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Carlos Mario Marín: el Alcalde sin filtro que tendrá Manizales

En portada
Carlos Mario Marín Correa
Carlos Mario (el mayorcito) con sus primos

“Esa cierta irreverencia que he demostrado dentro del Concejo ha servido mucho para que las personas se sientan representadas, para que se ponga la voz en alto”, eso expresaba Carlos Mario Marín Correa cuando era concejal de Manizales en el periodo 2016-2019.

Hoy, el hijo de Carlos Alberto y Martha Lucía, esposo de Valentina Acevedo Cruz (a quien le pidió la mano en el Taj Mahal, India), criado en el barrio Villa Pilar, es el nuevo alcalde de Manizales para el periodo 2020-2023.

Lo de la irreverencia lo dice por las controversias que ha generado en relación al proyecto urbanístico de la constructora CFC; al acusar a la Alcaldía de cooptar a los periodistas de Manizales, al rechazar a los costeños como interlocutores, al realizar comentarios considerados sexistas y homofóbicos.

En el 2018 lo encontramos en el recinto del Concejo, cuando era concejal. Su cara es un círculo casi perfecto y parece pegada al tronco (su cuello no se ve por el saco que luce). Sus párpados caídos, sus ojos café un tanto achinados y sus labios sin curvatura lo hacen ver como un joven serio, como si llevara sentado en la silla negra mucho más de los tres años que lleva como edil.

Pero ¿quién es Carlos Mario Marín?

Familia

Carlos Mario Marín Correa
Carlos (más grande) y su primo Santiago

Su tía Liliana Marín Serna lo define como alguien sociable, amable. Recuerda entre risas lo que ocurrió en una reunión familiar en una finca en Neira: “Solíamos acostarnos a conversar todos sobre diferentes temas y Carlos Mario (siendo un adolescente) de un momento a otro dice: ´¡Abuelito, yo voy a ser presidente de la Republica! ¿Se lo aseguro´. Todos quedamos como ¿qué? Nos reímos…, pero ahí comenzó”.

Le gusta montar en bicicleta. Trabajó con la Oficina de la Bici y adelantó la iniciativa La Bici está de Moda (en el 2018 tenía 11 mil seguidores en Facebook, hoy suman 30.436). La usa todos los días, cuando llueve fuerte usa un carro cuyo modelo no recuerda. Le gusta el fútbol y cantar.

Que era serio y enfocado, eso se oía por los pasillos del Agustín Gemelli, su colegio. Silvana Torres, una compañera, no olvida que sus cachetes se le tornaban rojitos por la neblina. Un día una estudiante le dijo que parecía un abuelo, y así lo apodaron, el Abuelo.

Mateo Loaiza Alfonso, otro compañero, sostiene que Marín se comprometía con lo que se proponía, y Juan Carlos Serna, profesor del Gemelli, cuenta que era “sensible a las necesidades de las personas”. Al punto que llegó a ser personero estudiantil.

Un día Mauricio Lizcano lo invitó a una reunión con las juventudes del Partido de la U. en la pastelería La Suiza. “Yo era peludo, despelucado, jugaba fútbol todo el tiempo y llevaba la sudadera rota. Así me fui, medio descomplicado”, narra con una sonrisa que disminuye cuando relata que en esa reunión algo no le gustó: “Trataron muy mal a una líder de la Comuna Cinco porque algo les salió mal… y eso no era política para mí, debía ser algo lindo”. Meses después se vinculó con la campaña de Sergio Fajardo, en la que cada uno pagaba su camiseta porque no tenían finanzas. “Eso es lo que me gusta a mí”, se dijo Carlos Mario. Así inició su camino con el Partido Verde.

En la Universidad Autónoma estudió Ciencias Políticas y una especialización en Alta Gerencia. Fue Presidente Regional de la Federación Nacional de Representantes Estudiantiles (Fenares), y co-director de las Juventudes Caldas del Partido Verde.

Carlos Mario Marín Correa
Carlos izquierda) con otro adolescente en el Gemmli. Foto de su Facebook

Carlos Mario Marín Correa
Carlos, el Abuelo

Concejo

Carlos Mario quiso ser edil porque Manizales necesita recuperar el liderazgo que ha perdido, “por eso creo que es necesario oxigenar estos nuevos escenarios”. Juan Orozco, un conocido, recuerda que financió su campaña recogiendo plata en la calle, por eso sus compañeros decían que era muy folclórico. Esa campaña la llamó El Día de la Banderita Política, y se le ocurrió al ver a las voluntarias de la Cruz Roja, en el Día de la Banderita, pidiendo donaciones. Él convencía a la gente diciéndole: “Si no quiere un político corrupto sino independiente, pues ayúdenme”. En el 2015, con 3.012 votos, es concejal.

Hoy, a sus 27 años de edad (nació en Manizales en 1992) aspira que su carrera política finalice cuando llegue a los 40. Está seguro de que los políticos deben regenerarse,  que “cuando las personas tocan el poder… ahí se quieren quedar toda la vida, porque son garantías de las cuales el ser humano siempre ha abusado”. Por eso ponerse límites es sensato, sentencia.

En los debates del Concejo se para, alza su voz, vocaliza con fuerza cada palabra y al final de cada frase se le siente su acento paisa arrastrado. Sus gestos refuerzan lo dicho. El edil liberal Víctor Hugo Cortés Carrillo afirma que “hace pataletas cada que quiere, por desconocimiento del reglamento, y el Concejo es un recinto de la democracia serio y sus normas deben ser respetadas”; otros creen que “le mete mucho folclor y pantomima” cuando explica sus proyectos, sostienen que suele ser mediático en casos innecesarios. Para el diputado Jorge Hernán Aguirre González es un hombre valioso que, por su misma inexperiencia, entra en escenarios mediáticos con temas que se pueden tratar de otra manera. “Hay decisiones nuestras que más que populismo son decisiones de Estado, administrativas, que no pueden ser decisiones meramente de micrófonos o de pantallas”. Agrega que Carlos “tiene que saber encauzar esas emociones porque le pueden generar problemas a futuro”. Algunas fuentes políticas sostienen que este edil no necesita ser tan escandaloso para ser escuchado, reconocen que no siempre es bueno atacar las ideologías opuestas, que a él “le hace falta agachar la cabeza”.

Pero Carlos Mario reconoce cuál es su forma de actuar, sostiene que “hablar sin filtro dentro del Concejo ha sido una herramienta para que ellos (los otros ediles) piensen dos veces qué se hará”. Y da como ejemplo la polémica con la construcción urbanística en la reserva Río Blanco, que la hizo mediática para que se hablara de ella.

La sicóloga Sara Victoria Rodríguez Morales explica que el comportamiento del Concejal puede ser un mecanismo para victimizarse, “según lo que he observado cualquier ataque puede utilizarse para llamar la atención y él puede comunicarlo como arremetidas o amenazas. Eso atrae. Al ser la víctima, en el imaginario de la gente lo pueden ubicar en el lugar de que es bueno”. Menciona que cuando un político llama la atención, sin importar si es bueno o malo, es una forma para que se fijen en él y ser más conocido entre la ciudadanía.

 

Independencia

Cuenta que el 24 de diciembre del 2015, antes de posicionarse como concejal, el alcalde José Octavio Cardona León lo llamó para invitarlo a un trago en su casa. Allí, el alcalde le dijo que Hemayr Yepes Cardona (el otro edil verde) estaba con él, que ya tenía a 12 concejales apoyando su Gobierno, y no quería que él se quedara por fuera. Le ofreció la Secretaría del Medio Ambiente. Cuenta que le respondió: “Hombre Alcalde, valoro mucho que quiera que yo haga parte de su Gobierno, pero no quiero hacerlo. No llegué con compromiso político, la gente votó por mí porque hice una campaña distinta. Sólo quiero tener la independencia suficiente para cuando tenga algo que criticar, lo pueda hacer sin estar comprometido”.

Jhon Hemayr cuenta que su relación con Carlos Mario es estrictamente laboral y tienen algunos pensamientos afines. “Carlos es una persona muy trabajadora, que sabe generar su marca política, es muy dedicado”. Aclara que el Partido Verde está  inscrito como oposición, pero eso no significa que los ediles verdes todo lo tengan que votar negativo, por eso en muchos debates Carlos y él votan diferente. El alcalde Cardona es más cercano a Hemayr, quizás por el pensamiento animalista que comparten, mientras que con “Carlos Mario tiene cero acercamiento”, asegura Yepes. Aunque hay quienes dicen haber visto al concejal Marín salir muchas veces de la oficina de Cardona León, para pedir favores.

Carlos Mario responde siempre con una sonrisa, inspira tranquilidad sin importar lo enredada que esté su vida política.

Carlos Mario Marín Correa
Carlos y su esposa Valentina. Foto de su Facebook

 

Casos polémicos

1. Carlos Mario Marín denunció la construcción de la biociudadela Tierra Viva de la constructora CFC&A de Felipe Calderón, que se levanta en la frontera de la reserva forestal Río Blanco. Sostiene que la Alcaldía y Corpocaldas autorizaron que CFC construyeran en un sitio protegido por el Estado como reserva forestal. Carlos Mario dice: “el Alcalde debería suspender la obra ahora que la Ley se lo exige, pero se escuda en que no puede, una salida muy salomónica para no tomar una decisión”.

Hoy, la obra está paralizada por una orden del Juzgado Octavo Administrativo de Manizales, mediante medida cautelar. Y el Juzgado Primero Civil Municipal le ordenó al edil rectificar las declaraciones que ha dado en contra de Calderón y su constructora CFC.

2. En una sesión del Concejo, en abril pasado (del 2018), aseguró que la Alcaldía tenía a todos los medios de comunicación cooptados. “Aquí ya no hay medios independientes”, aseveró Carlos Mario. Esta declaración llevó a que el jefe de prensa de la Alcaldía, Jhon Freddy Franco Giraldo, lo entutelara. El Juzgado Once Civil de Manizales le ordenó al edil dar a conocer los nombres de los periodistas que, según él, están cooptados por la Alcaldía o a rectificar lo dicho.

3. “(…) yo no acepto costeños como interlocutores”, dijo Marín en el Concejo al edil Rafael Torregrosa Gutiérrez (partido Liberal, oriundo de Magdalena) en una sesión de control político. Esta declaración fue considera como “racista” y “xenófoba”. Ante la W Radio Torregrosa sostuvo que en el Concejo están cansados del “berrinche” y del “comportamiento infantil” de Marín, quien “viene saboteando las sesiones del Concejo a través de las redes sociales, porque hay que reconocer que es un buen ‘youtuber’, más no un buen concejal”.

 

Nota: El texto original fue publicado en el periódico Página (edición 238, septiembre-octubre de 2018)

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