sábado, octubre 23, 2021

Un hombre y sus dos gallinas pasan juntos la cuarentena en Villamaría Caldas

Florentino Rincón González se despierta todos los días a las 4:00 a.m, vive en una pieza alquilada en el municipio de Villamaría, este fue el único lugar en el que lo dejaron tener en el patio a sus dos gallinas, que a pesar del hambre se niega a comer. Se levanta y dependiendo de como le haya ido el día anterior se puede tomar un buen trago de aguapanela; se mete a la ducha y se pega un baño de agua fría, porque la residencia no tiene agua caliente, se lava los dientes y se “encachaca” para salir a trabajar.

Sale de su casa pero no sin antes despedirse de Salomé y Rebeca, les deja un puñadito de maíz y les promete que el próximo desayuno será más grande; se dirige hacia el parque del pueblo y coge el colectivo verde que lo deja más o menos a media cuadra de los pabellones de la Plaza de Mercado de Manizales. Florentino se encuentra uno que otro conocido pero solo hace un gesto para saludar, pues se tiene que devolver rápido para no hacer esperar a sus clientes. 

Compra medio bulto de mangos, no muy pintones porque se le pudren, ni muy biches porque se le quedan y con la devuelta le compra dos kilos de maíz a sus “hijas” como acostumbra a llamar a sus gallinas y se devuelve para su casa a lavar los mangos y a sacar la carretilla que el mismo fabricó “con una madera que estaban regalando en la alcaldía de una casa que tuvieron que tumbar por allá en Gallinazo”. Florentino asegura ser muy cuidadoso, cuando llega al parque organiza muy bien todo, se acomoda su boina café, se pone un delantal blanco, unos guantes y un tapabocas, también trata siempre de poner los mangos de una manera muy precisa y delicada.

Don Florentino es un viejo muy conocido y querido, se caracteriza por ser un hombre amable, respetuoso, honrado y su apariencia física es impecable, la gente del pueblo dice que da gusto comprarle a “Don Floro”.

Mientras llegan sus clientes, él se sienta en un muro con sus amigos y “tratan de arreglar un poquito el país”, a veces uno de ellos lleva las cartas españolas y juegan treinta y uno o una sin dos.

Aproximadamente a la 1:30 p.m. varios funcionarios de la alcaldía municipal como: la jefe de asuntos de gobierno, la secretaria de desarrollo social, la directora local de salud y la personera municipal, empezaron a hacer rondas por todo el parque principal, Don Florentino trató de empacar sus cosas porque pensó que le iban a levantar el puesto, pero estas funcionarias lo trataron muy bien y le explicaron que a partir de ese día no podía volver a salir de su casa porque el presidente había dado la orden de que todos los adultos mayores de 70 años y lo menores de 18 debían iniciar la cuarentena preventiva debido al covid-19. 

Desde aquel momento no se volvió a ver a Florentino en la calle, ni a él ni a la mayoría de los adultos mayores que acostumbran ir al parque principal, pero, a los ocho días a las 7:30 a.m, estaba parado frente a la puerta de la alcaldía que ya no tenía atención al público, Don Florentino estaba pidiendo una pequeña ayuda, “no muy grande para no ser conchudo”, se le tomaron los datos, se le pidió el teléfono y la dirección y se le preguntó si vivía con alguien, pero floro contestó que solo vivía con dos gallinas que ya no tienen maíz para comer y que “la señora bellaca que le había arrendado la habitación ya lo había amenazado con echarlo para la calle”. 

A los dos días fue visitado en su casa y se le donó un mercado. Estos mercados que entregó la alcaldía de Villamaría fueron comprados con recursos propios de los funcionarios de la administración, se entregaron aproximadamente 50 mercados a adultos mayores en estado de vulnerabilidad y a madres cabeza de familia, también se hizo entrega de kits de aseo personal, que constaban de jabón, gel antibacterial, alcohol y varios tapabocas, comentó la Jefe de asuntos de gobierno, seguridad y orden público, Paula Andrea Vélez Velásquez. 

En el caso de Florentino Rincón González, se donó un poquito más, pues se añadió un bulto de concentrado para gallinas.

Vélez, también aseguró que las ayudas que ha prometido el gobierno aun no han llegado al municipio y que las filas de personas en la puerta de la alcaldía son interminables y esto pone en riesgo no solo a los habitantes sino también a los pocos trabajadores oficiales que quedan en la alcaldía. Para evitar estos inconvenientes se habilitó una línea telefónica donde las personas pueden llamar a inscribirse y quedar en lista de espera para las ayudas pendientes.

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