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Cuando llega la depresión post-party

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La fiesta electrónica duró dos días en una finca desocupada a dos kilómetros de Santágueda, vereda de clima cálido, a 40 minutos de Manizales. La depresión pos-party no sabe cuánto permanecerá.

La casa de la finca tiene dos pisos llenos de habitaciones en las que casi un centenar de asistentes hacen lo que les dé la gana. Esa noche se vende poco trago, algunos toman ron y la mayoría bebe agua embotellada o Gatorade. Todo parece normal hasta la mitad del set del primer dj, cuando los rumberos comienzan a agitar y a beber de sus botellas. Las  pupilas se dilatan y unos aspiran un polvo rosado que recogen con llaves y luego llevan a sus narices.

La euforia de un fin de semana de baile, licor y drogas culmina con una invitada poco deseada: la depresión post-party. El bajón. Cuando se es joven y el cuerpo se acostumbra a esto, nada parece detenerte y la rutina se mantiene. Con el paso de los años, sin embargo, los síntomas post-party empeoran.

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No solo se trata de algunos shots o “pases” de drogas, la realidad es que estas sustancias deshiniben la actividad de la corteza cerebral. Foto: El Ciudadano.

El universitario David Martínez recuerda que al día siguiente de la fiesta en esa finca se despertó repentinamente con el cuerpo bañado en sudor. Quería desaparecer y a la vez extrañaba bailar. No había suficientes rayos de sol que le ayudaran a superar la depresión que sentía. Sus síntomas de bajón, según los expertos, se debe al  consumo excesivo de alcohol y sustancias psicoactivas. Estos actúan sobre el sistema nervioso central, disminuyendo las tensiones y las inhibiciones. Generan excitación y euforia, no obstante, luego llegan cambios notables en el estado de ánimo. Alteraciones que afectan el rendimiento y aprendizaje de los jóvenes.

Al menos 520 mil estudiantes de colegio en Colombia han consumido drogas psicoactivas por lo menos una vez en su vida. Esa cifra representa al 15,9% de adolescentes entre los grados séptimo y once, y confirma que el consumo se convirtió en un problema de salud pública para el país. Los datos están contenidos en el informe de Consumo de sustancias psicoactivas en población escolar en Colombia, publicado en junio de 2018 por el Ministerio de Salud, y revela que mientras el uso de alcohol y tabaco en niños y adolescentes bajó, el de sustancias psicoactivas (como el éxtasis y la cocaína) va en aumento.

La familia

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Las drogas no actúan igual en los consumidores. Foto: Eltrece.com.

Karol Vanessa Bedoya, psicóloga del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, explicó que existen situaciones recurrentes en los jóvenes que los llevan a consumir drogas: que los padres no tengan mucho tiempo para monitorear a los hijos, o que sean padres o madres solteras que deben dejar sus hijos al cuidado de terceros; también influyen las familias disfuncionales en donde hay comportamientos de consumo de los adultos que los inducen a repetir este tipo de patrones.

Mauricio Arbeláez es psiquiatra y, entre sus múltiples pacientes, trata a personas que tienen problemas de abuso de sustancias psicoactivas. Él explica que estas drogas generan disparos de dopamina que, junto a la endorfina, serotonina y oxitocina, es conocida como una de las hormonas de la felicidad. Esto se traduce en intensas sensaciones placenteras que después, cuando el efecto acaba, los niveles de dopamina tienen que recuperarse y se producen sensaciones depresivas.

“Me siento mal después de una fiesta, no percibo los olores y la comida me sabe a nada. No le encuentro sentido a la vida”, afirma Martínez. Ante esto, Arbeláez explica que estos síntomas se deben a que el cuerpo trata de recuperarse de un periodo de falta de sueño. “Todos tienen tiempos diferentes para dormir, entonces, después de cada fiesta, el cerebro recuerda cuánto sueño tiene que reponer”. Las pesadillas que muchas veces acompañan esta situación son consecuencia de varios días de no dormir y por el efecto de la cocaína, el éxtasis, el ácido lisérgico (LSD) y demás sustancias que se usan para permanecer despierto en las rumbas, indica el psiquiatra.

Claro está, no todas las sustancias actúan igual en todos los cuerpos. Hay factores que van desde la cantidad que se consume, pasando por la edad, el estado físico y la personalidad. “Incluso influye el estado de ánimo en el que se encuentre la persona que consume”, indica Bedoya.

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Depresión, tinta china sobre papel canson por ArseniKo

Abusar del placer produce depresión. Esto es para cualquier estímulo placentero: si se abusa de él, luego vendrá una  sensación de cansancio y tristeza. “Las drogas divierten, desinhiben, animan, deprimen, provocan distensión… Pero no liberan”, concluye Arbeláez.

A pesar del cansancio, la depresión o el fuerte bajón que le produce un fin de semana de rumba y excesos, David Martínez no piensa parar. Para él, las drogas no son ni parte de la solución ni parte del problema; son sustancias distorsionadas por las relaciones sociales. “Mis amigos y yo seguiremos en cada fiesta, disfrutando de los momentos de felicidad que ellas nos ofrecen. No debemos asustarnos por lo que sentimos después, es cuestión de aprenderlo a manejar”.

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