jueves, septiembre 16, 2021

Crónica de una terapeuta respiratoria en primera línea del covid

La aparición de la covid-19 a finales del 2019 y la rapidez con la que se contagia el virus cambió las dinámicas sociales y laborales en el planeta. Para mediados de agosto del 2021, la Organización Mundial de la Salud – OMS – registraba 210 millones de personas contagiadas en el mundo y 4.41 millones de fallecidos, lo que nos obligó a hacer ajustes para adaptarnos a esta nueva realidad. 

Estephania Rendón Chica es una terapeuta respiratoria que hace parte de ese grupo de trabajadores de la salud que lucha para salvar y recuperar a los afectados por el coronavirus. Desde septiembre del 2020 trata pacientes en la clínica Avanti, de Manizales; durante el día está en el área de hospitalización y en urgencias tomando pruebas PCR a pacientes sospechosos de portar el virus y en la noche está en cuidados intermedios.

“Al inicio de la pandemia tenía ese miedo a acercarme a los pacientes”, comenta Estephania, mientras se acomoda las gafas transparentes que protegen sus expresivos ojos. Es de estatura baja, cabello negro largo y lacio, piel blanca y lleva un saco color aguamarina. Hoy trabaja con pacientes negativos, sospechosos y positivos covid; siempre manteniendo un riguroso cuidado. Para ingresar a cada área, se pone una bata, monogafas, gorro, guantes y tapabocas. Al terminar cada terapia se cambia todos los elementos y se lava las manos. Un ciclo que se repite varias veces al día. 

“Nunca me ha dado covid, ni siquiera los síntomas”, afirma. Después de una breve pausa, recuerda el temor que le producía esta enfermedad, sobre todo por lo que le pudiera suceder a su familia: “Vivía con mi mamá y mi padrastro; ambos tienen una enfermedad inmunológica. También con mis abuelos y mi hermana, y yo con ese miedo… de desconocer tantas cosas”.

Aislamiento voluntario

Según la OMS, además de los riesgos físicos, la pandemia ha ejercido niveles extraordinarios de estrés psicológico sobre los trabajadores de la salud expuestos a entornos de gran demanda durante largas horas. Muchos de ellos viven con el temor constante de estar expuestos a la enfermedad.

Durante el tiempo de la cuarentena impuesta por el Gobierno nacional, en la que todos – salvo casos excepcionales como médicos y trabajadores del área de la salud – debíamos estar encerrados en casa, Estephania era la única de su familia con autorización de salir trabajar. “Recuerdo que una vez mi hermana me dijo que cuando llegara del trabajo fuera muy rigurosa con la limpieza, porque si algo llegaba a pasar, era yo la que estaba entrando el virus”.  

Por eso, tomó la decisión de irse a vivir sola. Su madre no lo aceptó. “Me decía que que yo me iba a cuidar; que me lavaban la ropa aparte y que ahí mirábamos qué hacíamos. No quería que me fuera de la casita, no quería que estuviera lejos”, recuerda Estephania quien, pensando en el bienestar de ellos, de ella y de sus pacientes, se alejó por casi un año de su familia. “Fue muy duro, pero fue lo mejor”, afirma un poco angustiada.

Son tiempos difíciles, sobre todo para el personal de salud en la primera línea de atención frente al coronavirus. Pero para esta terapeuta salirse de esta línea no es una opción: “La pandemia es una tragedia para muchas familias, pero para mí es trabajo. En mi casa yo era la única que tenía empleo gracias al covid”. Un comentario agridulce, gratitud por el trabajo y tristeza por los que fallecieron.

Trabajo por vocación

Estephania siempre trata de llegar temprano a su trabajo. Allí se cambia el uniforme, se pone una bata azul, un tapabocas N95 encima del desechable y hace un consolidado de los pacientes que tendrá durante el día o la noche.    

Mientras explica su labor, mueve las manos para indicar que cuando está en hospitalización va a tercero norte, que es donde están los pacientes covid. Allí les realiza la terapia respiratoria que consiste en ejercicios activos y pasivos – como silbar, tomar aire lentamente a través de la nariz y con la boca cerrada, o intentar elevar unas esferas plásticas dentro de un recipiente mientras se sopla por un tubo -; o inhaloterapia (procedimiento terapéutico que consiste en la administración de medicamentos, oxígeno y humedad por la vía respiratoria) en caso de que el paciente esté en broncoespasmo. La terapia respiratoria es fundamental para estos pacientes. Si están con mucha tos o dificultad para respirar, la terapia les ayuda a fortalecer sus pulmones. 

Stiven tiene 27 años y hace cuatro meses estuvo hospitalizado y en terapias respiratorias por consecuencia del covid. Asegura que estas le salvaron la vida: “Hoy le agradezco a todo el personal de salud por su trabajo y por luchar para ayudar a los demás”.

Después de una pausa y con tranquilidad, la terapeuta aclara que los pacientes tienen derecho a una atención completa, como cualquier otro que no está en área covid. Al entrar a estos espacios ella los saluda, les pregunta cómo están y se les acerca, pero – con la mano en el corazón – comenta que es muy duro sobre todo porque los enfermos de covid permanecen aislados en habitaciones blancas, solas y frías; muchas sin televisión y una que otra con ventanas. 

Tapabocas y celular
“Hacíamos videollamada todos los días y mi mamá me decía que me cuidara mucho”, la comunicación constante con la familia durante el aislamiento es lo más importante, a parte de estar sola y extrañar a su familia, se sabe que están a salvo de cualquier contagio.  Foto tomada por: Estefanía Mozo.

Dura realidad

Según los reportes que realiza la Alcaldía de Manizales, para el 28 de julio en la ciudad habían 1.029 casos reportados de personas con covid; 763 de estos eran activos y 225 personas habían muerto a causa del virus. 

Entonces Estephania suspira y su mirada se clava en un punto fijo. “Una de las cosas que más me toca es cuando el paciente llega mal y el doctor le dice a la familia que hay que entubar porque es la única salvación que hay, que si da la autorización. Después de eso, viene el proceso más difícil – suspira de nuevo y hace una pausa larga – y es cuando el familiar se despide… Hay familias que los abrazan, les dan picos, les dicen ‘te quiero, vas a salir de esta’ y nosotras escuchamos todas esas cosas y en el fondo sabemos que el paciente tiene poca o nula probabilidad de salir. Ese es el momento más difícil”. 

Sin embargo, cuando recuerda a los pacientes que se recuperan, los ojos le brillan. “Salen muy felices para sus casas y uno también queda feliz”. Entonces sonríe, se lleva la mano al pecho y su rostro refleja la satisfacción de hacer una labor que salva vidas. 

Periodistas: Estefanía Mozo

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