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Seis historias relacionadas con los libros para ser leídas

Hay unos extensos, otros delgados, con letra diminuta, atractivos, deteriorados, con portada llamativa, aburridos, con hojas faltantes y sin finales buenos. Sin duda alguna todos en su vida se han topado con un libro. Más que contener hechos y conocimientos impresos, los libros por sí mismos también suelen ser los protagonistas en el mundo de otros. Y es que no solo leyéndolos tienen el poder de impactar. Hay circunstancias que hacen que los libros busquen a su dueño e incluso que dejen una huella fugaz.

En el marco de la celebración del Día Internacional del Libro, del Día del Idioma (23 de abril) y de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo, 19 de abril al 2 de mayo), encontramos seis anécdotas relacionados con estos objetos que tenemos en el nochero, en escritorio, en el bolso, en la biblioteca, en el corazón. 

El precio de la historia 

Billete colombiano
Billete colombiano de comienzos del siglo XIX. Foto: Banco de la República

Octavio Vargas es el dueño de la librería La Odisea, ubicada sobre la carrera 21, justo al frente del Inurbe. Con orgullo menciona que hace 56 años está en el negocio de la compra y venta de libros. Comenta que hace cinco años un señor llegó con unos cuantos libros bastante viejos con la ilusión de venderlos. Octavio se interesó y finalmente los compró. “Después de recibir los libros, los revisé y me percaté de que en medio de uno de ellos había un billete de la época de Bolívar”. Octavio tenía una reliquia en sus manos, pues el billete era de un centavo y era de 1822. Rápidamente se lo ofreció a un coleccionista. “Me dio buen dinero por él, me dio 500 mil pesos”. Ahora quien tenga ese billete posee más que un impreso, tiene una reliquia de 200 años. 

EL-TUNEL-

El túnel de la literatura 

Jannín Cortés Martínez estudia Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Manizales. En la época de colegio Jannín vivía las mieles del amor con un joven amante de la literatura, pero ella no compartía esa pasión, solo lo hacía por obligación para trabajos del colegio. Un día les pidieron leer la novela El Túnel de Ernesto Sábato, justo el libro favorito de su novio. Él le  propuso que lo leyeran juntos. “Yo me acuerdo que él iba todos los días a mi casa, me leía un capítulo y me lo explicaba”. Jannín iba a sus clases sin haber leído el libro, pero con la historia impresa en su mente​. El tiempo pasó y el destino determinó un adiós entre ambos. “Cuando terminamos la relación él me regaló su libro favorito, El Túnel, había muchas frases subrayadas, partes que él me recomendaba”. Jannín decidió leerlo y pronto se convirtió no solo en su libro favorito, sino que ella hoy es una gran lectora.

Viaje hacia papá

Viaje a Pie

Diego Fernando Giraldo López es dueño de la Librería Eneida, sobre la carrera 21, a dos o tres locales de La Odisea de Octavio. Diego lleva 18 años vendiendo libros, pero solo una anécdota lo ha marcado en el transcurso de esos años.

Un día de enero una joven barranquillera llegó a la librería con el propósito de llevarse unas cuantas obras. Después de dar un vistazo por toda la estantería se detuvo a ver un libro con cierto asombro. “Resulta que encontró un libro de su papá que se le había extraviado hacía varios años, lo reconoció porque todavía conservaba las firmas y la fecha de cuando el señor lo compró”. La joven lloró con nostalgia pues recordó que su padre, ya fallecido, le leía ese libro cuando ella era pequeña. “Por casualidades de la vida ese libro viajó desde Barranquilla hasta Manizales”. La joven se sentó un momento para procesar lo recién vivido y luego compró el libro, este se llama Viaje a Pie, del escritor antioqueño Fernando González.

Esta obra narra el viaje que entre 1928 y 1929 hacen González y su amigo Benjamín Correa desde Medellín hasta Manizales. Es un viaje físico (a pie), un viaje filosófico y de liberación. 

Su atributo: ladrón de libros

El Hombre sin Atributos

Wilson Escobar Ramírez es docente del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Manizales. Él ama la literatura. Cuando era niño su madre trabajaba en el hospital geriátrico de la ciudad. Entre los pacientes que allí residían, había un intelectual escritor de apellido Villegas, además era un ávido lector. “Mi madre se hizo muy cercana a él y Villegas le pedía que le llevará libros de su biblioteca, pero como ella estaba trabajando, me mandaba como mensajero para recoger los libros en la casa del señor”. Wilson con gusto hacía el favor. 

Villegas pedía cuatro o cinco libros, pero Wilson entregaba el recado con uno menos y así, poco a poco, fue armando su propia biblioteca, pronto llegó a tener hasta 20 obras. “Eran libros que yo en ese momento no entendía muy bien, pero que con el paso del tiempo se fueron volviendo un referente en mi forma de leer y en el tipo de lecturas que me interesan”. Estos libros que Wilson prestaba sin permiso y fecha límite de entrega, pertenecían a la literatura europea, entre ellos estaban El Hombre sin Atributos de Robert Musil y El Tambor de Hojalata de Gunter Grass.

“No eran de fácil comprensión, pero yo me sentía como alguien importante leyendo esos libros, disfrutaba, así no los entendiera muy bien”. Aún conserva en la biblioteca de su casa esos libros.

De mangos y libro de teléfonos

directorio telefónico
Viejo directorio telefónico. Foto: es.dreamstime.com

Alfonso Moreno Montoya es el dueño de la Librería Latina, también en la carrera 21. No cree tener anécdotas tan valiosas como la de su colega Gilberto Giraldo Barrientos.

Gilberto era vendedor de mangos en el centro de Medellín y “en cierta ocasión, un señor que vendía libros en la calle lo vio pasar con los mangos y le dijo que si le cuidaba el puesto mientras él iba a almorzar. A partir de ahí Gilberto comenzó a ayudarle a este señor a vender libros”. 

Gilberto tenía pocos conocimientos. “Cuando estaba empezando se le arrimó alguien a venderle un directorio telefónico y lo compró, porque no sabía que eso era un libro de teléfonos, y que en esa época lo regalaban. Él mismo contaba esa anécdota y se reía de lo ignorante que era”.

Fahrenheit 451

Tras años de esfuerzo, suerte y dedicación Gilberto se convirtió en uno de los libreros más fuertes de Colombia, lleva 55 años en el mercado de libros viejos. Llegó a exportar libros a Venezuela, Panamá, Costa Rica, Ecuador y Perú.  Incluso, montó en cada capital del país la Librería Antaño, su propio negocio. Además, era el principal surtidor de libros en los almacenes cadena del país. “Lo más curioso es que este señor llegó a dominar el mercado de los libros sin tener conocimientos sobre ellos”, puntualiza Alfonso.

Margarita a 451 grados

A Margarita nadie se la hacía. Eso aseguraba ella y eso lo comprobó su novio Jairo, un gran lector que tenía como biblioteca tres cajas de cartón repletas de novelas y libros de poesía. Su intenso romance inició en la Universidad de Antioquia. La pasaron bien los tres primeros semestres, él como estudiante de Sociología, y ella de Trabajo Social. Pero Jairo comenzó a salir -se desconoce si amorosamente- con otra chica que pertenecía a un grupo de derechos humanos y eso no le gustó a Margarita. Resultado de los celos… una noche, al llegar a la casa que compartían en las afueras de Medellín, Jairo encontró en el solar una montaña de hojas húmedas pero que antes habían ardido en el fuego. A un lado habían tres cajas de cartón vacías y mojadas. Días después, un profesor le recomendó leer Fahrenheit 451, Ray Bradbury, para que calmara su ira.

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