InicioCulturaLa calma del caos en tiempos de miradas ausentes

La calma del caos en tiempos de miradas ausentes

No alcanzamos a percibir la sustancia efímera con la que se desvanecen estos espacios. Somos habitantes inmersos en un movimiento sin regreso, planos ausentes de miradas cálidas, recurrentes pasadizos que habitan en acciones distorsionadas por el afán de no tropezar con el encuentro. La calma que escasea erradica el asombro y, el caos que se establece, configura una sociedad sin pausa.

En las calles hay una modernidad líquida. Cada obturación crea una visión que retrata a Zygmun Bauman, en la que expresa una realidad que confirma “el fin de la era del compromiso, donde los escenarios públicos transcurridos retroceden y se impone un individualismo que lleva a la corrosión y la lenta desintegración de la ciudadanía”. Por lo tanto, vivimos en carencia de estructuras sólidas carcomidas por lo precario y provisional.

Por eso, con tiempo o sin este nos urge escapar, la prisa en la realidad actual no distingue colores, ni figuras establecidas. El horizonte se transforma en una seda densa sin fin ni forma. Los protagonistas avanzan en velocidades desiguales que desembocan en acciones cotidianas.

Luz que distorsiona el espacio con movimientos sutiles, componen el aislamiento del sujeto en escena. El protagonista es ese elemento diferenciador entre el revuelo del ambiente. Inmersos desde el visor se perciben gestos de incomodidad, el caos incrementa, sin embargo, buscaremos entre silencios el sonido del encuentro, fijamos nuestros ojos en aquella mirada, para lograr enaltecer el frágil brillo de luz, a la vez que se retrata el caminar de nuestros pasos.

Por ahora, no somos más que paradas obligatorias ausentes de empatía en una ciudad que recorre las puertas del olvido. ¿Viviremos caminos donde al final se pierden nuestras miradas?, o, ¿nos enfrentaremos a la incomodidad de vernos más que a nosotros mismos? Seguiremos en movimiento de principio a fin, ojalá más frágiles, pero siempre vivos.

Se trata de algo más inmersivo. Es observar y caminar las calles llenas de miradas ausentes,
donde la paciencia evoca el momento que se hará eterno en la imagen, pero
efímero en la vida diaria.
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