Cementerio universal

Aquí yace la memoria del Cementerio Universal de Manizales

En portada

Cuando en Manizales se habla de difuntos, las personas hacen referencia a lugares como el cementerio San Esteban, el cementerio Jardines de la Esperanza o el crematorio Juana de Arco. Sitios comunes en donde les dicen adiós a los seres queridos… y a los no queridos también. La pregunta es: ¿dónde están los que no son camposantos? ¿Existen? ¿Son acaso solo prófugos de la memoria o también borrones del territorio?

cementerio universal
Los osarios son los que le dan la apariencia de cementerio al Universal. Los años se han ido consumiendo las lápidas. Algunas ya figuran sin nombre. Foto: Laura Castaño Giraldo.

En el barrio Los Álamos, frente al Instituto Latinoamericano Bilingüe, reposa un terreno cuadrado que se esconde tras un par de paredes y una reja blanca de hierro que dice Cementerio Universal. Esa estructura poco ostentosa es la guardiana del recuerdo de quienes allí yacen. A través de ella, las miradas curiosas pueden observar paredes gastadas llenas de osarios, algunos muros que dividen la tierra y un púlpito sin ornamentación en dirección perpendicular a la entrada.

Cruzar esa barrera no es sencillo. Por la fuerza no se puede y por lo idóneo tampoco porque unos candados se aferran a su labor de no dejar pasar a nadie. ¿Un timbre? No hay. ¿Una persona? Tampoco. Solo hay una perra negra que ladra de vez en cuando. En el día, el Cementerio Universal es un misterio. Las escasas personas que pasan por allí ya no lo observan, siguen de largo.

Los vivos

Enseguida del Cementerio hay una casa verde pálida pequeña. Al tocar la puerta, sale una mujer mayor, con cabello gris, en compañía de una niña. Ella no proporciona mucha información, pero dice que quien se hace cargo del Cementerio llega luego de las cinco de la tarde. La mujer tiene razón. Antes de que se desvanezca la luz del día, un hombre de unos 70 años, con gorra, botas de caucho, camisa manga corta de cuadros y un paraguas, llega para darle vuelta a aquel lugar intrigante.

cementerio universal
Evelio de Jesús Monsalve sostiene el cementerio con el dinero que logra recibir cuando parquean carros en las noches. La sola factura del agua cuesta aproximadamente $150.000. Foto: Laura Castaño Giraldo.

Su carisma hace que quien hable con él suelte los nervios que podría producir la visita a una necrópolis. Con disposición y amabilidad se presenta como Evelio de Jesús Monsalve. Él, junto a la mujer que dio su referencia, es decir, su esposa Ana Teresa Valencia, son desde hace 19 años los que habitan y cuidan el Cementerio Universal.

Tras de muerto, anónimo

cementerio universal
Foto: Laura Castaño.

La historia de este lugar está en manos de esta pareja. Para el resto de la ciudad, el Cementerio no existe o no se le conoce por algo más que por su nombre. Cuando se le busca en internet, escasamente figura en Google Maps. Pero eso no es lo preocupante. En la Alcaldía de Manizales no saben qué es. Entre las secretarías se tiran la pelota para dar información sobre este lugar que dejaron en el olvido. Solo la Oficina de Bienes Inmuebles, de la Secretaría de Hacienda, pudo confirmar que es propiedad del municipio.

Sin embargo, hasta el momento de publicación de este texto, la dependencia no había contestado un recurso de petición que solicitaba información sobre la propiedad, las licencias, su fecha de fundación, entre otros aspectos. Nada más que una nota del periódico Q’hubo, del 31 de marzo de 2019, y los testimonios de Ana Teresa y Evelio de Jesús permiten saber más de este rincón desconocido.

“Este cementerio se fundó como en el año de 1950 debido a que los curas de ese entonces eran muy opositores al entierro de los no creyentes”, dice Evelio. Por esto es que no hay símbolos religiosos en ningún lado. Solo concreto, tierra y lápidas. Pero don Evelio afirma que luego de un tiempo se empezaron a enterrar católicos “porque a la gente, después de que se muera, se le acaba la religión y la creencia”. Eso lo dice desde su posición como evangélico.

De la funcionalidad de este Cementerio queda poco. Hace 5 o 6 años se enterró el último difunto. Eso suma, de acuerdo con estimaciones de don Evelio, unos 3 mil cuerpos humanos sepultados. Sus tumbas y osarios reciben de vez en cuando visitas, pero no tantas como antes. Doña Ana Teresa agrega que al Cementerio “casi no viene nadie. A veces pasan los meses y no llega gente”.

Llegar a vivir donde otros llegan luego de morir

El guardián del Universal dice que llegó allí con su esposa y con su hija por casualidad. Él es vigilante en un edificio cercano y, hace 19 años, un señor de nombre Carlos Rivera le ofreció tomar la vivienda que hay en el Cementerio. Don Evelio primero se negó por el mal estado de la misma, pero el hombre le propuso organizarla entre los dos y terminó aceptando la oferta.

Ahí hay que aclarar algo: don Evelio nunca ha recibido remuneración por su labor en el Cementerio. Con la ocupación de la vivienda llegó el compromiso de cuidar el sitio, pues Patricia Montoya, la última administradora que se responsabilizó de él, dijo, según lo que afirma don Evelio, que ella no se pondría a lidiar con autorizaciones de licencias. Así que dejó al Universal a cargo de él en 2014.

cementerio universal
Evelio de Jesús Monsalve, Ana Teresa Valencia, su nieta y su bisnieta viven en el Cementerio Universal. Foto: Laura Castaño Giraldo.

Pero la tarea de este hombre no se limitó solo a cuidar el espacio. Hace varios años una señora fue a sacar los restos de su madre y a él no le quedó más remedio que hacerlo con sus propias manos. Ahí perdió el escrúpulo y continuó con su labor de sepulturero.

Miedo de los vivos, no de los muertos

Cementerio Universal
Foto: Laura Castaño Giraldo

La famosa pregunta para quienes habitan dentro o cerca de un cementerio busca desentrañar si allí asustan. Esta pareja coincide en que sí, pero ninguno les teme a estas situaciones. Doña Ana Teresa dice que “el que pasa y hace daño es la persona que está viva; el muerto, no”. Don Evelio sostiene que “el muerto no vuelve” sino los siete espíritus diabólicos que lo acompañan.

Ahora, el Cementerio Universal no es más que el hogar de estos dos adultos, de su nieta y su bisnieta y el baúl de la memoria de quienes están  sepultados allí. Solo en las noches funciona como parqueadero. Eso genera unos ingresos mínimos que ayudan a combatir el olvido al que al parecer lo sometió la Administración Municipal.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *