Mujeres en la novela negra, un misterio por resolver

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En la reciente edición de la Feria del Libro de Manizales, se tuvo como eje central la novela negra, género de entorno masculino y en el que la mujer suele registrarse como la víctima asesinada en la primera página, la asistente de algún personaje o la amante del protagonista. Las cosas, sin embargo, parecen cambiar.

Sofía Luna, personaje principal de El final del hombre, es una detective transexual que nos cuenta su cambio de un sexo a otro y reflexiona sobre el machismo en la sociedad española. Todo esto sin dejar su oficio de policía. Antonio Mercero (España, 1969), autor de esta novela e invitado a pasada Feria  usó una mirada diferente y novedosa al reflejar en su texto casos que no se alejan de la realidad actual, como lo es esa transformación de Carlos a Sofía Luna y sus complejidades.

Un cambio que también se aleja de ese otro estereotipo de la novela negra en el que, cuando los autores se atrevían a poner a una mujer como protagonista, les creaban un perfil masculino. Chicas rudas y desapegadas, que beben alcohol y que son incapaces de freírse un huevo. Mujeres que debían estar a la par de los hombres.

Entonces, el estereotipo de la novela negra parece cambiar y sus personajes asumen nuevos roles. Cuando una mujer entra en un género tan masculinizado, este se enriquece al mostrar un contexto más amplio. Enfocarse solo en los hombres es asomarse a una parte limitada de la realidad. Es ignorar que las madres, las embarazadas, las transgénero también tienen historias qué contar.

Ya lo hacía ver, de manera tímida, uno de los padres de la novela negra, el escocés Arthur Conan Doyle, en una de las historias de Sherlock Holmes. Este ingenioso detective y misógino por antonomasia tuvo a Irene Adler como su par. La única que fue capaz de engañarlo y vencerlo, al punto de merecerle total respeto al punto de solo referirse a ella como “la mujer”. 

Irene Adler. Ilustración tomada de pinterest.com

Y así fue cómo se evitó un gran escándalo que pudo haber afectado al reino de Bohemia, y cómo los planes más perfectos de Sherlock Holmes se vieron derrotados por el ingenio de una mujer. Él solía hacer bromas acerca de la inteligencia de las mujeres, pero últimamente no le he oído hacerlo. Y cuando habla de Irene Adler o menciona su fotografía, es siempre con el honroso título de ‘la mujer’”, narraba el doctor John H. Watson en Las aventuras de Sherlock Holmes. Escándalo en Bohemia.

La sociedad evoluciona y con ella el género negro, pero no a la velocidad deseada. Se ha empezado a cambiar la percepción, pero las estructuras siguen siendo masculinas. Algo tan normal como que a la protagonista le llegue la regla (menstruación) es impensado. Sigue siendo tabú. Es cierto que las mujeres tienen que ser más duras para llegar al mismo sitio que los hombres, no solo en la realidad, sino también en la ficción.

Hace falta evolucionar, enriquecer y renovar el género detectivesco; no basta con tener a mujeres protagonistas, también hay que explorar hombres con otro tipo de masculinidades, como lo hizo Mercero. También abrirle la puerta a esas herederas de Agatha Christie, que, como la novelista británica, quieren irrumpir en una literatura machista de una manera novedosa y que encantó a los lectores hasta hacerla la autora que más obras ha vendido de todos los tiempos.

Foto Silvana Bustos Restrepo

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