martes, julio 7, 2020

Si los animales abandonados hablaran, gritarían ‘ayuda’

El Departamento Nacional de Planeación (DNP) señaló que, para el 2017, había 2 millones de perros y gatos abandonados en las principales ciudades del país. Cifra que, sin embargo, no es del todo concreta, según un informe de la Clínica Veterinaria de la Universidad de la Salle pues no existe un censo exacto que confirme cuántos animales callejeros hay en Colombia, pues no se incluyen otras poblaciones o cuántos hay en hogares de paso.

En Colombia los animales son seres sujetos a derechos. Así lo especifica la Ley 1774 que decretó el Congreso en el 2016: “Los animales, como seres sintientes, no son cosas; recibirán especial protección contra el sufrimiento y el dolor, en especial, el causado directa o indirectamente por los humanos…”.

Manizales no es ajena a esta problemática y las cifras, al igual que en el resto del país, son inciertas. . En un recorrido desde La Catedral (Cra 23 con Cl 22) hasta la Estación Fundadores del cable aéreo (Cra 22 con Cl 31), es decir, en 9 cuadras, se encontraron cinco perros deambulando sin dueño.

Desde el 2015, comenzó a operar en la capital de Caldas el Grupo de Atención y Rescate de Animales (GARA), con el fin de rastrear animales que están abandonados, en condición de vulnerabilidad o maltrato. Buscan darles una mejor calidad de vida, además de sensibilizar a las personas sobre la tenencia y el cuidado de mascotas.

Esta entidad lleva a los canes y felinos a la Unidad de Protección Animal (UPA), programa encargado de acoger, revisar, dar atención veterinaria, recuperar y dar en adopción a estos animales.

Controles.

Jhon Hemayr Yepes Cardona, concejal animalista de Manizales, explica que, desde el Concejo, le hacen un seguimiento a varias entidades públicas, con el fin de mitigar el abandono de animales en la ciudad. “Se hace un control político a la UPA como entidad receptora de los casos de abandono; a la Secretaría de Gobierno, para pedir que sancione el maltrato animal; a la Policía, para que sus integrantes conozcan el procedimiento de la norma, y a las demás entidades que les corresponda hacer este control”.

En el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana (Código Nacional de Policía), que entró en vigencia el 30 de enero del 2017, hay un artículo destinado a la atención y cuidado que se les debe dar a los animales callejeros, especialmente los que fueron domésticos. Es el artículo 119, que se titula ‘Albergues para animales domésticos o mascotas’. “En todos los municipios se establecerá un lugar seguro, sea este un centro de bienestar animal, coso municipal u hogar de paso público o privado, a donde se llevarán los animales domésticos que penetren predios ajenos o vaguen por sitios públicos y se desconozca quién es el propietario del mismo, y que por su condición física o situación de riesgo ameriten la atención o su custodia temporal…”, señala. Esto exige el funcionamiento de lugares o fundaciones – con o sin planta física – que alberguen perros y gatos que se encuentren por las calles sin dueño o en condiciones de maltrato.

Para Jhon Hemayr Yepes Cardona este artículo se cumple en un 50% en Manizales. “Sí se cumple porque tácticamente nuestra ciudad obedece con lo expuesto en el Código; y no se cumple porque no es solo tener el albergue. Es que este cumpla con todas las garantías de bienestar animal”, sustenta. Añade que dichas garantías del artículo 119 son el principal sustento para pedir más presupuesto para los animales en el Concejo.

Más adelante, en el mismo artículo, se establece que “si transcurridos 30 días calendario, el animal no ha sido reclamado por su propietario, las autoridades lo declararán en estado de abandono y procederán a promover su adopción o, como última medida, su entrega a cualquier título”.

Adopción.

El Día internacional del perro callejero se celebra el 4 de abril. Existen 600 millones perros y gatos abandonados en las vías del mundo.

En Manizales, así como es común ver perros y gatos deambulando solos por las calles, también lo es escuchar casos de personas o familias que recogen estos animales y los vuelven sus mascotas. Es el caso de Laura González Franco que caminaba con su papá y se encontraron con una compañera de él quien tenía en su brazos una cachorrita. La señora les cuenta que la perrita estaba al cuidado de una indigente y que la iba a tirar a la calle para que la pisara un carro porque no tenía con qué mantenerla. 

“Nos dio mucho pesar y nos la trajimos para la casa. La llevamos a la veterinaria y nos dijeron que tenía entre 10 y 15 días de nacida; entonces la desparasitamos, le quitamos las pulgas, le empezamos a hacer el plan de vacunas y, con todos estos cuidados, ella empezó a recuperarse. Se volvió una perrita incondicional para nosotros”, comparte Laura. 

También es el caso de Manuela Vargas Cardona, quien cuenta que en el barrio veían mucho a ‘el Negro’; un perro que sacaron a la calle porque tenía hongos en la piel, una enfermedad venérea y le pegaban mucho. 

“Le empezamos a dar comida afuera, lo intentamos dejar varias veces en la casa, pero nos daba miedo porque, como sufría de la piel y soltaba mucha sangre, nos daba miedo que infectara a Toby (otro can que tienen)”, recuerda Manuela. 

Cuando lo tocaban, la mano les quedaba oliendo muy mal por las infecciones que tenía en la piel. Cuando lo acariciaban, se asustaba porque pensaba que le iban a pegar. “Pasado el tiempo no lo volvimos a ver. Mi mamá preguntó y le dijeron que era que le habían pegado una patada y que estaba por ahí escondido. Ya a los días nos dijeron que se lo había llevado el GARA; mi papá fue al albergue y efectivamente allá estaba el Negro. Lo llevamos a la Universidad de Caldas y lo dejaron hospitalizado dos meses porque el perrito no tenía pelo en el lomo”, cuenta Manuela. 

El Negro ya está acoplado a su nuevo hogar. A pesar de las cicatrices que tiene por su duro pasado, sus dueños lo describen como un perro dócil, juicioso y obediente. 

Razones para adoptar una mascota hay muchas. La Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA) señala que ir a un albergue y rescatar a uno de estos perros o gatos es un juego de oportunidades entre este ser y su dueño. “Darán hogar y cariño a un animal que sufrió la aterradora experiencia del abandono y desamparo e incluso el maltrato, y aunque la mayoría de animales que esperan en una jaula ser adoptados son sociables y confiados, también los hay que – debido a la terrible situación vivida – tienen miedo o son asustadizos. Si se decide adoptarlos verá la transformación de un animal traumatizado que recuperara la confianza”.

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