InicioManizalesCerca de 437 habitantes de calle habitan a Manizales

Cerca de 437 habitantes de calle habitan a Manizales

José creció viendo cómo sus padres se golpeaban entre ellos y cómo sus hermanos robaban para poder drogarse, oprimido e infeliz, dejó de creer en el modelo de familia tradicional y redefinió el concepto de casa. Optó por hacer de la calle su lugar de residencia, allí fue libre e hizo de sus dos perros, su carreta y sus objetos su “futuro, hogar y porvenir”. Don José es uno de los 437 habitantes de calle que tiene Manizales según la Unidad de Protección a la Vida (UPV).

Para la Constitución Política de Colombia, un habitante de la calle es una persona sin distinción de sexo, raza o edad, que hace de la calle su lugar de habitación, ya sea por incapacidad absoluta de valerse por sus propios medios, la existencia de una necesidad vital cuya no satisfacción lesiona la dignidad humana o la ausencia de apoyo familiar. En el 2013 la Corte Constitucional colombiana aprobó la Ley 1641 que garantiza, promueve, protege y restablece los derechos de las personas habitantes de calle, con el propósito de lograr su rehabilitación e inclusión social.

Censo del Dane

Habitante de calle
La calle es su hogar. Foto: El Espectador

El periódico Portafolio (portafolio.co) de diciembre 9 de 2021 informó que según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) entre 2017 y 2021 se censaron en el país 34.091 habitantes de la calle en 1.121 municipios. De estos, 6.248 fueron censados en el 2021. Este censo arrojó otros datos como:

-9 de cada 10 habitantes de calle son hombres

-El 50.1 de los censado tienen entre 24 y 44 años

-En 2021 hubo un 16,2 % de personas extranjeras que viven en la calle, en particular de Venezuela.

-Más del 80% de los censados saben leer y escribir

-La mayoría de ellos acabaron en la calle por consumir sustancias psicoactivas o por conflictos y dificultades familiares.

-Las sustancias psicoactivas es la principal razón para, en la mayoría de ellos, seguir en la calle. Casi el 80% dijeron que consumían cigarrillos, marihuana y bazuco.

-Más de la mitad de las personas que viven en la calle han dicho ser víctimas de violencia, sobre todo insultos, golpes y amenazas. El 69,3% manifestó sufrir de abuso policial, y el 32% dicen ser perseguidos por integrantes de ollas (así llaman a los sitios en donde se consume droga.

El diario La Patria de junio 9 de 2022 informó que para la Unidad de Protección a la Vida (UPV) en Manizales hay 437 habitantes de calle. Mientras que el Dane “en la Encuesta Integrada de Hogares del 2021 indicó que son 635, y fray Juan Torres, reconocido por su trabajo social en la Galería, señala que son 766”.

Seguridad
El exsecretario de Gobierno de Manizales en 2019, Fernando Peláez Alarcón, sostuvo que la problemática de los habitantes de calle es un tema de convivencia ciudadana que necesita acciones y soluciones coherentes de acuerdo a las condiciones en las que viven porque “son seres humanos y como Estado tenemos la obligación de darles una atención básica”. Sostuvo que como habitantes de calle tienen el mismo derecho a denunciar cualquier tipo de injusticia, ya sea por robo, violación o maltrato por medio de la Fiscalía o Policía. Porque “ellos son ciudadanos con los mismos derechos que cualquier otro manizaleño”.

Carolina Rivera Garzón, quien fue trabajadora social de la UPV de la Alcaldía de Manizales, aseguró que las mujeres que viven en la calle tienden a ser más agredidas que los hombres, pero no existen denuncias de violación porque en la mayoría de los casos ellas mismas desconocen dicho derecho o porque normalizan la situación. “Su sexualidad no es segura. Hay parejas sentimentales y sexuales dentro de los habitantes pero se comparten sexualmente cuando están consumiendo, de igual manera la mujer tiende a ser más vulnerable a ser violada o a prostituirse a cambio de drogas”.

Karen tiene cuatro tatuajes, dos de ellos hechos por sus amigas cuando estuvo “recluida” por el Icbf.

Karen tiene 22 años, es habitante de calle desde los 15 años. Como menor de edad estuvo “encerrada” en distintas ocasiones a cargo del Instituto Colombiano de Bienestar familiar (Icfb), pero cuando cumplió 18 años regresó a su vida callejera.  “Me gustó mucho la solución y el bazuco”. Karen consigue el dinero para sus drogas vendiendo dulces, trabajando en bares de la Galería o prostituyéndose. La seguridad es un asunto impredecible, cuando se traba en compañía de otros habitantes no tiene certeza de nada. “Cuando se está muy llevado y uno no quiere estar con ellos se le tiran entre varios, entonces o uno sale corriendo o pailas toca dejarse”. Duerme en la Galería, afirmó que no es seguro, pero como la reconocen en el sector es más tranquilo que otras partes. Para comer tiene un orden, los lunes, martes y jueves el padre Juan le da comida en la galería, lleva coca y le guarda algo a su mamá cuando la visita, los miércoles va a la iglesia del parque Liborio donde doña Luz reparte almuerzos y los viernes se baña y se alimenta en San José con la UPV.

Salud

Con la campaña UPV de la Alcaldía de Manizales se busca impulsar la política pública de los habitantes de calle para generar la validación que es el paso de acceso al sistema de salud, la identificación ciudadana, la intervención con las familias y el acompañamiento en todos los procesos de salud psicológicos y psiquiátricos.  Con dicha iniciativa se busca caracterizar cuántos son, quiénes, dónde están, cómo se encuentran y cuáles son las entidades que trabajan con ellos.

En temas de embarazo para una habitante de calle, lo primero que se hace es conducirla al sistema de salud e iniciar todos los exámenes y controles con las infecciones de transmisión sexual. Además, inicia el trabajo de atención psicológica y psiquiátrica para internarla en un lugar cerrado. “El aislamiento es el proceso más importante”, señaló Rivera Garzón porque empieza la deshabituación de consumo, se niega la visita del compañero si lo tiene y se busca una red de apoyo familiar si se encuentra. Cuando tiene el bebé el Icbf entra a hacer el proceso de desarraigo. El único centro de atención que presta este servicio para ellos es Fundapaz. 

Si la mujer quiere iniciar el proceso de tener el bebé, debe demostrar que ha vuelto a su casa y que lleva más de 4 meses sin consumir, además, certificar que puede brindarle las condiciones adecuadas al infante. Carolina Rivera aseguró que en la mayoría de los casos las mujeres no saben que están en embarazo y pueden tener hasta cinco meses con un consumo de sustancias diario. “Lo que se intenta desde la Unidad de Protección a la Vida es iniciar el proceso de planificación e incluso algunas se han logrado operar después de dar a la luz”. 

Habitante de calle
Ser madre de calle, una tragedia. Foto: LA FM

“Todos los procesos que realizamos se hacen con aceptación inicial por parte de ellos”, en cualquier caso de vulnerabilidad reciben ayuda, sea un embarazo o enfermedad. Hace dos años un habitante de calle que tenía cáncer, “nos firmó y nos dijo que no quería que lo ayudáramos en nada, se quería morir en la calle, tuvimos que dejarlo”, comentó Rivera Garzón. 

Gilberto tiene 55 años, estuvo 25 años viviendo en la calle y 37 consumiendo droga. Hace casi 4 años se rehabilitó, hizo las paces con su familia y volvió a su casa. Sigue trabajando como reciclador tres veces a la semana. Comenzó a consumir marihuana y bazuco a los 8 años. Aseguró que en un día se hacía 10 mil y en otro 100 mil pesos, pero todo se iba en drogas, la comida la conseguía regalada de la gente y sacada de la basura. Se retiró porque estuvo enfermo tres días seguidos. “Me dolía el cerebro y los pulmones porque no me funcionaban bien, fui al médico y me dijo que no podía ni fumarme un cigarrillo, paré”. Gilberto logró afiliarse al Sisbén siendo habitante de calle, lo que le permitió asistir a los controles y recibir medicamentos.

Relaciones con los demás

Darío Arenas Villegas, sociólogo de Universidad de Caldas, aseguró que la forma en que los habitantes de calle se relacionan o comunican tiene que ver con las condiciones en las que se encuentran y enfrentan. En la mayoría se han roto vínculos importantes con las familias, los bajos ingresos económicos y el abuso de sustancias los lleva a la calle. La ciudadanía los rechaza, los asume como inferiores, lo que lleva a que su comportamiento sea preventivo, temeroso o agresivo algunas veces. 

Hernán llama a su pareja “su mujer” pues asegura que la considera como su mejor compañía, cada viernes la invita a comer a San José para pasar el rato juntos.

“Los casos más complejos y comunes son el consumo de drogas o problemas en el hogar, pero la pregunta es por qué empiezan a consumir o a vivir en la calle y siempre se encuentra como común denominador que es abusado en la infancia, no tuvo figuras materna o paterna que lo acompañaran, ni redes de apoyo”, comentó la trabajadora social Carolina Rivera Garzón.  

Hernán tiene 66 años, comenzó a ser habitante de calle hace 3 años. Era celador en la galería, tenía casa propia, prestó dinero y perdió su vivienda. “Me descontrolé, me desesperé con tantos problemas y eso me tiró a la calle”. No consume drogas y carga en su maletín su cepillo de dientes, crema dental, toalla, cobija y el cartón para dormir. Se baña cada dos días en la estación de policía de San José porque aseguró que “la pobreza no es pecado, pero el desaseo sí.” Duerme en las gradas del Parque Caldas y su pareja le regala semanalmente ropa. Llevan siete de novios, ella es mesera en la Galería, lo acompaña a las citas médicas y le ayuda con una habitación de vez en cuando. 

Su novia declaró que cuando uno quiere a alguien tiene que aceptarlo como es. “Yo lo acompaño todos los días, veo cómo amaneció, pero en las noches me hace mucha falta porque me he acostumbrado a él, la gente hablará mal de uno por tener a alguien que vive en la calle como pareja, pero a mí no me importan esas cosas, yo lo quiero”. 

Necesidades básicas biológicas

La Unidad de Protección a la Vida (UPV) está ubicada en el comando de policía de San José, allí se reciben donaciones y voluntario para las actividades con los habitantes de calle.

Carlos Alfonso Méndez González fue coordinador de la Unidad de Protección a la Vida. Explicó que esta Unidad es dirigida por la Secretaría de Gobierno y se encarga de restituir a los habitantes de calle todos sus derechos hasta donde más se pueda, se les brinda un servicio de autocuidado: afeitada, motilada, cambio de ropa, baño, afiliación a la salud, documento de identificación y apoyo psicosocial. Allí trabajan psicólogos, funcionarios operativos, trabajadoras sociales y un coordinador. La Alcaldía hace aportes para el sostenimiento, el resto es con ayuda de voluntarios que aportan económicamente.

Claudia tiene 45 años de edad, es habitante de calle hace 6 años. Sus inicios se dieron por el desarraigo de su hijo. “Mi marido se me llevó al niño y eso me tiró a la calle”. Claudia siempre anda acompañada de sus dos mascotas. Aseguró que para sostenerse a diario le toca reciclar. Duerme en muchas esquinas del centro de Manizales, le gusta rotar. En temas de sexualidad sostuvo que no le gusta tener pareja porque no “sirve” para las relaciones y no le gusta prostituirse, lo que sí hace frecuentemente es asistir a actividades de donación que hacen los ciudadanos para ayudarle porque “me motilan, me bañan y me cambian de ropita”. 

José tiene 47 años, es habitante de calle hace 32. Hoy sobrevive con una “zorra” o carretilla y la compañía de sus perros que son su “futuro, hogar y porvenir”. Hace 9 años se estableció en la cancha del velódromo de la U. Caldas. En las noches amarra un plástico en los árboles que rodean la pista y duerme allí con sus mascotas. Para cocinar tiene un fogón improvisado en el pasto, allí calienta sus alimentos, que por lo general son arroz, huesos de pollo que le dan en un restaurante chino y aguapanela, tiene ollas, cubiertos, platos y vasos.

Habitante de calle
Los sueños en la calle. Foto: RCN

No come de la basura y prepara a fuego todos sus alimentos. Se baña cada semana en una de las llaves de agua que tiene el velódromo. “La ropa de nosotros es como un pañal desechable” no se conserva, ni se lava, se bota después de usada, por eso cada viernes compra en la Galería su nueva muda. Aseguró que no se siente en la calle sino en su hogar. Trabaja cuidando carros y los vigilantes lo dejan dormir ahí. Para conseguir afecto se dirige a la zona de tolerancia de la ciudad y paga por la compañía de una mujer un rato. Sostuvo que el Estado no lo ha ayudado en nada, pero la gente y el pueblo es a quien debe el agradecimiento, pues son quienes, según José, lo han ayudado con comida, atención y buen trato. Consume marihuana y bazuco diariamente.

PERIODISTAS: Sofía Gómez Piedrahita y Sofía Morales con datos actualizados de UMCentral

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