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Au Pair en Estados Unidos: se acaba la cuarentena o… me acabo yo

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Foto tomada del portal trabajarporelmundo.org

Ring, ring, ring. ¿Can you hear me girls? ¿Me escuchan niñas?, pregunto desde Illinois. Son las 7:00 de la noche en Chicago para mí, Lucy contesta a las 6:00 desde Colorado, en la costa oeste son las 5:00 para Alexa en California y las 8:00 en Massachusetts donde está Luana. 4 Au Pairs, 4 países de origen diferentes, 4 edades y 4 perspectivas distintas nos hemos unido a la moda en pandemia: Las reuniones por videollamada. 

Vamos a entrar en contexto sobre lo que significa ser Au Pair; bueno, es un término francés que hace referencia a mujeres entre los 18 y los 25 años que viajan a otro país distinto al suyo para ayudar a una familia con el cuidado de sus hijos, en este caso ¡niños estadounidenses! Esta labor se hace a cambio de alojamiento, comida y un salario semanal. Pero créanme, es mucho más que eso. 

¿Qué tienen en común estas chicas? Sus ganas de perfeccionar el inglés, de viajar y descubrir la vida, tradiciones y lugares turísticos de este enorme país desde una mirada más local, de desarrollar nuevas habilidades personales y crear amistades con personas de distintas partes del mundo. Ser Au Pair nos brinda a muchas la oportunidad de ser independientes por primera vez. Vives sin tus padres en un país extranjero, aprendes cosas nuevas cada día y asumes responsabilidades que tal vez nunca antes tenías. 

Alexa, una chica de 22 años, de pecas y sonrisa contagiosa, nos dice “¡hola guapas!”, desde la costa de California; a lo que Lucy, responde con su acento checo: “Ahoj”, mientras se recoge su cabellera larga y rubia con una pinza y deja ver por su ventana, las inmensas montañas de Colorado. “¿Cómo vai?” pregunta entre risas Luana la brasileña de ojos verdes quien se encuentra en Massachusetts, y yo… yo aprendo de todo un poco. Es viernes, ya todas en su tiempo libre, cada una saca su bebida alcohólica favorita para (desde la distancia) hacer esta noche amena y compartir y reírnos un poco después de una extensa semana de trabajo con niños en cuarentena. 

Cada estado de Estados Unidos ha tomado sus propias restricciones y normativas para evitar la propagación del Covid-19, pero en general, en cada uno de estos 5 estados, las escuelas suspendieron las clases presenciales, toda actividad extracurricular quedó suspendida hasta nuevo aviso y las restricciones de vuelos, permanecen vigentes a exclusión de una emergencia. Ahora, ¿cómo es trabajar como Au Pair en tiempos de pandemia? 

Lucy, de República Checa

“¿Me tomo uno, me tomo dos o me tomo mejor toda la botella?”, bromea Alexa. Suspira y nos pone a reír al ver su larga lista de apuntes. “No quiero dejar pasar N A D A”, comenta. “¡Go ahead!, se vale llorar”, la alientan. 

Muchos países de Europa, algunos de Asia, Australia, Canadá y Estados Unidos, buscan Au Pair. Ilustración tomada del portal domestika.org

Nos cuenta que son 4 los niños que cuida: Una bebé de 11 meses, un niño de 3 años, otro de 6 y la mayor de 8 años. Antes de marzo, que fue el mes donde todo se empeoró en el país, trabajaba igual las 45 horas a la semana, pero su tiempo lo dedicaba más que todo al cuidado de la pequeña recién nacida y a mantener los cuartos y la ropa de los niños bien presentados, pues los otros 3 niños pasaban gran parte del día en el colegio o jardín. Sin embargo, al cancelar las clases presenciales, ahora debe encargarse del cuidado de los 4 al mismo tiempo, todos los días durante 9 horas seguidas y por $195.75 dólares a la semana.

-¡No way! ¡You are crazy girl!-, le dice Luana

-Y eso que apenas comienzo mi historia-, recalca Lucy.

Para ella fue difícil tenerlos a todos al mismo tiempo porque cada uno y claramente con su respectiva edad, requiere cosas distintas. “Al mes me adapté a los gritos, verlos correr desnudos por toda la casa y hasta hacían mi día divertido”, nos cuenta entre risas. Sin embargo, al mes el padre se queda sin trabajo y ahora los acompaña a diario en casa. “Él, Dios mío, él… Todo iba medianamente bien, hasta que llegó él”, voltea sus ojos al recordar. 

-Bueno, pero al menos tienes una ayuda extra con los niños ¿no?-, pregunta Alexa

-Eso creía yo, pero resulta que él se dedicó a dormir hasta tarde, a quitarme toda autoridad que yo había trabajado tanto con los niños, a controlar todo lo que hacía y hasta a hablarme a través de las cámaras de video que están por todo lado. ¡Yo empecé a enloquecer!

Sus cachetes y fotografías pasadas, nos dejan ver a la otras Au Pairs cuánto peso ha ganado en este tiempo. ¿5 kilos?, ¿acaso 10?, empezamos a adivinar. “20 niñas, 20 kilos me subí. La ansiedad que eso desencadenó en mí me hizo empezar a comer muy mal; me prohibieron salir al parque a trotar, pero ellos sí podían seguir haciendo sus reuniones con amigos en el backyard”, grita Lucy con gran desconsuelo. Y para colmo de males, señala, el padre ha estado a punto de quemar la casa. “Una vez, puso a cocinar unos huevos duros en agua y se olvidó por completo; a los 40 minutos, los huevos explotaroooon, niñas había huevo hasta en el techo, obvio tuve que ayudar… y así unas cuantas historias más al tratar de cocinar”.

-¿Y no podían ir las señoras del aseo a limpiar?-, nos preguntamos las demás.

-¿Qué? Desde que comenzó la pandemia nadie ha podido volver. Así que soy yo la que, por necesidad, he tratado de mantener todo bien, porque ellos son capaces de vivir, dormir y caminar entre entre ropa sucia y restos de comida en el suelo. OMG ¡Hasta ratas me encontré!

Lucy, quien ahora anda de ceño fruncido, no es de las que extraña viajar, salir de fiesta con amigas o los jueves de karaoke, pues nunca ha sido de ese plan. Ama no tener que preocuparse por qué vestir, por arreglarse o tener que lavar su cabello constantemente, así que unas crispetas y soda, son el mejor complemento para sus noches de películas. Ella extraña su soledad y tranquilidad, pues ahora, debe subir el volumen o hasta pausarlas por el drama familiar. ¿Cuándo será que los padres retomarán sus viajes de trabajo y esta chica de 25 años volverá a tener el sofá?

¡No sabemos si llorar o gritar! 

Salud. Hacemos un brindis virtual. 

Alexa, de España

De trabajar 20 a 45 horas a la semana hay una gran diferencia. Sus gemelos de 6 años solían estudiar de 8:30 am a 3:00 pm diariamente y luego asistir a clases de natación y lacrosse. Pero, todo cambió. Ahora debe apoyarlos con sus clases virtuales, con las tareas, enseñarles español y “odian esto de estudiar  en casa, así que se desquitan conmigo a golpes y patadas”, expresa la española.  

Ilustración de Pedro Peinado

-¿Los padres trabajan en casa?-, pregunto.

-Nooo, no podría. Ambos son doctores –señala-. Lo bueno es que los padres son muy comprensivos y entienden el cambio que todo esto ha desencadenado en nuestras rutinas y han decidido pagarme $50 dólares más cada semana, es decir $250 dólares. 

De repente, vemos saltar en su cama a un cachorro de Labrador. “Qué hermosuraaaa. ¿Cómo se llama?”, Lucy se emociona… “¡Tommy, Tommy!”, Alexa lo regaña. “Los padres han traído al cachorro 6 meses atrás, pero vale, ha destrozado 2 pares de zapatos que me había regalado mi mamá. Coño, es como cuidar a otro niño más”, suspira con sus manos en la cabeza. 

-He visto que eres la reina de Instagram posteando tus tips de viajes y lugares-, puntualiza Luana envuelta en su cobija de lana. 

-Ay sí, qué bueno que me he hecho varios viajes, ¡pero he tenido que postergar mis vacaciones a Hawaii y Disney World! No me permiten salir del estado, ir a fiestas en la playa o quedar con mis amigas, pero ahhh, que sí que me dejan usar el auto para mí sola. 

-¿Me estás diciendo que no puedes ver ni siquiera a una sola amiga tuya?-, Lucy se acomoda sus gafas y sigue comiendo crispetas. 

-La verdad es que mis amigas y sus familias no se están cuidando, así que comprendo que me lo hayan prohibido. ¡Ah, pero que a que no me lo vas a creer! He conseguido mi amorcito en cuarentena-, comenta Alexa bien coqueta. 

Un día de verano, esta chica de 22 años jugaba a la pelota con sus niños en el patio, pero golpearon tan fuerte, que quebró la ventana de la casa de al lado. Al parecer, 15 días atrás, había llegado el camión de la mudanza a esa casa azul de dos niveles, pero no sabían quién era el nuevo vecino. “Madre mía, he visto salir yo a este hombre de buen cuerpo, rubio, de 1.90 de estatura y he dicho, ¿pero tú de dónde has salido coño?”, ella mueve sus cejas y nos guiña su ojo mientras recuerda. Justamente las ventanas de sus cuartos daban una hacia la otra y comenzaron a escribirse, a charlar, para finalmente convertirse en novios. 

¡Enhorabuena!

Luana, de Brasil

¿Cambiamos de familia? Entre broma y seriedad le decimos a la brasileña que, lean bien: LE PAGAN POR HORA y TRABAJA CADA 15 DÍAS. Es decir, dos semanas al mes, recibe una paga de $570 dólares semanales, ya que, en Massachusetts, este año se empezó a implementar una normativa estatal que exige el pago correspondiente al salario mínimo por hora para cualquier Au Pair que trabaje para una familia del estado. Y las otras dos semanas restantes recibe en cada una $200, pues la madre se encuentra en casa y no le exigen trabajar, pero aun así deben cumplirle con el pago regular. “Yo igualmente, me encargo de limpiar el cuarto y la ropa de mi niña de 9 años diariamente”, enfatiza. 

-¿Y entonces qué haces con tanto tiempo libre?-, nos preguntamos. 

Ilustración de Alba Marañón

Cada Au Pair tiene derecho a un máximo de $500 dólares destinados para su estudio en el país y debido al Covid-19, el gobierno autorizó la validez de los cursos online como requisito para este tipo de visa. Luana ha aprovechado para realizar pequeños cursos de la Universidad de Pensilvania, la Universidad de Stanford y la Universidad de Columbia, desde su residencia en Boston. 

-Las madres y yo solíamos ir a entrenar al mismo gimnasio, nos encanta el deporte; pero con todo y esto, nos tocó cancelar la membresía. Sin embargo, han comprado mancuernas, chalecos de peso, 2 bicicletas estáticas, una caminadora y bandas de resistencia. ¡Tengo un gimnasio en casa!-, comenta la morena de cabello rizado. 

Luana, las dos mujeres y la niña de 9 años, han encontrado en esta situación, un excelente momento para compartir en familia. Sus planes incluyen hikes (caminatas por la naturaleza), visitar la casa del lago, hacer fogatas y asar marshmallows, hacer fiestas de karaoke y neón, ver películas en su patio descubierto y manejar hacia lugares remotos del estado. 

-Me alegro de corazón que estés teniendo un tiempo maravilloso y hayan personas tan buenas…-, Alexa envía un sticker de corazón por el chat. 

-La clave para nosotras es no caer en la rutina, no dejar de hacer las cosas que nos gustan sino modificarlo. Como por ejemplo, el sexo…-, dispara y despierta curiosidad en estas mujeres que llevan ya 3 horas charlando.

-¡A ver, a ver, vas a tener que explicar eso!-, Lucy abre sus ojos sorpresivamente.  

-A falta de interacción social, una noche de copas con las madres, llegamos al tema de qué iba a pasar con mi sexualidad a los 24 años y yo, con desconsuelo, les contesté que debería dejarla a un lado hasta que todo volviera a la normalidad por el riesgo a exponernos. Resulta que tenían un regalito para mí…

-¡No me digas que un vibrador!-, dice la española que ahora parece un tomate de lo roja que tornó su cara. 

-En ese momento me invadió la risa nerviosa y yo no lo podía creer; pero luego entendí que es tan solo hacer justicia por mi propia mano.

Soltamos la carcajada, brindamos por última vez y nos fuimos a dormir con una sonrisa en la cara. Después de todo, existen agencias con una amplia experiencia, que a diario ayudan a jóvenes como nosotras a salir de su zona de confort y adentrarse en una experiencia única, pero al final, será tan buena o tan mala, dependiendo de las circunstancias en las que se viva; pues partimos del hecho de que dos partes desconocidas, con culturas y tradiciones diferentes, de distinta lengua, vivirán y trabajarán juntos bajo el mismo techo por uno o dos años.

¡Y a eso súmele la cuarentena!