lunes, agosto 10, 2020

Mascotas que alivian la soledad

María José Martínez Bastidas es originaria de Pasto (Nariño) y estudia Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Manizales. Ella vive con su mascota, Antares, un gato al cual acogió en una jornada de adopción llevada a cabo el 27 de agosto de 2018.

Con el transcurrir de los días creó un lazo con Antares, pero no era un lazo amo-mascota. “Es un cariño súper especial. Lo he humanizado un poco y lo considero como si fuera mi hijo”. Sin embargo, ese cariño ha ido más allá. En un principio ella debía sacar de su dinero para poderle comprar la arena y la comida, lo que en ocasiones la podía dejar sin comer y, cuando no tenía el dinero, ella guardaba una  porción de su almuerzo para dársela  a su “hijo”. Así pasaba igualmente con la cena. Normalmente, María José le compra una libra de alimento semanal a su gato que le cuesta 2.900 pesos. La arena le cuesta 20 mil pesos y le dura de 15 a 20 días.

Gracias a esa unión que crearon, María José en un principio llevaba a su mascota a la universidad. El cariño con Antares hacía que quisiera pasar más tiempo con él, por lo que aprovechaba los espacios libres y lo sacaba a pasear, aunque no solo era por eso. No le gustaba mucho que él se quedara solo en su vivienda. En el último semestre no lo llevó debido a que las responsabilidades académicas se lo impedían, pero, cuando llegaba a su casa, lo primero en lo que se centraba en quien consideraba su hijo. 

Al final de cada semestre ella debe viajar a su ciudad de origen pero nunca deja a su gato, a excepción de este semestre ya que viajó en avión y no contaba con los recursos para pagar el pasaje de Antares y debido a esto, recurrió a dejarlo en el hogar de un amigo de la universidad. Normalmente cuando viaja con él, lo lleva en su respectivo guacal y dentro de este le pone una cobija para que esté cómodo, y encima de él suele ponerle una chaqueta para moderar la cantidad de luz que le entre, ya que dependiendo de esta, los felinos contraen o dilatan sus pupilas.

Otro caso es el de José Manuel Mendinueta, estudiante de Administración de Empresas en la Universidad Nacional. Es procedente de Medellín (Antioquia) y es también uno de los estudiantes que tiene mascota siendo foráneo. Tiene un perro llamado Luquitas de aproximadamente un año. “Decidí tenerlo ya que estaba viviendo solo en un apartaestudio y en ocasiones me sentía solo y triste, a lo que decidí adoptar una mascota. En principio no sabía si gato, perro u otra opción, pero finalmente fue un perrito”, dijo José Manuel quien agradece la reconfortante compañía de su mascota.

En la alimentación, José Manuel le compra un kilo semanal a Luiquitas que le cuesta 11 mil pesos. A diferencia de María José, él no ha tenido que sacrificar su comida para poderle dar a su mascota ya que siempre le sobra dinero y con eso suple las necesidades de su compañero. Solo le pasó en una ocasión. Fue a comprar algunas cosas de aseo para su vivienda  y debía comprar el alimento de su mascota, algo que olvidó. Por lo tanto debió sacrificar su almuerzo y darle un poco de este. 

Él no ha llevado su mascota a la universidad debido a que le gusta estar concentrado en sus labores académicas. Sin embargo, es fiel visitante del Bosque Popular El Prado. “Esa es la segunda casa de Luquitas, yo lo suelto y parece que lo hubiera llevado al paraíso. Corre por todo lado, incluso se pierde pero siempre vuelve. Es muy obediente”.  José Manuel enfatiza en que así no lleve a su perro a la universidad, quisiera pasar la mayoría de su tiempo junto a él. “Jugar con él es mi pasatiempo favorito”. 

Cuando él viaja a Medellín en vacaciones, no siempre lleva a Luquitas. La principal razón es que se marea mucho y no le gusta verlo sufrir. Además de esto, lo lleva en su guacal pero le tiene miedo a estar en un espacio tan cerrado por lo que al inicio del viaje empieza a llorar. “Se calma como a la media hora. Pone cara de deprimido”. 

Cuando no lo lleva, lo deja en el apartamento de una amiga que, según él, ama a su perro y por eso accede a cuidarlo mientras pasa vacaciones en su ciudad.

“Cuando dejo a Luquitas en Manizales es muy duro el viaje para mí. Lo extraño mucho y me hace falta su compañía pero me calma un poco saber que lo dejo en buenas manos”, según él, su amiga lo cuida tan bien que el perro engorda más que con él mismo. 

Con todo lo anterior, se puede decir que algunas personas, en este caso estudiantes foráneos, toman la opción de adoptar una mascota para sentirse acompañados y no vivir en soledad en su temporalidad de estudio. Estos animales crearon en ellos emociones que, según ellos, no se generan igualmente que con un ser humano. Para ellos el cariño que reciben de sus compañeros es más fiel que el de un persona.

Gastos de una mascota

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