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Vendedores de la calle: profesionales del rebusque

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Foto El Tiempo

“!Hoy juega el 0615 con Manizales y Boyacá!”. “!Lleve el huevo revuelto a 300 pesos, el arroz a 400, la arepa a 300 y el combinado por 500 pesos!”. “!Jugo, jugo, lleve su jugo, naranja y mandarina!”. Todos estos gritos hacen parte de la fauna del centro de Manizales, aún en tiempos de pandemia. Estas voces pertenecen a 3 vendedores ambulantes, quienes son unos auténticos abanderados del rebusque.

400 pesos de vida

A  escasas tres cuadras de la plaza Alfonso López, entre las calles 23 y 25 con carrera 16, se encuentra un vendedor ambulante muy reconocido por su labor en este sector comercial de la ciudad. Su nombre es Alexander Ocampo García o Kiko, como le dicen popularmente las personas que lo conocen, un manizaleño de 32 años de edad, de contextura delgada y un ligero tono de piel morena curtida por el sol y rasgos indígenas.

Es reconocido en este sector por vender desde hace 6 años diferentes alimentos a los habitantes de calle, con un menú muy asequible para estas personas que viven en la pobreza absoluta y a las cuales el hambre se les ha convertido en su compañera inseparable. Kiko les vende 300 pesos de huevo, 400 pesos de arroz, 300 pesos de arepa, 300 pesos de agua de panela, 200 pesos de pan; también les vende un combinado por 500 pesos, el cual consta de huevo con arepa picada, una especie de migas, todo esto ya lo tiene preparado en unas ollas que guarda dentro de su improvisado puesto de comida, un carrito de madera. La comida la sirve en hojas de periódico.

Alexander tiene le oportunidad de ofrecer un menú variado a sus clientes, gracias a algunas sobras que por colaboración le regalan del restaurante María, un negocio el cual labora a escasas dos cuadras de donde atiende Kiko. Otras veces le toca comprar algunos alimentos en tiendas de barrio y, paradójicamente, en ocasiones le compra la comida a los mismos habitantes de calle, quienes reciben diferentes alimentos producto de deambular por las calles de la ciudad. Todo eso lo hace este joven con el fin de sostener a su novia, con la cual convive y tiene una pequeña hija de 4 años.

“Lo más difícil de mi trabajo es que a veces tengo que lidiar con algunos habitantes de calle que llegan drogados a pedirme que les regale comida, muchas veces han intentado robarme y pegarme. También es complicado que tengo que estar durante 12 horas, a veces bajo la lluvia o bajo un sol insoportable”.  

Al azar

Vendedores callejeros a la antigua, atletas de calles y semáforos, como Alfredo Ramos Puentes, parecen en vías de extinción pero se puede encontrar en los alrededores de la Catedral Basílica de Manizales.

Foto www.marca.com

Alfredo se dedica desde hace 16 años a vender lotería. En su metro y medio de estatura está reflejado uno de los principales rasgos de la realidad que le tocó, marcado por la pobreza.

Costras de mucho trabajo y vida cubren sus 62 años. Tiene la piel tostada. Viste 3 chaquetas, además del chaleco de la empresa para la que trabaja. Su voz se escucha desgarrada por los constantes gritos que debe meter para ofrecer un tiquete de suerte que le sirve de sustento para su esposa de 59 años y su hijo de 17 años que está en último grado del bachillerato.

Es un auténtico trota mundos, vive en el barrio El Guamal, de allí sale todas las mañanas a las 6:00 de la mañana para vender suerte, camina aproximadamente 7 kilómetros, abriéndose camino por la Ruta 30 para posteriormente llegar al centro por el sector del Comando de la Policía y luego a la Catedral Basílica que es su punto de partida oficial.

“Para mí lo más difícil de mi trabajo son las caminatas que tengo que hacer, bajo la lluvia y el sol. Hoy en día muy pocas personas compran la lotería en tiquetes, todos hacen su chance en Susuerte, pero mientras mi Señor me dé salud seguiré haciendo esto. Gracias a Dios mis hijos me ayudan económicamente”.

Jugo para subsistir


Foto Carlos Múnera

Hacia el sur del centro de la ciudad, sobre toda la carrera 23, al frente del Palacio de Justicia Fanny González Franco,  se encuentra Jaime Alberto Restrepo Arias, un manizaleño de 52 años de edad, de contextura gruesa, motilado militar y ojos verdes. Se dedica diariamente a vender jugos de naranja y mandarina en este transitado sector de la capital caldense.

Este habitante del barrio El Carmen lleva más de 22 años en esa misma esquina, tiene dos hijos y una esposa. Semanalmente compra el bulto de mandarina y naranja en la Galería, cada uno le cuesta 38 mil pesos y le saca de ganancia 150 mil pesos semanales. Hace los jugos en un exprimidor manual que tiene en su improvisado puesto de trabajo, sirve las bebidas en vasos desechables y su principal atractivo es el jugo de mandarina con miel y Tarrito Rojo. Todos los jugos cuestan 2.000 pesos.

Jaime nos cuenta mientras le da los pitazos de rigor a un cigarrillo, que para él lo más difícil de su trabajo es la competencia que hay en el sector, pues en menos de dos cuadras hay tres personas que también se dedican a la venta de jugos y que aparte es una competencia desleal porque averiguan los precios que maneja él, para ellos rebajar los de ellos y así tener más clientes.