jueves, octubre 1, 2020

Más allá de la obsesión: El flagelo de los trastornos alimenticios

El peligro de la obsesión

Resulta sorprendente que en una época en la que la alimentación saludable es tendencia en redes sociales, los desórdenes alimenticios se han convertido en una epidemia. De acuerdo a cifras de la Organización Mundial de la Salud, la anorexia y la bulimia afectan al 5,6 % de la población juvenil, de los 14 a los 25 años, que por la influencia del internet, factores sociales, familiares y psicológicos caen en un trastorno de la conducta alimentaria.

En un gimnasio cargado de endorfinas, entre la música estruendosa y el sonido de las pesas chocando abruptamente, entrena Alejandra. Es una joven de tez blanca con piernas tonificadas, abdomen marcado, cabello largo y negro. Es delgada pero musculosa, por lo que pocas personas adivinarían que en su adolescencia sufrió las inclemencias de un desorden alimenticio que la llea perder 20 kilos en un mismo año.

Las dietas y el espejo

“Todo comenzó cuando tenía 11 o 12. Empecé a hacer dietas porque no era gorda pero tampoco estaba contenta con mi figura. Pesaba 56 kilos y no me gustaba lo que veía al espejo”. Para este reportaje Alejandra aceptó contar su testimonio y sus más íntimos secretos sin revelar su verdadero nombre.

Los trastornos alimenticios comienzan con preocupación excesiva por la imagen corporal, el peso, la alimentación saludable, las dietas restrictivas y percepciones exageradas. Tiene un componente psicológico y fisiológico. Para la psicóloga Gloria Nancy Arango estas enfermedades se relacionan con jóvenes que han tenido inestabilidad emocional desde la niñez, como no canalizan emociones de manera asertiva, se crea una baja autoestima y una imagen distorsionada de su físico.

Expertos coinciden que el perfil psicológico de los pacientes es similar. Tienen problemas con su autoestima y rasgos obsesivos en su personalidad. Son controladores, quieren que todo funcione de manera perfecta. Además de esto, manifiestan deficiencias en sus redes de apoyo.

“Después de la dieta empecé a bajar la cantidad de alimentos hasta que ya no comía nada. Permanecía en la casa con mi hermano menor, mis otras hermanas vivían en Manizales y mis papás trabajaban; nadie estaba pendiente de lo que yo comía. La gente lo notaba y mi familia también. A los 17 años comencé a sufrir de anorexia, me veía al espejo y no me veía gorda, sabía que estaba flaca, pero dejé de alimentarme porque sentía que iba a subir de peso. Algunos días me levantaba con la idea de comer pero, por más que quisiera, no era capaz. Era algo que tenía muy en el interior”.

La anorexia es un desorden mental en el que el paciente siente un deseo incontrolable por perder peso. Usualmente la visión del cuerpo es distorsionada, la persona sigue adelgazando pues teme aumentar de talla. En su afán de reducir medidas recurre al uso de laxantes y se induce vómito.

Por otro lado, la bulimia se presenta cuando se quiere perder peso y no se logra. El paciente hace dieta durante el día pero en la noche hace atracones para calmar la ansiedad. El sentimiento de culpa llega y hace que expulse lo que ingirió con la ayuda de laxantes, diuréticos y vómito. 

Más común de lo que se cree

Según los Registros de Prestación de Servicios de Salud del país (RIPS), entre el 2009 y el 2019 consultaron por bulimia aproximadamente 5 mil personas y por anorexia 7.800. Con el paso de los años las cifras de la bulimia han aumentado el doble, mientras que en el caso de la anorexia se han mantenido estables y han tendido a disminuir presentando picos importantes en el 2014 y 2018. 

“Es tanto lo audaz que uno se vuelve, que aprendí a vomitar sin que nadie se diera cuenta; me metía al baño 3 segundos y volvía a salir. Llegué al colmo de esconder mito en la habitación y al otro día lo botaba para que mis papás no se enteraran. Cuando empecé con la bulimia podía comerme cinco paquetes de papas, dos empanadas y tres yogures en menos de dos horas, después me daba un remordimiento horrible”.

Nubia Esperanza Bautista Bautista, coordinadora del grupo de Gestión Integrada para la Salud Mental del Ministerio de Salud, expresa que han “registrado un mayor número de casos en Colombia principalmente con la bulimia y hay muchas explicaciones de tipo psicosocial. La presión de la imagen corporal ligada al éxito tiene una influencia importante, al ir aumentando la exigencia en cuanto al físico han aumentado este tipo de trastornos. Sin embargo, las cifras también crecen porque las capacidades de los profesionales en hacer los diagnósticos han mejorado”.

Los jóvenes, en específico los adolescentes, son la población más vulnerable. La imagen corporal, que se define como la percepción que se tiene de sí mismo, se está formando desde edades muy tempranas. La sexualización y la importancia que se le da al físico algunos de los factores que revelan la consolidación de este tipo de trastornos. “Es por esto que la intervención de los padres, el apoyo y la aceptación debe comenzar con la red de apoyo y las dinámicas familiares”, menciona Bautista.

“Comía mucho chicle porque pensaba que el estómago iba a estar todo el tiempo trabajando y así lo poquito o mínimo que mis papás me obligaran a comer se iba a digerir rápido. Sentía frío todo el tiempo. Mi ma me ponía hasta siete cobijas para dormir. Me empezó a salir lanugo por los brazos, el pecho, la espalda y el abdomen. Me llené de ese vellito que el cuerpo, por defensa, empieza a crear. Además, el cabello se me empezó a caer porque no tenía nada de vitaminas, antes era hermoso, abundante, largo y grueso pero hoy en día es delgado aunque el problema se haya superado en un 99%”.

La psiquiatra y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de la Sabana, Sandra Toro Herrera, opina que el reto más grande de las personas con trastornos de la conducta alimentaria tiene que ver con el estigma. Pues así como ocurre con otras enfermedades mentales, se atribuyen a debilidad de la persona y a falta de voluntad. Este tabú dificulta el pedir ayuda, además se ha demostrado la implicación de alteraciones neuronales y moleculares que junto al papel del entorno explican la aparición de tales padecimientos.

Cuestión de tiempo y de progreso 

El tratamiento es interdisciplinario pues convergen especialistas médicos, psicólogos, psiquiatras y nutricionistas. En ocasiones esta problemática se detecta en una etapa muy avanzada por lo que la desnutrición puede generar arritmias cardíacas, fallo renal y hepático, deshidratación extrema y otro tipo de enfermedades que requieren de cuidados intensivos. En los casos más graves, dichos síntomas se asocian con depresión, ansiedad y psicosis que deben ser tratados en unidades especializadas con medicamentos psiquiátricos.

Un ejemplo de esto es la modelo francesa Isabelle Caro, quien en 2010 murió de desnutrición. Fue imagen de la campaña publicitaria “No anorexia”, que dio la vuelta al mundo y que exponía las consecuencias de dicha enfermedad.

“Comencé yendo al psicólogo y cada mes visitaba a la psiquiatra, tocaba ir hasta Ibagué porque vivíamos en un pueblo muy pequeño. Cuando presenté los ECAES mi mamá me dijo que la esperara un día más porque teníamos cita, me hicieron la valoración de siempre, me pesaron y estaba en 36 kilos, la doctora me miró y dijo: ´Hace un mes quedamos en que si no subías de peso te tenías que quedar con nosotros internada y como bajaste 2 kilos te tienes que quedar´. Yo le dije que ya era mayor de edad y que me iba, que no me podían retener. Miré a mi mamá, le dije lo mismo y de la nada salieron dos enfermeros que me pusieron una inyección y me doparon”.

Para Julio Valero, nutricionista y entrenador físico, el primer paso es aceptar que hay una enfermedad, descubrir la base del problema, mejorar la alimentación paulatinamente y finalmente trabajar lo emocional para que la dificultad se disipe con el tiempo. Es fundamental hacer entender al paciente que cualquier extremo que esté siguiendo está mal y que hay una situación de fondo. En este punto, es clave hacer investigación que permita llegar a la raíz.

“Por la tarde me desperté en una camilla amarrada de manos y pies. Me solté y salí caminando por un pasillo largo. Estaba en el pabellón psiquiátrico del Federico Lleras, encontré a un conocido y le dije que llamara a mi mamá para que me sacaran, pero fue una pelea perdida. Estuve internada quince días”.

Reglamentación y jurisprudencia

Si bien en Colombia la anorexia no es la enfermedad mental que más cobra vidas, es la más frecuente en consulta. De acuerdo a estudios epidemiológicos del Programa Equilibrio de la Universidad Javeriana, la prevalencia de dichos trastornos está entre 0,2 y 1,5 %. Es decir que una o dos personas entre cien mil habitantes sufren esta problemática.

A partir de esto la Corte Constitucional ordenó en 2011 el cubrimiento del tratamiento de dichos trastornos por el Plan Obligatorio de Salud. El Ministerio diseñó una Política de Salud Mental implementada en 2011. Sin embargo, en noviembre de 2018 se expidió finalmente la resolución 4886 que se ajustó a la Política Nacional de Salud Mental para garantizar redes integrales de servicios para la evaluación y atención interdisciplinaria a las personas de 14 a 18 años de edad con este tipo de trastornos.

Sentencia T-094

En los tres casos bajo estudio las personas cuyo amparo se solicita están afectadas por padecimientos que menoscaban gravemente su salud y la posibilidad de vivir una vida digna. Tanto la drogadicción como la bulimia, en tanto el trastorno alimenticio, terminan siendo afecciones que impactan gravemente la salud y que ponen en peligro constante la vida, por lo que requieren de atención y tratamiento no solo inmediato sino además cualificado, específico e idóneo, con el fin de evitar consecuencias o daños irreparables.

Nubia Bautista, quien también se encarga de dichos instrumentos de promoción y prevención del Ministerio de Salud, menciona: “Hemos hecho 15 lanzamientos en todo el país con una cobertura de aproximadamente 5 mil personas, se han generado acuerdos territoriales para la implementación de estas políticas y estamos formando a médicos, enfermeras y psicólogos en centros de salud en cuanto a la detección temprana, el tratamiento adecuado y la remisión oportuna a especialistas”.

Las entidades territoriales de salud están en la obligación de crear planes que implementen acciones integrales de sectores como educación, cultura y tecnología que confluyen en pro de la prevención oportuna. Aun así, la seccional de Caldas no cuenta con ningún programa enfocado a tal problemática.

Se consultó con la Territorial, con la seccional de Salud Pública, con la encargada de la dimensión de Salud Mental y Convivencia Social de la entidad y con la coordinadora del Programa Municipal de Nutrición, con el fin confirmar que no hay un esquema de prevención establecido.

En el departamento las únicas cifras que se tienen son de las personas atendidas en los últimos diez años. De acuerdo con los números arrojados por el SISPRO en lo que va del 2019, 155 personas han sido diagnosticadas con un trastorno de la conducta alimentaria en Caldas.

La Secretaría de Salud adelanta el programa de Alimentación saludable en las universidades, en este se promueve un estilo de vida sano pero no se hace hincapié en la incidencia de los problemas alimenticios. Las instituciones de educación superior y los colegios son, por lo tanto, los encargados de crear sus propias redes de prevención.

Alimentación sana, vida sana

Estas especialistas concluyen que una formación psicológica enfocada a un estilo de vida saludable desde la niñez, es la clave que puede cambiar el panorama. Los síntomas emocionales están ligados a lo social que a su vez se manifiestan en la alimentación.

Juan Jacobo Martínez, dietista y nutricionista, resalta la importancia de una alimentación balanceada en jóvenes universitarios pues esta época se centra en lo cognitivo: memorizar información, captarla, aprender y guardarla en el cerebro a largo plazo. “Es importante saber elegir los alimentos, buscar que no sean excesivos en su contenido de grasa y de azúcar, aumentar el consumo de verduras. Los snacks pueden incluir frutas, lácteos, frutos secos en vez de comprar fritos como empanadas o pasteles, se trata de hacer esa sustitución junto con un buen consumo de fibra para lograr un buen equilibrio”.

A su vez, Julio Valero recomienda a los jóvenes la adherencia a un estilo de vida sano, no eliminar ningún macronutriente como proteínas, grasas o carbohidratos, ni alimentos favoritos. Es fundamental preocuparse por el consumo de agua. Además, las dietas estrictas o que no se adapten a la vida cotidiana no son adecuadas en esta etapa de la vida.

“Salí del hospital pesando 2 kilos más. No me curé inmediatamente porque eso sería ilógico. Fue muy doloroso, me sentía sola, frustrada, que todo el mundo estaba en contra mío pero empecé a tomar conciencia. Me gradué del ciclo de normalista y empecé a trabajar en una escuelita; la labor con los niños e ir comiendo de a poco me ayudó a superar el tema. En un año llegué a los 42 kilos y luego subí 5 más hasta que decidí entrar al gimnasio”.

En conclusión, los trastornos de la alimentación son un llamado de atención y un ejemplo de cómo el internet, los fenómenos sociales y publicitarios en el que el sujeto se ve exigido en muchos sentidos, deteriora la calidad de la salud mental. Todos los expertos insisten en que la formación de criterio en niños, jóvenes y adolescentes es clave. Además, dejar a un lado la influencia de las redes sociales sumada a la necesidad creciente de que los gobiernos y distintos sectores se apropien de la importancia de la salud mental, son el camino para disminuir las cifras que hoy son alarmantes.

“El ejercicio me cambió la vida porque me ayudó a superar la enfermedad. Vi otros puntos de vista, comencé a investigar sobre la importancia de una buena alimentación porque el cuerpo es un engranaje y el alimento es la gasolina. Ya llevo entrenando 8 años, me gusta hacerlo, me gusta mi cuerpo con músculos, me gusta verme al espejo y actualmente es mi hábito. Ya no lo hago porque quiero verme linda sino porque me nace, es mi pasión, me divierto y no pienso dejarlo nunca”. Cuenta hoy en día, como si la herida estuviera sanada, una de las 80.000 colombianas que logró superar la tercera enfermedad crónica más común en jóvenes adolescentes.

Trastornos Alimenticios

La mente de una persona que sufre de bulimia suele estar en una constante discusión donde argumenta a favor y en contra de los alimentos que va a ingerir. Es un tiempo que normalmente pierden porque el control que tienen para comer es casi nulo. Devorar lo que se les atraviese es el siguiente paso, después el sentimiento de culpa las afecta y recurren a vomitar para no perder ‘el peso ideal’ que han creado obsesivamente.

Recomendaciones para llevar una vida y una alimentación saludable