El camino del agua Inicio Umcentral Ejemplo

Minería legal e ilegal, vertimientos directos, mala planificación urbana,crecimiento demográfico, intereses económicos y políticos, además de instituciones que se “tiran la pelota” a la hora de responder, de eso sufren las principales afluentes hídricas de Manizales. Mientras que la Reserva Forestal Río Blanco es un espacio lleno de vida y fauna, al ingresar a la ciudad, el panorama cambia radicalmente.



R E S E R V A

Río Blanco

Q U E B R A D A

Olivares

Q U E B R A D A

Manizales


R E S E R V A

Río Blanco


Reserva Forestal Río Blanco


En un rincón de las montañas manizaleñas hay un lugar a tres kilómetros de “la ciudad de las puertas abiertas”, donde las aguas cristalinas bañan los verdes paisajes de la región y los árboles se levantan entre mantos de nubes, mientras las aves cantan desde las alturas avisando la llegada de una nueva mañana. Así es la Reserva Ecológica de Río Blanco, un pasaje entre romeros y helechos, un auténtico bosque de niebla andino.

“No hay nada como despertar con el sonido de las aves, abrir la puerta y ver como el sol atraviesa las copas de los árboles. Justo cuando crees que no puede ser más sorprendente, ves que el Nevado del Ruíz está a lo lejos, totalmente despejado, y Manizales se ve en todo su esplendor”. Daniel Muñoz describe de esta forma el lugar en donde ha vivido durante toda su vida y del cual es guía turístico.

La reserva de Río Blanco, declarada Reserva Forestal Protectora de la Nación en 1990 por el extinto Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Medio Ambiente - Inderena, es una de las zonas con mayor biodiversidad en el mundo. Está ubicada sobre la cordillera central andina, con una extensión casi igual a 4.343 hectáreas; recorrerla equivale a correr sin parar alrededor de una cancha de fútbol por más de una semana.


Reserva protegida, un camino a medio andar


Martha Patricia García Gómez, ingeniera forestal de Corpocaldas, menciona que para declarar un lugar como protegido, se debe cumplir con criterios sociales, técnicos y ambientales.

“Una de las pautas que debe seguir es que en el ecosistema existan especies que sean irremplazables y representativas, es decir, debe haber aves, mamíferos, plantas que solo se encuentren allí. A su vez, debe ser un espacio que procure mantener la biodiversidad y en donde se protejan las especies catalogadas como amenazadas”, explica García Gómez.

Por otra parte, se debe garantizar el mantenimiento de zonas estratégicas de conservación cultural, histórica y arqueológica; allí se incluyen las que prestan beneficios ambientales para la comunidad.

Una de las mayores riquezas del área son las aguas cristalinas que caen desde los altos picos de las montañas; cada vez que un manizaleño consume un vaso de agua, está bebiendo de los manantiales de Río Blanco. La Reserva es la encargada de abastecer de agua a más del 35 % de la población de la ciudad.

Río Blanco cobija páramos y subpáramos que poseen en su interior humedales que garantizan la regulación hídrica de los ríos y quebradas que surten de agua a Manizales. Según Juan Carlos Bastidas, ingeniero de cuencas, la oferta hídrica de la zona alcanza los 1500 litros por segundo, de los cuales están concedidos a Aguas de Manizales un total de 650 litros por segundo. Es decir, con esa cantidad se podría llenar un tanque de agua en menos de un minuto. Sin embargo, de esos litros solo se utiliza una parte para el proceso de potabilización.

Hace más de 70 años la reserva estaba poblada por fincas ganaderas y campesinos que cultivaban papa. Cuando Manizales comenzó a expandirse, vieron la necesidad de crear un medio que permitiera la distribución y consumo de agua dentro de la población que venía en auge. Así fue como se construyó un acueducto que atraviesa la montaña y represa el agua en la Bocatoma, la cual es luego dirigida a la Planta Niza, donde se hace el proceso de potabilización.


La calidad del agua de la Reserva es muy buena, apta para el consumo humano, pues cumple con las normas de la Organización Mundial de la Salud OMS. No obstante, durante el muestreo del 2004 se presentó un registro bacteriológico positivo de 217,86 Ufc/100 ml (Unidades Formadoras de Colonia).



Como principales amenazas naturales de orden regional, se identifica la posibilidad de ocurrencia de sismos, por la influencia del macizo volcánico del Nevado del Ruiz.


La joya alada de Río Blanco


El cielo que recubre la reserva es un carnaval de colores por los pericos, cotorras, tororois y collarejos que danzan en los aires con sus plumajes. Abajo, en los campos extensos de árboles, hay binoculares y cámaras fotográficas que apuntan hacia las ramas altas de los pinos. Los turistas —uniformados con prendas cafés, verdes oscuros y tonos opacos— esperan en silencio poder captar algún pájaro que quiera salir a dar un paseo.

“Hay que estar completamente callados para no ahuyentar a las aves. Siempre hay que llevar el cuaderno guía de especies, así uno sabe qué pájaro está observando y la cantidad que logra ver”, comenta Juan Sebastián Montoya, estudiante de biología de la Universidad de Caldas.

Por esto, entidades como Corpocaldas, Aguas de Manizales y la administración local tienen la tarea del resguardo medioambiental, y así permitir este tipo de actividades. Sin embargo, es importante saber que ninguna de estas empresas es dueña de la Reserva, solo son las encargadas del cuidado y buen uso del sitio, pero existen predios que son de privados que también hacen uso de estos suelos para beneficio propio.

Según los servicios y actividades presentados en la página de Aguas de Manizales, referentes al turismo en Río Blanco, la reserva cuenta con 350 especies diferentes de aves, que corresponden al 18,5 % de las aves en Colombia, convirtiéndola en un atractivo para el aviturismo. Anualmente el lugar es visitado por más de 37 organizaciones internacionales interesadas en el conocimiento y preservación del área.

En la entrada a Río Blanco hay una finca de arquitectura criolla de paredes de bahareque pintadas de amarillo mostaza. Allí estaba ubicada la fundación Gabriel Arango Restrepo, un centro de estudios que pretendía la reintegración de especies; lugar donde se reunían niños y jóvenes para aprender sobre el cuidado del medio y el avistamiento de aves.

“Con el inicio de esta fundación, en octubre de 1996, el lugar se convirtió en un área de interés para el aviturismo. La fundación desapareció luego de que Aguas de Manizales y Corpocaldas se encargaran de la administración de la reserva. De igual manera los que habitamos la zona también procuramos cuidar y preservar nuestro hogar”, especifica Daniel Muñoz.

La reserva es visitada semanalmente por cientos de personas provenientes de diferentes partes del país y del mundo. El récord de avistamiento es de 124 aves en un solo día. El promedio de los fanáticos del tema es de unas 80 a 90 diarias en este punto.


Se tienen siete grandes paisajes pertenecientes a cuatro unidades climáticas en la reserva, las cuales son: Páramo Alto, Páramo Bajo, Frío y Templado


“Vamos a Río Blanco”


Ir a la reserva es toda una aventura. Hay varias formas de llegar, pero la más conocida es por la Bocatoma, en donde Aguas de Manizales capta el líquido. Minitas es el barrio vecino al bosque de niebla, donde se encuentra el camino para llegar a Río Blanco. Orlando Valencia, habitante de Minitas, menciona que para llegar a la reserva no es nada estético e, incluso, puede ser un poco repelente.

“Lo peor de ir allá es tener que pasar por los talleres mecánicos y montallantas en frente de la sede de Unitrans. Sin embargo, luego de pasar esa parte ya el camino es en carretera destapada y al lado se ve la quebrada Olivares; a veces puede oler mal, sobre todo cuando está haciendo sol porque se seca y los desechos que tiran ahí desprenden el olor”, cuenta Orlando.

Es recomendable subir hacia la Bocatoma en yip para atravesar la carretera destapada completamente en tierra. Es una experiencia pasar sobre los arroyos y las nubes de polvo que se levantan con el paso del vehículo; eso sí, hay que cerrar los ojos y taparse la nariz, No es buena idea estornudar o rascarse los ojos por las partículas y la arena que quedan suspendidas en el aire, o rascarse los ojos por las partículas que quedan en el aire.

Finalmente, luego de 20 minutos de camino a la reserva, en medio de las flores y los animales, hay una puerta azul que custodia el bosque, la misma que dará la bienvenida al destino. El ingreso es restringido y únicamente se concede el paso si con anterioridad se reservó la visita con Aguas de Manizales.

Las principales actividades económicas en la región son la producción ganadera, el cultivo de papa y el cultivo de flores a pequeña escala.


Tras las hojas y ramas hay un hogar


“Río Blanco es como un hogar para mí, me ha hecho crecer como persona valorando cada ser vivo que tiene la dicha de compartir este lugar conmigo. Como humanos tenemos que saber que este planeta no es solo nuestro, también es de los animales, por eso hay que respetar lo que la naturaleza nos ofrece”, dice Daniel Muñoz.

En Río Blanco viven tres familias que se encargan de la preservación y cuidado del hábitat de muchos animales. Son unas diez personas, todos guardabosques y guías turísticos de la zona. Segio Ocampo, funcionario de Aguas de Manizales, afirma que la reserva es la casa de más de 41 especies de mamíferos como ocelotes, venados, zarigüeyas, ratones y un curioso animal de pecho anaranjado, pelaje grisáceo y ojos que saltan de sus cuencas: El mono nocturno, que ama revolotear entre las ramas de los árboles en cuanto el sol se esconde.

Muchos manizaleños conocieron Lo que es vivir sin agua, pues en 2011 una avalancha se llevó el tubo que brindaba ese servicio a la ciudad. Por cerca de un mes 370 mil personas tuvieron que bañarse en casas prestadas y esperar largas filas en carrotanques para llenar ollas, cuencos y recipientes.

“En ese año la ciudadanía conoció los efectos que tendría en nuestra vida la falta de agua. A lo mejor haya servido de conciencia entre la gente, pues muchos tuvieron que detener sus trabajos, estudios e incluso la vida se convirtió en una lucha constante por intentar conseguir este líquido vital”, describe Juan Carlos Bastidas.

En 2019, el 16 % de la deforestación nacional ocurrió en la región Andina, desencadenando la pérdida del hábitat de especies y posibles riesgos de incendios forestales o deslizamientos de tierra. A su vez, la quebrada Olivares pertenece al 10 % de las aguas contaminadas de Caldas, impidiendo el proceso de potabilización. Estas 4.343 hectáreas son un tesoro que está a la merced del cambio climático y de las acciones del ser humano, de su protección no solo dependen las miles de especies que allí habitan, sino la vida misma como la conocemos en la capital de Caldas.


Quebrada Olivares: historia sepultada de Manizales



Q U E B R A D A

Olivares

“Era muy limpia hasta llegar a donde se encuentra el matadero, pero construyeron alrededor y la convirtieron en el desagüe de muchas casas”. Así recuerda William Ramos Eusse, de 80 años, la quebrada Olivares, también conocida con el nombre de Minitas. Lo que otrora fue un lugar de recreación y un recurso para el consumo quedó reducido actualmente a un pasadizo de aguas negras y residuos que atraviesa Manizales. Olivares, conforme con el estudio Una revisión de 25 ríos de Caldas, desarrollado por el Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional (IDEA), nace en el Alto de la Coca, a 3.162 metros sobre el nivel del mar (m s. n. m.). Su caudal baja por la Reserva Forestal de Río Blanco desde el nororiente hasta el noroccidente de la ciudad, donde desemboca en el río Guacaica de Neira, a 1.402 m s. n. m.


“En el libro 'Fundación de Manizales, un mito en apuros' se encuentra que mucha gente se asentó a sus orillas. Seguramente tomaban el agua de ahí para el consumo y para el baño. Olivares fue descubierta por la exploración de colonos antioqueños que llegaron acá”, relata el historiador Luis Fernando Sánchez Jaramillo. En 1888 se inauguró el primer acueducto municipal, que tenía una extensión de 3.550 metros y se abastecía principalmente del agua proveniente de la quebrada. Según Gloria Inés Galvis de Ramos, quien vivió su juventud en el barrio la Baja Suiza, el afluente era cristalino, con pocos vertimientos y era un lugar de esparcimiento. “No había ninguna casa, todo estaba conformado por zonas verdes. La contaminación comenzó cuando se construyó la Escuela de Carabineros Alejandro Gutiérrez en 1952, lo que dio pie a la urbanización en la zona”


A pesar de que en el oriente se avistaba impecablemente el manantial, por el occidente se visualizaba otro panorama: ante la ausencia de un basurero municipal, todos los desechos se vertían en sectores aledaños a la cuenca hidrográfica, lo que hacía que restos sólidos y lixiviados (residuos líquidos de la basura) alcanzaran y oscurecieran la corriente. Para 1991 entró en funcionamiento el relleno sanitario La Esmeralda, en la vía hacia Neira. Sin embargo, el daño ambiental no desapareció, simplemente disminuyó: aunque las basuras eran depositadas en un sitio específico, los residuos llegaban a sus aguas.

Cuando la contaminación del agua es alta, la cantidad de oxígeno disuelta en esta disminuye, lo que puede ser mortal para la fauna y la flora. En el afluente de Olivares solamente se observa vida acuática en el tramo más cercano a su yacimiento, donde el agua es cristalina.



Un recorrido por la quebrada Olivares


Un daño perenne

El IDEA actualmente desarrolla una investigación titulada Resumen diagnóstico de la quebrada Olivares-Minitas con miras a su recuperación y disfrute por parte de los habitantes de la ciudad de Manizales. Los expertos valoran desde 0 hasta 99 la calidad ambiental y la gestión de la ciudad sobre la contaminación del raudal.

Olivares es un asta fluvial importante que se divide en tres tramos. El primero abarca la hidrografía del Alto de la Coca hasta el sector de la hacienda La Aurora (a 1,5 kilómetros de Río Blanco). En este, por ser el yacimiento y ubicarse en una reserva natural, las aguas no están contaminadas.

No obstante, en las épocas lluviosas del año, se tornan turbias debido a los deslizamientos ocasionados naturalmente y por la minería de áridos, es decir, la extracción de rocas, arena y gravilla para la construcción en la parte final del tramo. Esta actividad no puede considerarse pequeña, ya que, si bien no son muchas las personas dedicadas a esto, se desarrolla desde hace décadas. Además de la contaminación del agua con basuras y líquidos, la minería fluvial deteriora la cuenca hidrográfica, porque, al retirar estos materiales de su suelo, genera más profundidad en el cauce, debilita el terreno y favorece la erosión en las laderas. La condición ambiental para este segmento, de acuerdo con el informe, es de 11,3 según la escala de valoración.

Gersaín Marín Ramírez es un arenero que lleva 22 años en la profesión. Todos los años, en noviembre, debe renovar el permiso que le otorga la Administración municipal para trabajar en la extracción de rocas de la fuente hídrica. “Aunque la Alcaldía está al tanto de las condiciones laborales, a los mineros de este tramo no nos reconocen la salud ni la pensión. Acá solo viene la Secretaría de Medio Ambiente, se lleva al que trabaje sin permiso y lo deja hasta 30 horas detenido”.

El segundo tramo se ubica entre La Aurora y la salida a Neira, en el noroccidente de Manizales. Esta sección es la más afectada, ya que alberga desechos del sector comercial, industrial y residencial. El principal factor de su contaminación corresponde al vertimiento de los residuos del alcantarillado municipal sin tratamiento sobre esta fuente hídrica. Este segundo ramal tiene una valoración de 10,1, concluyen los investigadores.

“Desde el momento en el que se evidencian viviendas y asentamientos humanos, se observa un detrimento de la calidad del recurso hídrico, asociado a las actividades productivas e invasivas de la población”, asegura Juan Carlos Bastidas Tulcán, subdirector de evaluación y seguimiento ambiental de la Corporación Autónoma Regional de Caldas (Corpocaldas).

Quebrada Olivares

Entre la salida a Neira y la desembocadura en el río Guacaica se encuentra el tercer tramo. Allí, el raudal está resguardado por vegetación densa y frondosa, pero recibe el cúmulo de contaminación que procede de los kilómetros anteriores. Los esfuerzos realizados por las autoridades se ven desperdiciados, pues proyectos como la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR), que se situará en el sector de Los Cámbulos junto al cauce de la quebrada Manizales, no disminuye la polución de las aguas que desembocan en el río Chinchiná. Lo que se evita por una fuente hídrica, se obtiene por la otra. Esta última fracción obtiene una calificación de 12,3.

Una de las características de Olivares, conforme con habitantes de la zona, es el mal olor que se genera en el torrente por los residuos que bajan con esta. Su pestilencia se intensifica por el clima: cuando hay temporada de lluvias u olas de calor. Esto lo evidencia María Esperanza Pineda Moreno, vecina del barrio La Sultana desde 2013: “El arroyo queda al frente de mi casa y los olores son impresionantes. Empeoran en la tarde y cuando llueve. Huele a puro alcantarillado”.

La calidad del agua depende, según la ingeniera química y ambiental Ángela María Salazar Arias, de la cantidad de material orgánico en descomposición que tenga, como descoles domésticos (desembocaduras de aguas residuales), lixiviados y descargas de la central de sacrificio de la ciudad. Por eso, de acuerdo con el diagnóstico del IDEA, la valoración ambiental general es de 33,7, lo que representa una calidad hídrica mala, pues para considerarse en condiciones óptimas se necesita un índice superior a 89,2.

Módelo 3D de la quebrada Olivares



Colombia cuenta con una legislación ambiental (Decreto 3930 de 2010, compilado en el Decreto 1076 del 2015) en el cual se establecen las normas para regular a las personas cuyas actividades generan contaminación en general o, específicamente, vertimientos en aguas superficiales.


Sin luz al final del túnel


Ante la problemática que tiene el cuerpo de agua, las autoridades trabajan en conjunto para darles una solución a los altos niveles de contaminación, sin embargo, al considerar que es un trabajo grupal, las respuestas de las entidades respecto de esta situación son divididas.

Corpocaldas realiza seguimiento al avance del Plan de Saneamiento y Manejo de Vertimientos formulado por la empresa Aguas de Manizales S. A., en el cual se establecen medidas de control por el derramamiento de los líquidos residuales de la red de alcantarillado a diferentes fuentes hídricas de la zona. “El control y la mitigación de los efectos contaminantes —sostiene Bastidas Tulcán— se tienen previstos en el marco de la evolución y seguimiento del Plan de Saneamiento del municipio, a cargo de la entidad encargada del acueducto”.

La responsabilidad de proveer una solución para las problemáticas existentes recae en ambas entidades y la Alcaldía: Aguas está obligada a conectar todo el alcantarillado en conformidad con el programa de trabajo, evaluado y aprobado por Corpocaldas; a su vez, la Alcaldía realiza visitas de seguimiento y control de las malas prácticas ambientales y, ocasionalmente, jornadas de saneamiento en diferentes tramos del cauce, como lo manifiesta el ex titular de la secretaría de Medio Ambiente, Juan Camilo Arroyave Ocampo.

“Sería importante que, a partir de las universidades, se planteen estrategias de tratamiento y purificación de Olivares, junto a una estrategia social que permita educar a las comunidades para conservar este recurso y evitar la descarga de desechos sólidos en él”, enfatiza la ingeniera Salazar. Además, explica que las industrias también tienen un deber con el medio ambiente.



Actualmente, Olivares cuenta con un interceptor (ducto que evita la llegada directa de vertimientos a la quebrada) que cubre parte del primer tramo y la totalidad del segundo y es monitoreado por Aguas de Manizales. Este es el único artefacto existente encargado de reducir los niveles de contaminación en el cauce. Sin embargo, aún no funciona al 100 %, debido a que en la ciudad no hay ninguna PTAR en funcionamiento y, en caso de que la haya, el proceso de conexión tardaría al menos una década, como lo manifiesta Juan Fernando Pareja Bustamante, exsubgerente técnico de Aguas de Manizales: “Para conectar Olivares con la PTAR de Los Cámbulos será necesario hacer un túnel. No obstante, el municipio en este momento no cuenta con el presupuesto para desarrollar el proyecto”. Al tener en cuenta que el recurso hídrico no podrá incrementar la calidad del agua de manera sustancial en los próximos 10 años, expertos como el ingeniero ambiental y sanitario Freddy Leonardo Franco Idárraga, miembro del IDEA, sostienen que por el momento solamente se podrán tomar medidas paliativas como reducir la extracción de materiales de arrastre y de agua, aumentar la frecuencia de jornadas de limpieza, evitar arrojar basuras y no urbanizar más a su alrededor.



Desde la Administración municipal se han desarrollado programas como la Tropa por la Vida, que constantemente realiza jornadas de limpieza en las fuentes de agua y genera conciencia en los ciudadanos.


Quebrada olivares

La revista Sostenibilidad Semana reportó en 2017 que Bogotá sufrió la misma situación con la quebrada Las Delicias hace más de una década, pero un importante esfuerzo ecológico y económico (más de $ 1.800 millones) de la Alcaldía de Chapinero, la ONG Conservación Internacional y la comunidad local logró recolectar 150 metros cúbicos de basura, sembrar más de 8.000 árboles y adecuar 120 metros de senderos. A pesar de esta mejora, el compromiso social disminuyó con el tiempo y comenzaron a verse de nuevo los estragos del abandono. Con esto quedó demostrado que la responsabilidad ambiental de la sociedad y el empeño de las administraciones son los factores determinantes para que todos los ecosistemas respiren nuevos aires.


Q U E B R A D A

Manizales


Lo que huele mal en la quebrada Manizales


El olor a alcantarilla provoca una incontrolable repulsión, penetra en el olfato hasta el punto de sentir mareos y cambiar el estado de ánimo. El agua, que normalmente de nacimiento debe ser transparente, posee una tonalidad gris y amarillenta que se mimetiza con las rocas cercanas. Residuos de cemento, tablas de madera, botellas de plástico, manchas de aceite y otras sustancias químicas fluyen por aquel torrente espumoso llamado quebrada Manizales. “Uno se acostumbra a lo bueno y lo malo, pero siempre huele a podrido. Unas veces pasa más gris y negra. La contaminación es lo único que sobra y las ratas que hay, no parecen ratas, sino perros”, asegura José Agudelo Daza, quien desde hace 20 años vive en el barrio Verdún, paso obligado de este afluente.


Quebrada Manizales

Cerca al puente en construcción de Maltería, se encuentra un camino rocoso y destapado el cual es la única vía de ingreso y salida que tiene Verdún. Un barrio que tan solo con 10 metros de distancia de la quebrada, ha tenido que soportar los olores fétidos y las grandes crecientes de la microcuenca, que inundan por completo sus viviendas.

María Cristina Hernández, líder comunal del barrio ubicado en el suroriente de Manizales, comenta que la negligencia del Gobierno local prima en el sector, pues el bienestar de la niñez y los derechos para tener una calidad de vida óptima no se cumplen. Entre esos, los artículos 79 y 80 de la Constitución Política, los cuales exigen que las personas deben gozar de un ambiente sano.

“El Estado sabe que residimos alrededor del agua y en los 22 años que llevo acá solo vienen cuando estamos en época de elecciones para pedir votos, cuando no nos han puesto ni siquiera una caneca para las basuras. Muchas veces eso es lo que termina en la quebrada”, agrega María Cristina.

Por su parte, José menciona que en varias ocasiones ha intentado comunicarse con Corpocaldas, ya que no cuentan con un contenedor de basuras, ni con la ayuda de Emas para transportar los residuos semanales correctamente.

Según Jony Albeiro Arias Ortegón, profesional especializado en protección a ecosistemas, páramos y humedales, las viviendas como las de Verdún, se deben reubicar. “Para esto existe un plan por parte de la Administración municipal, ya que se encuentran en zona de alto riesgo de avalancha o inundación como ya ha pasado anteriormente”.

En respuesta a esta problemática, Juan Carlos Bastidas Tulcán, profesional especialista en vertimientos y subdirector de evaluación y seguimiento ambiental de Corpocaldas, menciona que “existen canales de comunicación como la línea de atención de PQR y el correo electrónico institucional, a través de los cuales los usuarios del departamento se ponen en contacto con la entidad para denunciar delitos ambientales, asistencias y asesorías ante tratamiento y conflictos del medio ambiente”.

Cambios en la quebrada Manizales

En la primera imagen se puede observar la coloración azul que se generó en la quebrada ante un tratamiento incompleto de aguas residuales no domésticas de la Súper de Alimentos / la segunda se muestra como está la quebrada Manizales después de 9 meses de aquel incidente.

La quebrada Manizales se ve afectada por la zona industrial de la ciudad. La rodean 60 empresas entre ellas Progel, Súper de Alimentos y la Industria Licorera de Caldas. Según Santiago Zuluaga Botero, ingeniero químico y docente de la Universidad Nacional, estas vierten sustancias químicas como mercurio, zinc, cobre, plomo, níquel, grasas y aceites, las cuales afectan la concentración de oxígeno del agua y la pérdida de vida silvestre dentro y fuera de ella. Son 35 litros por segundo de aguas residuales que caen a la quebrada Manizales, lo que equivale a tres baldes y medio de 12 litros cada uno, tanto materia orgánica como inorgánica se descomponen en el cauce la mayoría del tiempo.

Cinco años sin progreso


En el 2015, ante la contaminación de la microcuenca del sector de Maltería, Corpocaldas y Aguas de Manizales hicieron entrega de un interceptor de 3.3 kilómetros de longitud, que se extiende desde el antiguo Madeal hasta Progel, Con el objetivo de que las empresas industriales se conectaran a este para verter sus aguas residuales. Pero los constantes daños han hecho que su funcionamiento no sea óptimo, además falta la construcción de tres kilómetros para llegar hasta la futura Planta de Tratamiento de Aguas Residuales - PTAR, que estará ubicada detrás del terminal de Transportes.

Cada industria de este lugar tiene la responsabilidad de tramitar los permisos de vertimiento y manejar sus propios desechos. También deben cumplir con la conexión de alcantarillado de Aguas de Manizales para evitar la contaminación. “Hasta ahora, de las 60 compañías industriales que existen en el lugar, solo la Licorera de Caldas ha hecho los debidos procesos para conectar la parte residual doméstica, pero no la de vertimiento industrial”, aclara Juan Carlos Penagos Londoño, exgerente de Aguas Manizales.

La historia de la PTAR ha estado marcada por dos convocatorias internacionales, ambas anuladas por reparos o por contar con un solo proponente. Aunque el costo inicial era de 110 mil millones de pesos, ya se tasa en por lo menos 150 mil millones de pesos. “Aguas de Manizales está haciendo una valoración para retomar la Planta de Tratamiento de Aguas, en la que se tiene en cuenta la actualización presupuestal y la materialización de riesgos identificados. La reformulación se hace con un trámite ante el Viceministerio de Aguas para ajustar las condiciones técnicas y económicas del proyecto. Se espera reformular y tener la asignación de recursos por parte del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible a más tardar a principios del 2021 para que se vuelva a abrir el proceso. Todo esto depende de la participación de las empresas, que son las responsables directas de sus vertimientos”, explica Penagos Londoño.

De acuerdo con Javier Mauricio Naranjo, docente de la facultad de Ingeniería Ambiental de la Universidad Católica, si se logra retomar el proyecto de la PTAR, su función sería purificar el agua residual de las organizaciones, para luego tener el agua limpia y dejar en los equipos los lodos, que son los sobrantes de materia orgánica y contaminante. El desafío técnico es saber qué se va a hacer con los lodos, ya que se les hace un tratamiento de biodigestión y quedan estabilizados como biosólidos, es decir, como una especie de arena.

“Se busca una alternativa para que no se disponga de un relleno sanitario. En algunos países los queman y los convierten en energía, como en Holanda. También los usan como abono de cultivos y producción de materiales de construcción. Lo que buscamos es valorizar estos biosólidos”, explica el docente Naranjo.


“Necesitamos una colaboración, hicieron la doble calzada y nos dejaron sin por dónde pasar, quedó la carretera muy peligrosa, necesitamos una caneca para echar la basura, ya que Emas solo pasa cada 15 días, con la comunidad hicimos unas canecas de basura con madera, y como llueve la basura se está quedando por fuera”, asegura Maria Cristina Hernandez Muñoz, líder del barrio Verdún.




Corpocaldas cuenta con la Resolución 469 del 2014, que consiste en implementar estrategias tanto sociales como económicas para mejorar la calidad de agua de las fuentes hídricas de la subcuenca del río Chinchiná y la microcuenca de la quebrada Manizales. Además, cuentan con la Resolución 544 del 2015 en la cual se desarrolla la tasa retributiva —un costo económico— sobre los usuarios que aportan carga contaminante a los recursos naturales. Pagan por contaminar y esos recursos se utilizan para recuperar el afluente.

Con las industrias se hace control sobre la calidad de los desechos que terminan en la quebrada, y para esto existe un equipo de trabajo que periódicamente hace muestreos de la microcuenca, para verificar que los desechos cumplan con la norma.

“Desafortunadamente la norma permite que se deseche agua no del todo descontaminada. Lo que hacemos entonces es tratar de guiarnos por la Resolución, asimismo se controla todo el tema minero con sus planes de manejo, evitando que el proceso se realice de manera inadecuada”, agrega Jony Albeiro.



En la zona alta hay actividad minera, en la zona media hay actividad industrial y alrededor hay viviendas que también entregan sus vertimientos sobre esta quebrada. Todas esas actividades afectan y contaminan el afluente.


Más agua y menos mercurio


Cerca del alto del Colmillo, donde nace la quebrada, se encuentran minas de oro como La Cascada, La Coqueta y Farallones, las cuales presentan micro afluentes que convierten el suelo en un área pantanosa e inconsistente.

El mercurio en las minas, en su mayoría de oro, es importante para realizar los procesos de amalgamamiento y extracción del mineral, ya en el punto final de producción. Pero, al ser un metal pesado, se convierte en un contaminante para la fauna silvestre y las aguas naturales.

Es por esto que, a partir del 16 de julio del 2018, se prohibió el uso de mercurio en la actividad de extracción minera en Colombia, como se especifica en la actualización del artículo 3 de la ley 1658 del 2013, sobre la reducción y eliminación de esta sustancia en el medio.

“El mercurio lo siguen utilizando las personas que hacen explotación minera bajo cuerda. Hay que entender que existe un mercado negro, que la minería ilegal se sigue trabajando y que esta gente es responsable de dicha contaminación en la quebrada Manizales”, dice Juan Carlos Arias Duque, ex administrador de la mina California en Manizales.


Protocolos industriales


La Industria Licorera de Caldas (ILC) tiene un plan de manejo ambiental aprobado por Corpocaldas. Actualmente cuenta con diez programas que son la carta de navegación, dentro de estos planes existen dos específicos para el manejo, control y seguimiento de las aguas residuales domésticas e industriales.

“Tenemos una matriz de aspectos e impactos ambientales donde tenemos identificadas todas las áreas de la empresa, ya que son procesos muy diferentes: unos son administrativos y otros de producción. Estos residuos, al ser distintos, en cada área se les hace un manejo específico cumpliendo con la normatividad actual vigente y dando cumplimiento al plan. Hacemos esta caracterización y realizamos un seguimiento”, dice Aureliano Durán González, profesional especializado en asuntos corporativos y encargado del proceso de responsabilidad social de la ILC.

A pesar de la información dada por la Industrial Licorera de Caldas, no quedó claro el porqué no hacen parte del proyecto de conexión con la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de sus vertimientos industriales.

Empresas como Súper de Alimentos y Progel, que también vierten sus aguas a la quebrada, no respondieron acerca de los protocolos que están implementando para evitar la contaminación y por qué no hacen parte de la conexión con el interceptor para realizar sus vertimientos.




Según Mercedes Vargas, geóloga y encargada de las licencias ambientales, esta corporación se encarga de hacerle un seguimiento a las industrias que no cuentan con las licencias de vertimientos, ya que el incumplimiento de esta tiene repercusiones económicas.



En la nueva construcción del puente de maltería que dará acceso al SENA y la zona industrial muchos residuos están cayendo a la quebrada, frente a esta situación Juan Carlos Bastidas recomienda que “se debe denunciar a Corpocaldas, indicando información precisa de los infractores, con el fin de realizar el seguimiento respectivo mediante lo cual se le permitirá a la corporación la aplicación de las medidas pertinentes en su papel de autoridad ambiental”.


Alternativas


Con el fin de proporcionar diferentes estrategias para mejorar la calidad del agua de la Quebrada, se habló con Mercedes Vargas Aguirre, geóloga de Sinam (Servicios Integrales de Ingenieria Ambiental SAS), quien explicó que, más que herramientas de desinfección, se debe crear conciencia para que las personas aprendan a hacer un buen uso de los elementos que se desechan.

“Hay mucho desconocimiento con el aceite de cocina. Muchas empresas que toman esos residuos los convierten en aceite diésel, esto hace que no afecten tanto el medio ambiente”, menciona la experta. Actualmente se hacen campañas con proyectos como Guardianes de la Ladera y con Emas, a través de programas integrales de residuos sólidos, donde retiran de la cuenca componentes que afectan la quebrada.

Para Frank Alberto Cuesta, experto en Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente, existen algunos tratamientos anaerobios que se podrían utilizar con bacterias que no requieren oxígeno y otros con bacterias aerobias, que sí lo necesitan para que a partir de estos elementos se hagan una serie de tratamientos que servirían para descontaminar poco a poco la microcuenca. “Habrá otros procedimientos más especializados, como con los humedales artificiales, microfiltraciones y luz ultravioleta, en la que se recuperan algunos nutrientes del agua residual y los devuelven al mercado como fertilizantes. Algo así como una economía circular, tratando de aprovechar lo que más se pueda”.

Según Santiago Zuluaga, ingeniero químico, el problema radica en la parte gubernamental, en este caso Corpocaldas, que se basa en solo medir la concentración del agua y eso es un error, lo que se debe medir es la carga contaminante, donde se calcula directamente el compuesto por metro cúbico o tonelada dispuesta en el cuerpo hídrico, y de esta manera sí habría una trascendencia en el proceso de descontaminación. “Pero mientras tanto, las industrias prefieren seguir pagando multas, que hacer una inversión para mejorar la quebrada”.


En la quebrada hay una gran incertidumbre, ya que la contaminación es tan alta que el tratamiento que se va hacer con la PTAR no es suficiente (ver infografía), aunque se haga este proceso no se podrán remover todas las sustancias químicas que afectan la calidad del agua. “Con este tratamiento no hay ningún problema, pero para remover todos los residuos petroquímicos se necesita un proceso adicional, donde por medio de una reacción química con otros compuestos más fuertes, como el peróxido de hidrógeno o flúor, pueden degradar casi todas las sustancias petroquímicas”.

Un tratamiento químico para lograr que el agua sea más potable, varía entre los 6 - 10 USD/ 3m³ (1000 litros). Sin embargo, El costo para diluir el agua —que en medida global disminuye la concentración del compuesto—, es de 2 USD/m3. “Es allí donde las empresas no están comprometidas, ya que es una inversión grande que se debe hacer”, aclara Zuluaga.

La intención tanto de Aguas de Manizales como de Corpocaldas es que las industrias hagan parte del interceptor para que pueda haber una continuidad y posible mejora frente a los vertimientos. Pero, “no podemos obligar a la gente a que se conecte, ya que ellos pueden acogerse a la Resolución 631 de 2015, por la cual se establecen los parámetros y los límites permisibles para verter aguas residuales en fuentes hídricas, como la quebrada Manizales y a los sistemas de alcantarillado público -”, concluye el gerente de Aguas de Manizales.


Para cuidar la quebrada, entidades y programas como la Secretaría de Planeación de la Alcaldía, Emas, Corpocaldas y Guardianes de la Ladera hacen campañas para retirar algunos residuos sólidos que afectan la calidad de agua.


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