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La pobreza sin fachada

Dejados a la misericordia de Dios

La pobreza es cruda y se intensifica en La Isla, Marmato y Solidaridad; tres barrios populares  de Manizales de casas apeñuscadas separadas por las fronteras invisibles de las comunas La Fuente y La Macarena, un par de barandas amarillas y caminos estrechos  : 


–Buenas tardes, ¿en dónde estamos?
–Mija, esta es La Isla. Dígame, ¿para dónde va?
–Para Solidaridad ¿queda muy lejos?
–Baje por este camino, pero tenga cuidado, eso ahí es peligroso, como maluquito. 

La mujer se ríe irónicamente y se devuelve a su tienda, pequeña, ubicada en una esquina y con poca mercancía. Cerca de allí me espera Gloria Ramírez Caicedo, tiene 50 años, mide un metro con 51 centímetros, es simpática y tiene unas ojeras pronunciadas. Es madre de dos jóvenes y abuela de un pequeño con defectos congénitos. Vive en Solidaridad, barrio perteneciente a la comuna de La Macarena, anteriormente denominada comuna 11. Camina por el lugar sin prisa y serena; observa todo desde su cotidianidad: los habitantes esquivos, las casas de guadua y las más ostentosas con sus fachadas pintadas de colores pero con el ladrillo expuesto a los lados, y perros sin dueño aparente deambulando por ahí. 

Lavadero en el vacío en el barrio Solidaridad comuna La Macarena en Manizales, Caldas.
Lavadero en el vacío en casa de Gloria Foto por: Manuela Duque

Andamos por vías por donde escasamente cabe un carro hasta llegar a su hogar, al fondo de la cuadra, donde los niños del vecindario juegan en un pasamanos amarillo y desgastado, y muy cerca de un precipicio de unos ocho metros de profundidad. La parte exterior de la vivienda está construida con tablas cafés y blancas intercaladas. La residencia está desnivelada y si una persona que mide más de un metro con 75 centímetros quisiera entrar, tendría que hacerlo agachada e ir variando su altura y postura a medida que avanza. Todo esto a raíz de un derrumbe ocurrido a mediados del año pasado, catástrofe que quebró la principal estructura del inmueble, hecha en guadua y tierra movida, dejándolo en las condiciones actuales.

Internamente sus paredes y piso están entre esterilla y tablilla, casi en proporciones iguales. Cuando se avanza en la casa, el suelo se hunde y el baño está al fondo, al lado de la cocina, y se sume cuando se toca el interior. Tiene dos lavaderos y el que está situado cerca a la última habitación es el más peligroso ya que entrar ahí hace que la vivienda se mueva y se abrace a un vacío imperceptible y difícil de explicar. 

Las habitaciones son pequeñas; cuentan con una mínima entrada de luz  y dentro de la residencia hay aproximadamente 20 baldes que intentan retener la lluvia. “Cuando caigan aguaceros en su casa, acuérdese de la mía”, advierte Gloria, quien asegura que en Solidaridad no vive el que quiere si no el que puede. Con convicción afirma que su ranchito, como particularmente lo llama, está parado por la misericordia de Dios. 

Traumas

Ramírez tiene a tres personas a cargo: dos hijos y su nieto. Camilo tiene 13 años, es el hijo menor de Gloria y es estudiante de bachiller cuando puede, pues a veces no lo dejan entrar a clase por no llevar uniforme. Mariana, la mayor, de 18 años, está diagnosticada con depresión a causa de una violación hace cuatro años. Ella hace parte de las 26.059 mujeres violadas en Colombia en el 2018, de acuerdo al informe Forensis de Medicina Legal, y producto de este abuso sexual nació Sebastián.


El psicólogo y especialista en Psicología Médica y de la Salud, Julián Mauricio Castañeda Franco, comenta que el ser agredido sexualmente violenta los límites personales y provoca la ruptura del yo, de la conciencia y de la dignidad. Así mismo quedan sentimientos como el resentimiento, el odio, la frustración, el asco, la pérdida del sentido de la vida y depresión por el sentimiento de humillación que eso implica.

Esto se evidencia cuando Mariana  tiene momentos malos. “Cuando se va a bañar debo mirarla por una rendija para que no atente contra su vida. A ella no le importa nada, me dice constantemente que no luche por ella porque no quiere vivir”, comenta Gloria..

El pequeño  tiene dos años y nació con labio leporino, paladar hendido y nariz abierta. Solo ha tenido una cirugía de las 19 que le hacen falta a manos de Jhon Villamayor, ortopedista maxilar que ha sido un apoyo fundamental para Gloria en cuanto a la salud del menor de edad se trata. El ortopedista se comprometió con las operaciones, sin embargo hacen falta los viáticos y el hospedaje dado que el médico reside en Armenia y a la abuela del menor se le dificulta el dinero por el equilibrio entre sus ingresos y sus gastos.

Casa sostenida por guaduas en el barrio la Solidaridad de la comuna la macarena en Manizales, Caldas
Entrada principal casa de Gloria Foto Por: Manuela Duque

Sobreviviendo

Gloria trabaja en una empresa de aseo en Manizales, subsiste con un salario mínimo  estipulado en $1’117,172, incluido el auxilio de transporte y un acto de fe. Si se hace un aproximado de lo que gasta, las cuentas serían de la siguiente manera: entre pañales y leche se gasta $55 mil, en servicios públicos debe pagar $240 mil, invierte en el mercado $250 mil e incluye en su presupuesto los pasajes y meriendas de su hijo.

“Yo tengo que llegar a la casa con una sonrisa de payaso, fingiendo que todo está bien y a veces me siento tan cargada que le digo a Dios que no puedo más, pero Él me da ese ánimo, ese aliento que necesito. Entonces yo vuelvo y sigo adelante”, comenta entre lágrimas esta católica devota. Ella considera que no hay decisión en el mundo que se tome sin que Dios dé permiso, por lo cual agradece diariamente al Todopoderoso. .

Simón Velásquez Matijasevis, sociólogo de la Universidad de Caldas, explica que desde la sociología se entiende que los contextos en que los individuos vivimos influyen y determinan hasta cierto punto la forma de pensar, actuar y sentir de las personas. Agrega, sin embargo, que en los casos de vulnerabilidad la realidad se superpone de una forma mucho más fuerte sobre la persona, ocasionando esto que no esté viviendo si no sobreviviendo a las situaciones. “Se tiende a echarle la culpa al individuo cuando las causas son sociales porque la pobreza, la inequidad, y la violencia son sociales y no dependen de los individuos”, puntualiza Simon.

Desde la Oficina de la Primera Gestora de Manizales cuentan que entre los posibles ayudas para Gloria y su familia están el apoyo psicosocial para Mariana, por parte de la Secretaría de la Mujer, y la posibilidad de inscribir a Sebastián en el programa De cero a siempre, para que de esta forma se pueda subsidiar al menor en cuanto a la alimentación.

Por su parte, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) indica que Sebastián puede acceder a educación a través del programa Centro de Desarrollo Infantil (CDI). En estos sitios se presta un servicio institucional que busca garantizar la educación inicial, el cuidado y la nutrición a niños y niñas menores de cinco años. 

Aquí el servicio debe solicitarse de manera personal, validar la disponibilidad de los cupos y, posteriormente, presentar una solicitud de inscripción acompañada de una variedad de documentos. Desafortunadamente, Sebastián no ha tenido la oportunidad de acceder al jardín porque su diagnóstico le imposibilita utilizar el tapabocas, norma considerada como obligatoria desde el Gobierno nacional.

Barrio la Solidaridad de la comuna La Macarena en Manizales, Caldas
Vista desde la ventana de la habitación principal Foto por: Manuela Duque

Gloria confía en Dios, pero ha perdido la esperanza en el Estado. “Yo no quiero nada para mí, ahora lo que realmente me preocupa es el niño, él me necesita y ahora él es mi gran angustia”. Pero si ni Dios ni el Estado se manifiestan de manera eficiente, la sociedad civil sí lo hace. En Manizales está la fundación Territorio Joven que al conocer esta historia está dispuesta en apoyar la joven con ayuda psicológica, y el líder social de la comuna Cerro de Oro, Andrés Pineda, asegura querer dar la mano con un mercado y un uniforme para Camilo.

Gloria habla con dolor constantemente, camina despacio por las calles de Solidaridad y mientras avanza comenta que, a pesar de que hay oportunidades, en su hogar no se ven más que tristezas. La tarde se oscurece, las voces de los niños se esconden y el barrio empieza a verse más peligroso. Las miradas curiosas de los vecinos ahora se tornan amenazantes, dando a entender que la visita terminó. 

Minutos después comienza la lluvia y no hay que ser adivino para saber que Gloria el día de mañana tendrá que sacar sus colchones al sol para ver si corre con la suerte de secarlos antes de que caiga la noche y seguir con la carga de sus luchas. Ella, empero, espera paciente y devota a que ocurra un milagro.

Por cada hombre agredido en el 2018, aproximadamente seis mujeres fueron víctimas de violencia sexual. Durante este periodo, aproximadamente cada 24 minutos una mujer fue agredida sexualmente. Actualmente, y según un informe de la Policía Nacional y la Defensoría del Pueblo, ya van más de 2 mil casos reportados de violencia sexual contra mujeres en lo que va del 2022. 

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