El cielo de la música guarda las memorias de Viterbo

“No sé si alejarme me enloquece, y por eso habré venido por un último adiós, yo no quiero con ello entristecerte, pues sé que es un martirio para los dos. He venido a decirte únicamente que aunque viva muy lejos jamás te olvidaré, que tu imagen se ha grabado en mi mente, y que a cual hostia santa te adoraré. Tú la de los ojazos negros, la de boca tan bonita, la de tan chiquito pie, tú la que eres tan orgullosa, por saber que eres hermosa, no me dejes de querer”. Nelson sostiene con sus delicadas manos una guitarra color amarillo desgastada por el pasar de los años; sus pies firmes en el suelo, mirando al infinito canta nostálgicamente la canción Por si no te vuelvo a ver de Chucho Avellanet.

cuando estaba pequeño no se imaginaba de viejo, no sabía que iba a trabajar, no tenía ambiciones, pero lo único que tenía claro era que la música siempre iba a ser su compañía. Su papá tocaba la guitarra y cantaba con su hermana Gabriela, siempre vivió en esa casa esquinera y no sabía que la iba a convertir en su trabajo. Cameloc es su casa, su obra, su libro y huella, allí en ese pequeño lugar dejará por mucho tiempo plasmado la vida de Viterbo.

De pequeño se preguntaba “¿´hijuepuchica´ cómo seré en 70 años?” Y se responde: “Ahora que los tengo me da hasta risa, pero gracias a Dios vivo normal”. Nelson López se define como el hombre más famoso de Viterbo, su trabajo es plasmar y dejar tallado en su casa, la historia, la música y los nombres de quienes dejan su huella por allí.


Sentado en una silla medieval color café caoba cruza su pie izquierdo, levanta su mano y coge con delicadeza, para no quemarse, una taza pequeña azul claro manchada por el tinto vertido tiempo atrás. Relata que su padre, Roseldo López, le impregnó el gusto por la música y el canto desde que era un niño. Participaba en todos los concursos y festivales que se hacían en el pueblo. Pero mientras que para unos estas son memorias de un pasado más feliz, para Nelson son dolorosas, siempre llegaba a su casa llorando por que se burlaban de él. Deja de hablar, sus ojos se empiezan a llenar de lágrimas, traga saliva, se toma un momento para respirar, transcurre un minuto y continúa.

Hizo parte de la promoción del colegio Nazario Restrepo que se reveló por la falta de elementos para estudiar. En una manifestación pidieron por una dotación de escritorios y, además, fue el primer estudiante que rompió el esquema de asistir a su graduación con vestido de sastre. “Fui el estudiante más mediocre que se haya dado ‘el lujo’ de tener el colegio Nazario Restrepo”, sus labios dibujan una sonrisa y cuenta, sin vergüenza, que repitió seis primeros de bachillerato. Se dedicó a jugar billar y a tomar. Fue entonces a los 12 años que le restó importancia al estudio. Su cara empieza a reflejar seriedad, cruza los dedos y no muy orgulloso comenta que en ese momento no tenía metas, ni ambiciones. Le gustaba vivir metido en las quebradas cercanas al pueblo, cogía un costal y se dedicaba a pescar, pero afirma que su actividad favorita era “pajarear”: matar pájaros con caucheras.

Viterbo es un pueblo al occidente del departamento de Caldas, ubicado a 54 km de Pereira (capital de Risaralda), con una población de 13.000 habitantes. Es así como en el año 2010 según los reportes del Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses, determinaron que Viterbo estaba entre los diez municipios más violentos del país. Nelson López, un apasionado músico, tomó la decisión de tallar en los ladrillos de su casa la historia del pueblo. Recibiendo a los turistas con una nostálgica canción desde el día en que abrió sus puertas.

La época más violenta 

Viterbo se clasificó según el Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses en el año 2010 entre los diez municipios más violentos del país. Allí, entre el 2002 y el 2007, se vivió una realidad dolorosa durante las campañas electorales de la época, se registró la más alta de las tasas de asesinatos por la presencia de grupos guerrilleros y paramilitares.

La sangre, los asesinatos y la violencia eran los protagonistas principales. Ningún habitante se atrevía a salir de su casa y mucho menos los turistas querían visitarlo. En el 2005 asesinaron por lo menos a 100 personas, esto de acuerdo al informe del Centro Nacional de Memoria Histórica “Basta Ya”. Además, en el 2015 la Sala Situacional de la Población Víctima del Conflicto Armado publicó que, en el departamento de Caldas, Viterbo contaba con 726 víctimas del conflicto, lo que representaba 5.8% del total de víctimas del departamento. 

Nelson hizo parte de la promoción del colegio Nazario Restrepo de Viterbo, que rompió el esquema de asistir a su graduación con vestido de sastre, asistió con el uniforme de diario. Hizo parte de la novena promoción que por iniciativa propia realizó una manifestación para pedir dotaciones de escritorios, lo que finalmente consiguieron. “Fui el estudiante más mediocre que se haya dado ‘el lujo’ de tener el colegio Nazario Restrepo”repitió seis primero de bachillerato y cuenta su historia con una gran sonrisa.

Jóvenes con pistola en mano se acercaban a los turistas y sin importar el motivo de su llegada los obligaban a salir del pueblo o de lo contrario eran asesinados. En ese mundo se movía Nelson y su pedacito de cielo, Cameloc. Aunque lo fundó el 18 de septiembre de 1989, tuvo que vivir los dolorosos y los gloriosos de Viterbo. Abrió este espacio, en su propia casa, porque quería balancear la violencia con una cerveza fría en un lugar tranquilo.

“Es aquí, en este adorable y acogedor rincón de nuestra ciudad, el cielo de la música, como simbólicamente lo llama Nelson y paraíso de quienes disfrutamos del calor de sus ambientes, es aquí repito, donde confluyen mitos y realidades, en sus rústicas paredes que juegan con la magra y rectilínea estampa de su dueño, se arremolina fantásticas y abigarradas vivencias y en sus muros grabados se entremezclan nombres de vivos y muertos como en un extraño y apasionado rito de vida y resurrección”, recita Nelson cuando llegan visitantes. 

Cameloc es una casa esquinera ubicada a una cuadra de la Iglesia La Inmaculada y al frente de un café que ofrece una torta de manzana exquisita. Las rejas de sus ventanas combinan irreprochablemente con las materas que su esposa Maria Del Socorro coloca en cada rincón. Las puertas coloridas se abren para mostrar su interior. Discos pintados con todas las banderas del mundo resaltan el techo, dos cámaras análogas muy bien cuidadas llaman la atención y una silla medieval puesta estratégicamente debajo de un marco, como cuando el rey preside una reunión con sus caballeros medievales.  

Para entrar a este lugar se debe tener el corazón abierto, los oídos muy limpios para escuchar mejor y sobre todo la mente dispuesta para conocer a fondo la historia de Viterbo. Cada grupo de turistas que visita el lugar es recibido con una nostálgica canción interpretada por Nelson López y su hijo,Andrés Santiago López. Muchos recuerdan a un ser querido y las lágrimas aparecen como un nuevo visitante. 

el Santuario de la música como Nelson lo llama, es una casa esquinera ubicada en Viterbo Caldas, a una cuadra de la Iglesia La Inmaculada y al frente de un café que ofrece una torta de manzana exquisita. Para entrar a este lugar, se debe tener el corazón abierto, los oídos muy limpios y sobre todo la mente dispuesta para conocer a fondo la historia antigua y nueva de Viterbo Caldas. Cada grupo de turistas que visitan el lugar son recibidos con una nostálgica canción interpretada por Nelson López y su hijo Daniel, muchos recuerdan a un ser queridos y las lágrimas aparecen como un nuevo visitante.

Las anécdotas de este lugar son infinitas pero Andrés Santiago recuerda una que le marcó el corazón. Cuenta que un día llegó a su casa una pareja, su papá y él los recibieron con la canción  Dos Arbolitos de Pedro Infante:

Han nacido en mi rancho dos arbolitos

Dos arbolitos que parecen gemelos

Y desde mi casita los veo solitos

Bajo el amparo santo y la luz del cielo.

Nunca están separados uno del otro, 

Porque así quiso Dios que los dos nacieran, 

Y con sus mismas ramas se hacen caricias, 

Como si fueran novios que se quisieran.

“Entonces empezamos a tocarla y durante la canción la pareja reflejaba el amor que había entre ellos, era muy bonito ver un amor que ha perdurado tanto tiempo, eso me conmovió mucho, fue entonces cuando nos tocó parar y ponernos a llorar”. 

Hace 34 años Maria del Socorro Zapata Vergara conoció a Nelson y desde entonces la música hace parte de su vida, aunque para ella Cameloc no es un sueño familiar, es el sueño de su esposo.“Él lo ha sufrido, lo vive cada día, lo siente con el corazón, es su espacio, su vida”. 


Como un quijote, la perseverancia siempre será su mayor valor, ya pasaron los momentos de gallardía en que en medio de las balas y la violencia, desde Cameloc, las melodías calmaban los ánimos. Pero eso sí, no olvida su rutina, recibir y despedir a los visitantes con música, esa que, aunque de niñolo hacía llorar de tristeza, hoy le entrega alegrías. “En el fondo de mi alma he levantado un castillo de amores, tan solo para mí, es un sueño que he visto realizado, y ahora todo mi anhelo es verte a ti, mas si acaso el destino nos separa y tu corazón cambiara de modo de sentir , el castillo de amor que he levantado, me servirá de albergue para morir”.

Lo más leído

Noticiero semanal UM Central

En este noticiero se hace un conteo de las noticias más leídas de UM Central de la semana entre los días 5...

Jardín Nocturno Luz Verde: apoyo para mujeres cabeza de familia

La Secretaría de las Mujeres y Equidad de Género brinda su apoyo a madres cabeza de hogar con la creación del nuevo...

Mujeres de la Universidad de Manizales que se destacan en el deporte

Camila Andrea Espinosa Aristizabal, comunicadora social y periodista, delegada del equipo de Fútsal de la UM

A diario alimentan a más de 100 habitantes de calle en San José

“Cuando iniciamos con esta labor eran entre 3 a 10 beneficiados, ahora son 110 a 180, nos complace ver cómo hemos crecido...