miércoles, septiembre 30, 2020

Santa Cecilia (Risaralda): resistencia cultural afrodescendiente

Autores: Juan Sebastián Valencia Vélez y Laura Michel Giraldo Aristizábal.

María del Pilar Machado Murillo es una mujer afro de 73 años de edad. Está sentada en su sala doblando ropa al ritmo de la turbulenta agua que choca con las piedras del encañonado río San Juan, junto a su casa. De repente entra su nieta y se arrodilla ante ella pidiendo su bendición, como si fuera una especie de deidad, a lo que ella responde: “Dios la bendiga mija”. Como esta, diferentes manifestaciones de las creencias de los afros continúan vigentes en Santa Cecilia, un corregimiento de Pueblo Rico, municipio de Risaralda.

Santa Cecilia fue noticia hace unas semanas al conocerse la denuncia de que siete soldados del Ejército habían violado a una niña de 12 años del resguardo indígena Embera Chamí. El hecho ocurrió el 22 de junio cuando hombres del batallón San Mateo de Pereira violaron a la menor de edad.

Santa Cecilia

Indígenas Embera Chamí de Santa Cecilia. Foto tomada de flickr.com/photos/ochacolombia 

Santa Cecilia es la puerta de entrada al depatamento de Chocó. Fue fundado en 1895 por familias palenqueras que se asentaron allí por su abundante flora, fauna y por la minería. El 22 de noviembre de 1924 un sacerdote español le asignó ese nombre porque se celebra el día de Santa Cecilia, patrona de los músicos.

Este poblado tiene cerca de 8.640 habitantes, según el último censo del Dane en el 2010. Su población cuenta con una inspección de policía (con presencia del Ejército), un puesto de salud, un cementerio, una escuela y un colegio, varios templos católicos y de los pentecostales, un coliseo con cancha de fútbol y baloncesto, 13 tiendas, la mitad de sus calles están asfaltadas y la carretera tiene algunos tramos pavimentados, una estación de gasolina, acueducto con deficiencias de potabilidad en el agua, energía constante, baja señal de internet y ni un cajero electrónico, 

Indígenas, afros, mestizos

Tres etnias de Santa Cecilia. Foto tomada de culturaybibliotecas.comfamiliar.com/pueblo-rico-2/ 

Antes de la llegada de los españoles, el territorio estaba ocupado por comunidades indígenas, como la Embera Chamí. Hoy tiene su resguardo allí. A unos cuantos kilómetros, subiendo la cordillera, se encuentra la cabecera municipal en donde habitan los mestizos.

También está población afro. “La presencia del grupo negro en la región data de finales del siglo pasado, aunque la conformación del palenque de Guarato fue en 1728, con motivo de la revuelta de los esclavos negros de Tadó, los cuales proyectaron con anterioridad el dominio del sector”, dice el ensayo monográfico Datos para la Historia de Pueblo Rico (1991).

Para el sociólogo Carlos Hernán Buriticá Clavijo, quien ha trabajado en la zona, los tres grupos étnicos comparten territorio, aunque se encuentran muy aislados el uno del otro y sus manifestaciones son exclusivas, visibilizando territorialidad, desigualdad y supremacía en cada territorio, aunque se puede rescatar el hecho de que mantienen muy conservadas sus tradiciones ancestrales.

En el momento en que llegaron los misioneros católicos de Burgos (España) al corregimiento, muchas de las tradiciones ancestrales desaparecieron. Atilano Córdoba Maturana, nacido y criado en el corregimiento, manifiesta que “en el aspecto de la cultura y de nuestras costumbres tradicionales, también se fue minando por la presencia casi dictatorial del presbitero Salvador Cruz Santana, nacido en España, en las Islas Canarias, quien quería que esa parte folclórica y cultural fuera perdiendo su vigencia y esa coherencia que manejábamos los negros, desde nuestra óptica, diría yo, de herencia africana”.

Además destaca, que incluso en el colegio se cantaba el himno de España en lugar del de Colombia, y los uniformes escolares presentaban símbolos de El Vaticano y de España. Había marchas nupciales y estilo de caudillo del general Franco.

Posterior a esto las tradiciones católicas impuestas también se han ido perdiendo a causa de la irrupción de la era tecnológica. Un caso en el que se evidencia este fenómeno es en la Semana Santa, en la que se ha perdido algunas manifestaciones como la procesión del Atrio Mayor, en la cual los habitantes tenían que subir al alto de una montaña, que era visitada a lo largo de la semana por campesinos de las demás veredas.

En nuestro país, el detrimento de los rituales ha sido generalizado, porque Semana Santa es ahora una oportunidad para descansar, y mientras la gente viaja, asiste a fiestas y discotecas, los afros pasean y cocinan en los ríos, se tiran en neumático por el río San Juan y celebran con reggaetón, salsa choque o rap este receso en los bares o en sus casas equipadas con potentes equipos de sonido.

Por otro lado, las devotas mujeres mayores luchan por mantener sus tradiciones, e incluso, una de ellas ha escrito canciones como la de la Virgen de Santa Cecilia, patrona de los músicos y del corregimiento, inspiradas por su entorno, percepción de la fe y de algunos santos, para mantener vigente la antaña solemnidad de los habitantes.

Doña Pilar, la cantautora

Doña María del Pilar Machado Mosquera es cantautora afro, amante del vallenato. Es reconocida por su participación en el escenario musical cultural y religioso y en este último tiene gran participación en la preservación de algunos ritos ancestrales. Esta mujer, quien además es autora de algunas canciones insignia del lugar, es reconocida también por sus conocimientos sobre los ritos ancestrales que han sobrevivido o se han combinado con los sacramentos católicos.

A continuación, doña Pilar no explica esos ritos:

Bautizo: para superar la esclavitud, el negro se sometió al bautizo con el fin de obtener su libertad y dejar de lado el estigma social. Es considerado como un ritual en el que un niño deja de ser criatura de Dios, para convertirse en hijo de Dios. Las mujeres lo consideran un arma para blindar a sus hijos contra maleficios, mal de ojo y hechicería, comunes en su entorno.

Primera comunión: vincula con mayor fuerza la participación y arrepentimiento de los jóvenes al ritual de la misa, por supervisión de los adultos. Este rito del mundo católico mantiene en este lugar sus características típicas, sin embargo, su celebración en las fechas decembrinas es motivo más de celebración para los adultos que para los niños que la realizan.

Confirmación: aunque es un rito que se hace en la adolescencia, y se puede tener un mayor poder de decisión respecto a las propias creencias, sigue siendo muy influenciado por los designios de los abuelos, como el paso previo y requisito para el matrimonio.  

Matrimonio: revela con claridad más rasgos de la cultura afro, como la poligamia, ya que el sacramento no es del todo guardado, porque en ciertos momentos, la promesa de fidelidad es quebrantada por su activo deseo sexual, culturalmente adquirido. Esta situación genera que algunas mujeres ritualicen a sus esposos mediante prácticas ocultas o tradiciones ancestrales aprendidas, como el amarre con sangre menstrual disuelta en jugo de mora. 

Este rito de paso también refleja dos sentimientos esenciales: alegría, pero también tristeza porque se pierde el compartir con los padres y hermanos, debido a que es obligatorio conformar un hogar propio y aparte.

Santos óleos: en el momento de la agonía, la persona es despedida con oraciones y cantos afro tradicionales como salves y alabados. 

Muerte: A pesar de que el catolicismo ha influenciado con el tema de guardar luto y hacer las novenas, el difunto para el negro representa fiesta e incluso las personas más allegadas, celebran este acontecimiento jugando dado, dominó, cartas, tomando biche (alcohol a base de caña de azúcar) y aguardiente. Para el negro la muerte es fiesta porque es el acabose de una esclavitud, la única manera de liberarse totalmente.

Cuando muere un adulto, nosotros hacemos el rosario y la novena, con cantos y alabanzas como el alabao y salve, los cuales tienen un sentimiento de luto y solemnidad.

Al morir un niño se celebra como Gualí, el cual es un festejo funerario realizado hasta los 7 años, en el que se cantan romances (tonadas menos tristes y más trascendentes) y se baila con torbellinos, los cuales consisten en el paso de mano en mano del niño en su ataúd, de manera circular hasta llegar al cementerio, porque es un ángel que ha ganado el cielo.

Otros rito practicado es el mal de ojo. Dice doña Pilar: “El mal de ojo es real y muchas personas tienen la facultad de ojear desde el nacimiento, o surge de la envidia que las personas guardan en su corazón, porque no quieren que el otro progrese. Y para defenderse de esto, las personas acuden a un yerbatero para encontrar una solución al mal de ojo y todos esos temas”. 

Iglesia de Pueblo Rico, Risaralda

El padre Guillermo Olmos de León, párroco de la iglesia de la localidad, explica que los afrodescendientes asumen los sacramentos, y que los principales diferenciales entre la percepción cristiana de la espiritualidad, es el matrimonio por su poligamia, y la muerte que para el negro significa fiesta, porque es el acabose de una vida de esclavitud, la única manera de poderse liberar totalmente, a diferencia del chip antropológico que tienen los mestizos de luto, pérdida y guarda.  

“Cuando alguien muere, en algunas comunidades afro se organizan y hacen una colecta económica para pagar los gastos. Es más, si esa persona no estaba afiliada a un servicio funeral, prácticamente todos los que van, recogen dinero y con eso lo pagan y se atiende la comida o la bebida. Es una expresión muy fuerte de cooperación, muy significativa, muy diciente que no la tenemos nosotros”, concluye Olmos León. 

El antropólogo Andrés Calle Noreña concluye que “los negros tienen una forma de encontrarse con ellos mismos, pero nunca van a poder volver a ser lo que ellos fueron, ya que su pasado no se puede reconstruir por lo que ellos no arribaron como grupo completo, ni de una sola parte, ni con una sola lengua, entonces lo que se salva son algunos vestigios de lo que fueron sus pueblos”.

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