InicioCaldasEje CafeteroEl ganadero y víctima del conflicto armado, Abel Peláez Álvarez

El ganadero y víctima del conflicto armado, Abel Peláez Álvarez

Admite “A mí no me queda nada”

A sus 17 años, Abel Peláez ganaba mensualmente alrededor de 400.00 pesos colombianos. Al día de hoy, ninguna de sus viejas propiedades se encuentra a su nombre. Las FARC junto a las AUC lo dejaron en la ruina.

Abel Peláez Álvarez en la finca La Arenosa, propiedad de su hija María del Carmen Peláez. Foto de Ana Sofía Montes Peláez.
Abel Peláez Álvarez en la finca La Arenosa, propiedad de su hija María del Carmen Peláez. Foto de Ana Sofía Montes Peláez.

De aquel hombre que en su juventud había tenido la  picardía para vender un gallinazo por cinco pesos, queda  muy poco. La numerosa cantidad de ganado ha sido canjeada por medicamentos que le causan temblores en sus manos. Sus ojos, de un claro castaño, deben ser cubiertos por unas gafas de sol para evitar que le lloren. De Abel Peláez Álvarez queda muy poco, por no decir que nada.

Sobre sus años jóvenes, sus hijos mencionan que para los negocios, Abel fue un hombre hábil y astuto; como persona, era humanitario y buscaba ayudar a quienes en sus ojos de comerciante, se lo merecían. Como padre y esposo se mostró estricto, violento y machista. “Lo que más miedo me daba de tener un hijo era que de pronto yo lo tratara como mi papá nos trataba a nosotros”, comparte Alexandra Isabel Peláez Londoño, la hija menor de Abel.

Ante mis ojos, él significó el rechazo. La primera vez que lo vi  fue en el 2012, mi familia y yo viajamos a Montería (Córdoba) para visitarlo luego de que mi mamá no lo viera en 11 años, desde su desplazamiento, fruto del conflicto armado. Las amenazas de guerrilleros y paramilitares lo llevaron a sufrir de problemas psicológicos, al punto de arrojarse a sí mismo sangre de ganado y gritar por toda Salamina sobre su supuesta inmortalidad, creo que nadie podía negar que lo mejor para él era irse. Sus primeras palabras para mí, cuando lo conocí en ese paseo, fueron: “Usted no es nieta mía, porque es mujer”. 

Mi abuelo había estado alejado de Salamina desde el 2001, la guerra lo había separado aún más de su familia. Sin embargo, el año pasado, por diversos problemas de salud y maritales con su nueva mujer, él había vuelto y vivía con nosotros, pero de forma alejada. De los tres nietos que vivían con él, al único que le hablaba era a mi hermano Jose, el único hombre. Por otro lado, lo más cercano que él y yo habíamos tenido a una conversación sentimental, era la vez que me había comentado que yo me parecía a una de sus viejas yeguas, algo necia.

En el libro 17 minutos, entrevista con el dictador, el periodista Jorge Ramos, asegura que la primera pregunta en una entrevista lo define todo. Con mi abuelo comprobé que esto era cierto, pero lo que realmente me aterraba era cómo preguntar, si  usando el “tú” o el “usted”. Él era mi abuelo, pero de una forma completamente desconocida. Al final, me fui por la fácil.

  • ¿Quién era usted para Salamina antes del conflicto armado?

Decía la gente que yo era muy buena persona. Bregaron a nombrarme tres veces alcalde y yo no quise. Me gustaba mucho ayudarles a los pobres, ayudaba para el asilo, para la casa del niño (fundación en Salamina), le hacía fiesta a la Policía y ayudaba para el hospital.

Le pedí sentarnos en las afueras de la casa de la finca, pero su cuerpo no aguantó el viento frío, así que nos desplazamos a su habitación, prácticamente a oscuras. Él, en la cama cobijado hasta el cuello. Sus cejas se ceñían cada vez que hacía un esfuerzo por escuchar mis preguntas, lo cierto era que desde hace unos años estaba casi sordo por una infección que había contraído en Montería (Córdoba).

  • Usted tenía bastante dinero, ¿se sentía poderoso?

-No, yo no me sentía poderoso. Uno entre más plata tiene, más sencillo debe de ser.

Su voz es gruesa y fuerte. Esto me hizo recordar una ocasión en la que mi madre me contó como Abel había golpeado brutalmente a mi abuela, Sara Londoño. Sus hijos tenían hambre y ella había decidido usar, para alimentarlos, una paca de frijoles que mi abuelo tenía lista para exportación. Tal vez, esta era la sencillez de la que él hablaba.

  • ¿Qué sintió cuando se dio cuenta de que tanto guerrilleros como paramilitares lo iban a matar?

Me miró como si la respuesta fuera obvia.

Sentía que haber trabajado uno tanto pa’ conseguirse una plática y que eso le sirviera de maldición, por decirlo así. Conseguir plata para echarse enemigos como un verriondo, sin hacer nada mal hecho. Es que lo peor que ha podido venir a Colombia han sido la guerrilla y los paracos, no se sabe cuáles son más malos de los dos.

  • Le voy a leer algunos alias, uno por uno y me gustaría saber qué sensaciones le producen o si los identifica.
  • Gadaffi

No lo conocí.

  • Iván Ríos

Tampoco lo conocí.

  • Karina

-Karina sí, dizque vino a bailar una vez a Salamina y me contaron que yo había bailado con ella, pero como estaba tan oscuro, yo no me di cuenta. 

  • Rojas

Rojas era el que me molestaba a mí, me pidió primero 15 millones de pesos cuando nos encontramos allí en la finca.

  • ¿Cuál finca?

Allí en La Arenosa. Me dijo que 15 millones y al final arreglamos por 13 y yo se los mandé de a poquitos. Cuando no me pudo volver a coger, porque él bregó a cogerme muchas veces, pero ya llamaba que le debía 500 millones de pesos y yo le decía que 500 millones de qué. […]  Más faltaba que lo que trabajo lo voy a regalar, entonces por desquite vino a la finca La Arenosa y mató todo el ganado que había allí a punta de hacha.

  • Alberto

Alberto era un flacuchento ahí, mala gente. Ese fue el primero que conocí de las autodefensas, me dijo hasta misa y no me dejaba hablar, no me dejaba hablar. Yo rodeado como por 18 o 20 paramilitares, armados hasta los dientes y él diciéndome bellaquerías, cosas que yo nunca había hecho.

  • Mario

Ese es el de las finanzas de los paramilitares. Ese vino una vez a Salamina y durmió conmigo en el apartamento, me dijo que pa’ que le presentara varios hacendados ahí y  si mucho le mostré uno, los dejé ahí conversando los dos, con un hijo de Leonel Mejía. Le dije: “Vea, ese les entrega a los otros, ese les muestra a los otros”, y me perdí. No lo volví a ver, ese de las finanzas. 

  • Jhonathan 

-Ese lo conocí en un lavadero, lavaba carros aquí antes de meterse a la guerrilla ¿o a los paramilitares era?

A sus 82 años, Abel Peláez solo se levanta de su cuarto para ir al baño, comer y sentarse en su hamaca. Foto de Ana Sofía Montes.
A sus 82 años, Abel Peláez solo se levanta de su cuarto para ir al baño, comer y sentarse en su hamaca. Foto de Ana Sofía Montes.
  • ¿Qué les dijo a sus familiares a la hora de partir a Córdoba?

-Que me iba porque no aguantaba esta situación tan horrible aquí, es que no se sabe que es más malo, si la guerrilla o los paramilitares. ¡Ah! y la delincuencia común también se agarró a joderme, por celular me llamaban a decirme que necesitaban plata, que necesitaban plata, que necesitaban plata. Hasta que a mí me dio una maniaco depresión, me llevaron para Medellín y de Medellín me llevaron para Montería.

  • ¿Alrededor de cuanto fue su pérdida tras el conflicto armado?

-Por ahí $1 ‘500.000.000, más o menos.

  • ¿En la moneda de ese entonces?

-Si, en la moneda de ese entonces. Ahora por ahí $2 ‘000.000.000.

  • ¿Siente que no se merecía todo lo que le pasó por el conflicto armado?

-No creo, porque no le hacía mal a nadie ni le hago mal a nadie. Yo le hacía antes bien a la gente, a la humanidad, me gustaba hacerles favores. 

  • ¿Cuál es su sensación al ver a Gustavo Petro como presidente?

-Me da rabia, no me gusta ni oírlo hablar ni verlo, porque es un tipo de izquierda y este país como está de mal y con un tipo de izquierda, le va a pasar lo mismo que a Venezuela. Vea el dólar donde va, lo que él hace que él se posesionó, cuánto ha subido el dólar, eso es consecuencia de ser el presidente.

Muchas veces los salamineños no sabemos lo que hay bajo la tierra que pisamos, en el Informe Final de la Comisión de la verdad del Eje Cafetero, página 119, se describe cómo las mujeres en veredas como Guayabal eran violadas. Así mismo, en otros documentos y sitios web, se ven rastros de las masacres, matanzas, violaciones y extorsiones de las que fueron víctimas nuestros padres y abuelos, ellos hoy en día son las voces de lo que fue la guerra en Salamina.

  • ¿Conoce el Informe Final de la Comisión de la Verdad?

No lo he oído mencionar. Pero la verdad, desde que haya gente mala metida, la gente mala no dice la verdad nunca, sino lo que a ellos les convenga no más. 

  • ¿Qué siente al ver el pasado, todo lo que tenía antes, y darse cuenta de lo poco que le queda? 

No queda nada, a mí no me queda nada. Porque las tierras se devaluaron todas, se cayeron, porque no hay con quien trabajar.

  • ¿Y qué siente sobre eso?

Que vamos hacia la ruina todos, porque vean a Petro grabando el pan, las gaseosas y todo eso. Eso va en contra del pobre.

No pude evitar reírme por lo bajo, lo cierto es que recientemente mi papá se había declarado en quiebra ante los bancos. Si Abel Peláez creía que le quedaba poco, se llevaría un susto enorme al saber que en realidad ya no teníamos nada.

  • ¿Cree que Colombia ahora es distinta luego de años de superar el conflicto armado?

Es que cual conflicto armado, si no han superado nada. Se entregaron unos y se retiraron unos de ahí, como Iván Márquez y esos. Y guerrilla es lo que hay ahora, primero era una sola, ahora son como 20 disidencias de las FARC y el ELN, o sea, parece que estamos más mal ahora que antes.

  • Abuelo, ¿cómo cree que se podría acabar el conflicto armado?

Eso no tiene solución, salen unos y entran otros. Yo no creo que haya solución, naciste mala y mala serás.

Más tarde, le agradecí a mi abuelo por concederme la entrevista. Con una sonrisa manchada que pocas veces he visto, me dijo que igual tenía mucho para contar.

Fotografía de Abel Peláez cuando tenía la edad aproximada de 30 años
Fotografía de Abel Peláez cuando tenía la edad aproximada de 30 años

Recuadro 1: 

Abel Peláez Álvarez sólo realizó sus estudios hasta sexto de bachillerato.

Recuadro 2:

Fue el noveno entre de 12 hijos.

Recuadro 3:

Sara Londoño tenía 19 años cuando contrajo matrimonio con Abel Peláez, quien tenía 26.

Destacados:

  1. Es que lo peor que ha podido venir a Colombia han sido la guerrilla y los paracos, no se sabe cuáles son más malos de los dos”.
  2. “Me da rabia, no me gusta ni oírlo hablar ni verlo, porque es un tipo de izquierda y este país como está de mal y con un tipo de izquierda, le va a pasar lo mismo que a Venezuela”.
  3. “No queda nada, a mí no me queda nada”.

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