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Madres y padres en las marchas

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Madres en primera línea. En primera línea se ubican los manifestantes que tiene que aguantar los primeros ataques de la Policía, el Esmad o algunos civiles que disparan a las marchas. Foto Alejandro García (Bogotá).

“¡Mientras usted viva bajo este techo y estas cuatro paredes se hace lo que yo diga!”. Esta es una de las muchas amenazas que los padres les lanzan a sus hijos, sobre todo ahora que ellos lideran o participan en las marchas contra el gobierno de Iván Duque. Algunos jefes del hogar llegan al punto de sacar a empujones a sus muchachos de las manifestaciones y hasta los reprenden delante de sus compañeros de causa. Otros padres se quedan en casa, temerosos, viviendo una angustia constante de que sus hijos no regresen o regresen golpeados, heridos o que sean detenidos por la Policía o sean… desaparecidos. Otros deciden marchar con sus hijos. Son padres que, independiente de lo que piensen sus muchachos, sostienen que por ellos van “hasta la muerte”.

He aquí algunas historias de madres y padres que acompañan a sus hijos en este proceso de rebeldía, de accionar político.

La promesa

La unión femenina hace la fuerza. Foto cortesía

“Prometí que la acompañaría porque me da miedo que le pase algo sola, prefiero que le pase conmigo”, eso dice Lina María Morales, mamá de Luisa María Pérez, mientras agarra la mano de su hija en medio del sol de la tarde y la muchedumbre. Ambas están en la Torre del Cable a la espera de iniciar una marcha que llegará hasta la Plaza de Bolívar. Doña Lina tiene aproximadamente 60 años, es bajita pero se ve fuerte para proteger a su muchacha, lleva una gorra negra que la hace pasar desapercibida y se ve cómoda en medio de tanto joven. “Si yo pudiera estar allá, en la primera línea con los muchachos yo creo que yo sería feliz”, asegura. No le importa lo que puedan pensar las personas de su generación, muchas de ellas se resguardan en sus casas por temor al Covid-19, porque no apoyan el paro ni las marchas o porque creen que eso de salir a gritar consignas es asunto solo de jóvenes. A doña Lina solo le importa que su hija no aumente la lista de 76 personas asesinadas (hasta el 10 de junio) en estas jornadas, según el portal del Instituto de estudios para el desarrollo y la paz (Indepaz). Hasta el 2 de junio, más de 1.200 policías quedaron lesionados, al menos 192 de gravedad, dos muertos y siete hospitalizados, según el Ministerio de Defensa.

Madre sale del closet

Estas madres salen con sus hijos a las marchas en Bogotá. En Medellín algunas salen a apoyar a sus hijos gais en las movilizaciones. Foto Vera Rueda

“Desde que salió del closet lo acompaño a cuanta marcha haiga. Me siento muy orgullosa de él”. Eso expresa misia Ángela, madre de Anderson o Natalie, su hijo-hija, quien ha participado en las movilizaciones desde el movimiento Lgbti en Medellín. “Cuando hacen las marchas del orgullo gay salgo con él, grito con él y hasta bailo con sus amigos y amigas lesbianas. Yo no soy lesbiana pero igual quiero a todos estos muchachos porque son una verraquera”. Doña Ángela es valiente, fuerte, aunque siente mucho miedo. En algunas ocasiones ha enfrentado los ataques que le han hecho a Anderson o Natalie (nombre artístico) por su identidad sexual. Ataques verbales y físicos. Pero ahora, en el Paro Nacional, teme más. Varias veces “he chupado esos gases que lanza la Policía ahí en el Parque de los Deseos (Medellín)”. Es su único hijo-hija y quiere preservarlo hasta que ella muera. Por eso no revela su nombre real. “En estas marchas voy porque quiero, porque quiero que el gobierno respete a mi muchacho, que él pueda seguir en la universidad, que pueda conseguir un trabajo, que no lo maltraten o humillen como lo hace la policía por vestirse como él quiere”.

El miedo

Esta madre o abuela sale a velar y a gritar por los suyos. Algunas se quedan en casa porque el miedo es mayor. Foto EFE
 

A Luz Adiela parece incomodarle la situación, le tiene miedo a las marchas y le asusta que su hija María José, de 19 años de edad, asista a ellas, “pues hay personas que aprovechan este tipo de movilizaciones para hacer daños materiales e incluso afectar a las demás personas, así que si va ella… pues yo también voy”, sentencia. En la entrada de Cable Plaza está la madre, su hija y sus amigas esperando que la marcha inicie. Doña Luz Adiela no cree que pueda participar en la manifestación, solo observa, observa cómo los jóvenes, muchos sin tapabocas y algunos encapuchados, gritan, ríen, se saludan de beso, toman cerveza. Luz trata de convencer a María José para que regresen a casa, pero su hija cree que debe estar con sus amigos porque entiende que marchar, protestar, exigir una mejor educación, mejor salud, un empleo es un derecho de cualquier colombiano. La madre trata de entender la postura de su hija, pero su miedo es mayor.

El portal bbc.com informó que al 9 de junio la Defensoría del Pueblo ha recibido quejas de dos casos de violación sexual por parte de uniformados, 14 casos de agresión sexual y otros 71 casos de violencia basada en género, incluyendo bofetadas y abuso verbal

Por su hijo

Este padre le preparó un escudo para su hijo. Para don Gildardo el escudo es su hijo muerto. Foto Reddt.com
 

A sus 76 años don Gildardo (se reserva su identidad) ha salido a varias marchas en Medellín en compañía del recuerdo de su hijo, quien está presente en las pancartas que su otro hijo le hace. Pancartas en cartulina y con varias leyendas que denuncian el desgobierno del país. “Cuando salgo lo hago pensando en él. Mi hijo fue asesinado en 1989, en una manifestación de estudiantes de la Universidad de Antioquia. Él estudiaba allá y en una marcha le dispararon, me lo mataron”. Don Gildardo de joven también fue rebelde como su hijo mayor muerto, siempre sale a las marchas del Día del Trabajo, pero ahora estas manifestaciones tienen un significado especial. “Si mi hijo estuviera vivo estaría marchando y gritando, él tenía conciencia social. Mi otro hijo, el menor, no le interesa mucha la política, él a veces me acompaña pero se hace lejitos, para cuidarme”, expresa el señor. “Cuando salgo a marchar voy a mi paso… siento a mi hijo muerto muy cerca”, puntualiza.

Madre orgullosa

Con la oración la madre de Isabella la acompaña en sus marchas y en su oficio periodístico. Foto cortesía

“Sé que es una joven muy valiente”, eso dice la mamá de Isabella entre un Padre Nuestro que reza en su casa, para que proteja a su hija. Ora con preocupación, con las manos entrelazadas y haciendo énfasis en cada palabra del rezo para que el ser superior puede cuidar a su muchacha. Aunque esta madre no está de cuerpo presente en las manifestaciones, sí lo está con sus pensamientos. Isabella es periodista de La Cruda y cada día hace cubrimiento de la marcha hasta la decadencia del sol. Ella recuerda que una de esas noches de protesta, llegaron los lobos con bolillos y armadura negra por órdenes del alcalde. Esa noche la manifestación llegó hasta Maltería, aquella punta de Manizales, y empezó el desorden, el gas lacrimógeno y el miedo porque pasara algo. Salió corriendo hacia abajo y llegó a La Florida con sus otros compañeros, recorrieron una maratón de obstáculos sin darse cuenta que el premio era no ser llevados al CTP. Hombres y mujeres del Esmad la persiguieron a ella y sus compañeros. Ella y otros fueron refugiados por una familia. En ese refugio llamó a su mamá. La madre se calmó al escuchar la voz de su hija. Esa fue la escena de un solo día que se ha repetido en un mes y medio de protestas. 

Según el Ministerio de Defensa, por lo menos 1.100 personas han sufrido lesiones en estas jornadas, pero la ONG Human Rights Watch (HRW) considera que la cifra es mayor, pues ha documentado 17 golpizas violentas cometidas por la Policía, una de las cuales resultó en la muerte de Elvis Vivas, de 24 años (portal bbc.com, 9 de junio).

Madres y padres sufren cuando sus hijos salen a la calle a marchar. Foto cortesía

Adiós y cuídate mucho

Mientras Ricardo cuida y salva a sus pacientes del hospital San Marcel, su hija menor Paulita, como le dice él aunque ella tiene una personalidad revolucionaria y auténtica, marcha con sus compañeros portando pancartas y gritando para exigir los derechos a la educación. Su papá, antes de ella irse a El Cable, uno de los lugares de concentración para las manifestaciones, solamente le exigió, en medio de su preocupación pero con seriedad, que si por algún motivo pasaba alguna trifulca o revuelta no fuera hacia la Policía ya que corría peligro y que mejor se resguardara en algún almacén.

Ser joven colombiano

Teresa y Julián
Teresa Montero carga a su hijo Julián quien padece una discapacidad física. Esta fotografía ha sido un símbolo de las marchas. El hecho ocurrió en Manizales. La madre decidió marchar para exigir los derechos de todos y mejorar las condiciones de vida de su hijo. “Nunca me había pasado eso tan bonito. La gente habla bien de mí, como soy, como me han tratado; es que lo que yo hago con mi hijo está muy bien, soy feliz, estoy contenta y para adelante”, sostuvo a Noticias Caracol. Foto Sebastián Correa

Según el Dane en Colombia viven unos 10.990.268 jóvenes. Las marchas han sido protagonizadas por jóvenes desempleados, jóvenes estudiantes, jóvenes sin acceso a la educación. Ellos han dejado sus actividades cotidianas en un segundo plano para dedicarse a los cánticos, a las pancartas y a marchar por la ciudad exigiendo un cambio social y político. Esa decisión de hacer parte de las manifestaciones los ha llevado, en algunos casos, a enfrentamientos con sus padres. Expertos aseguran que los padres de familia son quienes más miedo conllevan, y pueden desencadenar ansiedad en ellos por el hecho de perder a su hijo.

Neila Díaz, magíster en Psicología Cognitiva Experimental y docente de la Universidad de La Sabana, le comentó al diario La Patria (mayo 23, 2021): “Los estudiantes entre 18 y 25 años, que son los que están protestando, son hijos de personas que pueden tener alrededor de 40 a 45 años y evolutivamente hay búsquedas muy diferentes entre ambos. A los 45 uno busca estabilidad y espera que lo que se ha construido genere esa sensación, y la participación de los muchachos en las protestas es como un atentado contra la estabilidad familiar”.

Aunque las emociones del “puede pasarnos algo” en medio de las protestas abundan en las cabezas todo el tiempo, para los pollos, como se les dicen en Colombia, es complicada su supervivencia en un país donde la tasa de desempleo juvenil está 23,5% según el Dane; además donde hay una población de 3,5 millones de jóvenes denominados nini (ni trabajan ni estudian). Estas y adicionando el acceso a una educación superior, falta de oportunidades son las quejas de los chicos. 

El tema de la educación está en el pliego de peticiones y sus cifras demuestran la necesidad de que se trate este tema ya que como lo mencionó en el 2020 la plataforma Work University, uno de cada diez estudiantes de educación superior no se matricularon por motivos económicos, o por no tener acceso a una pantalla o a internet; además el 20% también contestó no saber si volverían para el 2021.

Según el portal del Instituto de estudios para el desarrollo y la paz (Indepaz) hasta el 10 de junio 76 personas han sido víctimas mortales de violencia homicida en el marco del paro nacional

Periodistas: Dalila Orrego, Alejandro Higuita, Stefania León.