InicioManizalesTrastornos mentales, un paso a la eutanasia

Trastornos mentales, un paso a la eutanasia

Vanessa se encuentra acostada en su cama
Cuando la crisis vuelve Vanessa se pasa sus días acostada mirando al techo, intentando poner su mente en blanco. Foto por: Silvana Cárdenas

“Vanessa, Vanessa, Vanessa”, susurros en el oído que se repiten una y otra vez. Paciente de 32 años, primer diagnóstico depresión, segundo diagnóstico trastorno afectivo bipolar, tercer diagnóstico esquizofrenia afectiva indiferenciada. “Las voces no vienen de ninguna parte, vienen de mi cabeza”.

Edy Vanessa Betancur tenía 20 años cuando asistió la primera vez al psiquiatra, fue una adolescente silenciosa, que usualmente se sentía nostálgica, su familia tenía antecedentes de trastornos mentales, además son de procedencia pacoreña, un municipio reseñado por las enfermedades psiquiátricas, por lo tanto, su primer contacto con la depresión lo esperó tanto como cumplir años o graduarse del colegio.

Luis Alfredo Betancur y Luz Dary López, padres de Vanessa, siempre normalizaron el hecho de que su hija se enfrentara a su propia mente, desde siempre pensaron que ese era su destino pero, con el primer diagnóstico las cosas cambiaron, lo que pensaron que era una simple “tristeza”, como ellos lo llaman, se convirtió en el yugo de su hija. Las situaciones que eran comunes en la cotidianidad a la joven le costaban una vida entera. Hablar, reír, comer y dormir: simples y sencillos verbos que para todos son tan fáciles de llevar a cabo pero, para ella, implicaba el esfuerzo más grande.

Ese instante

Fue ahí cuando su enfermedad empezó a progresar hasta llegar al trastorno afectivo bipolar que, según la Revista Médica Sinergia, es una enfermedad del estado de ánimo, crónico y recurrente que cursa con síntomas desde la manía, hipomanía y la depresión. En ese momento su condición le impidió tener relaciones sociales hasta tal punto que le es imposible trabajar.

Hoy, 12 años después, el diagnóstico cambió: esquizofrenia, la cual le causa fuertes alucinaciones, asegura que si pudiera acabar con su sufrimiento lo haría. “Las voces me dicen cosas feas y en la crisis es un sentimiento de dolor como si hubiera acabado de perder algo o alguien”.

El pasar del tiempo

Vanessa realiza un dibujo con un lápiz
Cuando sus enfrentamientos con la mente empezaron, encontró en el dibujo la forma de escapar. Foto por: Silvana Cárdenas

Vanessa todos los días tiene la misma rutina: se despierta a eso del mediodía, fuma un cigarrillo, come algo, ve en qué le puede servir a sus papás, se sienta en cualquier parte de su casa a esperar que el tiempo pase, se acuesta y es capaz de conciliar el sueño cuando el sol vuelve y sale, así día tras día.

Los días buenos se levanta, lava su cabello negro y muy escaso, se pone ropa limpia, habla un poco y hasta suelta una carcajada ronca y profunda por el daño del humo en sus pulmones. En los días malos, que son los más constantes, no se levanta de su cama ni se cambia la ropa, solo se le ve en el fondo de su habitación mirando hacia el techo con sus ojos grandes y tan abiertos que parecen dos linternas.

De su boca no sale ni una palabra, para lo único que la utiliza es para calar sus cigarrillos los cuales se fuma en una silla de plástico que está en una de las ventanas de su casa. Una, dos, tres fumadas, inhala el humo con tanto ímpetu con la necesidad de que toque cada fibra de sus pulmones, lo exhala con detenimiento disfrutando de cada segundo y sus ojos se ven tan ausentes que da la impresión de que se encontrara en un mundo alterno. Por estos días, los únicos pasos que da son de la cama a la silla y de la silla a la cama.

Muerte digna

En enero de 2018 Aurelia Brouwers, una joven neerlandesa de 29 años, escribió en Facebook: “Me estoy preparando para mi viaje. Gracias por todo. A partir de ahora no estaré disponible”. Cuatro horas después, Brouwers se recostó en su cama y, rodeada de amigos, bebió un compuesto tóxico, recetado por su médico, para morir, esto según la BBC.

La eutanasia o suicido asistido para personas con enfermedades mentales la permiten en cuatro países: Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y recientemente España. La decisión de estos gobiernos ha logrado dividir al mundo, pues, una parte afirma que los trastornos psiquiátricos pueden ser tan incapacitantes y dolorosos como cualquier otra enfermedad terminal, mientras la otra asegura que existen curas y que hay una posible solución.

Estos términos se diferencian uno en el otro en el hecho en que la eutanasia es la intervención aceptada voluntariamente por el paciente y realizada por un profesional médico, que acelera la muerte con la intención de evitar sufrimiento y dolor innecesario, mientras que en el suicidio asistido la persona es la encargada de llevar a cabo el procedimiento pero con la supervisión médica.

Vanessa se encuentra sentada tomando un café
Uno de sus muchos vicios es el café, algo que dentro de su tratamiento la puede llegar a afectar. Foto por: Silvana Cárdenas

Lo ético

El dilema ético más reflexivo a la hora de abordar este tema es qué tan subjetivos pueden ser los criterios médicos y cómo se llega a los parámetros necesarios que justifiquen tal acción, debido a que una persona en este estado no tiene potestad para decidir sobre su vida. En medio de las discusiones, hay otro interrogante: “¿Qué ocurre cuando el sufrimiento de un paciente es verdaderamente irremediable, sea físico o mental?

En Colombia, el año pasado se eliminó el requisito de la enfermedad terminal y el derecho a morir dignamente por medio de la eutanasia para enfermedades graves e incurables, es decir, ya no es necesario un pronóstico fatal próximo. Por esto el Cómite de la Muerte Digna debe evaluar cada caso en particular y determinar su gravedad, en es así que las personas con enfermedades mentales tienen la oportunidad de ser consideradas.

La mirada legal

DescLAB es una firma de abogados que acompañó a Martha Sepúlveda y Yolanda Chaparro, casos que han sido símbolo de la eutanasia en Colombia.

Camila Jaramillo Salazar es investigadora y abogada de DescLAB y asegura que existen varios casos de personas que solicitan el suicido asistido, pero es un tema emergente dentro del sistema de salud. “No son casos fáciles, desde una perspectiva médica evaluar el impacto y la severidad que la enfermedad tiene en el plan de vida de la persona, es un tema de evaluar en cada caso, sí es factible, pero cada caso debe evaluarse autónomamente y no hay unos criterios exactos para decir porqué si o porqué no ”. En el mundo solo del 1% al 3% de eutanasias aplicadas son por enfermedades mentales.

Edy Vanessa Betancur es una de esas personas que en repetidas ocasiones ha sentido deseo de morir. Su psiquiatra tratante, Germán Andrés Valencia, asegura que es complejo decir si ella sería una candidata optima para la eutanasia o el suicidio asistido. “La capacidad de decisión puede afectarse por la enfermedad mental, si esta no puede tomar la decisión sobre lo que es más conveniente, pues, no podría tomar la decisión de una eutanasia”, afirma el médico Valencia que pone en contradicción el deseo de la paciente con el diagnóstico médico.

La condición de Vanessa la hace tener episodios depresivos. Esto dificulta que su caso se considere en el Comité de la Muerte Digna, ya que podría estar sesgada hasta tal punto de sentirse en una posición de minusvalía y esa puede ser la búsqueda de un suicidio activo.

Sobre el papel

El Sistema de Salud y los Comités – creados por la Sentencia T-970 de 2014 y reglamentados por la Resolución 971 de 2021– deben valorar que la manifestación del consentimiento se ajuste a las características indicadas y, en caso de dudas, tomen las medidas necesarias para evitar el uso abusivo e ilegal del procedimiento.


Los profesionales de la medicina le es difícil de valorar el consentimiento e identificar que no haya factores coercitivos internos, como dificultades cognitivas o síntomas afectivos, comportamentales o psicóticos que afecten el juicio o el raciocinio, entre otros.

“El problema es que yo físicamente la veo bien. Uno dice que nunca le alargaría el sufrimiento a un familiar, pero con ella no podría, quizás sí es egoísmo”, manifiesta Yadira Betancur, hermana de la paciente y encargada de su salud.

La figura de la interdicción desapareció en Colombia. Se está en un periodo de transición a la capacidad jurídica por medio de apoyos. Por lo tanto, acceder o no a la eutanasia es una decisión que tiene un espectro más personal. “Claro, si yo pudiera lo haría, en los momentos de crisis es tanto el desespero y sufrimiento que para mí es insoportable”. La mirada de Vanessa se pierde de nuevo y regresa a su estado permanente, la ausencia.

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