lunes, noviembre 29, 2021

“Mi vida es como una telenovela”: desmovilizado de las Farc

Barbero y trabajador sexual, los oficios que ha ejercido este excombatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), quien a los 15 años logra salir de la guerra para dar inicio a su nueva vida

A los 10 años se incorporó a las filas de las hoy desmovilizadas Farc. Su principal motivo fue reencontrarse con su hermana Leidy que se había unido a este grupo tiempo atrás. 5 años aproximadamente fue el periodo que este joven tuvo que caminar en las montañas y cargar un fusil en sus manos, hasta que gracias a un operativo realizado el 20 de enero de 2015 en el Bajo Calima (Buenaventura) por militares de las tropas del Batallón de Infantería de Marina No. 21 de la Armada Nacional vio la oportunidad de abandonar la subversión y empezar una nueva vida. Esta es la historia de un joven al cual la inocencia le jugó una mala pasada y terminó envuelto en el conflicto armado de este país.

Jovel Chocó, como se hace llamar en homenaje al lugar donde estuvo reclutado, nació el 27 de julio del año 2000 en Nueva Segovia de San Esteban de Caloto, uno de los 42 municipios del departamento del Cauca, localizado en la Provincia Norte. Vivió en el seno de una familia humilde y trabajadora, conformada por sus padres y tres hermanos que se dedicaban a la ganadería; en una casa ubicada en el barrio Granada.

Estuvo en el Frente 30 de las Farc que operaba en el Chocó, aproximadamente 250 kilómetros lo separaban de su familia y casi 450 de Leidy, su hermana, la razón por la cual había tomado la decisión de marcharse de casa. “Yo me quise ir con ella, porque nos habíamos criado juntos y como ella ya se había ido para allá, me sentía muy solo y estaba sufriendo mucho, entonces le dije que si me podían recibir”.  

Los primeros días dentro del conflicto fueron extraños, era un niño ingenuo e inocente que lo único que quería era estar con su hermana, pero la vida lo sorprendió nuevamente al ser separado de ella a las pocas semanas de haberse integrado al grupo. Leidy fue trasladada para el Caquetá y él ahora se encontraba conviviendo con personas desconocidas y en una guerra de la cual no tenía ni la menor idea. Su único refugio, apoyo y compañía se encontraba viajando a otra zona del país. “Después de eso quise regresar a mi casa, pero no pude, ellos no me dejaron salir y tuve que seguir ahí”.  

Collar
 “Ya me acostumbré a la vida civil, aunque a veces es duro, porque no tengo con quien hablar. Solo hablo con los clientes de la peluquería y únicamente cosas del trabajo. Cuando salgo a lugares sociales, lo hago solo; me tomo algo y de nuevo para la casa”. Foto: Juan David García Cifuentes

Luego de casi 5 años en el grupo armado, en el 2015 fue capturado en un operativo militar en donde no vio más remedio que entregarse. “Me dijeron: ¡Quieto, no se mueva! y yo de una solté mi arma”, porque era eso o hacerse matar, como pasó con varios de sus compañeros, y la muerte no estaba en sus planes, pues huir del frente ya estaba rondando por su cabeza desde meses atrás. 

A cinco años de haberse firmado el Proceso de Paz entre el Estado colombiano y las Farc, las revelaciones sobre la utilización de los niños por parte de la guerrilla y el mismo Ejército crecen.

El reclutamiento de niñas, niños y adolescentes es considerado un crimen de guerra. “Según las cifras del Ministerio de Defensa, desde agosto de 2002 hasta abril de 2020, se han desvinculado de los grupos armados 4.695 adolescentes entre los 15 y 17 años, 817 que estaban entre los 11 y los 14 años y 12 niños que tenían entre 7 y 10 años. Para un total de 5.524”. Tomado de la página El Tiempo, publicado el 24 de abril de 2020.

Jovel con solo 15 años y en plena adolescencia, atormentado por un pasado cargado de violencia, muerte y una vida aislada, se encontraba por ese entonces en un hogar sustituto del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), en Cali, en el cual vivió aproximadamente 1 año y luego fue enviado para Armenia con una familia que lo refugió hasta que cumplió la mayoría de edad. 

En Armenia comenzó una nueva vida, tenía otro nombre y nuevas costumbres que lo hicieron dejar atrás su pasado. Encontró la oportunidad de construir un futuro diferente, retomó los estudios en el colegio y fue estando allí, que empezó hacer un viaje interno para descubrir su sexualidad y darse cuenta de la persona en la que se estaba convirtiendo. Pasó por varias etapas en este autodescubrimiento. Gay y trans son palabras que hoy definen a Jovel, quien ahora es barbero y peluquero, porque su madre tutora lo impulsó para que hiciera de este oficio, su estilo de vida.

Jenny Viviana García Cardona, psicóloga, dijo: “No hay una edad específica para que las personas se den cuenta de su orientación o su identidad sexual. Hay algunas para quienes su sexualidad es algo fluida y pueden descubrir en el futuro una orientación sexual diferente. Para la mayoría, la orientación sexual que se trata básicamente de relaciones románticas y sexuales, se desarrollan en la adolescencia”.

La novela de Jovel Chocó

UMC: ¿Cómo era su relación con Leidy dentro del grupo? ¿Se sentía respaldado por ella? 

R. Entré al grupo creyendo que iba a estar con ella, pero fue mentira. Estuvimos juntos solo un mes y luego nos separaron. A mí me mandaron para el Chocó y a ella para Caquetá para que no estuviéramos en el mismo grupo. ¡Fue muy duro, porque desde entonces nunca la volví a ver!

UMC: Usted era uno de los miembros más jóvenes dentro del Frente ¿Cómo era su relación con ellos al ser tan pequeño? 

R: Conmigo había otros 2 niños pequeños, pero ellos sí fueron reclutados. A veces me trataban bien. Había un compañero que me cuidaba mucho, él tenía unos 30 años y era el que me ayudaba a hacer las camas, porque yo no era capaz. Hacía primero la mía y luego la de él. Yo solo cortaba palos (risas).

UMC: Ahora que ya está lejos de esa vida, ¿Se arrepiente de algo que hubiera hecho en el grupo?

R: Mmmmm, no poder colaborar más con personas secuestradas, dejar que los trataran mal. De eso me arrepiento, porque había comandantes muy agresivos; los insultaban y empujaban porque no sabían caminar en el monte. Una vez teníamos un chino secuestrado, él no hablaba español y era muy duro porque no se le entendía nada. Cuando yo tenía guardia en las noches, bajo cuerda le pasaba toallas secas y cobijas limpias; al otro día las que él tenía ya sucias las enterraba lejos y yo me quedaba sin nada. A otro secuestrado lo mataron. Con los cuerpos no sé, porque como era tan niño, no me dejaban ver.

Si no hubiera estado en el conflicto, mi vida hubiera sido muy distinta, porque me gusta mucho el estudio. Creó que sería odontólogo, porque de pequeño ese era mi sueño

UMC: ¿Alguna vez usted tuvo que matar a alguien?

R: No. 

UMC: Luego de ser capturado en el operativo y pasar por el hogar sustituto del Icbf en Cali terminó en Armenia con una nueva familia. ¿Cómo lo recibieron? ¿Ellos ya sabían la condición en la que usted se encontraba?

R: Claro que sabían mi situación, Bienestar Familiar fue el encargado de conseguirme la familia. Yo era el que no sabía para dónde me iban a mandar ni cuánto tiempo iba a estar con ellos. Fue muy extraño porque no era de su familia y me trataban como si lo fuera. Me ayudaron mucho, porque ya había pasado el tiempo, pero no había superado todavía muchas cosas de mi vida anterior. Entonces, a veces me deprimía mucho o me quería morir.

“Los primeros días dentro del grupo fueron muy difíciles, porque yo no sabía andar en botas por el monte (risas), me resbalaba y me caía por los huecos, entonces me tenían que esperar; no me podían dejar ahí. Además, el chaleco y el fusil eran muy pesados”. Foto: Juan David García Cifuentes

UMC: ¿Cómo cree que hubiera sido su vida en las Farc, donde su inclinación sexual la hubiera descubierto estando allá?

R: No creo que estuviera vivo, pues allá todo eso era prohibido. 

UMC: Ya instalado en Armenia con su nueva familia, le dieron la oportunidad de retomar los estudios. ¿Fue allí donde se dio cuenta de que le gustaban los hombres?

R: Sí, tenía un compañero que ya era así, Andrés, que ahora se llama Helen. Él no me volvió así, porque eso es algo que a uno le nace. Primero probé con una mujer, pero no me gustó, entonces quería otra cosa distinta (risas) y ahí fue que me di cuenta que me gustaban los hombres. Cuando se lo conté a mi tutora, no le gustó mucho la situación, pero al final me apoyó y me aceptó. 

UMC: ¿Qué pasó cuando salió del colegio?

R: Por esa época también salí del Programa y necesitaba plata. Junto con Helen, teníamos la ilusión de ser trans, entonces comencé a tomar hormonas, por eso no tengo barba. Ese proceso de transición ¡es muy duro! Me operé la nalga y tenía mi cabello largo. Empecé a viajar los fines de semana para Cali a trabajar en bares y me llamaba Camila. Durante la pandemia también lo hice, pero ya en Pereira. Salía de la casa vestido como hombre, pero tenía mi cuerpo femenino, de hecho, mi novio me quería así, porque él quería verme mujer. Él me iba a dar la plata para los senos, pero en ese entonces no tenía mucha cabida para la prótesis, entonces le dije que no. Mi vida es como una telenovela, me quedé sin familia, me sacaron del Programa por ser mayor de edad, quedé a la deriva y sin cómo sostenerme. No seguí con eso, porque era haber salido de un lugar horrible y meterme a otro peor.

UMC: ¿Qué es lo más raro que le pasó trabajando en bares?

R: Los clientes son muy fastidiosos, meten mucho perico, se traban, se vuelven muy agresivos. Y uno sin meter nada daba miedo tener que verlos así. Además de acostarme con alguien que no me gusta, solo por la plata. ¡Es horrible!

UMC: Usted actualmente tiene pareja y llevan cuatro años ¿Cómo ha sido su relación con él?

R: Muy bien, tiene 28 años, y aunque me dicen que es muy mayor, a mí no me interesa. Él no sabe sobre mi historia de vida y cuando me pregunta por mi pasado, le digo que fue bueno, sin entrar en detalles. Cuando él quiere ver a mi familia, lo llevó dónde las personas que me acogieron aquí en Armenia y con eso salgo del paso.

Así uno entre voluntariamente al grupo, no puede volver a salir si no es muerto, capturado o que uno logré escaparse. Muchas veces los mismos miembros de las Farc mataban a mis compañeros para no dejarlos salir de allí”

UMC :¿Hoy por hoy a qué se dedica?

R: Estoy juicioso. Soy técnico en peluquería desde el 2018. Ahora trabajo como peluquero y barbero en un salón. Vivo solo desde los 18 años que tuve que abandonar la casa de mi familia tutora, por orden del programa de Bienestar Familiar y tengo 2 mascotas: Lucas, el perro, y Ágata, la gata. 

UMC: ¿Cuáles son sus planes a futuro?

R: Estoy en proyectos de montar mi propio negocio. Una peluquería y distribuidora de productos de belleza. Trabajar y dar empleo a la gente, es lo único que quiero. Si mi actual pareja quiere estar conmigo, puede hacerlo y si no quiere, pues que siga su vida. No quiero que nadie me estorbe y que opine, aunque soy consciente de que ese apoyo es bueno. 

UMC: ¿Hace cuánto que no ve a su familia natal?

R: Hace más de 10 años. Una vez fui hasta la casa donde vivía con mi familia, pero ya estaba habitada por otras personas. Entonces, una vecina me dijo que se habían ido del país… El día que ingresé al Frente, vi a mi mamá llorando en la finca donde me tenían. La veía desde la ventana mientras junto con mi papá le decían a la gente de las Farc que me regresaran porque era un niño. No sé cómo no salí. Quería quedarme, ya estaba decidido, definitivamente. Ese día fue la última vez que vi a mi familia y me arrepiento profundamente. 

UMC: Y por último… Si pudiera devolver el tiempo al momento justo donde estaba con Leidy a punto de irse para las Farc, ¿qué haría diferente? 

R: Le diría que no me quiero ir, que me quiero quedar con mi familia, porque ella ya había tomado su decisión y no podía seguir el mismo camino y abandonar mis sueños.

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