jueves, septiembre 16, 2021

El otro lado de las “barras bravas”

Después de 15 meses sin poder asistir a los estadios, los hinchas del fútbol pudieron regresar en julio al lugar en donde pueden dejar los dolores y problemas de la semana y unirse con otros para compartir los goles y las decepciones de sus equipos favoritos. 

El ritual de muchos apasionados del fútbol es no perderse ningún partido de su club favorito. Ahora regresa a la presencialidad acompañado de la fiesta y el carnaval que se vive dentro de las tribunas, con cánticos, instrumentos y banderas que le dan color al encuentro. 

Sin embargo, este retorno se ha visto opacado por la intolerancia de unos cuantos asistentes. Ciudades como Bogotá y Manizales han tenido que presenciar enfrentamientos violentos entre los seguidores de diferentes equipos, e inclusive entre ellos mismos. Un círculo vicioso que empañan el deporte y que cuestiona el ingreso de las barras a los estadios, señalándole como el problema principal de la violencia en el fútbol. Aunque para expertos como John Alexander Castro Lozano autor del artículo De las rivalidades a la violencia del fútbol en Colombia, dichos encuentros agresivos van de la mano con el machismo y factores territoriales, futbolísticos, pasionales… hasta económicos.

“Colombia es un país señalador, donde juzgan hasta por tener una ideología política, y eso viene históricamente desde las guerras por política de liberales y conservadores, que se mataban porque uno era rojo y el otro era azul. Al joven siempre lo van a perseguir por sus ideas, por su irreverencia, y la gente debería pensar y hacer un símil entre las barras y el estallido social que hubo en Colombia, que los señalados eran los jóvenes, tratados como vándalos. Obviamente en las barras hay gente violenta, pero eso es el reflejo de una sociedad violenta”, opinó Jhon Vásquez Velásquez, líder de la barra Holocausto Norte del equipo Once Caldas de Manizales. 

Mura del Once Caldas en gradería
La fundación Voces de Aliento es la pionera dentro de todas las barras del país en procesos de trabajo social.

El otro lado de la moneda

A pesar de las cifras violentas, las críticas y, para algunos, la mirada miope de lo que ocurre en los estadios,las barras han creado sus propias fundaciones para trabajar en el ámbito social con quienes pertenecen a estos colectivos; este es el caso de la Fundación Voces de Aliento, fundada por la barra Holocausto Norte en el 2006. La motivación se dio al ver las dificultades por las que debían atravesar sus integrantes y la falta de apoyo y trabajo por parte de las autoridades. 

Dentro de la organización existen grupos de trabajo distribuidos de la siguiente manera: la junta directiva, representación legal, la dirección de proyectos, un equipo de fútbol con aproximadamente 200 deportistas desde los cinco años, el equipo de mayores, una escuela musical en la que participan alrededor de 70 jóvenes, el club de artes marciales mixtas y un semillero denominado Hinchas por Manizales integrado por jóvenes entre los 14 y 20 años, una escuela en donde reciben charlas sobre habilidades para la vida y cómo comportarse en su día a día. 

La socióloga egresada de la Universidad de Caldas, Valentina Suárez Henao, afirmó que “la pertenencia de estos jóvenes a las barras se da por sus procesos de identidad”, eso quiere decir que la socialización se da a través de estos espacios, ya que no encuentran alternativas en sus familia, iglesia o escuela. “Esa identidad se da en el momento en el que el individuo se siente pertenecer a un colectivo”. Por esta razón, muchos jóvenes de los barrios marginados llegan a la tribuna y a la fundación a expresarse libremente, dejando atrás todas las problemáticas que viven en su cotidianidad.

Lo que mancha una labor

A raíz del altercado entre las hinchadas de Atlético Nacional e Independiente Santa Fe, en el estadio Nemésio Camacho El Campín de Bogotá a inicios de agosto en el que un hombre quedó fuertemente golpeado luego de una golpiza, las personas en redes sociales aprovecharon para criticar a las barras.

Pero en Colombia, desde hace años existen programas como Goles en Paz, una propuesta de política pública bogotana que tiene como meta brindar herramientas a los barristas para la vida laboral y personal. 

Otra organización que trabaja con este objetivo es Barras Colombianas por la Convivencia, a la cual pertenecen 15 hinchadas de los diferentes equipos del fútbol colombiano, en donde se desarrollan encuentros en los que se busca fortalecer las relaciones y la comunicación entre los integrantes de la mayoría de los grupos aficionados del país.

Otro ejemplo del trabajo social que se ejerce por parte de las hinchadas es el de la filial de Santa Rosa de Cabal, perteneciente a la barra Los Del Sur del equipo Atlético Nacional de Medellín. “Desde el año 2014 empezamos con algo que se llama la Navidad Verdolaga, donde cada diciembre visitamos los barrios vulnerables del pueblo y hacemos un almuerzo, hacemos juegos, recreación y también queremos influir en estos barrios con el fútbol. Además, salimos varias veces al año a repartir el algo a los habitantes de calle”, mencionó Isabella Márquez Montoya, integrante de esta filial. 

La investigación Barrismo Social de la Corporación Universitaria Minuto de Dios, el fútbol nunca se pensó para generar violencia, “pero la sociedad se ha encargado de que la violencia haga parte de este deporte por medio de distintos grupos sociales creados por la misma sociedad mal llamados ‘barras bravas’. No solo es violencia, el fútbol también ha generado espacios para que los jóvenes construyan nuevas relaciones sociales, espacios de esparcimiento y espacios donde acuden varias manifestaciones sociales”.

Periodista: Juan José Giraldo Chica

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