InicioCátedra Orlado SierraU. Manizales: nominada al PNPEU Orlando Sierra en entrevista

U. Manizales: nominada al PNPEU Orlando Sierra en entrevista

La entrevista Los cohetes no tocan vidas escrita por las jóvenes María Camila Contreras Vélez y María José Rincón ha sido nominada al VII Premio Nacional de Periodismo Escrito Universitario (PNPEU) Orlando Sierra Hernández, que es convocado por la Universidad de Manizales a través de su escuela de Comunicación Social y Periodismo y el diario La Patria, en alianza con Efigás y el Banco de la República.

La entrevista hecha al físico Manuel Alberto García fue publicada en el periódico Página del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Manizales. Este trabajo compite en la categoría entrevista con el texto Respetar la vida desde la labor del periodismo: Patricia Nieto, un trabajo realizado por Gustavo Montes Arias de la Corporación Universitaria Minuto. El Premio será entregado este viernes 11 de noviembre.

Esta es la entrevista completa

Los cohetes no tocan vidas

Por: María Camila Contreras Vélez y María José Rincón
Un salón de clases decorado con dibujos de Star Wars y logos de bandas de rock es el panorama habitual de Manuel Alberto García Cano, profesor de física del colegio San Luis Gonzaga. Tiene 34 años, de los cuales los últimos 10 los ha dedicado a enseñar. Sus alumnos dicen que sus clases son muy complicadas pero siempre da muchas oportunidades, a lo que él entre risas responde que no está formando físicos o matemáticos, que está formando “grandes personas“. A pesar de que hoy
lo caracteriza esa actitud humana con sus estudiantes, no todo fue siempre color de rosa.

Cuando Manuel camina parece acompasado por la Marcha Imperial de Star Wars, anda con la misma seguridad que lo haría Darth Vader aunque sea más pequeño
que él. Algunos estudiantes dirían que se asemeja más a Yoda, porque cuando habla logra conectarse con ellos de tal manera que parece que los estuviera guiando para
conquistar la Estrella de la Muerte.

En el año 2011 llegó a la institución después de ser rechazado en un primer momento. “Yo pasé la hoja de vida y me dijeron que no, entonces ‘Mancho’ volvió a mandarla y me recomendó, ahí sí pasé”. Germán ‘Mancho’ Quintero es un amigo de infancia de Manuel, sus padres siempre han vivido muy cerca toda la vida por lo que
crecieron juntos, tan amigos que compartieron un amor.

“En ese tiempo -2011- llamaba a lista, recuerdo que llenaba un papel que se llamaba el día a día, era muy, muy psicorrígido. Cuando terminaba de hacer eso hacía
una clase comunitaria, es decir, que daba toda la parte teórica y automáticamente les ponía un taller que normalmente era de 20 a 25 preguntas y lo que hacía era
exigirles de memoria toda la parte matemática”, afirma Manuel García.

Manuel podría compararse con Sheldon Cooper de la serie The Big Bang Theory. Es un hombre inteligente, algunos dirían que demasiado, analítico, a veces distante y con poco tacto para ciertas situaciones; hoy es una persona completamente diferente a lo que era hace tres años. Similar a Gru de Mi Villano Favorito después de conocer a sus hijas, eso sí, un poco más canoso pero con los ojos definitivamente más brillantes.

Es un hombre de poca estatura pero con grandes pasiones. La manera en la que habla de sus clases expresa la premisa que le inculcaron los Hermanos Maristas
durante sus años de colegio, esa de “para educar a un niño hay que quererlo”. Cuando se cuestiona el porqué ser profesor, sonríe levemente y con mucha seguridad
responde que apostarle a la juventud es lo único que nos queda, “para mí ser profesor es una responsabilidad social, una responsabilidad cristiana. Es un estilo de vida”.

Manuel García se ha caracterizado no solo por ser profesor de física, su afición por los videojuegos y la ciencia ficción es algo que siempre lo identifica. Él fue una de las
primeras personas en Colombia en adquirir la consola PS5, ”¿A usted qué le hace pensar que lo compré el mismo mes que salió? Lo compré dos meses antes y cuando
la lanzaron oficialmente al mercado al otro día yo estaba jugando con ella en la sala de mi casa”.

Durante la pandemia pudo dedicarle tiempo a hacer lo que más le gusta, jugar videojuegos. Uno de esos días consiguió el primer puesto en el juego Tetris 99 en el
mundo, comenta que realmente fue una pequeña victoria pero que le dio gran alegría, como si hubiera encontrado todas las esferas del dragón.

Durante su infancia vivió en el mismo barrio y aunque comenta que era un lugar muy sano no faltaba el gamín, por ese motivo sus padres preferían que se quedara en casa, entonces para entretenerse le compraron una con sola para que jugara. No le llaman mucho la atención los juegos en los que el único fin es “dar bala”, prefiere aquellos que cuentan una historia porque así siente que puede ser alguien más, aunque sea por un rato. Hoy en día tiene en su casa un lugar especialmente reservado para sus consolas, todas conservadas en perfecto estado.

Manuel tiene en su casa un espacio destinado para su colección de consolas y sables. Tiene más de 5 equipos, los cuales conserva en perfecto estado, “cualquiera se puede usar”, dice García Cano con los ojos llenos de orgullo y su colección de fondo. Desde piezas de colección como R2-D2, un Game Boy, el casco de Darth Vader en tamaño real y varios Stormtrooper son parte de la pequeña parte que tiene a simple vista, al indagar un poco más se encuentra uno con tantas cosas que ni él sabe cuántas son. Fotos: Maria Camila Contreras Vélez y Maria José Rincón Ramírez

La orden Jedi

Maya Hernández Castaño es de las amigas más cercanas de Manuel, egresada del colegio San Luis Gonzaga, allí se conocieron. Ella cuenta que no hizo muchos
amigos durante sus años escolares y que en él encontró un apoyo que quizás no tenía en personas de su edad. Al graduarse, su amistad se fortaleció porque “ya no existía esa jerarquía de poder entre maestro y estudiante y ya podíamos salir a tomar sin problema”.

El miércoles 6 de diciembre del 2017 Maya se confirmó y su padrino fue Manuel. “La verdad no quería hacerlo pero él me hizo ver que realmente no perdía nada y que, por el contrario, ganaba mucho. Por eso sentí que era la persona indicada para ser mi padrino ”, expresa. Manuel cuenta que el día de la confirmación se sintió
muy emocionado, casi al borde del llanto.

En el 2019 sus amigos (y exalumnos) le dieron una sorpresa que hasta el día de hoy lo emociona al contarla. Entre ellos hicieron una “vaca” y le compraron los tiquetes para viajar a Estados Unidos e ir a la Comic Con. Ese viaje también incluía ir a Disney, especialmente al Galaxy’s Edge, un parque dedicado 100% a Star Wars.
Manuel recuerda ese gesto y este momento de su vida con mucho cariño, como si Ben Solo y Rey Skywalker le hubieran devuelto el equilibrio a su Fuerza.

Si estuviera en un incendio y solo pudiera salvar cinco cosas de su casa, ¿Qué salvaría?

Primero a mi gatica, pero de las colecciones lo primero que salvaría es mi última consola (PS5); el sable de luz que hice en el parque de diversiones de Disney porque es único, tiene mi espíritu y nadie más en el mundo lo tiene. Tercero, salvaría por lo menos dos video juegos y el Nintendo 64, que es una consola mítica y única que en
este momento es casi imposible conseguirla en el estado en que yo la tengo.

¿Por qué considera que los estudiantes pueden llegar a ser mejores amigos que las personas de su edad?


Por la autenticidad, es muy complicado encontrar eso en personas “mayores”. Yo salgo más con mis exalumnos que con mis compañeros de trabajo, porque he encontrado personas muy auténticas y sin máscaras que me valoran por lo que soy.

¿Si pudiera decirle algo a esos estudiantes que tuvo en sus primeros años de docencia, ¿qué les diría?

Es fácil, perdón. Discúlpenme, discúlpenme porque muchos se quedaron con esa imagen de que yo era un monstruo. Hubiera hecho muchas cosas distintas si hubiera pensado más en la persona que en el resultado.

Metáfora cuántica del amor

Aunque el amor sea más de química que de física, hasta Sheldon Cooper se enamoró y se casó. Manuel también caminó al altar con la que pensó que era la mujer que
amaba con la suma de todas sus fuerzas, sin recordar que el resultado de esa ecuación siempre da cero. Fueron mejores amigos durante 15 años, otro par los dedicaron a su noviazgo, pero su matrimonio solo duró ocho meses y cuenta que sin sus amigos no hubiera podido superar esa caída libre.

Ellos no fueron el único salvavidas que tuvo Manuel en ese momento, su familia fue un gran apoyo cuando sentía que ya nada tenía sentido. Aún así, cuenta que “después de separarme volví a vivir con ellos pero no aguanté más de un año, yo les decía” los amo de todo corazón, agradezco todo lo que han hecho por mí, pero
somos muy diferentes´”.

De su papá heredó la nobleza, comenta que él es el ser más noble que ha conocido y es un ejemplo a seguir; de su mamá sacó la perseverancia, con su hermana mayor tienen en común el gusto por la academia y de su hermana del medio tiene la frescura y los gustos por el rock y los videojuegos. Manuel asegura que “yo soy lo mejor de todo lo que ellos tienen juntos y los llevo todos los días en
lo que yo soy”.

“Cuando todo eso pasó y Manu cayó en esa depresión, nosotros estábamos en once pero de igual manera íbamos a su casa, le gastábamos pizza, llevábamos mucha
comida, veíamos películas o jugábamos Yu-Gi-Oh!. Lo llamábamos para saber si estaba libre y lo recogíamos en el carro y nos poníamos a dar vueltas para que se entretuviera”, expresa Daniel González Núñez, exalumno y amigo de Manuel.

Daniel cuenta que Manuel siempre tuvo la firmeza que lo caracteriza, incluso cuando de eso dependía su año escolar. En el 2016, ‘Dano’, como le dicen sus compañeros se enfrentó a una depresión que lo hizo faltar en repetidas ocasiones al colegio y por ese motivo al final del año se chocó con la realidad. Aunque eran muy amigos, Manuel tuvo que tomar la decisión de dejarlo perdiendo el año. “Yo me puse a llorar y él casi que también, pero me decía que no podía dejarme pasar a once porque no tenía
los conocimientos necesarios”, cuenta.

Maya Hernández Castaño habla de Manuel con mucho orgullo y expresa un pensamiento que comparte con varios de sus conocidos, “él fácilmente podría estar
trabajando en la NASA armando cohetes, pero prefiere quedarse acá siendo profesor”. Al escuchar esto, a Manuel le brillan los ojos y le es inevitable sonreír, espera un momento y responde “los cohetes no tocan vidas, los
profesores sí”.

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