jueves, octubre 21, 2021

De los cabellos, la historia de Daniela Vargas

Cuando Daniela Vargas Acevedo estaba en la escuela sufrió de discriminación. Su profesora de cuarto de primaria le decía a los demás niños que no se juntaran con ella porque les pegaba su enfermedad. Rechazos, burlas, diagnósticos sin conclusiones y tratamientos sin soluciones acompañaron a Daniela durante nueve años. Desde los ocho su familia empezó a notar que la piel se tornaba cada vez más pálida, estaba perdiendo el vello de sus cejas y pestañas, y al igual que su cabello, toda su energía se desvanecía lenta pero resueltamente. Alopecia severa, 14 letras, dos palabras y una vida en ciernes. Pero, a pesar de lo dicho por los médicos y de las pocas esperanzas, ella ahora vende productos naturales especialmente diseñados para el cabello, uñas y pestañas.

La hoy empresaria nacida en Chinchiná, Caldas el 14 de enero de 1998, visitó médicos “habidos y por haber”, como ella misma afirma, pues se enfrentó a una situación en la que nadie podía decir con certeza qué era lo que estaba padeciendo. No solo perdió cabello, sino que se dio cuenta que sus uñas eran débiles, los dientes los sentía flojos y el cansancio la acompañaba cada día de su vida. “Nunca vas a recuperar tu pelo, de ahora en adelante vas a tener que usar uñas postizas, pelucas y pestañas”, “sólo un milagro puede salvarla”, eran los únicos comentarios que recibió por mucho tiempo de los dermatólogos que la trataban. 

Daniela empezó un tratamiento durante ocho años, hasta los 17, que incluía pastillas, inyecciones, químicos y masajes especiales. “Empecé a notar que me salían como lanitas en la cabeza y algunos vellitos en las cejas. Me puse muy contenta, pero en cuestión de dos meses todo se volvió a caer”. Cada 15 días recibía la medicación. Con la fe intacta pero con pocos resultados.

Según el dermatólogo Javier Bassas, con 35 años de experiencia profesional y experto en alopecia, explica que esta condición se da de varias formas en las mujeres: “Puede ser debido a la falta de hierro, anemia, intervenciones quirúrgicas, alopecia post-parto, trastornos de tiroides, trastornos metabólicos y nutricionales, y la más frecuente, es la alopecia androgenética”. 

Ahora la vida de Daniela se convirtió en un “corre corre”. Recibir, empacar y despachar pedidos es su día a día.

Una luz

La joven se cansó de los tratamientos sin éxito y empezó a experimentar, junto a su madre, remedios caseros con productos como el aguacate, bananos podridos, mayonesa vencida y claras de huevo. Experimentó con “menjurjes” que le habían sugerido o había leído en internet y que como resultado final terminó siendo el potencial que necesitaba, no solo para recuperar su cabello, sino también su estabilidad emocional, física, en resumidas cuentas, su vida. Así nació su empresa: Naturella.

“Todos los productos naturales tienen compuestos activos, vitaminas y minerales. Son estos compuestos orgánicos y sin procesar los que ayudan a que el cuerpo genere una respuesta positiva en los organismos. La empatía con los activos se da porque las frutas y las plantas tienen mejor absorción, retención y utilización dentro del funcionamiento humano y por esa misma razón, pueden ayudar a tratar enfermedades, en este caso, la alopecia”, aseguró Juan David Mosquera, ingeniero químico de la universidad EAN de Bogotá.

Estaba perdiendo el vello de sus cejas y pestañas, y al igual que su cabello

Daniela ingresó a la Universidad Nacional de Colombia en Manizales a estudiar Administración de Empresas en 2017. En alguna de las clases, un profesor les propuso diseñar una idea de negocio. Daniela socializó lo que llevaba en su cabeza ya un buen tiempo, usar su experiencia y convertirla en empresa con nombres de comida para que fueran atractivos y que pudiera ayudar a muchas personas que estuvieran en su misma situación. Fue el mismo docente quien le ayudó a empezar con los ensayos en casa. “Al principio fue muy difícil, un día funcionaba y al otro no”.

Después de muchos intentos, dispuso 100 envases, los llenó con nutella para el cabello, su primer producto, diseñó una etiqueta junto a sus primas, creó una página en Instagram y lo lanzó al público. “Me demoré más en publicar la primera foto que en venderlo”, contó. Junto a su familia ha visto el crecimiento de Naturella. Lo que empezó como un experimento casero se convirtió en su modelo de negocio, la manera de ayudar a sus padres y vincular otros miembros de su núcleo a trabajar allí. Cuenta con un catálogo de más de 30 “menjurjes” naturales que distribuye en el país y en el exterior.

Aunque es importante señalar que el tratamiento y la revisión de un experto médico para cualquier dolencia de salud es esencial, Daniela Vargas luce, hoy, un cabello abundante, nutrido y fuerte. Dice que se siente mucho más segura de sí misma y que está satisfecha de haber podido “curar su enfermedad”, recuperar su vida y tener la posibilidad de ayudar a los demás.

Gracias a que nunca perdió la fe, hoy en día luce su cabello, cabello que, según los médicos, nunca iba a crecer de nuevo.

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