Inicio Cultura Acoso callejero: “mi cuerpo no quiere tu opinión”

Acoso callejero: “mi cuerpo no quiere tu opinión”

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“El tipo me vio venir y se levantó. Eran las 8:00 de la mañana, había cinco hombres más pero este empezó a simular que se estaba masturbando. Lo que me dijo no lo voy a olvidar nunca en mi vida: ´qué rica esta verga en su culo, mi amor´. Me pasó por el lado y se me acercó demasiado a la cara; los demás tipos se reían. Para mí eso fue una humillación, di unos cinco pasos y dije ‘no más’”.  Así lo cuenta Viviana Vega, una risaraldense de 34 años que ante el acoso sexual en las calles, no se calla y se defiende.

Es injuria, no acoso sexual

Una forma de violencia sexual muy común es el acoso callejero, el cual se refleja en  silbidos, palabras, miradas, manoseadas, persecuciones y otras formas que le quitan a las mujeres la seguridad de caminar de manera libre en las calles.

Foto tomada del portal uncuyo.edu.ar

Según un estudio realizado por la Alcaldía de Medellín, se estima que el 90% de las mujeres que son acosadas en las calles no denuncian a su agresor. Según la ONU, en Bogotá 6 de cada 10 mujeres han vivido alguna agresión o acoso sexual en transporte público. En Popayán, el 86,2% de las mujeres encuestadas considera que los espacios públicos son inseguros. Las mujeres identifican a Villavicencio como una ciudad insegura. En 2017 se presentaron en Cali 6.525 casos de violencia contra las mujeres.

38 mujeres de ciudades de todo el país decidieron alzar la voz y contar su historia sobre este tema que en Colombia aún no es un delito. 

Santiago Vásquez Betancur, abogado penalista, explica que una mirada lasciva, un tocamiendo, sin un componente reiterativo, no es un acoso sexual. “Es una injuria por vía de hecho, como cuando el peatón toca las partes de una mujer. Si la mujer se siente ofendida en ese contexto, está siendo agraviada y eso constituye una injuria por vía de hecho porque está siendo irrespetada, pero no constituye una conducta de acoso sexual”.

En Colombia es normal que las mujeres y niñas no puedan caminar tranquilas y sentirse seguras en las vías públicas, debido a que el asedio sexual es reiterativo. El miedo a subirse a un bus, de caminar solas, de ir a un parque, de ver a un hombre acercarse, de salir vestidas de cierta manera o hasta incluso de ir a un centro comercial o restaurante es una constante. Y este miedo aumenta en el momento en el que cuando algo sucede aparecen frases como “eso le pasó por ir vestida así” o “culpa de ella por andar sola a esa hora”.

No Me Calle

Afiche del colectivo femenino No me Calle

La psicóloga Ximena Ballesteros Zárate explica que “las víctimas quedan alteradas psicológicamente y ante la negativa del sistema judicial se contribuye a aumentar su desconfianza. Ellas tienen una percepción negativa del sistema de justicia y tienen miedo al estigma que esto les puede ocasionar. Los temores aumentan cuando la víctima no se siente respaldada, ocasionando problemas emocionales, como culpabilidad, que pueden ser desencadenantes de trastornos psicológicos más severos”. Agrega que en caso de vivir una situación así lo que hay que hacer es actuar, denunciar, hacerle saber a las personas que están alrededor lo que está sucediendo. Añade que hablar es la mejor opción para contribuir a la disminución de estos casos. 

Aunque en Colombia el acoso callejero no está tipificado como un delito, existen muchas organizaciones y campañas para afrontar este comportamiento. El colectivo feminista No Me Calle, que nació en el 2014, se centra en combatir y visibilizar el acoso callejero. Natalia Giraldo Castro, socióloga y una de las fundadoras de este colectivo, explica que “nosotras planteamos el acoso callejero como una forma de violencia sexual, porque casi siempre tiene un contenido sexual explícito, bien sea por lo que te dicen o los gestos. Hay un tono que sexualiza los comentarios y ve el cuerpo de la mujer como un objeto”.

La Red Político Artística de Mujeres Jóvenes es una organización feminista que le apuesta a la paz y a la participación política; además le hace frente a este tema. Natalia Correa Espitia, artivista de esta red, expresa que entre sus campañas estuvo una escuela denominada Las Calles Son Nuestras. Allí se habló de espacio público, hubo campañas en conjunto con otros colectivos y universidades públicas y privadas, y con arengas denunciaron estas conductas. Añade que a través del arte hacen este tipo de denuncias. 

En Bogotá existe desde el 2015 la Línea Púrpura, una línea telefónica para mujeres mayores de 18 años que atiende casos de violencias contra las mujeres, con ocurrencia en el espacio público o privado. También es la primera atención y canalización al interior de la Secretaría de la Mujer, a sobrevivientes de feminicidio y/o familias de víctimas de feminicidio, entre otros.

Para comunicarse se puede llamar al  018000112137, al WhatsApp 3007551846 o escribir al correo electrónico lpurpura@sdmujer.gov.co. También existe en Bogotá un movimiento internacional llamado Hollaback, que busca erradicar el acoso callejero a mujeres y personas Lgtbiq+, por medio de denuncias públicas y un espacio para contar historias.

Medidas en latinoamérica

En Argentina la ley 5742 del 7 de diciembre del 2016, en su artículo 3, especifica que “el acoso sexual en espacios públicos o de acceso público puede manifestarse en las siguientes conductas: a. Comentarios sexuales, directos o indirectos al cuerpo. b. Fotografías y grabaciones no consentidas. c. Contacto físico indebido u no consentido d. Persecución o arrinconamiento. e. Masturbación o exhibicionismo, gestos obscenos u otras expresiones”. Se sanciona con dos (2) a diez (10) días de trabajo de utilidad pública, multa de doscientos ($200) a un mil ($1.000) pesos, (9.897 a 49.487 pesos colombianos).

Imagen tomada del portal ameliarueda.com

Por su parte en Chile, desde el 3 de mayo del 2019, la ley 21.153 modificó el código penal para tipificar el acoso sexual callejero como un delito, definiendo a la persona que lo cometa como aquel que “en lugares públicos o de libre acceso público, y sin mediar el consentimiento de la víctima, un acto de significación sexual capaz de provocar una situación objetivamente intimidatoria, hostil o humillante, y que no constituya una falta o delito al que se imponga una pena más grave” y puede incurrir en multas de hasta 5 UTM (Unidad Tributaria Mensual) ($241.765 ) a 10 UTM ($483.530). (1.182.230 a 2.364.461 pesos colombianos)

¿Y qué está haciendo Colombia? El pasado 10 de septiembre se presentó el proyecto de ley por el cual se adiciona la ley 599 del 2000, la cual tiene por objeto sancionar el acoso sexual en espacios públicos o semipúblicos en todo el territorio nacional. Además se sancionará con una pena de dos hasta cuatro años de prisión. 

Ángela María Robledo, representante a la cámara por el partido Colombia Humana, fue una de las 16 congresistas que firmaron el proyecto de ley y explica que “lo que nos impulsó a radicar el proyecto fue tener una normatividad que vaya contribuyendo desde lo legal, acompañado de tareas pedagógicas que contribuya a derribar este patriarcado que ha convertido el cuerpo de las mujeres en un objeto más”. Agrega que si se llega a aprobar este proyecto hay una responsabilidad de actuar de manera coordinada de los entes de la justicia, el gobierno nacional y, sobre todo, una profunda tarea de transformación cultural.

Pero mientras este proyecto de ley se hace efectivo, las mujeres no se quedan calladas. Las redes sociales son una herramienta de revolución femenina, como es el caso de la influencer y modelo Lola de la Cuesta, quien por medio de su perfil de instagram, con más de 22 mil seguidores, denuncia a los acosadores y publica las historias de sus seguidoras.

El acoso sexual en las calles es pan de cada día. Así lo dan a entender las mujeres que cuentan hoy su testimonio, que alzan la voz y que exigen una solución a esta problemática. Expresiones como “esta solo es una historia de tantas”, “desafortunadamente me han pasado cosas peores” y “me tocó comprar algo para defenderme”, son muy comunes en el momento previo de escuchar o leer alguna de estas historias. Sin contar las que no han sido nombradas, las que quedan en el silencio, en la culpa, en el anonimato y en el miedo.