Mucho más que maquillaje: ser drag queen, una cuestión de actitud

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En el segundo piso de un apartamento en el barrio Palermo se encuentran reunidas cuatro amigas. Son las 5:00 p.m y a las 8 deben estar listas para una entrevista con un noticiero local. Pestañas, bases, brochas, sombras, barras de pegante, gemas decorativas, polvos, esponjas y demás se encuentran regados por toda la habitación. También, un espejo de dos metros de largo está puesto contra la pared para que Esmeralda y Ana puedan verse mientras se maquillan. Por su parte, Camille tiene en sus manos un espejo individual redondo y Helena está metida en el baño. De fondo suenan canciones como Washa de La Más Draga y Banjo de Bebe Zahara Benet. 

A la vez que tararean el “uh mua mua, no quiero un macho más, mira como voy dislocada y sin control”, Ana y Helena recuerdan cuando hace trece años conocieron RuPaul’s Drag Race “y desde ahí todo se desmoronó”, dice una de ellas entre risas. Dicho reality de competencia estadounidense fue lo que inspiró a este par de amigas a incursionar en el mundo del dragqueenismo y a darle vida a sus otros yo. Fue en una noche de Halloween en la que decidieron que los nombres otorgados por sus padres, Juan Diego y Juan Manuel, serían usados únicamente para una de sus dos identidades. En cuanto a los demás: Esmeralda, Camille, Venus, y Alt Suprimir (Sergio, Camille, José Gabriel, y Pablo respectivamente), se les fueron uniendo con el tiempo hasta formar lo que hoy es la casa Altaria.

¿Quiénes son las drag queens?

De acuerdo con la Fundéu, aún no se ha establecido un término en español equivalente al concepto. Sin embargo, el diccionario de Oxford Languages define la expresión como  “artista o cantante masculino que  actúa vestido con atuendos propios de mujer (peluca, zapatos de plataforma, etc.) y exhibe maneras exageradamente femeninas”. Por otro lado, Esther Newton, en su libro Mother Camp: Un estudio de los transformistas femeninos en los Estados Unidos, afirma que la palabra drag se utiliza en general cuando la ropa hecha para un género es usada por otro, incluso cuando una mujer viste prendas masculinas. Por eso, Iván Villanueva sostiene en un artículo publicado en la revista Science Direct que “a pesar de la existencia de múltiples fuentes que describen el uso de las palabras drag queen, las contradicciones entre una y otra conllevan a confusiones”.

Así, para cada una de ellas ser drag queen tiene un significado propio y diferente. Para Ana el drag es una ilusión de género; para Camille, una oportunidad para llevar a la realidad una fantasía que se tiene en mente y para Helena, la forma de expresar sus ideas artísticas y de exteriorizar todo lo que siente por medio de la moda y el maquillaje. Esmeralda, por su parte, simplemente cree que “es una pregunta muy pesada”.

Hombre drag
“Parte del arte del drag es el statement (declaración) del empoderamiento y este no se puede dar si uno no está seguro de uno mismo, si no tiene actitud en el escenario y ante la cámara, si no tiene certeza de lo que está diciendo y  de lo que quiere mostrar”, enfatiza Ana Altaria
Foto por: Manuela Lesmes Marín

Ser drag queen sin morir en el intento

Ha pasado una hora desde que el apartamento se fue convirtiendo poco a poco en un salón de belleza. El cielo comienza a oscurecerse y cada vez hay que encender más luces en la habitación para poder ver con claridad. Las muchachas aún continúan poniendo capas y capas de maquillaje sobre sus rostros y todo parece indicar que todavía faltan unas cuantas más. “Aquí (en Manizales) ser drag queen es complejo – dice Ana haciendo énfasis en la última palabra mientras le da forma a las facciones de su cara con polvos y cremas – los escenarios son muy precarios y nos ponen a veces a hacer unas vueltas de mierda”, comenta en tanto que revive la vez que tuvieron que ir a una fiesta de techno y mantenerse entaconadas hasta las 5 de la mañana esperando a que el taxista encargado de traerlas a la ciudad despertara. “Pero esos son los gajes del oficio”, añade mientras las demás ríen.

Además de aguantar numerosas horas en tacones, ellas sostienen que para ser buenas drags hay que saber gestionar y administrar el dinero eficientemente, pues es un proceso que conlleva muchos gastos, dedicación y tiempo. Por ejemplo, Ana calcula que treparse en drag desde 0 puede llegar a costar $606.000 siendo poco ambiciosa  (ver en el recuadro) y Helena asegura que se ha llegado a demorar hasta tres horas en un solo look y que en casos de afán extremo lo mínimo que le toma arreglarse es una hora.

Aunque el maquillaje y el vestuario son importantes, basta con conocer a estas chicas para darse cuenta de que lo que hace a una verdadera drag queen es la actitud y la determinación. Desde la forma en la que hablan con extravagancia y tono divertido, hasta la manera en que caminan erguidas, elegantes y sexis son muestra de ello. “Parte del arte del drag es el statement (declaración) del empoderamiento y este no se puede dar si uno no está seguro de uno mismo, si no tiene actitud en el escenario y ante la cámara, si no tiene certeza de lo que está diciendo y  de lo que quiere mostrar”, enfatiza Ana, quien ahora ha pasado a delinear sus labios por fuera de la línea natural con un lápiz negro y, al igual que sus compañeras, cada vez luce más como toda una diva. Algunas de ellas ya han finalizado sus maquillajes y comienzan a ponerse sus medias veladas. Hoy ninguna se utilizará espumas en las caderas porque aparentemente un ladrón misterioso se las ha estado robando.

La catarsis 

El drag no se trata de hacer una interpretación, por el contrario es la expresión de la personalidad de cada uno amplificada al máximo. No hay pasos a seguir, no hay reglas, es un proceso de autodescubrimiento que va mutando con la persona misma.

-“Yo no he entendido el trabajo en términos de un personaje – dice Ana- yo soy Ana Altaria, yo soy Juan Diego y yo soy así, no hay mucho más alrededor”. 

-“Yo tampoco, soy totalmente igual en mi vida cotidiana que en drag”, agrega Camille.

Sin embargo, para ellas el nombre que se dan es muy importante, pues después de encontrarlo y entender el por qué de esa designación, el resto surge de forma natural. Por ejemplo, Sergio siempre supo que su nombre femenino era Esmeralda y la razón es que esta es también la piedra preciosa que se asocia con su signo solar: Tauro. De su nombre se despliega su personalidad y su estilo, cuyo rasgo característico es el vello corporal: hoy está vestida con una camisa verde oliva que yace abierta de manera que deja entrever su pecho peludo y tres collares dorados; también lleva puesto un corsé negro que parece estar hecho de charol por la forma en la que refleja la luz; una falda terracota asimétrica que permite que una de las piernas, también peluda, quede visible aún a través de las medias de malla que utiliza por debajo; una pañoleta que va a juego con la camisa y mantiene envuelta en la cabeza sobre su peluca negra y lacia que llega hasta el mentón; y muchos anillos y pulseras que complementan su apariencia gitana. El maquillaje color negro y durazno simula ramas saliendo desde su entrecejo hasta la frente e incluye un delineado en la parte inferior de los ojos que, junto con las pestañas postizas, los hace parecer mucho más grandes de lo que en realidad son. La nariz está completamente pulida con contornos y rubor, y la barba y el bigote le dan el toque que marca la diferencia, que la hace Esmeralda.

Se acercan las 8 y ya es hora de salir. Una vez que están todas listas con sus cabellos arreglados, maquillajes excéntricos y vestuarios peculiares la mamá de Ana entra a la habitación y, después de decirles a todas lo lindas que están, se ofrece a llevarlas en su carro hasta el lugar de la entrevista, pues sabe que no es raro que los taxis se nieguen a transportarlas por como lucen o que hombres extraños se detengan en sus autos para hacerles toda clase de propuestas. Una por una bajan hacia el primer piso haciendo sonar los tacones contra las escaleras. Allí se dan un último vistazo en un espejo frente a la puerta y se disponen a salir. Afuera está lloviendo, así que se mueven con cuidado pero medio trotando y se montan al carro rápidamente poniendo toda su atención en no dañar sus elaborados atuendos. Cuando el último tacón entra en el auto se cierra la puerta, se encienden las luces y arranca el motor.

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