Jaime Pineda

“La revolución siempre será el símbolo del país que sueña”: Jaime Pineda

En portada

A pesar de ser un hombre que se ha caracterizado por estar al servicio de la comunidad, conseguirlo, contactarlo y conocerlo es un desafío. Solo se le puede encontrar por correo electrónico y a ninguno de sus cercanos les gusta hablar sobre su vida privada. No se ha podido adaptar al celular, le cuesta la comunicación inmediata y hace algún tiempo volvió a las cabinas telefónicas. Es un alma vieja en un cuerpo de treinta y nueve años.

La poesía es su forma de expresión. Habla sobre el conflicto colombiano como un poeta que declama versos de algo que ha vivido. Su tono de voz es plano y pausado. No susurra, no grita. Sin embargo, consigue envolver a quien le escuche cuando narra sus experiencias en el sur del Tolima, con la reforma agraria y con las madres que enterraron a sus hijos por causa de la guerra.

Lo primero que se percibe al entrar en su oficina es el olor del cigarrillo. Se levanta de su escritorio gris con pocas cosas encima: un computador, un teléfono fijo, un lápiz en una esquina y un bolígrafo sobre del libro que lee: Un aspecto de la violencia, de Alonso Moncada. De fondo suena música instrumental. 

Jaime Alberto Pineda Muñoz nació en 1980. Se considera hijo de la urbe, ya que vivió toda su infancia en Bogotá. Proviene de un linaje liberal arraigado en su familia desde sus bisabuelos, quienes se criaron en medio de la guerra. Mueve sus gruesas manos constantemente, sobre todo cuando se le pregunta por algo que no tiene preparado, aunque cuando se trata del conflicto colombiano no titubea, cada una de sus respuestas parecen sacadas de un escrito preestablecido. 

Jaime Pineda
En la ventana de su oficina tiene pegadas fotografías y afiches alusivos al campo, la violencia y el arte. Fotos: Yony Zuluaga.

¿Cuál es su postura frente al Acuerdo de Paz?

Considero que a un país como Colombia le cuesta mucho negociar sus conflictos, porque no son conflictos en el ámbito de lo reconciliable. Lo que se negoció en La Habana tiene todo que ver con la decisión histórica que toma una insurgencia como las Farc-Ep de dejar las armas.

¿Cómo confiaron en la voluntad del Estado colombiano para hacer la paz? No sé. Por ahí decía un viejo: si Manuel (Marulanda) estuviera vivo, esa paz con Santos no la firma. No sé cómo la insurgencia creyó en el Estado colombiano. Para mí el proceso de paz reciente hay que leerlo en clave del fin de la lucha armada de las Farc-Ep. Pero en un proceso de paz el Estado también tenía que desmovilizarse y no lo hizo. 

¿Es decir que usted no confió en el proceso como lo mostraba el Gobierno?

Para nada. Yo llegué a confiar más, cuando leo la historia, en el proceso que gestionó y acordó Belisario Betancur con la tregua de 1984 porque -además de poeta- era un intelectual capaz de pensar con otras lógicas, diferentes a las que había en juego tanto en el gobierno de Santos como en el de este personaje de ahora (Duque). La pregunta no es por los nombres sino por las estructuras, los gobiernos y lo que estos administran. El país no transita, los que están transitando son los compañeros de las Farc; de la lucha política con armas a la lucha política sin armas.

¿Cree usted que para defender las ideas es necesario alzarse en armas?

No se puede preguntar, y mucho menos responder, sin el recurso de la Historia. El Estado que durante el siglo XX cerró las vías políticas a los sectores revolucionarios en la lucha por el poder político. La relación entre ideas y alzamientos armados no se puede abordar sin contexto. Ahora, en este momento histórico de esa relación, estoy de acuerdo con la decisión que tomó las Farc-Ep de abandonar la lucha armada y luchar sin el recurso a la violencia revolucionaria por sus idearios políticos.

¿Qué tan completo o incompleto piensa que estuvo el Acuerdo de Paz?

Considero que es el mejor acuerdo al que se podía aspirar.

 En las circunstancias actuales, ¿qué futuro le ve al proceso?

El proceso de paz tiene futuro si las comunidades y la sociedad civil se empoderan de los puntos que afectan las dinámicas en los territorios.

 ¿Cómo ve la implementación que ha hecho el gobierno Duque del proceso?

No considero que este Gobierno tenga prioridad en la implementación del Acuerdo. No pienso que esté interesado en cumplirlo. 

Jaime Pineda
Pineda trabaja en la producción biográfica de un periodista del semanario de izquierda Voz. 

¿Cuál es el análisis que hace de la situación de los líderes sociales en el país?

Es un hecho lamentable, sistemático, que nunca ha dejado de pasar. Lo que me pregunto es por qué le empezó a interesar a los medios de comunicación el tema de los líderes sociales, cuando desde hace mucho más tiempo, incluso antes de firmar el acuerdo de La Habana, ha habido violencia política y asesinato masivo de estos líderes, cuya responsabilidad ha estado centrada en la fuerza pública.

¿Cuál es la responsabilidad del Gobierno frente a la defensa de sus derechos? 

El Estado es un aparato de guerra y los gobiernos lo administran. Yo no pienso que este Gobierno sea garante de los derechos humanos y tampoco pienso que, responsable de crímenes de lesa humanidad, esté interesado en detener el exterminio de líderes sociales.

Militancias

Según un artículo publicado por El Tiempo, el 17 de junio de 2007, Jaime fue capturado por la Fiscalía Primera Especializada de Manizales, sindicado del delito de rebelión. En 2017 recibió una amnistía como parte del proceso de paz y se conectó con Tolima y Cauca para entender cómo se iba a organizar el movimiento revolucionario y campesino y el movimiento indígena por fuera de la lucha armada.

¿Cómo generó estos lazos con el sur del Tolima?

Yo cruzo del Cauca al sur del Tolima para poder pensar cómo se iba a posicionar el discurso de la reforma agraria, ese gran sueño agrario que es el lugar de ensoñación del país de la revolución. La revolución siempre será el símbolo del país que sueña.

La segunda expectativa era reconstruir historias de las mujeres que habían estado vinculadas a la gran memoria del dolor, mujeres que lo perdieron literalmente todo. Parir en medio de la guerra, eso basta para que el dolor sea un lugar común. En el sur del Tolima muchas madres habían enterrado a sus hijos de maneras imaginativas porque la mayoría de esos cuerpos nunca volvieron a aparecer. Hay algo que todavía no existe en nuestra lengua: si nosotros perdemos a nuestros padres somos huérfanos, cuando las mujeres pierden a sus esposos quedan viudas, pero si una madre pierde un hijo… esto no tiene nombre.

¿Cuál es la realidad de zonas del Tolima y Caldas que fueron afectadas por la violencia?

Son regiones que hoy se enfrentan al amargo desengaño de la implementación fallida de los Acuerdos de La Habana, sobre todo en el sur del Tolima. Caldas es un proceso diferente al no ser declarada zona prioritaria. Aquí las transformaciones han iniciado desde el trabajo de las comunidades, lideradas desde los resguardos indígenas.

Manizales es considerada como el mejor vividero de Colombia. ¿Cuál es su realidad frente al conflicto y la guerra? 

Más allá de las banalidades mediáticas que circulan en torno a esta ciudad, la respuesta hay que buscarla en el pasado de las luchas y huelgas obreras que ha vivido Manizales, así como el papel del movimiento estudiantil en distintos momentos históricos presionando la solución política al conflicto, o el análisis de la concentración y el despojo de tierras propio de la economía cafetera.

Una visión final

Jaime Pineda
Cada pequeño rectángulo de papel alberga pensamientos anotados por Jaime, con letra menuda, durante el día.

Jaime creció y se formó en un entorno marcado por los acontecimientos del conflicto armado desarrollados en las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado y del 2000, como el exterminio de la Unión Patriótica, el asedio del paramilitarismo, la guerra de masacres, los desplazamientos forzados, el intento del proceso de paz del gobierno Pastrana y la zona de despeje de San Vicente del Caguán.

En medio de todos estos contextos surgieron sus intereses en el estudio del conflicto y, finalmente, expresa que se hizo la primera y única pregunta seria que se ha hecho: “¿Qué significa habitar entre palabras que construyen paz y silencios que va dejando la guerra?”.

No admira a nada ni a nadie que no tenga que ver con el campo filosófico. En Marx, Hegel y Nietzsche encuentra su mayor complacencia y afinidad. Percibe esta rama del conocimiento como el origen y sentido de las cosas, más profundamente desde que se sumergió en la realidad histórica del conflicto colombiano.

Él es licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas, siguió sus estudios de Maestría en Filosofía en la misma institución y después realizó su doctorado y postdoctorado en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud con la Universidad de Manizales. Además de la filosofía como acción del pensamiento, solo tiene fe en algo: la palabra. Para él no hay nada por fuera de esto. Ve a Dios como un signo de dominación cultural y la reducción del ser humano a su condición más vacía.

Hoy trabaja con la Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (Cinde), un centro de investigación y desarrollo con sede científica en Manizales. Se enfoca en las perspectivas políticas, éticas y morales de la niñez y la juventud.

¿Para usted qué significa el conocimiento?

Somos hijos de una civilización que ha construido un relato en torno a lo que significa conocer. No es universal, pero es parte de lo que nosotros heredamos. Yo estoy ligado a esa pregunta por el conocimiento que es asombro, que es poder arrojarse a lo desconocido.

¿Cómo relaciona la filosofía con los estudios que ha realizado sobre conflicto?

Se relaciona en tres horizontes diferentes: la íntima relación política del desarrollo del conflicto armado, las luchas sociales y el despliegue histórico de la lucha de clases; como un presente de reflexión que le urge a este fenómeno de violencia, guerra y resistencia que hemos vivido en Colombia; y como un saber que no se ocupa de lo que viene sino de lo que está siendo y de lo que ha sido. Especula poco y no es prescriptivo, como el derecho, la moral o la religión.

He oído música en el estruendo del combate y he hallado paz donde las bombas escupían fuego”, es la estrofa de un poema en el trabajo de grado de su Maestría en Filosofía Geopoética de la Guerra.

¿Cómo se puede encontrar arte en la guerra?

Solo en el arte cabe el dolor después de la guerra. Solo la poesía, la pintura y la música pueden ser lugares para poder sentir lo que afortunadamente no hemos vivido en primera persona estando expuestos a ella.

¿Ha tenido aspiraciones políticas?

Aspirar a la vida política es aspirar al “buen vivir”. No tengo aspiraciones al poder, sino al deseo de vivir en común, como la única posibilidad de existir más allá del simple hecho de vivir.

Sucede que…

Jaime Pineda
Jaime Pineda, filósofo.

Vestido completamente de negro, chaqueta, camiseta básica, pantalón ajustado y botas militares, se tocaba la abundante barba negra cada vez que tenía que analizar una respuesta. Por momentos, el ocaso de la tarde manizaleña, que iluminaba tenuemente el lugar, teñía de rojizo el prominente vello de su cara. La cara rapada y los ojos oscuros que se mantenían por detrás de unos lentes anchos y negros combinaban con el temblor de sus manos, que se mantuvo durante toda la entrevista.

Jaime ¿por qué le tiemblan las manos?

Por el humo del cigarrillo y la caída del muro de Berlín.

Jaime siempre ha rehusado el contacto con la prensa, pero esta vez halló una oportunidad para dejar un registro de lo que ha sido y de lo que ha hecho. Y para sellar el encuentro de una vida que se ha desenvuelto entre la lucha agraria y la poesía, declama, sin titubeos, la primera estrofa de su poema favorito: Walking around de Pablo Neruda:

“Sucede que me canso de ser hombre

Sucede que entro en las sastrerías y en los cines

marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro

navegando en un agua de origen y ceniza…” 

¿Cómo se ve en 20 años?

Muerto.

 

PERIODISTAS

Manuela Buitrago

Yony Zuluaga

 

También le puede interesar  el tema la mujer en la tras-escena de los conflictos en Colombia

La mujer en la tras-escena de los conflictos en Colombia

Y crónicas sobre la violencia en el oriente de Caldas

Tiempos de violencia en el oriente de Caldas: “Eran gente como nosotros”