La verdad oculta del Eje Cafetero

En 1984 miembros del Batallón Ayacucho de Manizales asesinaron al universitario Luis Fernando Lalinde haciéndolo pasar por guerrillero.

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Tras cuatro años de investigación, en los que se escucharon 27.268 testimonios y se dialogó sobre más de medio siglo de guerra, la Comisión de la Verdad, presidida por el padre Francisco de Roux, le entregó a Colombia su informe final.
Este documento expone los principales hallazgos, reflexiones y conclusiones sobre el conflicto armado interno a través de 10 capítulos desarrollados a partir de ejes temáticos, entre los que se encuentran: mujeres y población LGBTI+; niños, niñas y adolescentes; exilio; resistencias; hallazgos y recomendaciones para la no repetición, entre otros.

Michelle Mojica Noreña, encargada de liderar el grupo de investigación del Eje Cafetero, explicó: “Los testimonios de las víctimas tienen un lugar protagónico en la construcción del informe porque a través de ellos se intenta tejer el relato para que la gente conecte con lo ocurrido”. Así mismo, la investigadora indicó que los testimonios fueron tomados de manera individual y colectiva en jornadas de esclarecimiento y que en varias ocasiones fueron las víctimas quienes se acercaron voluntariamente a contar sus vivencias.

Territorial

De acuerdo con la Comisión, Colombia Adentro es el más espacial y geográfico de los capítulos que componen el informe pues, mediante 14 libros, se construye el relato de la guerra con una mirada desde los territorios. Para esto, se dividió el país en 11 regiones. Entre ellas aparece el Eje Cafetero que, a pesar de haber sido considerado un “remanso de paz”, se caracterizó por la invisibilización de la violencia. “Me encontré con gente que decía que lo que sucedió acá no es comparable con otras zonas del país porque aquí hubo menos muertos. Sin embargo, lo que ocurrió fue tremendamente violento. Estamos hablando de casi 12000 víctimas de homicidio por conflicto armado en tres departamentos”, expresó Adriana Villegas Botero, quien hizo parte del grupo de investigadores de la región y la persona encargada de escribir el texto.
La Comisión hizo presencia en el Eje Cafetero entre 2019 y 2022 a través de un equipo territorial ubicado en Pereira. Esta oficina trabajó con la población de Caldas, Risaralda y Quindío y realizó 298 entrevistas a víctimas, comunidades indígenas, expertos, actores armados, académicos y líderes sociales, sindicales y ambientales. A este trabajo se suma el de otras oficinas territoriales que recogieron testimonios que aportan al esclarecimiento de lo ocurrido.

Hallazgos

Desde 1947 se vivió en la zona cafetera la violencia bandolera entre Pájaros conservadores) y Chusmeros (liberales) que dejó un alto número de masacres y violencia. Para el inicio del Frente Nacional, los enfrentamientos causaron un total de 866 víctimas (659 mortales) entre 1958 y 1964. El departamento más afectado por esta ola de violencia fue Quindío, con 574 víctimas, seguido de Caldas con 152 y Risaralda con 140. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), durante esos seis años hubo en esta región 52 masacres que dejaron 444 muertos, 90 acciones bélicas, 137 asesinatos selectivos, nueve daños a bienes, cuatro desapariciones forzadas y ocho secuestros.
La mayor masacre de este período ocurrió en 1963 en la vereda La Italia, en Victoria, Caldas, donde murieron 39 personas que fueron retenidas en una vía terciaria y encerradas en una casa, como le recordó a la Comisión el hijo de uno de los 10 sobrevivientes: “A todo el mundo le preguntaban ´¿usted es liberal o conservador? No, conservador´. Como el Gobierno era conservador, todos fueron o se volvieron conservadores y ahí era donde los iban matando, les pegaban un garrotazo en la cabeza, los cogían de patas y manos y los tiraban a una pieza, y allá los desmembraban, les sacaban los brazos y las piernas pa’ un lado, y el tronco y la cabeza pa’ otro, eran totalmente desmembrados, fueron masacradas 24 personas de Manzanares, 5 de Victoria y 10 de Marquetalia”.

De acuerdo con el Registro Único de Víctimas (RUV), entre 1978 y 1991 se registraron 7797 víctimas directas en todo el Eje Cafetero, de las cuales 528 fueron indígenas y 91 afrocolombianos. En cuanto a la ubicación geográfica, la subregión más afectada por la violencia en este período fue la occidental de Risaralda y Caldas, en donde hubo 947 víctimas
directas en Quinchía y 500 en Riosucio. Le siguió el Magdalena caldense, cuyo municipio más afectado fue Samaná, con 732 víctimas directas. Según el RUV, de las 7979 víctimas del período, 3640 corresponden a acciones de grupos guerrilleros, 3415 a grupos no identificados, 717 a grupos paramilitares y 20 a agentes del Estado.

Acorde con el volumen territorial, la zona occidental de Caldas y Risaralda fue lugar de asiento y retaguardia para la guerrilla. En esta zona confluyeron el ELN, el M-19, el Ejército Revolucionario Guevarista (ERG) y las FARC-EP, un actor predominante a través del Frente Aurelio Rodríguez. Además, desde el Chocó hubo incursiones del Bloque Metro, penetró el EPL y algunos municipios del territorio registraron presencia de grupos paramilitares como Los Magníficos en los años noventa y de los frentes Héroes y Mártires de Guática. Este último frente se caracterizó por sus altos niveles de crueldad y torturas. Una mujer de Santuario, Risaralda le narró a la Comisión lo que vivió en su vereda: “Había helicópteros por encima y cuando menos pensé empezó fue una balacera y ese olor tan horrible a carne. Al momentico nosotros no supimos cómo bajamos a donde la tía mía, que vivía como a 10 minutos, y cuando le preguntamos a la tía ´oiga, ¿y qué son?, ¿helicópteros?´y dijo: ´No, lo que pasa ahora es que los paramilitares ya vienen en camino y eso se va a poner horrible´, y dije: ´¿Cómo así, y qué es ese olor tan horrible como a carne asada?, ¿qué es?´ Cuando ya me dijo un señor: ´Lo que pasa es que ahí, en La Esperanza, acabaron de matar varios agricultores y cómo le parece que esa gente es tan mala que tienen una máquina grandotota, hicieron una máquina grandotota e imagínese que vivos los echaron allá y los asaban allá vivos [a] varios agricultores´”. El informe de la Comisión aseguró que el conflicto fue tanto clasista como racista. Esteban Gallego González, investigador auxiliar del equipo regional, señaló: “Se habló mucho de las comunidades indígenas porque en Risaralda y Caldas los Embera Chamí y el Resguardo Colonial Cañamomo y Lomaprieta fueron muy discriminados por paramilitares del Bloque Central Bolívar quienes cometieron masacres y asesinaron candidatos políticos, concejales y líderes sociales”.

La resistencia

Pese al Acuerdo de Paz firmado en 2016 por el gobierno colombiano y las FARC-EP y la desmovilización del mismo, en la actualidad “hay formas de violencia que están latentes y son foco de conflicto”, añadió Villegas. El volumen territorial cafetero concluye que La Cordillera, considerada una continuación del Frente Héroes y Mártires de Guática, es actualmente la estructura ilegal armada de mayor envergadura en el Eje Cafetero. Esta organización hoy controla grupos de microtráfico en los centros urbanos, pero además tiene incidencia en territorios rurales en los que hay conflictos sociales por mega minería y presiones a comunidades indígenas.

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