Calle de Buenos Aires, 1925

Hay 14 caldenses pobres en Buenos Aires, Argentina

La Voz de Caldas: 1926-2019

Un llamado de angustia formuló en agosto 1926 el cónsul de Colombia en Buenos Aires (Argentina) Guillermo Ospina, al gobernador de Caldas, Daniel Gutiérrez y Arango, por la presencia de 14 caldenses en esa ciudad. La misiva fue publicada en LA VOZ DE CALDAS el 17 de noviembre de ese mismo año.

Sostiene Ospina que el señor Aristizábal, familiar del Gobernador, fue a pedirle ayuda al Consulado porque iba a tener una intervención quirúrgica en el Hospital Rawson de la capital argentina (en donde quedó internado).

“Con este antecedente ruego, al señor Gobernador con la mayor atención, se sirva indicar en ese departamento de Colombia, la inconveniencia de venir a buscar trabajo en la República Argentina a inmigrantes que no gocen de extraordinario vigor físico, capaz de, en último término, poder dedicarse con él a las faenas de la cosecha, únicas abiertas a toda clase de trabajadores sin preparación”.

Advierte que desde hace años viene alertando sobre “la escasa preparación que traen  los inmigrantes colombianos, y en mi Relato Estadístico de 1922, informaba que solamente los trabajadores con cierta preparación debían pensar en venir a buscar trabajo en donde la generalidad de las gentes tienen una mayor preparación en la artes, oficios e industrias. Si se fuera a juzgar la enseñanza primaria y secundaria nuestra, por las personas que vienen en busca de trabajo aquí, se podría pensar que la enseñanza práctica moderna de las clases trabajadoras, está totalmente descuidada entre nosotros”.

Dice que a la fecha hay catorce caldenses en Buenos Aires en pésima situación económica. “El señor Gobernador comprenderá que fatalmente tienen que asediar este Consulado, y con mayor razón, cuando se tienen ideas confusas de las obligaciones consulares y de los recursos con que cuenta éste; siento inútil explicarles que es un consulado servido hace 10 años honorariamente y dependiendo en sus apariencias del patriotismo e interés del cónsul, en dar apariencia de una organización consular adecuada”.

Argumenta que prácticamente él mismo sostiene el Consulado y por lo tanto no está en capacidad de solucionar los problemas económicos de sus compatriotas. “El señor Gobernador podrá imaginar la inconveniencia de ver llegar continuamente y sin interrupción de ninguna clase uno o dos o más colombianos que vienen esperando un trabajo inmediato, o falta de él, el apoyo pecuniario de un Consulado sin recursos…”.

Informa que “hoy (agosto 1926) regresan a Calarcá los colombianos Rengifo, Ospina y Gutiérrez; pero ellos mismos aseguran que hay varios amigos listos a emprender el viaje para acá en busca de mejor fortuna. Además el señor gobernador puede suponer lo poco que significa el repatriarse cinco colombianos si quedan acá 25, y con la seguridad de nuevos contingentes que habrán de llegar a engrosar las filas de desocupados”.

Compara que mientras un europeo pobre en Argentina no recurre al consulado de su país en Buenos Aires, “nosotros somos más familiares en nuestras costumbres y se imagina que el funcionario público en el exterior es un favorito de la suerte y en condiciones de excepción”.

Por último dice que los argentinos ya comienzan a preocuparse por la presencia de cafeteros pobres en su ciudad. “Qué interés podemos despertar acá si mostramos únicamente la más angustiosa pobreza en todo sentido”, puntualiza el señor cónsul Guillermo Ospina.

Miércoles, 17 de noviembre de 1926.  La Voz de Caldas

Mi Buenos Aires querido

Tranvía de Buenos Aires
Tranvía de Buenos Aires

Hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX Buenos Aires (capital de Argentina) vivía una gran prosperidad económica, reflejada en la infraestructura urbana, en los servicios públicos (en 1913 ya tenía el primer tren subterráneo de Iberoamérica), en el tráfico comercial, en la construcción de un nuevo puerto.​

Ese progreso iba paralelo a la presencia de ideas comunistas y socialista

 

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