Lesbotransmarik: resistencia en el Paro Nacional

Llegan desde diferentes barrios de la ciudad. Algunos, algunas, lo hacen con sus trajes que representan su mundo interior y político; algunos, algunas se visten en las calles, entre los manifestantes; otras y otros, llegan con su ropaje citadino; los otras y otros son el público, espectadores o manifestantes que ven con sorpresa, talvez con reproche (con ojos represores de policía o morales de cualquier iglesia), lo que pasa con estos personajes que hacen su aporte al Paro Nacional con sus cuerpos provocadores, con sus mentes libertarias.

No son muchos, pero hacen mucho. Con sus bailes, cuerpos, vestidos y gritos se hacen presentes en las marchas. Se enfrentan a la sociedad goda, al Gobierno y a sus organismos armados. El pasado lunes festivo, tarde del 17 de mayo, Día contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobiafrente, se encuentran frente a la Media Torta de Chipre y cierran la vía.

Allí, chicas y chicos trans, homosexuales, lesbianas, heterosexuales y los que fluyen entre identidades se congregan en la Minga Lesbotransmarik, acto de resistencia y de apoyo al Paro Nacional. Algunos, algunas pertenecen a diferentes colectivos Lgbtq+ de Manizales y se hacen presentes para denunciar la violación a sus derechos humanos, para celebrar la libertad de expresión y unir sus voces y cuerpos al Paro, que se lleva a cabo en Colombia desde el pasado 28 de abril. 

En la celebración, que ellos mismos bautizan como Día contra la Translesbobihomofobia, se pretende realizar actividades tales como un ajiaco comunitario, un mural representativo y bailes perfomáticos, como el vogue. Y ellos ellas comienzan a bailar con movimientos provocadores, con sus cuerpos vestidos con trajes que para un ciudadano aconductado no corresponde a su género.

Foto por: David Alejandro Molina

“Dios mío, qué es eso”, dice una señora de piel tensada por el botox, bajo un paraguas, a otra doña, al divisar lo que ve desde el tanque de Chipre. “Es inmoral lo que hacen, esta juventud está perdida”. Su amiga no responde.

Por el sendero peatonal, un señor, un caballero de esos de la Manizales goda, se detiene, trata de escuchar, intenta observar, no puede por los paraguas. De pronto un chico chica danzante pasa por su lado, tangonea su esbeltez vestida de negro y carga en sus manos la imagen del Divino Niño. El señor detalla al danzante. “¿Qué es eso?” Pregunta a otro señor del público. “No sé, son como gais que apoyan al Paro”, responde el interrogado. “Ah, bien que apoyen al Paro. Pero no entiendo cómo lo hacen”. Una joven de sonrisa amplia y con cadejos azules, que lo escucha, le explica. Le explica que la comunidad Lgbtq+ también sufre la violación de sus derechos, que desde el Estado, desde el Gobierno nacional y local se les margina y maltrata; que la Policía, el Ejército y otros grupos armados tratan de desaparecerlos, matarlos. Que por eso esta comunidad Lgtq+ también se une al Paro Nacional. “Ah, vaya, ojalá a mí me hubiera tocado vivir y hacer lo que ustedes están viviendo. Pero a mi edad, con esta pandemia, ya no puedo”, dice el señor.

Explicación

“Por lo general las maricas hemos sido empobrecidas, no hemos podido acceder a la educación, muchas veces no se podía ser una marica que perteneciera a un club de alta categoría. Ser pilotos o chefs. Entonces el vogue (de la cultura ball) se ha utilizado para poder encarnar todo ese tipo de cosas que no han podido ser las maricas’’, explica Paule Cárdenas, integrante del colectivo Subversión Marica y una de las organizadoras de la Minga

Wikipedia dice que la cultura ball (cultura bola, cultura de salón) surgió en la década de los 60 del siglo XX en casas de Nueva York en donde jóvenes afroamericanos y latinos marginales y de la comunidad Lgbtq+ se reunían para organizar concursos de baile y ganar premios y reconocimiento. Esta cultura mezcla actuación, baile, sincronización de labios y modelaje. Como fenómeno contracultural, “la cultura del baile tiene sus raíces en la necesidad y el desafío. A partir de fines del siglo XIX, los miembros de la comunidad clandestina Lgbtq+ en las grandes ciudades comenzaron a organizar bailes de disfraces conocidos como “drags” desafiando las leyes que prohibían a las personas usar ropa asociada con el sexo opuesto”.​

Agrega Wikipedia que “el vogue o voguing es una forma estilizada y moderna de house dance originada en la década de 1980 que evolucionó a partir de la cultura ball de Harlem de la década de 1960″. Este baile se popularizó en 1990 gracias a la canción y video Vogue de Madonna

y cuando se exhibió el documental París is Burning, Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance (1991), dirigido por Jennie Livingston.

Este documental narra la vida y cultura de un grupo de travestis que viven en Nueva York, quienes se reúnen en casas como resistencia para fortalecer su sentido de comunidad y apoyo para los artistas extravagantes y rechazados por la sociedad. Estas personas no solamente bailan, también abordan la moda, la política, el racismo, la homofobia y la pobreza. Livingston entrevista a famosas drag queens como Willi Ninja, Pepper LaBeija y Dorian Corey.​

Volvamos a la minga

A pesar de que las expectativas de la Minga son altas, se realizaron los bailes, se lanzaron consignas, se denunció la violación de los derechos humanos hacia la comunidad Lgbtq+, Paule explica que finalmente no pudieron llevarse a cabo todas las actividades planeadas. El mural no pudo ser culminado debido a las fuertes lluvias, y el ajiaco comunitario no resultó por las actitudes pesadas de algunos manifestantes y ante la posible presencia del Esmad. A pesar de ello, cuenta que sus planes fueron postergados, pero no cancelados. 

Foto por: David Alejandro Molina

Dirigiéndose a la actual situación del país, a las constantes manifestaciones y al abuso de la fuerza pública que se vive hace 22 días, la integrante de Subversión Marica reafirma que seguirán saliendo a las calles a apoyar y a luchar por sus propios derechos, los cuales a diario se ven vulnerados: “todos somos personas, tenemos los mismos derechos humanos y la diversidad es supremamente grande, no solo somos diversos cuando somos maricas, también somos diversos cuando somos negros, indígenas, empobrecidos…, esto último (empobrecidos) no es diversidad pero sí es opresión. Tenemos en común mucho más de lo que imaginamos y así a algunas personas no les gusta tenemos el derecho de existir y resistir’’. 

La Minga finaliza cuando cae la noche, se acentúa la lluvia y hace presencia las siniestras figuras sin rostro de los agentes del Esmad. Pero en las próximas jornadas del Paro Nacional ellos, ellas y los que fluyen entre identidades seguirán llegando con sus trajes políticos, con sus bailes de resistencia, con sus cuerpos en movimientos y mentes atrevidas para gritar que no acallarán sus voces, que no encerrarán más sus cuerpos, que sus mentes son libres.

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