Embarazo en mujeres jóvenes, lo que callan las mamás

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¿Juan José o Santiago? Se preguntó Daniela cuando tenía 19 años, con ojos oscuros y una barriga desproporcionada, donde crecía el fruto de un amor de cuatro años y medio, que ya había terminado. Se decidió por el primero, ese sería el nombre de su bebé.

Embarazo en mujeres jóvenes
Foto: Silvana María Bustos.

De acuerdo con un informe del 2018 de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), América Latina y el Caribe son las subregiones con la segunda tasa más alta en el mundo de embarazos adolescentes. En la región hay 66,5 nacimientos por cada 1.000 niñas de entre 15 y 19 años, cifra solo superada por África. En latinoamérica, el 15 % de los embarazos anuales ocurre después de los 20 años.

Todas las mujeres suelen afrontar la noticia de un embarazo de diferentes formas. Daniela se enteró cuando tenía mes y medio de gestación, una situación difícil de enfrentar porque la relación con el padre de su hijo ya había terminado y él se encontraba saliendo con una compañera del trabajo de ella. “Yo no estaba preparada para ser mamá, cuando me di cuenta sentí que se me vino el mundo encima, que se me había acabado la vida”, comenta. Sentir que el mundo se acaba y que se terminaron las oportunidades es común, en especial cuando se es joven. 

Algunas mujeres piensan en abortar, es la opción que consideran más fácil cuando se enfrentan a un embarazo no deseado. Ese fue el caso de Vanessa Cardona, quien en el 2007, cuando tenía 16 años, abortó con unas pastas que consiguió fácilmente en una farmacia de su municipio. “Fui a una fundación en Dosquebradas, allí me dijeron cuáles eran los métodos que podía usar. Me mencionaron las pastillas pero allá todo era muy caro, entonces las compre acá, en la farmacia del parque. Me tomé una y la otra la introduje por la vagina, recosté las piernas sobre una pared y a la hora ya estaba sangrando”.

Embarazo en mujeres jóvenes
Foto: Silvana María Bustos.

El día del parto tenía 33 semanas (lo ideal es que el bebé nazca a las 40 semanas), se encontraba en el almacén donde trabajaba. Cerca de las 5:00 p.m rompió fuente en la vitrina del local. “Pensé que me estaba orinando, le gritaba a mis compañeras que me ayudarán porque tampoco era capaz de parar, hasta que llemi jefa y me dijo ´vámonos para el hospital´”. Ese día, según Daniela, aprendió que los hijos llegan cuando quieren, no cuando uno lo planea; que armar el bolso o practicar la respiración para el parto no era tan importante. Aprendió que la maternidad empieza con las lágrimas más amargas que jamás se imaginó derramar.

En un boletín sobre depresión que el Ministerio de Salud publicó en el 2017, se evidencia que de todas las personas que sufren de esta afección el 70 % son mujeres, y de ellas, el 58 % presenta depresión postparto. A pesar de que esta condición es más común de lo que se cree, todavía está marcada por el estigma social que evita que muchas madres pidan ayuda a tiempo.

La depresión post parto

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Dolor, miedo, ansiedad, tristeza y vergüenza no es lo que una madre espera sentir luego de dar a luz a su bebé. Al menos, no es lo que la sociedad parece esperar de ella. Sin embargo, así se sentía Daniela, quien después de empezar su trabajo de parto en un espacio público, dio a luz a Juan José, un bebé de 3.400 libras y 52 cm. “Nadie me dijo que se sintieron solas, asustadas y raras después de tener a sus hijos. Nadie me lo dijo y sentí que no debía decírselo tampoco a nadie”, asegura. No quería tener cerca a su hijo, le fastidiaba su llanto e incluso lo dejaba solo en su cuna.

Aborto
Infografía: Silvana María Bustos.

Carlos Andrés Quintero Cardona, médico general, explica que durante el proceso de gestación, la energía de la madre va disminuyendo, esto debido a que el bebé que se está formando consume más a medida que crece, eso significa que mientras la fuerza de la madre baja, la del bebé sube. Algo clave para combatir el desaliento en el embarazo es una buena alimentación, el último trimestre es en el que mejor se debe alimentar, pero a su vez, es el momento en el que menos comida cabe en el cuerpo debido a que el estómago se reduce para dar lugar a la placenta, que día a día aumenta de tamaño.

Por otro lado, Vanessa, después de seis años de abortar, quedó nuevamente en embarazo. Esa vez tampoco se sentía lista para ser madre. La diferencia radicó en que se enteró a los siete meses de gestación. “Yo estaba un poquito gorda pero creí que era solo eso, hasta que un día el bebé me pateó. Me asusté y fui a urgencias. La doctora se rió y me dijo: ´Mamita asustese cuando el bebé no se mueva, pero si la patea es que todo está bien´”. Yo no quería ser mamá nunca y si me hubiera enterado antes también habría abortado”.

Daniela recordaba con nostalgia los días que se despertaba por las mañanas, servía su desayuno y se sentaba a disfrutar de un café, tomaba un baño de al menos 45 minutos, se vestía con sus mejores prendas y amaba lo que veía en el espejo. Después del nacimiento de Juan José su vida ya no era tan suya, ya no se reconocía, no tenía días libres, no descansaba. A pesar de no llevar su embarazo con felicidad, de no disfrutar las etapas que este le ofrecía, siempre se asesoró para que su bebé naciera sano.

Karol Vanessa Bedoya Jaramillo, psicóloga, explica que lo mejor es entender que la respuesta frente a qué hacer ante un embarazo no deseado solo puede provenir de las personas directamente involucradas. Son la madre y el padre quienes deben tomar el control de la situación e intentar valorar todos los factores de manera independiente a las opiniones ajenas: “Son ellos los que después van a tener que convivir con lo que decidan. Lo aconsejable es que si hay desorientación o confusión, se busque ayuda en un profesional”.

El embarazo, mes a mes 
A continuación se encontrará una línea de tiempo en la que se explicará el crecimiento de un bebé en el vientre.

 Así suena el embarazo y el parto

¿Cómo crece un bebé?

“La depresión posparto es la patología materna más frecuente. Las madres no lo suelen decir espontáneamente y muchos profesionales sanitarios no están formados para detectarla. Las mujeres que padecen este tipo de depresión tienen sentimientos de extrema tristeza, ansiedad y cansancio que les dificulta realizar las actividades diarias del cuidado de sí mismas y de otras personas“, explica Bedoya Jaramillo.

Las cosas no cambiaron mucho para Vanessa cuando nació su hijo Gerónimo. Habían pasado solo 12 días y ella salió corriendo y se fue tres días de casa. “Yo hacía todo por inercia, lo cuidaba, amamantaba, pero no me sentía feliz ni triste, hasta que me fui, nunca supe q pasó en esos tres días, ni recuerdo dónde estaba. Solo recuerdo que vi a una mamá descuidada que por ver unos zapatos soltó a su hijo de la mano y al niño casi lo pisa un carro. En ese momento volví a mi casa y nunca quise volver a separarme de Gero”.

Embarazo en mujeres jóvenes
Foto: Silvana María Bustos.

Carlos Arturo Cifuentes, ginecólogo, dice que después de dar a luz, los niveles de hormonas (estrógeno y progesterona) en las mujeres bajan rápidamente. Esto genera alteraciones químicas en el cerebro que pueden provocar cambios en el estado de ánimo. Además, muchas de ellas no pueden descansar tanto como deberían para poder recuperarse totalmente del parto. La falta constante de sueño puede generar incomodidad física y agotamiento, factores que pueden contribuir a los síntomas de la depresión postparto.

En medio del acoplamiento a su nueva vida, con todo y las tristezas que llevaba a cuestas, Daniela, cuando Juan José tenía mes y medio de nacido, se dio cuenta que estaba nuevamente en embarazo. Esta noticia terminó de golpear su estado emocional y fue internada en la Clínica San Juan de Dios. “La depresión posparto no tiene una sola causa, sino que es consecuencia de una combinación de factores físicos y emocionales. No ocurre por algo que una madre hace o deja de hacer”, explicó Bedoya Jaramillo.

En la clínica, en un proceso que duró dos semanas, la ayudaron a organizar su mente para adaptarse a su nueva vida como madre y aceptar su nuevo embarazo con amor. Ahora Daniela vive con Juan José de cuatro años y Emiliano de tres; y Vanessa con Gerónimo, de seis. Analizan la situación con más calma, aunque tienen días en los que la culpa por no haber recibido con amor a sus hijos las sensibiliza. No verse igual en el espejo, poco a poco, ha dejado de ser importante porque no podrían pedir otra vida que no fuese junto a sus hijos.

 

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