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Los besos: inocentes, maliciosos y mágicos

“Mi primer beso fue bastante mágico. Fue con mi primer gran amor; ese que se tiene a los 12 años, con la inocencia y ternura que eso conlleva. Habían cortado las ramas de los árboles del parque de nuestro barrio; eran muchísimas y llevaban varios días allí amontonadas, así que los niños construimos escondites y una choza con ellas. Sería la tercera o cuarta noche de construcción y ya casi habíamos terminado y el niño y yo éramos vecinos, así que lo de estar juntos nos quedaba fácil. Además sabíamos que hace tiempo nos gustábamos. Era la ocasión perfecta para darnos un primer beso y fue sencillamente fácil: Ambos nos pusimos en la tarea de echar a todos nuestros amigos de esa choza construida debajo del pasamanos y, poco a poco, nos fuimos quedando solos. Nos acercamos, muy sutilmente, y fue un beso dulce, tierno, que reflejaba la inocencia de los dos. A lo mejor fue cuestión de segundos, pero se sintió mucho más. Después de ese beso fuimos novios. Amo recordar cómo fue todo y estoy agradecida con la vida con que fuera él y de esa manera”. 

Valentina evoca esos recuerdos con cariño, sin embargo, no todos los primeros besos son tiernos e inocentes. Algunos son planeados y maliciosos, como el de Manuela, quien entre risas revive el momento: 

“Estaba en el jardín y nos encontrábamos en el salón todos mis compañeros, entonces empezamos a decir que hicieran competencia de besos y cosas así. Resulta que la profesora tenía un escritorio, que obviamente era más alto que el de nosotros, y fue el lugar a elegir. Lo llenamos de toallas para que no se viera por dentro y había un niño que, para mí, era el más lindo. Entonces nos metimos y nos dimos un beso, ahí bajo el escritorio. Igual, él se besó con todas las niñas del salón”. 

Algo tan familiar pero desconocido como el beso es una de las prácticas más antiguas del mundo. Desde hace más de 4.000 años, en antiguos pueblos semíticos, se pueden ver las primeras evidencias de su origen. Tenían una clasificación según su tipo: en la mejilla, amistad; en la boca, devoción y en la mano, obediencia. Empero, estos significados cambiaban dependiendo del sitio donde se daban. Por ejemplo, mientras que en Roma los amantes se besaban en la frente agarrando a la otra persona de las orejas para simbolizar compromiso, en la antigua Grecia un beso significaba la consumación del matrimonio. Pero todo es más que juntar los labios de dos, tres o más personas dependiendo de qué tan curioso o curiosa seas. 

En un beso se activan al menos 30 músculos faciales y 17 de ellos están relacionados con la lengua, según el libro La pequeña enciclopedia del beso, del psicoterapeuta francés Jean-Luc Tournier. Allí afirma que se transfieren 9 miligramos (mg) de agua, otros 0,18 mg de sustancias orgánicas, 0,7 mg de materias grasas, 0,45 mg de sales minerales, además de miles de gérmenes, bacterias y microorganismos que queman, a lo largo de tres minutos, unas quince calorías. Mejor dicho, no se gasten la plata en el gimnasio y bajen todo lo que comieron con una sesión larga de besos. 

Ese deseo de besar que sentimos cuando vemos a la persona que nos atrae se llama filemamanía y libera oxitocina, hormona neuromoduladora del sistema nervioso central en comportamientos sociales, sentimentales y patrones sexuales. También fluye endorfina, ese neurotransmisor al que el cerebro también es adicto pues nos produce placer. Todo esto resulta en un intercambio profundo de sensaciones, energías y emociones que, en lo psicológico, fortalece la relación entre personas. Aumenta la sensación de placer, de felicidad, entre otros efectos. 

“Cuando besamos se activa todo un río hormonal. El acto está ligado al circuito de recompensa y este produce una sensación de bienestar en cada uno de los sujetos”, explica Andres Camilo Delgado, psicólogo especialista en neurociencia. Por ello, dice, el ser humano busca de manera imperante dar besos o realizar este tipo de actos. 

Sin embargo, muchas veces fallamos en la búsqueda y aquellas experiencias que esperamos que sean placenteras terminan en todo lo contrario. Como Juan José cuyo peor beso terminó con sangre.

El ósculo maluco

“Hace tiempo estaba en el parque con una niña y nos estábamos besando, cuando en medio del acto ella me mordió una parte muy pequeña del labio superior. Por el dolor, y como  reflejo, me moví hacía atrás, y de inmediato noté que ella tenía sangre en la frente. Lo primero que pasó por mi mente fue “¡qué putas! ¿Por qué tiene sangre ahí?”. Ella, por su parte, se quedó mirándome con los ojos súper abiertos, tapando la expresión de susto con su mano mientras gritaba “¡ayyy!”. Debido a su mueca, de forma instantánea me toqué el labio y lo primero que percibí fue un chorro de sangre que salía  de mi labio anteriormente devorado. 

Después de eso, aquella muchacha se disculpó. Le dije que tranquila, que eso le puede pasar a cualquiera, como si fuera muy común, jajajaja. Compramos una botella de agua, me la puse en la herida para desinflamar un poco y hasta el sol de hoy esa ha sido la peor experiencia que he tenido si de besos se trata”.

Lo anterior evidencia que todas las personas se acoplan a la forma de besar del otro; los labios y movimientos no congenian con los del receptor del ósculo. Esto les sucedió a Carlos y Jacobo, quienes si antes recordaban su peor beso, ahora nunca lo olvidarán. 

Carlos cuenta que  tenía una tusa intensa y un día, después de jugar bolos, un amigo lo invitó a una fiesta. Aceptó, con el fin de olvidar a esa mujer, y en medio de la rumba – y ya pasado de tragos –  experimentó su primer beso de tres.

“Los tragos hacían efecto y yo ya me estaba tambaleando. En esas una conocida se me acercó, me agarró y abrió tan grande la boca que casi me succiona la cara, llenándome por todos lados de saliva. De verdad no me gustó”. 

Jacobo, por su parte, tiene una historia similar y cuenta que su peor beso fue  en una discoteca. 

“La vieja ya estaba ebria y abría la boca muchísimo. Marica, yo sentía que me estaba chupando toda la cara. Tuve que decirle que me iba a ir al baño para escaparme porque no quería más”.

Al escuchar ambas historias, tan parecidas, Carlos y Jacobo se miran. ¿Habrán besado a la misma muchacha? “No creo”, afirma Jacobo. “A ver, digamos la primera letra del nombre al tiempo” y ambos, en coro, dicen la letra A. Con los ojos bien abiertos, estos dos amigos de toda la vida deciden decir el nombre y apellido de la mujer que los “mal besó”. ¡Oh, sorpresa! Era el mismo, nadie lo podía creer. 

Un buen beso

Entonces, ¿cómo es un buen beso? El Diario de Mallorca publicó que es necesario tener labios humedecidos, para que se muevan con suavidad, girar la cabeza levemente a lados opuestos, que no choquen las narices, cerrar los ojos y disfrutar al máximo la experiencia. Agregan que es mejor comenzar suave con la boca cerrada, abriendo los labios de forma lenta y relajada. 

Por otro lado, la revista Cromos indicó hace un tiempo que para dar un beso inolvidable es “imprescindible” el buen sabor y olor en la boca, no afanarse y tener firmeza en los labios. A esto se puede sumar la técnica del francés André Brulé, quien en 1921, superó a ochenta rivales de diferentes partes del mundo para ser elegido “el mejor besador del planeta”. Los jurados de la competencia señalaron que la habilidad del ganador radicaba en la manera en que con la mano izquierda sujetaba con delicadeza el mentón de su pareja, mientras que la mano derecha empujaba con cariño la nuca hasta plantar con seguridad el beso en los labios. Luego apretaba a la mujer entre sus brazos para rematar con una inclinación y sorpresivo giro sobre su pie izquierdo a fin de que ella parezca desvanecerse de placer. 

Pero un buen beso no solo depende de la técnica aplicada sino también del sentimiento entre los involucrados. Un sondeo realizado a través de plataformas digitales a estudiantes de la Universidad de Manizales, indica que el 65% de los participantes indican que un beso es mejor cuando se siente amor o cariño por la otra persona.

Afecto y relaciones líquidas

En el Kamasutra, libro sagrado hindú que trata del comportamiento sexual humano, se pueden encontrar 22 tipos distintos de besos y cada uno tiene su particularidad. Las formas de llamarlos cambian según el lugar y los años. En 2012, por ejemplo, se le decía “entucarse” a darse un beso con alguien y un “chispum” a dar un pico con presión suave y rápida de labios entre dos personas. 

El beso tiene un lado social y emocional ya que con este podemos dar un sí para toda la vida, una despedida que no tiene un próximo encuentro o indicar que fue cosa de una sola noche. La socióloga Carolina Gonzales expresa que con el paso de los años el beso se ha ido devaluando porque ya es algo muy común. “El sociólogo estadounidense Zygmunt Bauman estudiaba las relaciones líquidas, que son, así como lo dice su nombre, aquellas que no son estables, sino que – por ejemplo – una persona que va a una fiesta y se besa con otras diez o que suelen cambiar mucho de relaciones. Por ende se ha ido degradando este concepto dado a que ya no es como antes, cuando para besar a alguien primero se tenía que pasar por el prestigio de la familia o realizarse a escondidas”.

Además, no todos los placeres de la vida son solo color rosa. Besar hace parte de las vías principales de transmisión de enfermedades debido a la saliva, donde las más comunes son resfriado, periodontitis y parásitos estomacales. También se pueden contraer enfermedades de transmisión sexual – ETS, como la síifilis, la gonorrea y la clamidia, si hay besos después de practicar sexo oral. 

A pesar de lo anterior, el beso es un acto de afecto importante entre seres sociales. “Al entender su importancia debemos adentrarnos al inicio, en nuestro nacimiento, ya que lo primero que hace la madre al recibir a su hijo en brazos es darle un beso. De allí viene toda la importancia, porque el niño creció con ese primer afecto de la madre, de la familia, dando inicio al proceso del beso y el afecto con otras personas”, manifiesta Gonzales.

El afecto hacía otros nos mantiene vivos y Juan Esteban tiene uno de sus mejores besos plasmado en su memoria.

Beso excelso

“Comenzó a llover y nosotros simplemente miramos al cielo. Me acerqué a ella, le agarre la cintura y la acerqué a mí; ella acariciaba mi rostro mientras nuestros labios bailaban la canción del amor y conforme avanzaba el beso yo la acercaba. Era como una explosión de emociones, pues me gustaba muchísimo. Por fin la estaba besando, no importaba nada, solamente nosotros”.

Como le sucedió a Juan Esteban, algunos besos pueden transmitir sensaciones indescriptibles. A veces, incluso, algo que inició fatal puede convertirse en el relato más maravilloso, como le pasó a Pedro.

“Inició con uno de los peores besos; un beso incómodo, ni ella, ni yo sabíamos cómo hacerlo. Fue bastante húmedo para la espontaneidad del mismo y ambos sabíamos que no nos sentíamos bien. A pesar de esto, empezamos a salir, tal vez queríamos creer que nuestra conexión estaba más allá de nuestro pésimo primer beso. Un tiempo después, todo estaba excelente con esa persona. Estábamos en su casa, en su sofá, y empezamos a besarnos. Está vez sí era la ocasión para ser un beso suficientemente húmedo. El deseo, la pasión… sus labios exactamente conectados con los míos hicieron que no pudiéramos parar. Mientras todo pasaba, mi cuerpo sentía un escalofrío extraño, una sensación indescriptible, que yo llamo amor. Nunca pensé que en todo este camino de entender al amor, llegaría a ser físico; fue hermoso, fue el mejor beso de mi vida”. 

“Besos que no son contratos”, como dijo Borges. Besos “legales” que no son mejores que los “robados”, como los prefería Maupassant. Que “conmueva a las estatuas y destroce la cordura”, como propone el cantautor español Marwan. Que dure diez segundos y contengan 80 millones de microorganismos, como concluyeron los científicos holandeses de la Organización para la Investigación Científica Aplicada. O que termine siendo por etapas, como los calificó el escritor alemán Emil Ludwig, quien dijo que el primero era mágico; el segundo, íntimo y el tercero, rutinario. Un beso, al final y como se dice popularmente, no se le niega a nadie, pero tampoco se le da a cualquiera.

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