sábado, octubre 23, 2021

John Silva: “El viaje es una forma de meditación”

John Silva es un manizaleño sensible y recio de 52 años que decidió vivir su vida viajando en una motoneta. Viajando logra dedicar sus días a todas sus pasiones: la fotografía, la naturaleza, las Vespas y contar historias. La pandemia lo atrapó en México donde dejó su moto, pues las condiciones actuales no son las mejores para disfrutar el viaje. Por lo tanto, decidió volver a Colombia para planear el regreso y escribir un libro en el que quiere compilar los relatos y aprendizajes que ha obtenido gracias a sus viajes.

John compartió con UMCentral su historia a través de dos entrevistas realizadas a través de la plataforma Google Meet. A causa de las condiciones de conexión, podrá conocer la primera parte de la entrevista en el formato escrito. La segunda parte se encuentra al final en el video de Youtube.

¿Cómo inició esta gran aventura?

Los viajes comenzaron en 2011. Planifiqué el viaje un año antes. Después de haber hecho un trabajo como fotoperiodista en un diario importante de Ecuador, decidí que era el momento de partir a viajar porque volvió a mi mente un viaje que tuve cuando era un niño. Soñaba con viajar al fin del mundo, descubrirlo. Era un lugar misterioso en mi mente, me lo imaginaba obviamente muy lejano, nublado y frio y tal cual así sucedió cuando logré llegar. Mi viaje surgió porque era el sueño de un niño… llegar al fin del mundo en una Lambretta como la de mi   padre, un scooter clásico italiano de los años 50. Mi papá en los años 60 andaba en una Lambretta en Manizales. Ahí soñaba y jugaba que llegaba al fin del mundo, lo idealicé todo el tiempo. Un día la Lambretta de mi papá desapareció del jardín de mi casa donde había quedado varada por muchos años. Fue un sueño que se durmió muchos años, pero despertó en el 2010 cuando un día reflexioné mucho lo que había sido mi vida hasta ese momento y lo que había logrado: fotos, periodismo, cubrimiento de eventos. Era muy bueno, pero me pregunté qué más sigue para adelante… Pensaba…”mi vida va a terminar en el ir y venir de estas mismas calles… los mismos amigos, viendo los mismos lugares”. Decidí que era el momento de hacer algo mucho más audaz y extraordinario en mi vida y ahí regresa la idea del fin del mundo. Tenía una Vespa, la cuarta Vespa que tenía en mi vida. Siempre me fascinaron, mi padre me dejó este legado y dije “me voy en Matilda a recorrer el continente, me voy al sur y a buscar el fin del mundo”. Leí literatura de viajes, a Giorgio Bettineli, pionero de viajes a larga distancia que había escrito un libro que conocí de manos de un amigo italiano que conocí en Quito. Partí y el viaje me fue llevando hacia lugares, historias y destinos inciertos. Llegué a Mar de Plata, me encontré con el frio fuerte del sur y me dijeron que no era momento de seguir bajando por la Patagonia argentina. Creo que me sentí como un montañista, quizás ninguno es capaz de llegar en su primer intento al Everest, y dije “no es el momento, me voy a quedar en este campamento” y me fui a Brasil, Uruguay, Paraguay, navegué el Amazonas. Luego viajé en un velero 2 días en altamar desde la costa colombiana hasta Panamá… Por cuestiones logísticas no pude seguir subiendo y regresé a Colombia cerrando mi primer viaje: 35 mil kilómetros, 11 países y en 20 meses. Esta fue la primera etapa de ese gran sueño. Llegué con la idea de planificar un segundo intento para llegar a mi Everest en un año y medio. Cambié la Vespa por una más segura y rápida. Y el 22 de marzo de 2016 llegué a Ushuaia, la ciudad más austral del planeta, la más extrema al sur del mundo. Fue un momento muy emocionante, había un letrero que decía “Aquí finaliza la ruta 3 argentina. Alaska a 17840 km”. Fue para mí un mensaje nuevo que el camino me estaba regalando. Y en ese tránsito hacia el viaje final a Alaska me quedé atrapado en México como muchos otros viajeros en el mundo a causa de la pandemia.

¿Viajarías en otra moto?

El viaje en una Vespa es diferente, plantea unos desafíos distintos, da una personalidad diferente como viajero. Normalmente la gente viaja en motos grandes. Una moto pequeña es un desafío. Es parte de la historia de mi vida y mi familia, nunca quise tener una moto diferente. Le da un toque más original a mi proyecto.

¿Y Matilda…es un simbolismo?

Matilda es la encarnación de una gata que tuve y me reglaron de cumpleaños. Yo siempre llevaba gatos a mi casa. Cuando me fui a Ecuador la dejé con unos primos y cuando volví me contaron que la habían envenenado. Matilda se volvió un personaje muy querido a lo largo y ancho del continente. Esas máquinas como quiera han sido muy importantes en las grandes aventuras del hombre, como el Apolo 11 que llevó a unos astronautas a dar paso en la luna y un paso gigante para toda la humanidad. Matilda es aquella pequeña nave que me lleva a lo largo del viaje y me acerca a los lugares que quiero explorar.

¿Qué recomendarías a las personas que quieren viajar?

Los viajes cortos son como experiencias que de pronto se olvidan, se regresa a la vida cotidiana y no es más que una anécdota. Pero cuando haces un viaje largo, este te cambia la perspectiva de la vida, la personalidad, te afecta de manera positiva… entonces eso lo hace más trascendente. Para hacer un viaje de esta magnitud hay que dejar muchas cosas: confort, entorno, amistades, arraigo por la tierra y paisajes de tu país…hay que estar dispuesto a conocer con mente abierta otras culturas y ambientes, olores, sensaciones y emociones …y cuesta demasiado desconectarse de los amigos, la familia, la cotidianidad. Cuando me fui a viajar dejé tres cosas: afectos, que tiene que ver con las cosas o las personas que tienes en el corazón; los efectos que tenían que ver con las cosas materiales… Yo dejé, regalé, vendí cosas para reunir fondos para mi viaje… dejé un apartamento muy cómodo; y los defectos que tiene que ver con la impaciencia que a veces puedes tener en tu vida, la intolerancia, el estrés, de pronto el hecho de vivir en una ciudad que te va volviendo un poco impersonal…Cosas que de pronto son defectos que uno va adquiriendo y te van haciendo un poco diferente. Eso había que dejarlo y pues ahí lo fui cambiando por todo lo que me fue dando el camino. Obviamente el camino me multiplicó los amigos. Si me había dado pena dejar a los amigos que tenía en Ecuador, pues el camino me los multiplicó por cientos. Ahora tengo cientos de amigos en todos los países que he visitado y eso ha sido algo fascinante. Y aparte de eso todas las experiencias e historias que fui encontrando en el camino, que fueron nutriendo el alma y cambiando un poco la manera de ver que tenia del mundo, de la gente, de los lugares. Entender, comprender y aceptar que las personas viven de una manera distinta o viven de un modo distinto en todos los lugares, que no pueden ser como yo soy, que simplemente yo tengo que adaptarme a estas nuevas condiciones para poder entender y comprender cómo estas personas interactúan entre ellas y con un extranjero que llega de otro lugar. Entonces eso es lo bonito del viaje: aprender a renunciar a los efectos, afectos y defectos que tenemos es vital para poder emprender un viaje. Los viajes que te cambian la vida son los viajes largos, los viajes cortos son experiencias.

A veces tenemos un dilema entre planificar y dejarnos sorprender, ¿cómo vives esto en tus viajes?

Para mí es muy importante la planificación porque es mi modo de ser como persona. Creo que las cosas que son planificadas salen mucho mejor. Contrario a otro tipo de viajeros que improvisan, se van con la idea de lo que venga y de pronto van a sufrir un poco más. La idea mía no es irme a sufrir por cuenta de una mala planificación, sino que si me toca vivir alguna situación en el viaje que sea porque simplemente fue una circunstancia que sucedió en el momento pero que no obedecía a una situación mal planificada, entonces sí es importante. Yo planifiqué un viaje a un año, empecé a leer sobre viajes, a organizar el equipaje que pensé que podía llevar, a ahorrar dinero para sostener el viaje los primeros meses; sí pensé que tenía que sobrevivir de alguna manera apenas se me terminara el dinero, pero eso también era parte del viaje: ver cómo iba a reaccionar a esa situación, ver cómo me las iba a arreglar para poder reunir los recursos para poder comer, pagar un camping, un hostal. Eso también fue un desafío. El camino me fue resolviendo las cosas de una u otra manera. Por eso una frase que tengo acuñada es “El camino es el mensaje” y recuerdo la frase de Marshall McLuhan “el medio es el mensaje”. Pues para mí el camino es el mensaje porque si no hay un camino, no vas a encontrar esos mensajes que te van a ayudar a cambiar la vida… y realmente los he encontrado porque he tomado la decisión de dar un paso adelante y abrir el camino, voy a buscarlo y crearlo. Esa planificación es importante para minimizar el sufrimiento que puede tener uno. Es importante informarse muy bien acerca de cómo cruzar una frontera y saber unos pasos para hacer el trámite de aduana de manera exacta y que no vaya a haber problema más adelante …Y ahí descubrir cómo vas a sobrevivir en el viaje, cómo y dónde vas a comer. A uno le cambia absolutamente todo. Viajando en moto por ejemplo me olvidé de comer los tres “golpes” como decimos aquí en Colombia, eso no existe para mí. Yo no viajo de esa manera, me alimento de una manera diferente, por lo general llevo la comida en mi equipaje, no compro comida en la carretera por seguridad. Yo mismo la preparo, llevo todo el equipamiento para prepararla y con eso evito situaciones complicadas como enfermarme porque la comida te puede jugar malas pasadas y arruinarte el viaje.

Cuando planificas un viaje hay un destino final, pero a lo largo del viaje, debes ir definiendo un destino día a día, ¿Cómo decides a dónde ir y cuál va a ser la ruta a seguir?, ¿Te dejas llevar por el camino o ya lo tienes planeado?

Hay un destino que es como una línea que trazas, el objetivo geográfico final.  Pero en el camino pueden pasar muchas cosas porque a veces por no tener toda la información te puedes pasar de visitar o conocer un lugar interesante entonces es muy bueno escuchar a los otros viajeros acerca de los lugares que han visitado en ese mismo trayecto y priorizar el lugar que quieres visitar. En un trayecto puede haber muchos lugares interesantes para visitar, pero depronto el presupuesto no te alcanza. Hay que dejarse sorprender por el camino porque definitivamente hay lugares que para otros pueden ser cualquier cosa, pero a uno lo pueden marcar más que a otras personas. Entonces también depende mucho de cómo es la personalidad de cada viajero y cuáles son sus intereses. Por ejemplo, a mí me interesaba mucho conocer Brasilia por cómo construyeron esa ciudad.

¿Tus viajes tienen propósitos comunes o cada viaje tiene distintas finalidades?

Cada viaje y cada viajero persigue intereses diferentes. Cada uno planifica su viaje con un interés, pero la gran mayoría de los viajeros que yo he conocido tienen un interés geográfico, de moverse de un punto A, a un punto B. Pero yo digo que ese no es el viaje que uno debe tener porque hay un viaje paralelo: uno es el geográfico y otro es al interior de uno mismo. El primero te va cambiando y vas descubriendo cosas, experimentando sensaciones diferentes. El viaje que te va cambiando al interior, te va haciendo reflexionar sobre la vida, te hace cambiar posturas. El viaje mismo es como una forma de meditación. A pesar de que vas sobre una máquina, vas con la mente totalmente abierta a todo lo que vas percibiendo. Ese es el viaje interior, ese que no ven porque quieren ir a tomarse la foto y listo …. Si regresan de su viaje y siguen siendo las mismas personas y siguen haciendo parte de lo mismo, sencillamente no han viajado, sino que fueron de paseo. Es una opinión personal, pero es lo que veo en muchos viajeros… Cada viaje es diferente, lo mío es esencialmente descubrir esos lugares que en algún momento fueron objeto de una pregunta en algún examen de geografía, que quiero conocerlos, tocarles; y también porque tengo una sensibilidad muy grande por el planeta y la naturaleza. Me conmueven muchísimo los lugares, la naturaleza en general. Además, soy parte de los scouts. Toda mi vida he sido scout entonces eso es algo que me han inculcado muchísimo: cuidar el planeta, dejarlo en mejores condiciones de como lo encontramos, fotografiarlo, compenetrarme muchísimo con esos paisajes, darme cuenta que no tiene sentido hacer un viaje a París para tomarme una fotico con la Torre Eiffel, eso lo puede hacer cualquiera. Es mucho más extraordinario hacerse una foto con el Fitz Roy en la Cordillera de los Andes (John nos contó esta historia en la segunda entrevista que se encuentra en la parte inferior). Llegar a ese lugar fascinante, ver esas montañas milenarias que están ahí al final de los Andes, yo pienso que eso es más extraordinario que un viaje a Disneyworld a tomarse una fotito con Mickey Mouse.

Hablas de una transformación interna que has logrado con tus viajes … ¿Qué enseñanzas has recolectado?

Muchas. Desde los lugares donde estamos afincados, desde nuestra cotidianidad, juzgamos muy fácilmente otras culturas, otras formas de vivir, creemos que tenemos lo mejor, que somos lo mejor, que somos lo más extraordinario…Pero resulta que cuando viajas e interactúas con otras culturas y otra gente que hace cosas totalmente diferentes desde el punto de vista artístico, cultural… que tienen una riqueza lingüística, unas costumbres completamente diferentes, pues ahí es donde te das cuenta que ese universo que creías que era el tuyo, no existe, que es mucho más grande. El viaje me ha enseñado a sentirme menos colombiano y más latinoamericano. Seguramente el día que haga un largo viaje por Europa, África, Asia, Oceanía, me voy a sentir mucho menos latinoamericano y más ciudadano del mundo, más habitante de un planeta. Entonces eso me ha enseñado muchísimo a mí. A todos los lugares donde voy, nunca voy con la idea de que me admiren por ser colombiano. Eso para mí no es tan trascendente. A mí que me admiren como persona, viajero, ser humano, es mucho más grande que hacerme sentir que vengo de Colombia. De hecho, en mi moto no llevo ningún símbolo que denote que soy de Colombia por muchas razones, también por cuestiones de seguridad porque es la realidad en la que vivimos. Mi moto tiene placa ecuatoriana porque la compre en Ecuador y soy residente ecuatoriano. En México cuando me preguntaban de dónde venía decía que de Ecuador. Siempre trato de llevar un bajo perfil en todo lado para no sobrexponerme. Tengo un profundo respeto por la cultura de todos los países, de sus formas de ser. Obviamente como colombianos tenemos cosas muy positivas, muy diferentes, pero también puedes encontrar esas mismas actitudes o mejores actitudes en otros países y eso es lo que definitivamente hace cambiar tu viaje… con el tiempo llegar completamente transformado, después de un año o dos años en los que has viajado.

Ya hablamos de lo positivo de viajar, pero también debe haber miedos y dificultades…

Quien sale a un viaje y siente que no le va a pasar nada malo y le van a pasar solo cosas buenas, no tiene sentido que salga de la casa porque seguramente van a haber situaciones y momentos difíciles de muchas índoles, no solo de seguridad… A mí me preguntan mucho que si me han robado o han intentado matarme. Realmente no me ha pasado nada de eso. De hecho, nunca me robaron nada en Suramérica y cuando fui a Estados Unidos me robaron un tanque de gasolina que siempre llevo de más en la moto… y me lo robaron en Estados Unidos. Entonces estamos llenos de prejuicios, la gente cree que en Suramérica roban y mira que a mí no me paso nada en Suramérica…. Entonces ese tipo de cosas van a suceder y lo que yo he aprendido viajando es que cuando hay problemas, esos son los mejores momentos. Para mí, un problema es un desafío, una oportunidad muy grande para poder testear la capacidad que yo tengo de sobrepasar ese problema. Eso es lo que lo hace a uno mucho más seguro de viajar. Me han pasado muchas cosas, más que nada son daños que me han pasado con la moto, problemas logísticos como ahora con el Covid. Yo acuñe una frase viajando: “las dificultades afinan el alma, templan el carácter, la personalidad”, eso es lo que te hace ver diferente, como una persona que no tiene miedo a afrontar cualquier problema que le pongan en el camino. Uno aprende a que ese problema es nada comparado con un problema que tuviste 3 meses atrás. Cuando se te pincha una llanta de la moto o pierdes un documento, tienes que saber afrontar esos problemas como una gran oportunidad. Los problemas son los que hacen el viaje diferente.

¿Qué miedos te surgen antes de un viaje ?

Para mí siempre lo más difícil ha sido despedirme de mi familia, de mi madre y mis hermanos. Me voy siempre con un nudo en la garganta. Una vez estoy en la ruta todo eso pasa, me siento en mi terreno, en mi mundo y me da mucha emoción. Hay situaciones extremas que hay que enfrentar en la ruta o el miedo por ejemplo a un accidente. Creo que siempre hay una emoción muy grande de llegar a una ciudad, un pueblo o al lugar natural donde vas a armar tu carpa. Para mí es muy emocionante ese momento porque es algo nuevo, una experiencia distinta, un paisaje nuevo. Siempre hay como esa ansiedad de llegar a ese primer destino del día y poder descansar, hacer una evaluación de lo que ha sido esa jornada. Pero los miedos siempre van a estar ahí.

¿Buscas ser un ejemplo con lo que haces?

Sí. He sentido que el viaje ha sido una posibilidad muy grande de inspirar a otras personas.No fue algo que busqué en principio, pero al pasar el tiempo sentí que la historia de mi vida y la historia de mi viaje se volvió una inspiración para mucha gente. Entonces descubrí que la gente quiere escuchar esas historias de los viajeros porque les traemos el mundo que hay allá afuera, al que por alguna razón no pueden viajar porque están metidos en su cotidianidad, en su zona de confort. La manera de compartir esta experiencia es a través de una conferencia de una hora que se llama “El camino es el mensaje”. Lo que quiero es lograr inspirar a la gente para que tome decisiones, para que sueñe, para que se animen a seguir sus sueños y no los de otros. Pasa muchísimo en nuestra sociedad, realmente hay mucha gente frustrada en el mundo por esas situaciones.

¿Qué hace John cuando no está viajando?

Pensar en el siguiente viaje. Siempre estoy pensando en lo que viene. Por ejemplo ahora vengo a Colombia a mirar cómo voy a resolver logísticamente el poder regresar a rescatar mi moto a México y retomar mi viaje a Estados Unidos a través de sus parques naturales que son los que más quiero conocer, y llegar finalmente a Alaska.

¿Cómo sostienes el viaje?

Siempre me han estado esperando los scouts que me brindan un apoyo logístico impresionante para dormir, para comer…gracias a su espíritu solidario. Ellos siempre van a estar dispuestos a ayudarme y a salvarme. En México lo acabo de ver durante la pandemia solucionando cada cosa que me sucedía. También tengo mi conferencia entonces al final la gente siempre compra un souvenir, manilla o calcomanía o hace la donación de un dólar. También hay marcas que patrocinan mi viaje con equipamiento. O por ejemplo Creps and Waffles donó el envío de mi moto vía área hasta México.

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