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Reflexiones al final de las elecciones: los mitos de la política colombiana

En Colombia existe unos mitos que parecen crear un ambiente de escepticismo que a su vez agrava unos de los retos que enfrenta el país.

Por: Matias Ludvig Littauer*

Después de haber viajado por Colombia durante muchas semanas y haber hablado con más de cien personas de todos los orígenes sobre las elecciones, hay una pregunta que me ha estado rondando: ¿A qué se debe que la mayoría de los colombianos parece pensar que su país se encuentra en un horrible estado?

Cabe mencionar que la pregunta va al fondo de mi duda personal, habiendo vivido en Colombia en varias ocasiones, y además en media docena de otros países – entre otros unos africanos en donde las condiciones seguramente son peores que en Colombia-. Encuentro que los colombianos, en promedio, son las personas más felices que he conocido, pero hay una clara melancolía y pesimismo que permea su vista del país.

Sin duda hay muchos factores detrás de esto; el comienzo como colonia destinada a ser explotada (en vez de desarrollada) por otro país, la demografía heterogénea, la fragmentación desde la Independencia, un pasado violento y grandes problemas con el narcotráfico forman parte de la explicación.

Mitos políticos

Sin embargo, me centraré en otro factor: la existencia generalizada de mitos políticos. Estos a menudo se caracterizan por ser explicaciones simples de la miseria del país. Por ejemplo: la corrupción como el núcleo del mal, que generalmente encuentro exagerado y, a veces, falso.

corrupción
El poder del corrupto. Caricatura: http://24-siete.blogspot.com/

Mis conclusiones sobre algunos de los mitos: los políticos colombianos no “roban todo”, el sistema de votación en realidad es bastante confiable, y el país no podría ser uno de los países más ricos del mundo simplemente porque tiene mucha tierra y minerales.

He escuchado la frase “se roban todo” más veces de lo que he comido ajiaco, y me encanta el ajiaco. La frase se refiere a los políticos e incluso la utilizan los propios políticos. Durante las elecciones tanto Rodolfo Hernández como Ingrid Betancourt han dicho esta frase o algo similar y aún han puesto números a la corrupción, esta última en algún momento diciendo que la mitad del dinero público desaparece en bolsillos oscuros. La importancia que los colombianos dan a la corrupción se ve evidenciado a través del éxito de Rodolfo Hernández.

Sin embargo, aunque la corrupción es un gran problema, los números están exagerados. Las estimaciones más altas de cuánto se pierde del presupuesto público a la corrupción alcanzan los 50 mil millones de pesos, un número frecuentemente referenciado. Esto es aproximadamente una séptima parte del presupuesto público. Otras estimaciones son más bajas. No me malinterpreten, es una cantidad completamente inaceptable que tiene enormes consecuencias para el ritmo de desarrollo del país. Sin embargo, está lejos de ser la tercera parte o la mitad del presupuesto que muchos colombianos piensan.

¿Quién quiere pagar impuestos si los políticos se roban el 50 por ciento? ¿Quién quiere pagar la matrícula de la universidad pública que se supone que debe pagar –y no engañar al sistema para pagar menos, como parece hacer un gran parte de los estudiantes colombianos– si la mayor parte de la matrícula se destina a pagar los viajes de políticos corruptos a Miami? No lo sé, pero la lógica matemática te diría que más personas se inclinarían a cumplir con las reglas si supieran los números reales, lo que a su vez, por ejemplo, permitiría que más personas estudiaran en universidades públicas.

Las muchas historias que he escuchado de ciudadanos ´avispados´ que logran engañar al sistema, recibiendo de sus compañeros elogios en lugar de condenas, es un problema democrático que se deriva, en parte, de los mitos. Estos mitos crean desconfianza en el sistema y, por lo tanto, corrompen aún más al sistema político colombiano y, peor aún, al pueblo. Prestando una definición del diccionario de Google Translate, corromper significa “pervertir o hacer que una persona o una cosa sea moralmente mala”. El hecho de que los políticos roben dinero público no lo hace menos mal engañar al sistema (aún si puede ser más entendible en estas condiciones).

La confianza

conocimiento
El poder del conocimiento en el planeta. Ilustración: guaicolandia.blogspot.com

Algunas investigaciones parecen indicar que muchos terminan pensando que los demás juegan sucio. Según la Comisión de la Verdad, los colombianos tienen menos confianza en sus paisanos que cualquier otro país del mundo. Con las palabras de Alonso Sánchez Baute: “Colombia es un país en el que prácticamente nadie confía en nada ni en nadie”.

La desconfianza (especialmente en los políticos) exacerba aún más otros mitos, como el de que Colombia es un país rico. En el mundo de hoy, la riqueza es capital y conocimiento, no minerales y tierra fértil. El software genera más ganancia que el oro. No digo que la riqueza no pueda provenir de este último, o de la tierra fértil, pero las máquinas y el conocimiento utilizado para extraer y procesar los minerales y cultivar los bienes representan la mayor parte de la ganancia.

En África occidental, lugar en el que pasé bastantes meses los últimos dos años, solo el tres por ciento de las ganancias del comercio de oro se queda en los países donde se extrae. Tanto en Sierra Leona como en Senegal el mito es el mismo que en Colombia: Somos un país rico, porque tenemos tierra y minerales. Pero no lo son. Y por cierto, las condiciones en estos países –donde el salario medio ronda los 250.000 pesos y la esperanza de vida ronda los 65 años– son mucho peores que en Colombia.

confianza
La confianza genera más confianza. Foto: psicologiaymente.com/

Vengo de Dinamarca, un país europeo más pequeño que el departamento de Chocó. Cuando le digo eso a la gente en Colombia, muchos me preguntan qué cultivamos en Dinamarca. Sin embargo, la agricultura no es importante en Dinamarca: el país cultiva y exporta conocimiento y tecnología. Pero el fundamento que ha sido uno de los factores más importantes para el desarrollo de Dinamarca es la confianza. La participación en las elecciones ronda el 85 por ciento. Cuando compro algo en línea de segundo mano, a menudo pago antes de recibir el producto, incluso cuando no conozco a la otra persona.

La confianza en Dinamarca no es alcanzable por cualquier país. La igualdad de los ingresos allá es un factor importante. Sin embargo, confiar en los demás hace que los demás confíen en ti, mientras que la desconfianza genera más desconfianza. Parece que yo confío en los colombianos mucho más de lo que los colombianos confían entre sí, y ¡nadie me ha roto la confianza!

Revista Semana
Las portadas de la revista Semana se encargaron de generar desconfianza entre los colombianos.

Aunque no se puede deducir nada de mi caso personal, me parece que la desconfianza en los políticos, los vecinos y la información en general crea un ambiente de escepticismo, que hace que la gente piense que las cosas son más terribles de lo que son. No niego que la pobreza, la matanza de los líderes sociales, la inseguridad general, la falta de representación política por parte de unos grupos en la sociedad son grandes problemas. Sin embargo, Colombia se encuentra en la mitad superior del Índice de Desarrollo Humano de la ONU, un índice que da una indicación de la calidad de vida.

No quiere decir que el sufrimiento de los demás hace que uno esté mejor. Sin embargo, la conciencia de los desafíos duros de otros, le brinda a uno un poco más gratitud por lo que uno tiene. A eso se debe parte de felicidad que se encuentra en todas partes en Colombia –la gente sí está consciente que su vida personal podría ser peor.

Sin embargo, para lograr el desarrollo que muchos anhelan, pienso que los colombianos deberían ser menos críticos a sus paisanos y las instituciones.

Sin embargo, la confianza se puede construir desde abajo. La honestidad, la generosidad y la confianza de cualquier ciudadano en los demás aumenta la confianza dentro de la sociedad. Esta es la responsabilidad de cada uno de nosotros.

Mi experiencia es que las personas en ambos lados del espectro político están impulsadas por la buena fe, incluso si algunos pueden considerar enemigos a los demás. Las redes sociales juegan un papel en la exacerbación de esto que todavía no entendemos bien, y el periodismo sesgado de los grandes medios de comunicación –sin referirme solo a la revista Semana– no ayuda en este proceso. Los políticos, por supuesto, también tienen una gran responsabilidad. La desconfianza es un efecto secundario de la corrupción, la violencia y la desigualdad, etc.

Felicidad
Felicidad. Foto: www.cooperativa.cl

*Matias Ludvig Littauer es periodista freelance por medios en Dinamarca y Noruega e hizo un intercambio de docencia en la Universidad de Manizales entre 2019 y 2020.

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