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El arte en las protestas

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Las manifestaciones en contra del Gobierno nacional siguen, aunque son menos constantes

La manifestación es una forma de expresión ciudadana y dentro de ella hay varias sub-manifestaciones, algunas más comunes que otras, las cuales se ven representadas con múltiples acciones como arengas, cánticos, carteles, murales, grafitis, plantones con muestras culturales, además de destrucción de espacio público (está acción considerada por otros como vandalismo). En el actual paro que inició el 28 de abril de 2021 las manifestaciones artísticas se han hecho presente. Veamos algunas de ellas:

Pancartas y carteles

Un cartel, una pancarta es un grito de resistencia. Foto: AP / Manu Fernandez.

Como señala Tanya Pamela Pazmiño Vernaza en su tesis Compilación gráfica y análisis de carteles y pancartas utilizadas en manifestaciones feministas en la ciudad de Quito, período 2017-2019, de la Universidad Tecnológica Israel, los carteles y pancartas tienen una gran utilidad como vía de acción directa, de gran impacto por el contenido que recogen y la forma en que este se expresa. Dice que según 

Bestle, Russell, Noble y Gili “el cartel es uno de los medios tradicionales de la comunicación gráfica que continúa en la actualidad en plena forma, a pesar de la irrupción de otros medios de comunicación más sofisticados”. Añade que como arte gráfico el cartel “es altamente poderoso, confirma ideologías y transmite mensajes mediante imágenes fuertes y diseños sorprendentes, para comunicar una idea, expresa sentimientos, persuade, advierte, refuerza y pretende modificar las actitudes de las personas sometidas a su acción”.

El cartel es fácil de hacer, esa es una de las principales razones que debemos tener en cuenta a la hora de señalar su abundancia como medio de expresión en las marchas. No solo es fácil de hacer, también es barato. Un pliego de cartulina puede valer poco más de 500 pesos y máximo 1000 pesos y el material para escribir se puede encontrar en casa y tampoco tienen un precio excesivo. Esto es lo que genera una buena oportunidad para crear masivamente pancartas, carteles o carteleras. No se tiene un registro claro en el momento en que estas acciones se comenzaron a llevar a cabo, sin embargo es un detalle representado en la época de la Revolución Francesa (1789-1799) que la gente fuera con bandera tricolor revolucionaria.

Los carteles cumplen un papel más explícito, pues si bien el papel nacionalista o representativo de una bandera envía un mensaje claro, no es tan explícito como un texto que reza “make love, not war (haz el amor, no la guerra)” en la década de los 60 del siglo pasado o “ese tombo pudo ser un aborto”, en los contextos más actuales.

Según señala Carlos Flores Juberías, profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Valencia en su ensayo Libertad de expresión y procedimiento parlamentario: ¿pueden una camiseta, un adhesivo, o una pancarta constituir un discurso parlamentario?: “Una camiseta, un adhesivo, una tarjeta, un pasquín o una pancarta exhibida en el hemiciclo (salón central de un edificio) puede en efecto constituir un discurso, estimara que a través de ellos se había deslizado un juicio de valor o una inexactitud sobre la persona o conducta de un diputado, o que hubiera quedado afectado el decoro o dignidad de un grupo, o que se hubiera barajado un argumento que amerite réplica o rectificación, y se atreviera a concederle la palabra al diputado o al grupo afectado”.

Por lo tanto, llevar una pancarta a una marcha es un posicionamiento claro, el cual se puede aprovechar de manera artística debido a su condición de obra y cuyo mensaje siempre está ligado a una expresión propia de la persona que la crea y también la que la ondea, pues se genera un pacto tácito entre el mensaje y la persona que la sostiene. Es un ejercicio barato, fácil y rápido de expresar una opinión sin necesidad de mediar palabras y mientras más vistosa sea, más gente la verá y por lo tanto el mensaje se expandirá más.

Cánticos

“La justicia perdona culpables, venden armas y firman la paz; el alcalde se viste de amable y devuelve emigrantes al mar. Mientras la prensa está en la despensa, tú y yo a callar, que los padres de la patria nos darán más circo y más pan”. Esa es la primera estrofa de la canción Más circo y más pan de Amistades Peligrosas, lanzada en 1997 en su álbum Nueva Era. La canción protesta es un tipo de música popularizado desde los años 60 del siglo pasado, generalmente hecha como contenido crítico de la situación social y política del lugar al que se refiera la canción.

Los tambores han acompañado los cánticos. Foto Proceso de Comunidades Negras

Señala Miryam Ibeth Robayo Pedraza, Magíster en Investigación Social Interdisciplinaria de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas en su artículo de opinión La canción social como expresión de inconformismo social y político en el siglo XX: “Partiendo del enunciado de que los imaginarios de la canción protesta durante el período comprendido entre 1960 y 1970 en Colombia representan unas particulares condiciones sociales y políticas, el propósito de la investigación se basó en establecer los imaginarios particulares de un grupo de canciones recogidas bajo el nombre de canción protesta o canción social”. Añade que para el caso que la ocupó, estas canciones “fueron usadas como discursos, teniendo en cuenta que las canciones pueden ejercer un efecto ideológico en sus escuchas, a través del contenido de sus textos en situaciones y contextos sociales particulares; esta persuasión ideológica logra cambiar actitudes e influir en las creencias sociales y cogniciones personales de sus receptores por medio de discursos en donde las estructuras, estrategias y funciones son dispuestas de forma que el oyente termina por evaluar las proposiciones y representaciones de la forma en que lo determine el emisor, es decir, la función ideacional representa el significado del hablante como observador del contenido del lenguaje”. 

La canción protesta no solo se puede referir desde la perspectiva social personal sino también de grupos vulnerables como las comunidades autóctonas de las regiones, esto en una visión principalmente anticolonialista. Para Ángela Arroyave, miembro de Sikumandai, “la importancia de salir con el arte y la música a las marchas es entregar ese mensaje de cultura, que los jóvenes tengamos más oportunidades de estudiar, que se apoye más al arte y que se haga la reivindicación de nuestros pueblos desde la no violencia”.

Una de las canciones coreadas en las múltiples marchas de 2021 ha sido El Baile de los que sobran, canción de Jorge González, cantautor chileno y miembro de la banda Los Prisioneros. La Biblioteca Nacional de Chile, en su sitio web, señala que “su letra ilustra de manera amarga y desesperanzada las diferencias de clases existentes entre la juventud chilena”. Descripción que coincide con el sentimiento actual de los marchantes colombianos.

Teatro

La Plaza de Bolívar ha sido el escenario de cortos montajes teatrales o perfomances. En uno de ellos, en una noche de mayo, un verdugo arroja cuerpos humanos dentro del área del mapa de Colombia dibujado en el piso. Luego ingresa un extraño ser, una mujer vestida de negro, quien ora por esos muertos, sus muertos. Parece que es Antígona.

Los perfomance han sido constantes en las marchas

Antígona es una obra trágica de Sófocles representada por primera vez en el año 441 A. de C. y se basa en el mito homónimo de la hija de Edipo y Yocasta. En ella, la hija de los anteriormente nombrados viaja a Tebas y ahí, después de desobedecer la ley para enterrar a su hermano muerto, deberá enfrentar las consecuencias. En esta tragedia griega, Antígona siempre se ve como una figura valiente, decidida, que pese a las dificultades no se arrepiente de sus decisiones, aunque claramente siente tristeza, dolor o incertidumbre por lo que pasará a continuación. La revolución que genera Antígona ante el tribunal que la juzga es una muestra del poder del sentimiento, tanto así que es hasta común que el mismo público coree junto con los actores “¡Antígona es inocente!” en el momento clave. 

El teatro es, antes que nada, un arte por el cual se representa, se cambia lugares con alguien con otro nombre y otra vida y se juega a interpretar. Augusto Muñoz Sánchez, director del Teatro Punto de Partida expresa cómo con este arte se cambia el mundo: “El teatro es lo sublime, es lo que alimenta el espíritu, el arte en todas sus manifestaciones, la pintura, la música, la danza, las artes plásticas. Es lo sublime del alma humana. Estamos peleando para que en estos gobiernos haya mayor presupuesto, haya mayor apoyo a los artistas de todo el mundo. Por eso decimos más arte, menos guerra. Uno pone su granito de arena para que la sensibilidad y el respeto por el otro exista.”

El teatro es también un elemento de crítica social, entre sus múltiples obras se pueden encontrar parodias, comedias, sátiras y un sinfín de histriones que crean con sus obras una manera de ver los acontecimientos del mundo. El novelista cubano Matías Montes Huidobro escribió en el suplemento literario Lunes de Revolución lo siguiente: “Al convertirse el teatro en un arte de gran impacto colectivo, la polémica teatral se vuelve candente, extendiéndose a todos los espectáculos de contacto directo con las masas. La definición de la función del artista, en este caso el dramaturgo, se vuelve obsesiva. Cuando se descorre el telón de la revolución castrista, el debate teatral sube a escena, se revisan valores y se inicia la búsqueda del camino a seguir.”

Así, el teatro es una forma por la cual es expresable la visión del dramaturgo de la situación, generando a su vez una revolución cognitiva dentro de los espectadores. De la mano del actor el mensaje se muestra con mucha más contundencia y permite que los espectadores tengan mucha más empatía y comprensión con su situación.

Reportería: Por Manolo Cardona, Santiago Toro, Luis David Patiño y Andrés Carmona

OTRAS EXPRESIONES

Un foráneo

Nació en Estados Unidos. Está en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional (Manizales). Lleva una cerveza Club Colombia en la mano izquierda y un tablero blanco en la mano derecha que dice: “North Carolina está con el pueblo, debemos escuchar la voz de la gente”. Su conexión con el país ha crecido tanto que la bandera tricolor se convirtió en su símbolo de empatía con protestas sociales. Mientras la multitud se organiza en la plazoleta de la Universidad, él se camufla entre los asistentes para gritar en un español casi nativo las arengas del Paro Nacional. Ni la altura de la capital caldense, ni el lenguaje arrastrado han sido impedimento para sentirse parte del movimiento. 

Una mujer en primera línea de batalla

Laura Manuela Arango es estudiante de antropología y hace parte de varias colectivas feministas de Manizales. Foto: Xilena Alexandra Estupiñán

Lo único que se logra ver de la mujer encapuchada es su mirada profunda, resuelta, llena de coraje. En su brazo izquierdo tiene una pañoleta verde que dice “aborto libre”, así refleja otra de sus luchas. Sin embargo, esta vez Laura Manuela, junto a sus amigas y hermanas, se unen para desdibujar la idea que se tiene de la llamada primera línea como símbolo de violencia, y en lugar de ello, “mostrar una expresión artística de nuestros cuerpos como nuestros territorios, como nuestras áreas y no más como botines de guerra”. Su cuerpo es su única arma y los dibujos que recorren su piel desnuda, son sus municiones. Se prepara para hacerle frente a los uniformes negros antidisturbios con el poder del arte.

La revolución urbana

Un hombre de cabello negro, expansores en ambas orejas y restos de pintura en la ropa, es a quien todos llaman Sepc. Carga en su mano derecha un aerosol verde con el que manifiesta su inconformidad. Con 26 años este artista urbano ha pintado más de 80 muros en Manizales. Sus manos hoy reflejan el grito porque a su boca la arropa un pañuelo negro que lo hace sentirse seguro frente al virus que amenaza las calles. “Estamos buscando un país con un futuro mejor, que tenga una buena calidad de vida y un Estado que piense en la gente… Yo siento que en este momento no hay ninguna conexión en el país”. Desde su arte llena los muros uniformes con letras, colores y dibujos heterogéneos que manifiestan su revolución. Mira la plaza llena de gente, suspira y deja volar su creatividad para hacer su cartel que declara “Estado asesino”.

Reportería Santiago Melán y Ashly Fontalvo