jueves, septiembre 16, 2021

El mito de la felicidad en las redes sociales

Autores: Felipe García Valencia y Valentina Llano Morales

Por necesidad, los seres humanos queremos conseguir aprobación, admiración o elogios de los demás. Las redes sociales son la mejor excusa para mostrar solamente lo que queremos exteriorizar, creamos el mito sobre como nos gustaría que nos vieran. Todo a través de una hiperrealidad virtual.

Las hay de todos los colores, Facebook nos invita a ser popular, en Instagram se presume la belleza pero por Twitter se tiene que ser tan crítico como sea necesario para ganar una discusión. Tik Tok es la prueba de que se tiene talento frente a la cámara, pero VSCO brinda todos las herramientas para ser un editor de fotos profesional

Según el informe Digital 2020 Global Overview Report, publicado por We are Social y Hootsuite en Enero del 2020, en Colombia existen 60,38 millones de teléfonos conectados a la red. Sin embargo, en el país habitan poco más de 50 millones de personas, es decir que estos teléfonos representan el 119% de la población.

Las redes sociales son una ficción construida por cada uno de nosotros, donde nos importa aparentar pero no ser. En un mundo donde todos somos perfectos ¿Cómo no contagiarse de felicidad? ¿A quién no le gustaría ser parte de esta estremecedora realidad? 

La felicidad producida por aparentar es una falsa realidad proporcionada por las redes sociales.
Foto tomada por Antena 3 media

Gracias a esto nacieron los `Influencer ́, personas normales cuyo valor agregado consiste en tener muchos seguidores, pero más importante que eso, los mantienen. Estas personas se convierten inmediatamente en empleados de cualquier marca que esté dispuesta a ofrecerles beneficios económicos por ensalzarlos frente a sus seguidores. Te mantienen al día sobre lo último en moda desde el desayuno hasta la hora de dormir.

Podríamos decir que cualquiera puede ganar dinero con, por ejemplo, Instagram. Solo se necesitan al menos 5.000 seguidores reales, además de un “buen engagement”. Es decir que, para maquinar este mundo de fantasía, existen personas que alimentan el mito por dinero. Son iconos, modelos a seguir, cuyos comportamientos se repiten en serie por cada uno de los usuarios. 

Porque escribir un Tweet donde te cuestiones el meme del momento jamás tendrá la misma cantidad de likes que el meme en sí. Así que cuando el usuario se enfrenta a la pantalla prefiere llenar su perfil de las cosas que están de moda, desde discusiones políticas hasta platos de comida, antes que “aburrir” con su insípida cotidianidad. 

Ser auténticamente feliz parece una cumbre más difícil de escalar en la actualidad. La satisfacción de recibir likes por una selfie pareciera tener un impacto más grande que la consecución de logros personales o profesionales, que quedan en la nada frente el último viaje a parís de nuestra pareja de ìnfluencer´ favorita. 

Si la felicidad es contagiosa, pero no es real ¿qué clase de virus estamos transmitiendo?

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