jueves, octubre 21, 2021

El guardián de las abejas

“Sin abejas no hay comida y mucho menos vida”, dice José Darío Botero Vélez mientras habla de la importancia de estas polinizadoras y de su trabajo como apicultor. Ya lleva a cuestas 76 años, la mayoría dedicados al servir a otros. Está sentado en una silla roja sin espaldar junto a 11 colmenas de abejas a las afueras de Manzanares, Caldas. El lugar está rodeado por maleza y solo se escucha el canto de los pájaros. Mientras se baja su tapabocas negro para que se “pueda escuchar mejor”, me deja observar las líneas en su rostro y las bolsas en sus ojos. Es un hombre de contextura media y estatura baja que suele vestirse con camisas de cuadros, pantalones de tela y tenis. Luego de viajar a eventos internacionales, aprendió sobre la importancia de las cerca de 20 mil especies de abejas que se conocen. Lleva más de 20 años cuidando de ellas y empezó con un apiario en su finca. Ha disfrutado su vida al lado de estos antófilos -así se llaman las abejas- pero también ha puesto su vida en peligro al recibir ataques de colmenas enteras. Mientras don Darío las protege, muchas de ellas expiran, pues, según una nota publicada en La FM en 2020, cerca de 200 millones de abejas mueren al año en Colombia.

Don Darío, ¿Por qué el amor hacia las abejas?

Yo nací en el campo y creció conmigo el amor por la naturaleza. Yo le hice un monumento a la simplicidad. Mi vida ha sido muy humilde y yo los lujos no los busco, casi que me estorban. Tengo muchos roles en la sociedad y eso se lo debo a las abejas, pues desde que nacen hasta que mueren pasan por todos los trabajos en la colmena. Cuando yo descubrí que las abejas en su pequeñez tienen más capacidad de asociación y que carecen de egoísmo, pensé que eran un reto para nosotros los seres humanos. Las abejas nos dan ejemplo y por eso es mi amor y respeto hacia ellas, ni se imaginan la fuerza que tienen a la hora de cooperar y trabajar en equipo. También es muy importante resaltar que son muy importantes para nuestra vida, pues son las que polinizan muchos cultivos.

Cada colmena está compuesta por una piquera, un fondo o base para darle estabilidad, una cámara de cría para la reproducción de la especie, un alza para almacenar la miel y la tapa para proteger la colmena.

A usted lo picaron cerca de 120 abejas Apis, ¿Cómo fue eso?

Se dice que los rayos solares estimulan una glándula de las abejas y se vuelven agresivas. Resulta que unas colmenas se me habían escapado del apiario y se escondieron en unas cacaoteras que tenía en la finca. Por imprudencia toqué unas lianas y ellas se irritaron, inmediatamente me atacaron, pero el trabajador que estaba conmigo no podía hacer nada porque también lo picaban a él. Días antes ya habían matado a un caballo, un perro y a una vaca. La única forma de salir de ahí era subiendo por unas lomas altísimas. Corrí y ellas me persiguieron hasta la casa. Cuando iba a llegar les grité a todos que alistaran periódico y una candela para empezar a matar las que intentaran entrar. Eso me parece muy triste, pero me tocaba. Después yo mismo me traté como médico naturista y me encerré tres días a meditar. Me volví inmune mentalmente y así pude salir de esa, fue terrible.

¿Y por qué decidió seguir trabajando con abejas después de su accidente?

Aunque en este momento estoy trabajando con abejas sin aguijón, créame que volvería a trabajar con las Apis. Yo tengo muy buena resistencia y el mundo de las abejas es maravilloso. Cuando era pequeño, en mi casa no me aceptaban debilidades y tuve que aprender a ser fuerte. Por otro lado, generalmente hay dos motivaciones básicas: económica, pues bien manejadas producen dinero, pero pensando en el colectivo, que es lo que verdaderamente me interesa, ellas tienen un papel muy importante. Para resumir, sin abejas no hay comida y mucho menos vida. Ellas me ayudan a trabajar para los demás y por eso sigo conviviendo con ellas.

Un meliponario es una estructura con techo o una casa para abejas. Su función principal es proteger a estos insectos de sus enemigos naturales y de las condiciones ambientales.

Volviendo a su trabajo como apicultor, ¿Qué es lo más difícil de esta labor?

Lo más difícil es proteger a estos insectos, ni siquiera sacar la miel es un problema. La cuestión somos nosotros, los seres humanos somos ignorantes. Yo tuve unas colmenas en el Cerro Guadalupe y la gente se las robó. Llevo doce años con este meliponario y cuando no es que me rompen el aviso a punta de piedras, intentan llevarse las casas de las abejas. Yo no sé cuándo van a entender que esto va más allá de la miel, esto es importante para nuestra vida. Por ahora seguiré trabajando para que ellas puedan vivir y espero encontrar a otra persona que quiera continuar con mi lucha.

Sobre la rentabilidad de las abejas, Semana publicó en el 2020 que “en momentos en que la economía está tan golpeada, producto de la pandemia, los apicultores colombianos consideran que esta es una actividad potencial que puede convertirse en una respuesta a mediano y largo plazo para revertir la tendencia de indicadores de desempleo y pobreza”.

De acuerdo con Abejas en la Agricultura, en Colombia el número de colmenas y la producción de miel van en aumento. En promedio se producen 3.500 toneladas de miel al año y la proyección era alcanzar 4.000 toneladas en 2020. Entre los proyectos de don Darío está crear un espacio educativo para niños en el que pueda enseñar la importancia de las abejas, pues según la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO), hay 100 especies de cultivos que proporcionan el 90% de los alimentos en todo el mundo y 71 de ellos se polinizan con las abejas.

De acuerdo con unos biólogos que visitaron el meliponario, una botella de esta miel puede costar $500.000 por el tamaño de las abejas que la producen.

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