Crisis medio ambiental: acciones locales que imparten el cambio

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Inundaciones, tsunamis, incendios, aumento en magnitud y frecuencia de terremotos, erosiones costeras, deslizamientos, deshielo y extinción masiva de especies, han sido consecuencias de las acciones del consumismo, las industrias y la globalización. De acuerdo al ingeniero ambiental, Carlos Mario Ortegón Escudero, hay un deterioro que provocó una ruptura en el equilibrio natural de los ecosistemas y los seres humanos. De ahí que el cambio climático sea cada vez más severo.

El pasado 9 de mayo la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su portal public.wmo.int informó que “hay un 50% de probabilidades de que, por lo menos en uno de los próximos cinco años, la temperatura media anual del planeta supere transitoriamente en 1,5 °C los niveles preindustriales. Y esas probabilidades aumentan con el paso del tiempo”. Agregó que “hay un 93% de probabilidades de que al menos uno de los años del período comprendido entre 2022 y 2026 se convierta en el más cálido jamás registrado y desbanque a 2016 del primer puesto”.

Según la OMM, las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) aumentaron en un 20% en comparación con los años anteriores. Esto provocó una creciente en el nivel del mar por las altas temperaturas. El incremento promedio, que desde 1993 era de 3,2 mm, pasó a 5 mm por año desde el 2014.

En Colombia el impacto no es menor. De acuerdo con el informe Global Forest Watch del Instituto de Recursos Mundiales, en 2018 fue el cuarto país más deforestado del mundo, con un total de 176.977 hectáreas perdidas. Asimismo, el año pasado, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), fue el segundo país de Latinoamérica con más contaminación del aire, con un promedio de 19.000 muertes anuales en todo el territorio. 

Una mirada local

deforestación
Deforestación en el Amazonas. Foto: Reuters/ Rickey Rogers

Según Manizales Cómo Vamos, la capital caldense tiene tarjeta amarilla en varios aspectos. En 2018, el 76% de las estaciones del río Chinchiná reportaron regular, mala o pésima calidad del agua. En Colombia, 59 de los 78 municipios que poseen sistemas de vigilancia de calidad del aire registran niveles perjudiciales para la salud, aunque solo 20 incumplen la norma nacional (datos a abril del 2020). En Manizales se registraron, en promedio, 14 micras por m3 de material particulado (PM 2,5). Estos niveles son inferiores a los registrados en años anteriores y cumplen con los máximos de la norma nacional, pero todavía superan las recomendaciones de la OMS (PM 2,5:10 µg/m3). 

Son muchos los retos que como ciudad sostenible tiene Manizales. De acuerdo a la ONU, las ciudades producen el 70% de las emisiones globales de CO2 y consumen dos tercios de la energía del mundo. Para frenar las emergencias climáticas, enfermedades y muertes, es necesario tomar acciones que reviertan el daño en soluciones efectivas para el cuidado y protección del medio ambiente que, en últimas, es todo lo que tiene la humanidad para sobrevivir.

En Manizales se desarrollan una serie de iniciativas, proyectos y prácticas enfocadas en el desarrollo sostenible como apuesta para la preservación del entorno local. A continuación se destacarán algunas, sin dejar de reconocer que solo son unas de las muchas que hay en la región. 

La apuesta por la agroecología

Fundación Comunativa
La siembra en San José. Foto: Laura Valentina Santos

Desde 2011, la Fundación Comunativa lleva a las personas de la ciudad, especialmente del barrio San José, enseñanzas en torno a la sana alimentación, siembra de semillas criollas y nativas, procesos de transformación y aprovechamiento de la cosecha en productos orgánicos. Además, fomenta el conocimiento de diferentes formas sostenibles de cultivar la tierra. “Nuestras huertas urbanas son ecológicas porque allí se crean microambientes o microecosistemas. Estos ayudan a regular los cambios de temperatura con plantas como el plátano, bore y cartuchos que absorben el agua, amarran el suelo y protegen el microclima. Allí habitan y llegan distintas especies animales como colibríes”, manifiesta Juan David Delgado Loaiza, fundador de Comunativa. 

El ingeniero Carlos Ortegón explica que en estas huertas urbanas no solo generan productos orgánicos, sino que también se vuelven espacios donde los residuos de frutas y verduras que producimos en las casas pueden ser descompuestos de manera natural.

Su enfoque agroecológico se basa en el uso de abonos orgánicos con el fin de garantizar cultivos sostenibles. Adicional a la cosecha de productos vegetales, Comunativa, a través de la escuela de formación alternativa Cultiva Cultura, ofrece ciclos de talleres enfocados en dinámicas ambientales, procesos de autogestión y agroecología. “Queremos difundir una cultura de conciencia ambiental, producción sostenible, separación y recuperación de residuos. En el proceso de construcción de las huertas recuperamos e intervenimos espacios contaminados”, expresa Delgado Loaiza.

Su principal objetivo es  comunicar la importancia de tener huertas urbanas para la producción de alimentos propios. “Si todos tuviéramos una huerta en nuestra casa no habría necesidad de comprar a supermercados de cadena que, por medio de manipulación genética y producción masiva, generan un impacto negativo al medio ambiente”, dice Delgado Loaiza.  Así mismo, Ortegón Escudero indica: “Los productos alimenticios de las huertas caseras están libres de químicos. Son saludables y sostenibles”.

Ecoloma
Las escobas de Ecoloma. Foto: Ecoloma

Un emprendimiento verde

Hace siete años nació Ecoloma en el barrio San Cayetano de Manizales. Lo que en principio fue un proyecto de emprendimiento de Juan David Patiño Tejada, en la Universidad Autónoma de Manizales, hoy es una empresa familiar que abastece de escobas, cepillos y recogedores a la Empresa Metropolitana de Aseo (Emas), Aquamaná, Aseo del Norte de Caldas y Servioriente, entre otras. 

Ecoloma no es una empresa común. Sus productos son el resultado de la recolección y transformación de cerca de 80.000 botellas de plástico (PET) al año. Antes de convertirse en escobas usadas para la limpieza de la ciudad, estas eran simples botellas que, de no ser por la iniciativa de Juan David, podrían haber llegado a rellenos sanitarios, ríos y, posteriormente, al mar. Tardarían cerca de mil años en descomponerse y causarían la muerte y destrucción de los ecosistemas marítimos.

Según Juan David, para la producción de una sola escoba se usan 20 botellas de plástico del tamaño de una gaseosa de dos litros, lo que equivale a un kilo. Al año usan unas cuatro toneladas de plástico, recolectados por cinco familias recicladoras de la ciudad. Según una publicación del exprocurador Fernando Carrillo en Twitter: “En Colombia se genera un millón de toneladas de plástico al año, equivalentes al peso de 32.666 ballenas jorobadas o 168.000 elefantes”. Según esta cifra, Ecoloma reutiliza anualmente un 0,4% de los residuos plásticos del país para la fabricación de sus productos. 

“Evitar que estos residuos lleguen al relleno sanitario es beneficioso para el medio ambiente porque allí, al descomponerse la materia orgánica, se produce metano y CO2. Es una contaminación ambiental que dura miles de años”, argumenta Carlos Ortegón.

La producción en Ecoloma se realiza gracias a cinco máquinas artesanales elaboradas por Juan David. Todo comienza con la recuperación del material que se separa y se divide por tapas, etiquetas y base de las botellas. Luego pasan por una máquina que las transforma en hilos de aproximadamente dieciocho metros. Después se enrolla en un molde de hierro y se introduce en un horno. Esto permite que el plástico tome firmeza y resistencia. Finalmente, se deja enfriar y se corta para armar el cepillo o escoba. 

“Esto más que una forma de producción económica es una iniciativa ambiental con la que se quiere crear conciencia de reciclaje y reutilización de desechos nocivos para el medio ambiente”, comenta Patiño Tejada.

Cubo R3
Las botellas al Cubo R3. Foto: La Patria

Una tecnología ecológica

Cubo R3 es un proyecto del Grupo Ambiental Empresarial Ecoingea Cubo en el que, por medio de la instalación de máquinas inteligentes de captación de residuos, buscan fomentar la cultura local del reciclaje. En Manizales hay cuatro puntos con esta tecnología: Mallplaza, Cable Plaza, La Patria y Chec.

Allí las personas llevan y depositan sus envases de plástico y latas de aluminio a cambio de monedas virtuales llamadas ECUBO´s. A través de la aplicación móvil Cubo R3, se pueden acumular y cambiar por beneficios, regalos y descuentos que brindan marcas aliadas al proyecto. 

Alejandro Franco Giraldo, director de Ecoingea Cubo, dice que este proyecto nació por la necesidad de incentivar la cultura del reciclaje en el municipio, pues según cifras de Manizales Cómo Vamos del 2020, en la ciudad solo se aprovecha el 1% de los residuos que produce. 

Según Javier Mauricio Naranjo Vasco, ingeniero ambiental, el reciclaje disminuye la huella de carbono porque al no tener que producir desde cero el envase, no se extraen materias primas vírgenes del petróleo para el plástico ni de los minerales de aluminio para las latas. Esto disminuye de manera directa la producción de gases de efecto invernadero. 

Al hacer parte de esta iniciativa, además de obtener beneficios mientras se ayuda al medio ambiente, también se apoya el cuidado y protección de perros y gatos de la calle, ya que lo que se recoge del reciclaje vendido se dona a la fundación Vecino de Cuatro Patas. 

El principal obstáculo del proyecto es el presupuesto, pues el ensamble de la máquina Cubo R3 tiene un costo aproximado de 28 millones de pesos. Es por esto que es difícil disponerlas por toda la ciudad. 

Bentofiltro
Prototipo de Bentofiltro. Foto: Daniela Rivera Arenas.

Un filtro de Bentonita 

La ingeniera química Daniela Rivera Arenas, después de realizar su práctica profesional en una empresa metalmecánica que no contaba con tecnología eficiente para tratar las aguas residuales que vertían a fuentes hídricas, supo que debía buscar una solución. De allí nació Bentofiltro, un proyecto de investigación de posgrado en la Universidad Nacional sede Manizales. Junto con Iván Macías Quiroga, también ingeniero químico, crearon un filtro de esferas de arcilla tipo Bentonita, extraída de Armero-Guayabal, Tolima.

Después de una modificación en laboratorio de la Bentonita para aumentar su eficiencia en la remoción de contaminantes surgió Bentofiltro, una alternativa para absorber metales pesados de aguas residuales y otros componentes provenientes de desechos, tintas, basuras y otros compuestos orgánicos. “El agua, al salir del filtro, tiene aproximadamente 96% de remoción de las partículas tóxicas”, explica Rivera Arenas.

Daniela e Iván encapsularon la arcilla en un polímero y formaron esferas de Bentonita. En un filtro hecho con botellas recicladas agregaron, además de dichas esferas, grava, arena, carbón y cascarilla de café. Para hacer el filtrado solo es necesario verter el agua en el recipiente y esperar que pase por todos los componentes. Después del proceso, el agua sale sin contaminantes.

Según un informe de Corpocaldas, en la quebrada Manizales se ha detectado la presencia de metales pesados y tóxicos, entre ellos el cromo hexavalente, en concentración de hasta 296 miligramos/litro. En Colombia el límite establecido por la ley 0631 de 2015 para vertimientos industriales es de 0,5 mg/L. Estos desechos provienen del sector minero e industrial. “Bentofiltro está encaminado a mitigar el daño ambiental de las fuentes hídricas rurales y urbanas de Manizales y Caldas”, argumenta Daniela Rivera.

La eficiencia de Bentofiltro está sustentada en dos tesis de maestría. Además, ha sido probado con aguas residuales de varias entidades de la ciudad, que no se mencionan por petición de la fuente. Ahora Daniela e Iván buscan capital semilla para que su proyecto se convierta en una empresa, pues la falta de capital es su mayor obstáculo. Rivera Arenas comenta: “Es una tecnología de bajo costo con la que buscamos limpiar el agua de zonas rurales en las que llega turbia y no es apta para consumo humano”.

El papel de todos

Las estadísticas son crudas y generan desasosiego. ¿Cómo estará el país y el mundo algunos años después si no se hace nada al respecto? Activistas ambientales, la ONU, la OMS y algunas fundaciones como la WWF, invitan a la sociedad a hacer parte del cambio. 

Mitigar el daño es tarea, no solo de la industria y los gobiernos, sino también de las personas del común que con acciones como reciclar, disminuir gasto de agua, energía y evitar uso de combustibles fósiles en las actividades cotidianas, pueden aportar un grano de arena a esta ardua labor. 

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