William Vicente Moreno Millán

William Moreno Millán: el cuidador del parque de Chinchiná

En portada

William Vicente Moreno Millán baila por el parque de Chinchiná con una guayabera de flores tropicales, su sombrero vueltiao, un bastón decorado con cintas peludas de todos los colores, una escoba -que él mismo fabricó- de la que penden cuatro peluches: dos osos, un perro y un tigre; en el cuello lleva su radio, en el que sintoniza todo tipo de música, desde baladas y música cristiana hasta La Quemona. Al son de estas baila la mayor parte del día. 

Es el quinto hijo de una familia de cuatro hermanos oriundos de Honda, Tolima; es padre de una niña de 15 años y un niño de 16 años, con los cuales no tiene contacto desde el 2006 cuando entró en el mundo de las drogas. Vende boletas para suplir sus gastos personales y ayudar a quienes se lo piden. Es común verle en las mañanas con una bolsa llena de panes y termos con café, preguntando a quienes se encuentra, si ya desayunaron o si tienen hambre. Los comerciantes del parque lo buscan cada vez que necesitan algún favor, pues saben que siempre los ayudará con una sonrisa.

Wilson Vicente Moreno en parque de Chinchiná, con sus elementos de trabajo. Fotos Silvana Bustos Restrepo

Es una persona vigorosa, tiene 41 años pero solo algunas marcas de expresión se encuentran alrededor de la boca -quizá de sonreír tanto-, es delgado y en las manos lleva cicatrices de “su vida pasada”. Los días los pasa desyerbando las zonas verdes del parque, recogiendo colillas de cigarrillos, separando basura, organizando los locales que se encuentran al aire libre y bailando, siempre bailando. Baila con los extranjeros que visitan Chinchiná alrededor de la Taza de café más grande del mundo, ¡Qtipo loco!, dicen a menudo.

Aunque regaña por ensuciar el pueblo, los habitantes lo quieren y cuidan. Para ser una persona que vivió 10 años en la calle, cuida muy bien de ella, como si fuera su casa, como si fuera a recibir una visita.

¿Por qué recoge la basura del parque todos los días?

Porque hay personas que entraron a colegios, escuelas, universidades y doctorados, y hoy en día no tienen valores. No se puede andar con los hijos y dejar la basura por ahí. Cuando el niño crece va aprendiendo y va haciendo lo mismo. Yo hago esto es para darles testimonio y conocimientos para que no lo hagan. Para que sepan que estamos a tiempo de comenzar a aceptar nuestros errores, modificarlos y corregirlos… hay que cuidar la naturaleza.

¿Qué le dice la gente cuando se pone a limpiar el parque?

La gente es feliz porque les estoy enseñando buenas cosas, a cuidar el parque. Yo me pregunto si así como tiran basuras en las calles, tiran basuras en sus casas. Se debe ser correcto y dar ejemplo.

¿Cómo llegó a las calles?

Comencé a trabajar vendiendo boletas de un lado a otro, también en ciertos lugares vendiendo pantalones. Pero me camuflaba en las drogas. ¿Por qué? Porque lastimosamente la droga después de un tiempo se convierte en mentira: ¡que no!, que yo no consumo… mentira, yo lo era. La sangre se le va contaminando y al final eso es peor que un cáncer. Se siente hervir la sangre y uno tiene que rebuscarse para conseguirla. 

Wilson Vicente Moreno
La música siempre lo acompaña. 

¿Cómo es la relación con sus hijos?

La historia con ellos es muy pesada porque cuando yo estaba en las drogas ellos lloraban por mí, también mi exmujer. Hoy en día ellos están contrariados porque yo cambié. Hace días fui a llevarles unas frutas, salió mi exesposa, me contó que los niños estaban en el colegio y yo le dije que los esperaba ahí afuera; a las dos horas ella salió y me dijo “es que los niños no lo quieren ver”. Da nostalgia porque yo ahora solo quiero poder enseñarles buenas cosas para que no pasen por lo que yo tuve que pasar.

¿Guarda algún rencor?

No, yo no guardo ningún rencor, solo pido al señor que se metió con mi esposa en ese entonces, que cuide y quiera a mis hijos.

¿Cómo es la relación con sus hermanos?

Siempre he sido el niño de la casa, pero me gusta ser independiente. A cada uno hay que respetarle su privacidad porque ellos tienen sus esposas, sus hijos y uno no puede interponerse en la crianza de sus hijos. Por eso me fui de la casa, para alejarme de esos conflictos, aunque no la llevamos muy bien y siempre aviso cuando voy a ir a visitarlos. Pero a mis cuñadas les falta mucho por mejorar, les falta humildad porque un día no tuvieron nada y a pesar de que hoy lo tienen todo y de sobra, puede que luego no.

¿Qué significa para usted el dinero?

Para mí el dinero significa un instrumento de servicio para uno adquirir cosas y no coger nada ajeno. La cuestión no es lo material, la cuestión son las cosas espirituales. Lo material se consigue, pero lo espiritual no tiene precio.

¿Cómo es su día a día?

Me despierto a la 1:00 a.m., me doy un baño, oro y vuelvo a acostarme hasta las 6:00 a.m. que salgo de la casa con muchas energías positivas a trabajar, sin trampas, sin malas mañas, ayudo a todo el que me lo pide y así me quedo en el parque. Al medio día voy a almorzar en el restaurante San Fernando y vuelvo al parque, hasta la noche, a las 10:00 p.m. me voy a descansar.

¿Cuál es la compañía que más disfruta cuando está en la calle?

Compartir con Dios cada segundo, yo bailo mirando hacia el cielo porque él siempre me está acompañando.

Wilson Vicente Moreno
Foto: Silvana Bustos.

¿Cuál es la época que más disfruta del año?

Cuando cumplen años mis hijos, el 4 de febrero y 8 de marzo. Es la época que más disfruto porque están recibiendo vida y salud.

¿Cómo es un ciudadano ejemplar?

Un ciudadano ejemplar es un servidor de Dios. Y yo siento que soy uno de ellos.

¿Un momento que recuerde en el parque?

Yo soy feliz bailando. En estos días en lo de la Taza de café más grande del mundo, Soto, el cantante de acá, estaba cantando en la tarima y me dio cosa dejarlo solo, subí al escenario y me puse a bailar con él y todo el público empezó a bailar con nosotros. Ese es un recuerdo muy lindo.

¿Para usted qué es el amor?

El amor es servicio. Servir sin interés.

William le da la última vuelta a la base de la Taza de café más grande del mundo, recorre nuevamente el parque con una guadua adecuada como cenicero y recoge las basuras que encuentra en el piso, llena de agua los puntos de hidratación para los perros callejeros y se va para su casa bailando. Entre paso y paso, entre canción y canción recuerda que aunque para algunos la calle es un infierno, para él, es un paso más cerca al cielo, a su cielo.

PERIODISTAS: Silvana María Bustos y Pedro Pablo Leaño Torrado

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