martes, marzo 2, 2021

Del internet a las calles: la piratería en Manizales

“La piratería es un mal necesario, tarde o temprano tendrás que recurrir a ella”. Esta es una frase que abunda en los blogs y videos de la red que tratan el tema de las copias ilegales de películas y música. Puedes estar de acuerdo o no con la oración, pero la realidad es que se descargan 8.272 contenidos multimedia (música, películas, videojuegos, libros y series) cada minuto, según los datos recogidos por el Observatorio de la piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales en 2018. 

El primer caso de piratería ocurrió con Mozart en 1770, quien transcribió de memoria “El Miserere”, una obra de la Capilla Sixtina la cual prohibían que fuese copiada o reproducida.
 El primer caso de piratería ocurrió con Mozart en 1770, quien transcribió de memoria “El Miserere”, una obra de la Capilla Sixtina la cual prohibían que fuese copiada o reproducida.

Si se habla de Colombia, se registraron 400 millones de visitas a páginas web latinoamericanas con contenido ilegal en ese año, según la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos. Estos archivos ilícitos casi siempre se pueden obtener de manera gratuita, pero la realidad es que se ha extendido la venta de copias no autorizadas en el país, incluso en Manizales, en donde cientos de habitantes se acercan a la carrera 23, una vía reconocida por la venta callejera, con el fin de comprarles memorias y discos a los “piratas”, personas que conforman la línea final de una red que se puso el parche para sacar negocio de las obras ajenas.

Las películas

A espaldas de la catedral manizaleña se encuentra un hombre sentado en un banquito. A su izquierda, posee un televisor plasma conectado a un soporte. Justo debajo, tiene un reproductor de DVD que utiliza para callar a aquellos que osen decir que las películas que vende “son grabadas de cine”. Unas fundas plásticas rectangulares apiladas a su derecha enseñan carátulas de películas actuales. En el interior de estas bolsas, se encuentra un disco que, dependiendo de la suerte del cliente, puede estar estampado con la imagen del metraje. ¿El precio? “A dos mil la que quiera”.

No hay sanciones legales en Colombia para aquellos que compren una copia no autorizada para fines personales.
No hay sanciones legales en Colombia para aquellos que compren una copia no autorizada para fines personales.

Una boleta de cine cuesta 10.000 pesos. Un filme original, en su caja, formato Blu-Ray, generalmente tiene un valor de 30.000 pesos. A pesar de que estos DVD piratas son cinco veces más baratos que asistir a pantalla grande y quince veces más económicos que la copia original, estas imitaciones poseen un audio de alta fidelidad y una resolución de 1080p. En resumen: son idénticas al producto oficial.

No obstante, estos fieles calcos no son quemados por ellos. “El Juli”, uno de los mercaderes manizaleños en este negocio, aclara que son distribuidores provenientes de Cali, Medellín y Bogotá los que se encargan de conseguir el archivo digital, de copiarlo al disco y hacerle una funda plástica con la imagen recortada y llamativa. Luego, se dirigen a Manizales para vender los metrajes al por mayor a los comerciantes de la carrera 23, quienes venderán estas falsificaciones al consumidor final.

Qué fácil es ser un pirata

Ya se tiene claro el método de distribución de estos discos, pero ¿de dónde provienen los archivos piratas? Existen dos formas por las cuales obtienen la materia prima.

La primera consiste en pagar una suscripción de una plataforma de retransmisión, como Netflix o Amazon Prime Video y, una vez teniendo acceso al contenido que se quiere obtener, se puede utilizar un capturador de pantalla para grabar en vivo o una aplicación que permita descargar el video que se encuentra en pestaña. Este método tiene un costo, pero permite tener el stock justo después de su salida oficial. 

Según IHS Technology, para 2024 se dejará de utilizar el disco como medio de reproducción de películas.
Según IHS Technology, para 2024 se dejará de utilizar el disco como medio de reproducción de películas.

La segunda manera se apoya en páginas como RARBG, ThePirateBay o YTS. Estos sitios contienen un índice de películas muy vasto que permite bajarlas en formato Torrent. Esto es un tipo de extensión de archivo de poco peso que reemplaza la tarea de alojar un fichero en un servidor, por consiguiente, son los usuarios quienes comparten el documento que se necesite. 

Para que se entienda su funcionamiento, brindaré un ejemplo: Pepe creó un archivo .torrent y lo subió a un portal de películas ilegales. De allí otra persona lo descarga y con un programa que ayude a procesar este formato, obtuvo la película directamente de la computadora de Pepe. Ahora, él junto a Pepe, le compartirán este material a otras personas que tengan el archivo .torrent y cuando ellos lo obtengan, servirán a otros para el mismo cometido. Así, estos índices generan una red que permite que un archivo pueda bajarse cuando se plazca, pues la única forma de evitar que este fichero se deje de descargar por la comunidad, es que nadie tenga ese contenido alojado en su sistema.

Esta información, para bien o para mal, se encuentra en blogs y tutoriales de Youtube disponibles para todo el mundo. De allí aprendieron los amigos de lo ajeno.

¿Y quiénes suben los Torrents? Los crackers

Sabemos cómo se venden y cómo se queman los discos, pero ¿quién está detrás de los Torrents que se encuentran en la red? ¿Quiénes evaden la seguridad que traen los Blu-Ray para exportar los filmes? Los crackers, personas o grupos que se dedican a corromper o esquivar las protecciones anticopia. 

 El proceso de transferencia de un archivo en DVD a un disco duro se denomina ripeo. cd pirata.
 El proceso de transferencia de un archivo en DVD a un disco duro se denomina ripeo.

John Jairo Tejada, diplomado en seguridad de la información, hace hincapié en la facilidad con la que estas personas extraen el material: “Ellos compran el DVD y pueden grabar la pantalla con un capturador. También en la Deep web e incluso en la web superficial, la que conocemos, se encuentran aplicaciones que hacen la duplicidad del contenido del disco. Todas estas herramientas están a la orden del día”.

Al final, esta actividad tan enaltecida por ser difícil, se completa con un par de clics. Esto es lo que preocupa a las industrias: no se necesitan conocimientos previos ni habilidad en la informática para destruir su trabajo; cualquiera puede ser un pirata.

La música

En 2017, un 35 % de los usuarios de internet consumía música de forma ilegal, según las conclusiones del estudio Music Consumer Insight Report, elaborado por la Federación Internacional de la Industria Fonográfica e Ipsos (IFPI). El principal inconveniente que enfrentan los artistas y las disqueras a día de hoy es la facilidad con la cual se puede obtener una copia ilegal de una canción. Basta con hacer una búsqueda, entrar a un sitio y pegar un enlace de Youtube o SoundCloud para tener un tema completo que, aunque no cuenta con la fidelidad original, hace el apaño. 

Según el portal Extratorrent, la canción más pirateada de la historia es Drake - Nothing Was The Same.
Según el portal Extratorrent, la canción más pirateada de la historia es Drake – Nothing Was The Same.

También hay aplicativos que extraen la pista en 320 kilobytes por segundo (el formato en mp3 de mayor resolución) de plataformas como Deezer o Spotify. La solución que le funcionó a esta industria para reducir las descargas no autorizadas fue la llegada de plataformas con suscripción, como Apple Music, Spotify o el recién llegado Youtube Music. Gracias a los nuevos aplicativos de streaming, para finales de 2019 apenas un 23 % de los internautas seguía ripeando música, según la IFPI.

Sin embargo, para aquellos que no tienen el conocimiento o las ganas de usar estas herramientas, hay un par de jóvenes situados a lo largo la carrera 23 de la capital caldense, con un parlante que les llega hasta la cintura y una caja llena de bolsitas plásticas con imágenes que afirman contener “memorias con más de 1000 canciones en supercalidad original mp3”. Algo que, aunque obvio, antelo: es completamente falso.

Primero, no venden memorias USB, lo que venden son adaptadores que incluyen tarjetas SD con 256 megabytes de espacio. Segundo, aunque estos packs de música vienen separados por géneros, la realidad es que su contenido (que no supera las 130 pistas) puede tener un big room de Martin Garrix y, en la próxima canción, traer vallenato del Binomio de Oro. Tercero, la calidad de los archivos es pésima: 24 kilobytes por segundo. Es como escuchar una fiesta desde una llamada telefónica. Los piratas de la música tienen mucho que aprenderle a nuestros amigos, los de las películas.

Para colmo, estos mix caseros a 8.000 pesos no son fabricados por ellos. Nuevamente, son distribuidores fuera de Caldas los que realizan el montaje de las pistas, las bolsas y las carátulas. En este caso, “MCP PRODUCCIONES” se atribuye el arduo trabajo cuatro veces en el impreso. No hay rastro de ellos por la web, aunque piden en el respaldo que los sigamos en las redes sociales.

¿Puedo ir a la cárcel por piratear o comprar copias ilegales?

Aunque es una evidente actividad inmoral condenada en montones de países, la verdad es que en Colombia no hay una norma que condene la descarga o compra de una copia no autorizada para fines personales. La situación cambia cuando se habla de distribución o venta, puesto que el artículo 271 de la ley 1032 del 2006 especifica que habrá penas de cuatro a ocho años y multas de 26 a 1.000 salarios mínimos para aquel que venda o reproduzca obras cinematográficas y musicales. 

Teniendo en cuenta esto último, resulta ilógico que en Manizales permanezcan comerciantes callejeros y tiendas que se lucran del arte ajeno. Intentamos resolver este interrogante consultando con diferentes individuos de la Policía Metropolitana de Manizales, pero ninguno quiso entregar una respuesta.

Un barco que jamás naufragará

Las únicas campañas realizadas en Manizales en relación a la distribución de copias ilegales están enfocadas en los libros.
Las únicas campañas realizadas en Manizales en relación a la distribución de copias ilegales están enfocadas en los libros.

En 2018, los cineastas del mundo perdieron 6.738 millones de dólares como consecuencia de las descargas ilegítimas. Mientras tanto, a la industria de la música se le extraviaron 8.645 millones, según el Observatorio de la piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales. 

No obstante, estas cifras se redujeron en los últimos años gracias a las plataformas de streaming y se pretende que continúen bajando. Sin embargo, la caída de proyectos de ley estadounidenses como la PIPA o la SOPA, los cuales pretendían implantar sistemas de identificación, censura y sanción a personas o páginas que distribuyeran o facilitaran contenido que infrinja derechos de autor, permite concluir que el navío seguirá timoneando mientras se mueva entre mar sin vigilancia.

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