sábado, diciembre 5, 2020

El automovilismo y la carrera de Felipe Zamora

Autores: Sofía Quintero Ramos y Juan Felipe Franco C

“Un carro apasionado. En ese me casé y hacía el amor con mi señora a cada rato. Esa Ford del 55 era hermosa. Yo la armé en el año 2003 con  tecnología que traje de Estados Unidos”. Luis Felipe Zamora Londoño era “el putas”. Lo echaban de todos los colegios, era desordenado, imprudente y loco. Él era  emprendedor y se describe a sí mismo como un pelao soñador que iba a conseguir todo lo que quisiera. Era la gran preocupación de su familia, era el menos aplicado en el colegio. “No daban un peso por mí, pero un día un psicólogo le dijo a mi padre que estaba equivocado y que yo iba a ser el más emprendedor de todos”. 

Mide un metro 70 centímetros, cabello castaño y tez blanca. En sus dedos se ven las marcas de la ansiedad que su enfermedad le produce. “Yo nunca me comí las uñas, lo que pasa es que cuando salgo de quimioterapia el dolor me lleva a morderlas un poquito, disculpen”, dice. Su rostro denota experiencia, a sus 43 años tiene arrugas pero las contrasta con un estilo juvenil al momento de vestir. Amable, alegre y sobre todo humilde, no le importa quien pase a su lado, si lo saludan él devuelve una sonrisa. 

“Hola, ¿cómo vas?”, saludó a Edwar, uno de sus mejores amigos quien pasó en el momento de esta entrevista. Luis le ve el lado bueno a todo, sus compañeros lo describen como un hombre lleno de valores, apasionado y con metas, pero resaltan uno de sus mayores defectos, la falta de compromiso a la hora de llegar a tiempo a cualquier lugar. La velocidad con la que corre en sus vehículos no la refleja a la hora de cumplir con sus citas. 

Las primeras pinceladas

Empezó con las motos y los carros a los 14 años gracias a un colega llamado Felipe Rojas, una de las leyendas de Manizales en el mundo automotriz. “Cuando yo comencé me acuerdo que el apoyo de mis papás era limitado, pero después se fueron uniendo a mí. Usted háblele a cualquier papá de los carros y ¡uy no, qué  locura!, eso vale mucha plata”, además del riesgo que acarrean.

Como padre de dos niñas, Felipe dice que las apoyará en lo que sea, así como sus padres lo hicieron con él. La vida es para vivirla, no para planearla, eso lo ha aprendido a los golpes. Sus proyectos cambiaron de un momento a otro: “Pensaba llegar a los 50 ya pensionado con varios predios, negocios. Andando tranquilo y ahora estoy pidiendo tiempo al menos para llegar a los 45, ganando tiempo, todos los días son nuevos para mí”. 

Zamora aprendió a pintar motos en sus tiempos libres. Con la plata que hizo pintando las motos de sus amigos consiguió su primer carro, un Renault 4. “Lo tenía hermoso, ojalá pudiera tenerlo otra vez. Hermoso…hermoso”. Era un máster del año 85 y por ese tiempo los motores de estos carros eran 800 cm³ , 1.000 cm³, 1.100 cm³ y 1300 cm³. “Yo tenía el 1.300cm³, el más completo para esa época y lo tiré al piso para que tuviese un perfil bajo”.

Carlos Edwar Arredondo Castañeda y él se conocieron montando. “Yo no creía que me fuera a saludar. En este mundo de las bicicletas todos son muy agrandados pero él me reconoció por una montada que hicimos e intercambiamos números de inmediato, desde ahí empezó la amistad, eso fue en el 2015 más o menos”. Zamora fue quien introdujo a Edwar en este mundo de los carros y desde eso son amigos, no solo en ruta de bicicleta sino también en el tema automotriz. 

Una familia común, cuando compra un vehículo, revisa que sea cómodo, seguro, que sea útil. Tal vez que no se quede en una falda o que en el baúl quepan las maletas del paseo. Para Luis eso no es tan importante, lo que él busca son prestaciones, rendimiento.“Yo en lo que me fijo es en un motor que sea bueno y si no lo conozco, investigo. ¿Qué clase de motor tiene? ¿Qué relación de compresión maneja? ¿Cuántos HP? (caballos de fuerza) ¿Cuánto de torque?” Luis mira el desempeño, la suspensión, la independencia de las ruedas y el tipo de chasis.

Zamora prefiere los BMW paquete M cuando está en la ciudad pero para la pista se queda con los Honda. “El mejor vehículo que he tenido es un Honda Civic SI blanco, con este gané 3 campeonatos y no jodía para nada. Me iba dándole candela todo el viaje. Llegaba, corría, ganaba y me devolvía sin ningún problema. Era una sensación, cinco estrellas, hijueputa carro tan bueno”. 

Un buen piloto no solo se caracteriza por manejar bien un vehículo, saber tomar las curvas o hacer los cambios en el momento exacto. Para Zamora y Edward, el compañerismo es esencial. “Todos en la pista somos totalmente competitivos, pero antes de eso somos humanos y cuando pasa algo, se revienta uno como si fuera un hermano o un familiar; eso es lo que más me gusta de este deporte”. 

Zamora es reconocido por el potencial de sus carros, su velocidad, su edad y su condición de salud, por eso este año empezó un nuevo proyecto: recorrer el país buscando las mejores rutas, conduciendo por diferentes tramos para mostrar este deporte. “Voy a comenzar el recorrido Manizales, Las Palmas y La Línea, de ahí voy para Paipa y así seguiré buscando”. Transmitirle a la gente la sensación que se vive dentro un vehículo es lo que busca pero para eso necesita hacer ciertas modificaciones a su carro y prepararse económicamente. 

La mayoría de estos retoques y proyectos son costeados por parte de los mismos pilotos ya que no hay apoyo en Colombia y, según Felipe nunca va a haber, ya que este deporte demanda un capital que las entidades gubernamentales no están dispuestas a subsidiar. En un año se puede gastar entre 100 a 150 millones de pesos y los premios que se ganan no son muy buenos. “No hay marcas que apoyen el tema, por eso yo le digo a la gente prepárese, trabaje como un hijueputa y haga plata para que le den gustos a sus carros”, Zamora labora externamente como agente inmobiliario y así puede costear sus vehículos, prepararlos para la competencia y correr por toda Colombia.

Aprueba

El automovilismo y la carrera de Felipe Zamora
Créditos: Sofía Quintero Ramos y Juan Felipe Franco C

Con su nuevo proyecto Zamora piensa recorrer Colombia, que las personas sepan qué se siente estar montado en un carro de carreras. Ese es el objetivo de Aprueba. Por ahora, es una cuenta en Instagram con más de 10 mil seguidores, con la que Luis Felipe se convirtió en referencia para temas de vehículos. “Al inicio la idea era transmitir e invitar a las personas a que vivieran lo que se siente cuando se está en un vehículo trepando o conduciendo en ciudad, pero ahora se nos está direccionando al tema publicitario, ya que está creciendo y a mi realmente no me está gustando porque yo no buscaba hacer plata”.

Esteban Molina Osorio reconoce a Zamora desde hace unos tres años y afirma que durante este tiempo él ha sido el ejemplo a seguir no solo en lo automovilístico sino en lo personal. “Es uno de los mejores pilotos que tiene Manizales por todo lo que ha hecho y fuera de esto es una gran persona porque siempre apoya a todos los que empiezan en esto”.

A Luis poco le interesa si es un referente de las carreras ilegales o las trepadas como le dicen, solo quiere ser para los demás lo que él necesitó en sus inicios cuando no había redes sociales, cuando todo era muy distinto. “Salía uno de la universidad y le decía al otro chino, ¿qué vamos a hacer? y andábamos por toda esta ciudad a mil, hay que aceptarlo, una embarrada, usábamos la ciudad”. Según él los contextos eran muy diferentes, había menos movilidad, menos personas y menos vehículos. “Yo recuerdo que la primera carrera que tuve fue en Chipre, había un tronco gigante de un árbol caído y una vez llegamos y dijimos: el que primero llegue al Cerro de Oro no paga la cuenta y el último paga”.

La última participación de Luis Felipe en las carreras fue en Trepadores Valle 2020, en donde quedó en el 2do lugar en la categoría GT y para llegar a una competencia de estas tuvo que practicar corriendo ilegalmente, así como lo hacían pilotos de la talla de Juan Pablo Montoya. “La legalidad solo es autódromo, lo que más me gusta es el tema de cumbre. Al autódromo todo el mundo le coge el tiro, ya saben que se alarga la frenada hasta el punto de la bandera y entran a la curva, y con la cumbre es diferente, por ejemplo, El Tambo nunca va a ser igual porque todos los días cambia el asfalto y la mancha de aceite”. 

Yann Li, amigo de Zamora, es el único piloto en Manizales que ha superado el tiempo de Felipe desde El Tambo hasta Manizales, seis minutos. “Él tiene el récord y nosotros tenemos más carros, pero Yann dio con un día y con una pista en óptimas condiciones y sola”. La Federación Automovilística de Colombia está invitando a todos los pilotos a vincularse como federados, pero si lo hacen, esas “trepadas” se acaban para siempre.

Lo no planeado 

En julio del 2017 los médicos descubrieron que un cáncer en el colón había hecho metástasis hepática y le dieron probabilidades de vida de seis meses; hasta el momento le han sacado cuatro tumores y dice que ha superado todas las barreras.“Las probabilidades eran pocas, científicamente según los médicos mi probabilidad de vida era de cuatro a seis meses y llevo ya dos años y medio vivo”. 

Para los médicos y para él es contradictorio, “mi oncólogo me dice, usted es el putas, viene acá y me dice ´deme días de vida´ pero va y loquea con los carros”. Su médico, su familia y él mismo aseguran que eso es lo que lo tiene aún en el mundo de los vivos: su carro y su familia. Sus hijas una niña de 10 años y una de cinco, y su esposa siempre han estado con él, “yo con ellas soy pleno”. 

El automovilismo y la carrera de Felipe Zamora
Créditos: Sofía Quintero Ramos y Juan Felipe Franco C

Para los jóvenes que están empezando en el deporte automotriz, según Manuel Alejandro Rodriguez Melo, él es un referente, “es un ejemplo a seguir en el mundo del automovilismo porque tras de tener tantas enfermedades aún así sigue disfrutando su pasión con toda la energía y con mucha felicidad”.

Un ejemplo, eso es lo que quiere ser Zamora para su familia y sus seguidores, y dejarles el legado de que luchen por lo que quieren así como él lo ha hecho.“Sean lo que quieran, así como yo. Lo he tenido todo y he sido lo que he querido, me la he gozado. Mi vida es plena y si me muero en este momento yo ando en tranquilidad”. Su familia es su punto débil y con los ojos llenos de lágrimas dice que sus hijas saben que se está muriendo. “Yo paso por el cementerio y les muestro y les digo que acá me van a venir a enterrar, mi hija pequeña si se mueve y me dice que todavía no, pero es la realidad, yo solo quiero que vivan plenamente y sepan que fui y soy feliz”.

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