martes, julio 7, 2020

La venta de comestibles y locales de comida se reinventan en cuarentena

El mundo está viviendo una situación fuera de lo común. La covid-19 cambió las dinámicas de la vida cotidiana y la incertidumbre crece cada día más respecto a lo que pueda pasar en el futuro. La economía sufre estragos y, aunque algunos sectores se han beneficiado, la mayoría están afectados lo que genera temor al pensar en los contagios y las dificultades que pasan las familias.

Según el DANE, la tasa de informalidad en el trimestre móvil diciembre 2019 – febrero de 2020, fue de 45,2%, en los hombres y 48,6% en las mujeres. En esta cuarentena, muchos hogares están afectados económicamente, la informalidad crece, no obstante, buscan alternativas para cubrir sus gastos mensuales.

La Galería es uno de los sectores más afectados. Si bien allí se comercializan alimentos para el consumo de las personas, la dificultad que tienen los usuarios para ingresar a la plaza de mercado – por el pico y cédula y la medida que no permite que los vehículos ingresen hasta allá – se refleja  en las ventas. “Las personas que iban a mercar sus frutas y verduras ya no van  porque les genera pereza y molestia tener que cargar un bulto hasta donde deben dejar aparcado sus carros”, explica María Francia Valencia, comerciante de la Galería. 

Adicional a esto, víveres  como el jengibre, el banano, la cebolla, los cítricos, entre otros, tienen  un alza por las dificultades de movilidad de una región a otra, lo cual tiene como consecuencia escasez en el mercado. 

María Francia expresa que se están realizando domicilios en toda la ciudad, pero que es “desgastante”. Somos nosotros los que tenemos que dar movilidad y me parece  muchísimo más difícil, pero también es lo que nos mantiene  para poder comercializar los productos que compramos”.

La informalidad en el sector gastronómico es muy común. Puestos en la calle, personas que comercializan sus productos a través de redes sociales y por encargos, microempresas dedicadas a este sector y también la venta de frutas y verduras en general. Según un informe especial de Manizales Cómo Vamos, realizado el 24 de abril, Calidad de Vida en Tiempos del Covid-19, “en el 2019 el número de ocupados en Manizales fue de 185.671, de los cuales 111.901 tenían un empleo formal y 73.770 eran trabajadores informales. Esto quiere decir que la tasa de formalidad para la ciudad se ubicaba el año pasado en 61.3% y, su contraparte como tasa de informalidad, en 39.7%”. 

Las restricciones de salir a la calle afectan inmediatamente a los ocupados del sector informal y, posteriormente, a los del empleados formales, dependiendo del área económica. Dependiendo del tamaño de la empresa, podría ser un factor protectivo. No obstante, mantener los costos de esta – como nómina, servicios público y otros – impide a mediano y largo plazo su funcionamiento con normalidad, por el bajo flujo de movimiento económico. Para las pequeñas empresas que cuentan con poco personal, se dificulta con mayor rapidez y el impacto es mayor.

La comercialización de todo tipo de productos y servicios tuvieron  que reinventarse, sobre todo en sectores donde la presencialidad es vital para el intercambio comercial. “Productos de la canasta familiar subieron  de precio por la dificultad en temas de logística. También es un tema de oferta y demanda”, menciona la economista Juanita Mejía Ramírez. 

Por ejemplo, los restaurantes tuvieron  que adaptarse a la modalidad de los domicilios, ya que solo por este medio pueden seguir con su actividad económica. Además, el consumo bajó  mucho. Por otro lado “las empresas de productos de aseo se van a ver muy beneficiados porque la demanda ha sido muy alta, también las manufacturas de productos necesarios para el cuidado personal, por ejemplo los tapabocas, los delantales para los médicos, guantes, entre otros”, menciona Mejía. Y no podemos olvidar a los establecimientos que están sin actividad económica de ningún tipo como los bares, sector turístico, bienes raíces, entre otros. 

La economía pasa por un momento difícil en todos los sentidos y, aunque la alimentación es una necesidad básica de los seres humanos, no deja de afectarse. Los alimentos se encarecen y la preocupación aumenta en los hogares afectados por esta crisis. Adicional a eso, los establecimientos de comida no solo han tenido que reinventarse, sino que también tienen una baja significativa en los pedidos, ya que los clientes cocinan en sus casa, por economía y porque quienes comían en establecimientos, evidentemente, lo dejaron de hacer por la cuarentena. Aunque entre las cosas buenas, “se va a generar una conciencia alrededor del consumo local”, concluye Mejía. 

Más populares

Mascotas que alivian la soledad

María José Martínez Bastidas es originaria de Pasto (Nariño) y estudia Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Manizales. Ella vive...

El pero de la ciudad tecnológica

Manizales, conocida como “la ciudad de las puertas abiertas”, está encaminada a ser una ciudad inteligente. Esto implica tener avances tecnológicos que...

Manizales se la debe jugar por el turismo verde, de bienestar y de reuniones

El turismo es uno de los sectores que más producen para el PIB nacional y la economía regional. Por ello, este lineamiento...

En la hamaca pa’ la Habana

La hamaca ayuda a viajar liviano. Es un hostal ambulante, sirve para echarse a ver las estrellas, para colgarla al frente de...