carrera y terminar la competición eran grandes, pero el dolor de las heridas en su cuerpo las frenaron. «La zona de la ingle, la tenía en carne viva y no era capaz de sentarme en el sillín. La etapa cuatro me había tocado hacerla parado y, por hacerla así, se me hincharon las plantas de los pies. Llegó un momento en donde yo no era capaz de montar ni sentado, ni parado y me tocó retirarme». Ese día sonó aquella canción que servía de alarma, pero Carlos, que todos los días se levantaba a bailar al ritmo de la música, no se paró del colchón. La noche anterior al retiro llamó a su esposa, Claudia Londoño, pero las palabras no salían de su boca, solamente un llanto inconsolable y dos palabras que definían lo que sentía en ese momento: “estoy destruido”.  

Carrique recuerda con emoción y orgullo aquellos días donde vivió una experiencia única y que pocos en su vida podrán tener: pedalear en medio del desierto. Hoy, las memorias de aquel 2014 siguen provocando risas, alegría y las mismas lágrimas que experimentó en aquellos pueblos marroquíes. A su esposa le dijo que jamás volvería, pero nunca se sabe con un hombre que ha vivido su vida a punta de retos. 

Lo más leído

Noticiero semanal UM Central

En este noticiero se hace un conteo de las noticias más leídas de UM Central de la semana entre los días 5...

Jardín Nocturno Luz Verde: apoyo para mujeres cabeza de familia

La Secretaría de las Mujeres y Equidad de Género brinda su apoyo a madres cabeza de hogar con la creación del nuevo...

Mujeres de la Universidad de Manizales que se destacan en el deporte

Camila Andrea Espinosa Aristizabal, comunicadora social y periodista, delegada del equipo de Fútsal de la UM

A diario alimentan a más de 100 habitantes de calle en San José

“Cuando iniciamos con esta labor eran entre 3 a 10 beneficiados, ahora son 110 a 180, nos complace ver cómo hemos crecido...