Padre Fabo

Cuestionada la historia de Manizales del padre Fabo

La Voz de Caldas: 1926-2019
Padre Fabo
Padre Fabo. Foto agustinosrecoletos.org/

Dura crítica recibió la obra Historia de la Ciudad de Manizales, escrita por el padre Fabo de María por parte del cronista J. Palex de LA VOZ DE CALDAS. El texto fue premiado en el concurso abierto por el Concejo para celebrar los 75 años de la ciudad.

Dice LA VOZ que debemos valorar esta obra por el tiempo invertido en la investigación, reflejado en “setecientas páginas en octavo mayor” y que con ella el padre Fabo ajusta 25 textos escritos por él, pero… a primera vista la obra carece de “falta de originalidad”. La investigación se basó en los trabajos de historiadores como Restrepo Maya, José Tomás Henao, Emilio Robledo y Enrique Otero D’Costa. “El padre Fabo amplia con su prosa la doctrina historial de aquéllos, y agrega poco más de nuevo que no sean datos estadísticos”.

Asegura LA VOZ: “Creemos nosotros que a la obra le falta el sabor netamente regional; porque Manizales, antes de ser la ciudad prodigio, el pueblo cuasi providencial que pinta el académico, en un recargo de hipérboles enfadosas, fue el villorrio antioqueño donde se dieron cinta los elementos humanos de todas las clases y condiciones, que han dado fisonomía única a estos pueblos de ascendencia montañesa”.

Agrega: “Ampliamos un poco más la idea, diciendo que la historia fue recogida de preferencia entre ciertos destacados, echando de menos las fuentes populares. Un ejemplo: la historia de Manizales tiene singulares bellezas en los crímenes celebres; de esto  poco o nada menciona el autor. La historia del acueducto con la inauguración de la pila, es otro motivo que tiene particularidades únicas. Los curanderos, como El Tullido Andresito y Ña Soledad, tampoco aparecen en la historia, y hay que ver lo que ellos agitaron la crónica en los tiempos de su empirismo. En cuanto a los pormenores acaecidos en Manizales durante las guerras civiles, dice tan poco el historiador, que bien puede colegirse que de esos temas no hizo penetración. Del teatro y las modas, no recogió los ecos”.

Y va otra crítica: “Peca la obra de un grave defecto: el recargo de elogios. Figuran en la obra personas tan de poco relieve, con retrato y todo… se dedica tanto a otras, que con una línea hubiesen tenido”.

Por último alaba el trabajo de la editorial Tipografía Blanco y Negro.

Sábado, 27 de noviembre de 1926.  La Voz de Caldas

Padre Fabo

La Real Academia de Historia de Navarra España (dbe.rah) cuenta que fray Pedro Fabo del Purísimo Corazón de María nació en Navarra (España) en 1873. Este historiador, biógrafo y etnólogo ingresó a los Agustinos Recoletos y allí comenzó los estudios eclesiásticos. En 1895, antes de finalizar su formación teológica, viajó a Bogotá para ayudar en la restauración del templo La Candelaria. En 1896 recibió la ordenación sacerdotal y se incorporó a una misión en Arauca y en Casanare hasta 1899. Además el Gobierno de Colombia lo nombró agregado y capellán de la comisión mixta demarcadora de los límites geográficos entre Colombia y Venezuela.

Pero sufrió persecución y destierro, como otros misioneros por parte de los liberales, cuando hizo parte de la misión de Manare, en 1901. Se fue para Venezuela, y allí recogió romances y datos históricos de los indígenas que publicó en las revistas La Ciudad de Dios, y España y América.

En 1904 regresó a Bogotá para ser prior del convento de El Desierto, y rector del recién inaugurado seminario. En 1910 fue sacerdote en la iglesia de la Candelaria. En 1914, en Roma, fue designado como el cronista de la Orden de Agustinos Recoletos.

La producción literaria del padre Fabo comprende obras de carácter histórico, biográfico, etnológico, filológico y espiritual; también escribió novelas costumbristas. Algunas de sus obras reconocidas son: El doctor Navascués (Bogotá, 1904) e Idiomas y Etnografía de la Región Oriental de Colombia (la mejor valorada por la crítica). Perteneció a la Academia de Historia Nacional de Bogotá, a la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, a la Sociedad Antropológica de París, a la Academia Colombiana de la Lengua, a la Sociedad de Americanistas de París, etc.

El padre Fabo fue criticado por el escritor Fernando Vallejo en su libro El Cuervo Blanco (obra que recoge la vida del filólogo bogotano Rufino José Cuervo, autor del Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana).

Cuenta Orlando Cadavid en su columna de opinión La astucia del padre Fabo (La Patria, junio 23, 2013) que Vallejo escribe en su obra que desde Francia llegaron a Bogotá 28 bultos de libros de Rufino (quien había fallecido) con destino a la Biblioteca Nacional; que de estos habían 50 libros de Rufino Cuervo “que venían sin empastar para que lo hiciera”.

Pero, dice Vallejo: “El trece de septiembre el sacerdote y filólogo español Pedro Fabo Campo sacó de la Biblioteca en calidad de préstamo el epistolario de Cuervo para realizar un trabajo encargado por la Academia Colombiana, y hasta allí llegó el milagro, aquí empezó el acabose. La infinidad de cartas que había recibido Cuervo en el curso de medio siglo y que conservó con sus sobres tal cual las recibió, las sacaron de los sobres, a los sobres les quitaron las estampillas o sellos y sobres y cartas por igual se empezaron a desaparecer: se los llevaba fulano, se los llevaba zutano, se los llevaba mengano porque eran familiares, amigos o admiradores de Cuervo”.

Así que Vallejo acusa: “En cuanto al padre Fabo, no venía de parte de la Academia: iba a participar en un concurso sobre Cuervo convocado por la Academia, que es otra cosa. Tres tomos se escribió a la carrera, de los cuales el tercero era una selección de las cartas conservadas por Cuervo, según él unas tres mil, y ganó el concurso, pues en este tomo están varias de las cartas desaparecidas. Por lo menos el maldito cura (sic) las transcribió y publicó”. Por ello Vallejo llama al padre Fabo: “El desaparecedor de cartas”.

El padre Fabo, a causa de una hemorragia cerebral, falleció en Roma en 1933.

Miércoles, 27 de noviembre de 2019. Natalia Marulanda. UmCentral

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La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Escuela de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Manizales

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