lunes, noviembre 29, 2021

El deporte y la equidad de género, un debate que no comienza

Cuando se habla de deportes, el imaginario de las personas identifica grosso modo las categorías femeninas y masculinas de las diferentes prácticas. Ya sean individuales o colectivas, esta diferenciación se debe, desde el inicio de los deportes, a la necesidad de “hacer un juego limpio y justo”, pues es cierto que fenotípicamente el cuerpo masculino tiene más ventajas que el femenino. Sin excluir las prácticas con categorías mixtas. Con los vedettes del atletismo se pueden justificar estas diferencias. El récord mundial masculino para los 100 metros es de Usain Bolt, con 9.58 segundos. Por el contrario, entre mujeres esa marca sigue invicta desde 1988 con Florence Griffith Joyner, con 10.49 segundos. Por otro lado, es interesante nombrar el caso de Fallon Fox, la primera mujer trans en las Artes Marciales Mixtas (MMA por sus siglas en inglés) quien causó revuelo en una de sus luchas de la UFC por reventarle el cráneo a una mujer cisgénero.

Al pensar en equidad de género y el boom que ha tenido en los últimos años, solemos interpretarlo desde el concepto de “construcción social” con el que nos han formado, no solo los medios de comunicación, sino también las redes sociales. El género es un estado mental en el que cada persona se autodetermina como hombre, mujer, no binario, entre otras.

Esta equidad demuestra que cada ser humano ha de tener un trato justo y digno para garantizar el acceso a todas las oportunidades en el ámbito social, económico, político y doméstico. Un concepto que Google comprende pero que la sociedad aún no logra asimilar completamente. Si medimos la capacidad cognitiva de un hombre y una mujer cis o transgénero, con los mismos estudios, ejerciendo un cargo alto de una empresa, no habría diferencia alguna. Algo que aunque hoy todavía se duda, hace 70 años, en el caso colombiano, ni se imaginaba. Ahora bien, cuando hablamos desde el ámbito anatómico, la diferencia entre hombres y mujeres se identifica a primera vista. Los cuerpos fenotípicamente masculinos son más grandes, segregan más testosterona y, en consecuencia, tienen mayor proporción de masa muscular. Los cuerpos fenotípicamente femeninos, en cambio, tienen un equilibrio hormonal que favorece el estrógeno, lo que produce que tengan mayor proporción de grasa corporal, y tienden a ser más pequeños.

Justicia o equidad deportiva

La equidad genera controversia en el deporte. Tanto, que ni el Comité Olímpico Internacional (COI) ha querido pronunciarse en el caso de las personas de la comunidad trans que participan en estos. Como lo evidencia el capítulo ¡Go Strong Women, Go! de la serie de dibujos animados South Park, la desinformación y dudas respecto al tema han sido productos de miles de críticas. En este capítulo se entrevista a una mujer que va a participar de un circuito deportivo de categoría femenina. El periodista le dice que hay una nueva atleta transgénero que competirá, llamada Heather Swanson, quien a su vez se presenta y revela que es una atleta “extremadamente musculosa y barbuda” (una parodia del luchador Randy “Macho Man” Savage) que comenzó a identificarse como mujer hacía poco. En el episodio se muestra cómo Swanson derrota a las otras competidoras para ganar el concurso y la mujer entrevistada termina en segundo lugar.

Aunque el capítulo es irrespetuoso y objeto de burlas, tiene un trasfondo interesante, pues existen casos como el del rapero británico Zuby, quien fue criticado en marzo del 2019 al publicar un video en el que rompía el récord de levantamiento de peso muerto femenino, pues según lo explicó, logró identificarse como mujer mientras lo hacía. Dawn Ennis, la editora de Outsports News, comentó: “Simplemente decidir por un capricho que se identifica como mujer, no es como funciona”. Seguido a esto aceptó que miles de deportistas sufren por esto en su diario competir.

“Eso a futuro se puede convertir en un negocio de las grandes potencias por plata o por medallas. Los deportistas que se van frustrando se pueden pasar a la otra categoría donde pueden rendir más”, afirma el entrenador de voleibol, Eduardo Cotrino, quien analiza que por la falta de reglamentación puede existir desigualdad en el futuro deportivo. Aunque a simple vista, y en este caso específico, no se puede hablar de una construcción social en la que se acepten a hombres y mujeres como iguales, es cierto que el único requerimiento para participar en cualquier categoría deportiva es la autodeterminación del género de quien participa. 

La profesora Doranie Lambelet Coleman, de la Escuela de Leyes de la Universidad Duke, afirma que “será el fin del deporte femenino si hacen que simplemente la identidad de género sea la base para una selección de mujeres”.

El acondicionamiento inclusivo

La omisión del tema por parte de gremios deportivos ha generado desconocimiento y marginación hacia las comunidades trans. Es evidente que los deportes siguen siendo una institución machista y es por ello que mujeres como Amy Diana Atheortua Guzmán dejaron de competir. Ella dejó de practicar artes marciales después de su proceso de transición. “Luego de mis cambios no he vuelto a participar, precisamente por el miedo a ese tipo de cosas. La gente no tiene ese conocimiento ni tampoco quieren escuchar”, afirma Amy, quien hoy se dedica a la danza urbana.

Según lo explica, la diferencia entre las personas transexuales y transgénero radica en su tratamiento hormonal. Amy Diana es una mujer transexual, es por eso que toma bloqueadores de testosterona, los cuales toman esta hormona y la transforman para evitar que las glándulas la absorban. “Esto inhibe mucho, principalmente la fuerza. Incluso la resistencia también. Pasé de dar 10 o 12 vueltas a la cancha trotando a hacer 2 y ya voy con la lengua afuera pa’ caerme”, expresa. Antes de sus operaciones, Diana consumía bloqueadores. Su testosterona pasó de ser la de un hombre fértil: 450 ng/dL (en promedio) a 0.25 ng/dL. “Luego de que mi cuerpo se adaptó, intenté volver de nuevo a retomar mi vida normal.

Siempre me ha gustado hacer ejercicio: salir a trotar, las artes marciales y la danza. El cambio es demasiado. Casi parece que fuera una fumadora compulsiva porque me canso con cualquier cosa y tengo dificultades para levantar objetos pesados”, explica Amy. Su cuerpo se puede llegar a comparar con el de un hombre; según lo revela, los entrenamientos antes de su transición le ayudaron a tener una capacidad muscular mayor, pero su fuerza es menor debido al tratamiento. “En ese sentido, podríamos decir que una mujer transexual sí podría participar en igualdad de condiciones, en cualquier tipo de categoría deportiva contra otras mujeres”, concluye Amy.

Expone que esto dista mucho de las habilidades de las personas transgénero, ya que su proceso hormonal se lleva de manera distinta. Aunque sus estrógenos suelen ser mayores, la testosterona no se limita, a menos de que se tomen bloqueadores. Esto genera una mayor producción y, por ende, un mayor rendimiento. “Eso implica que va a tener más fuerza, mayor nivel de recuperación y va a ganar masa muscular mucho más fácil”, explica el preparador físico Harold Giraldo. Añade que es complicado comparar la capacidad física de un hombre y una mujer, pero no imposible. Resalta el caso de la corredora de BMX Mariana Pajón, quien siempre ha participado con hombres y gracias a esto tiene un alto nivel competitivo. Por otro lado, al hablar de rendimiento se debe visibilizar el caso de la doble en oro olímpico en los 800 metros llanos, Caster Semenya, una mujer cisgénero a quien la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) le impidió seguir compitiendo por su nivel natural de testosterona, comparable con la de un cuerpo fenotípicamente masculino.

¿La solución de la IAAF? Exigirle a Semenya tratamientos hormonales para que sus valores estén a niveles promedio. Un estudio científico de Journal of Medical Ethics demostró que aunque un hombre sea menos fuerte de como lo era antes de su transición, los beneficios biológicos que le fueron dados al nacer, diferentes a los de la mujer, permanecen.

El match point

En general se han desatado polémicas alrededor del tema, pues es difícil imaginar un caso hipotético en el que grandes figuras del deporte como el futbolista Cristiano Ronaldo, decidan identificarse como mujer y empezar a jugar en un equipo femenino. “Eso merece un estudio multidisciplinar donde personas, desde muchas aristas y profesiones, pueden realmente decir cuáles serían los inconvenientes y facilitantes para que estos se den. No es un tema para debatir en una mesa, en un corredor o en un pasillo. Es un tema netamente científico”, resuelve el entrenador de hockey, Carlos Alberto Alzate.

La inclusión de deportistas transgénero como Mara Gómez en el fútbol argentino, Tiffany Abreu en el voleibol brasilero, Renée Richards en el tenis norteamericano, entre otras, es un paso para la inclusión y equidad de género. Pero es desalentador, no solo para el futuro deportivo sino para esta equidad de género que tanto se busca, que por miedo y desconocimiento, se terminen perjudicando las prácticas deportivas en general, es decir, integridad física y psicológica de los deportistas, independientemente de su género u orientación sexual.

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