lunes, enero 24, 2022

Érase una vez un Pueblo Bello: arte, masacre y perdón en escena

La obra Érase una vez un Pueblo Bello, del grupo Corporación Cultural Camaleón de Urabá, nos remonta a 1990 en Antioquia, donde hubo incidencia de las guerrillas, de los paramilitares, del Ejército que llevaron al casi exterminio del partido político Unión Patriótica, en un plan llamado Esperanza, Paz y Libertad que cobró la vida de varios alcaldes y campesinos, y que hicieron de la violencia parte del paisaje en esta región.

Esta obra se presenta el martes, 28 de septiembre, a las 9:00 p.m. en el auditorio de la Universidad Nacional. Y ella busca darle voz a quienes sufrieron estas masacres y hacer un recuento histórico mediante la actuación, la música, la danza, la poesía y el baile del bullerengue.

María Victoria Suaza Gómez, directora de la obra, expresó que “para nosotros estar en el Festival Internacional de Teatro de Manizales (Fitm) con Érase una vez un Pueblo Bello, no solo significa presentar nuestro arte, sino presentar una obra estética, entendiendo la estética como el principio de verdad y perdón”.

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Érase una vez un Pueblo Bello nos lleva a un episodio que ocurrió en el municipio de Turbo, en una comunidad llamada Pueblo Bello, en donde un enfrentamiento entre la guerrilla y los paramilitares lo cobró la vida a 43 hombres, todo por el robo de 43 cabezas de ganado que robó la guerrilla. Fue un episodio trágico y muy simbólico por la sevicia de la guerra, pues los asesinos jugaron fútbol con las cabezas de las personas del pueblo… se derramó la sangre por doquier. De este masacre solo se han podido rescatar los cuerpos de 7 hombres.

Suaza también expresó que el teatro es esperanza y que con este se tiene que debelar el paso del hombre por el mundo y que este oficio es el llamado a contar a los jóvenes lo que pasó en tiempo de antaño.

Heidi Natalia Mosquera Manco, actriz de este montaje, dice que “cuando fuimos a hacer el trabajo de campo en Pueblo Bello, nos encontramos bastantes rostros en un mural y pensamos que era un trabajo artístico de los habitantes. Al llegar a la Casa de la Memoria, donde nos contaron la tragedia y nos mostraron los rostros de los desaparecidos en el mural que habíamos visto, quedamos en shock y aquel que nos contó esto es un sobreviviente de la masacre que conocía a todos los que ahora yacen pintados”.

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