Así se cocina el Festival Internacional de Teatro de Manizales

En portada Festival Internacional de Teatro
Mueble de utilería
Mueble de utilería

En el Festival Internacional de Teatro de Manizales (Fitma) el público murmura, cruza y descruza los brazos, mira para todos lados y se mueve en las sillas de una sala de teatro o en un andén a esperar que comience la obra. Puede ser un circo, una danza, una representación o un performance. Solo quieren disfrutar de un espectáculo sin detenerse a pensar cuánto tiempo y trabajo requiere construir ese momento.

Tras bambalinas, sin embargo, todo es movimiento. Los encargados de las luces y el sonido hacen los últimos ajustes; los actores y directores repasan el guión, y los de producción, utileros, carpinteros, técnicos, sonidistas y pintores están listos para montar la obra siguiente.  No se ha acabado un montaje y ya se está planeando el otro.  Así es como funciona la producción del Festival Internacional de Teatro de Manizales, el más antiguo del continente, que arrancó su edición número 51 el pasado 21 de septiembre.

La preparación 

El equipo de producción del Festival trabaja siete meses antes para darle a los grupos teatrales que vienen de distintas partes del mundo los escenarios e insumos que necesiten. “El director general del Fitm (Octavio Arbeláez Tobón) y yo nos reunimos cuando ya está rodando éste, para plantear el siguiente. Siempre se está pensando un paso adelante”, explicó Julián, productor general del Ftim y hermano de Octavio.

“Los grupos internacionales no pueden viajar con sus escenografías porque representan costos muy altos. Es por esto que se debe conseguir todo lo que ellos requieren. En muchas ocasiones toca mediar porque no encontramos exactamente lo que necesitan; si piden un florero azul y lo conseguimos rosado, lo pintamos o buscamos otro diseño”, explica Paula Leguizamón

Una vez que pasan los proyectos, buscan la financiación, entregan las propuestas al Ministerio de Cultura y a todas las posibles instituciones que los puedan patrocinar. Después de que Octavio entrega el diseño a Julián, este se comunica con las compañías para ver qué tal son los montajes de las obras. Luego convoca a su equipo para trabajar en los planos de las escenografías.

El equipo consta de siete coordinadores: de transporte, de utilería, de alojamiento y alimentación, de escenografía, de teatro de calle, de producción, de guías y técnico. El coordinador encargado de la escenografía y el productor negocia con cada compañía. Los artistas pasan la propuesta del montaje y los elementos escenográficos que requieren para cada pieza teatral. Después de analizarla, se hace una contrapropuesta con algunos ajustes, ya sea para rebajar costos o porque la construcción es demasiado compleja. 

Solitudes. Fotos: David Ruiz
Solitudes, de l grupo español Kulunka. Foto David Ruiz

“Los grupos internacionales no pueden viajar con sus escenografías porque representan costos muy altos. Es por esto que se debe conseguir todo lo que ellos requieren. En muchas ocasiones toca mediar porque no encontramos exactamente lo que necesitan; si piden un florero azul y lo conseguimos rosado, lo pintamos o buscamos otro diseño”, explica Paula Leguizamón, coordinadora de construcción escenográfica. 

Dos meses antes de que inicie el Festival se adecua una bodega en la que se construyen y se arman las escenografías, principalmente de madera y estructuras metálicas. Además, se almacenan todos los elementos de utilería y las cargas que los grupos nacionales envían desde su ciudad de origen. Allí trabajan cuatro carpinteros, diez auxiliares de bodega, dos almacenistas, un asistente, tres auxiliares de utilería y su coordinador. Además de técnicos, pintores y coordinadores de distintas áreas. 

El proceso de construcción escenográfica es clave para llevar al público la magia del espectáculo que se plantea desde el guión. “Los grupos suelen ponerse muy nerviosos con respecto a llegar a un país y no encontrar las cosas como ellos pretenden que estén”, expresó Leguizamón. Por esto, con base a los planos que envían las compañías teatrales, se hacen unos mapas en los que especifican de forma precisa el montaje y todo el proceso logístico para armar el escenario. 

En las salas se dispone de un equipo técnico de ocho personas que se encargan de montar y desmontar en menos de cuatro horas cada obra. No importa su tamaño o su complejidad, en este lapso deben desarmar y volver a armar todo, incluyendo el montaje de luces que suele ser dispendioso. Algunas gastan un poco más de tiempo, por lo que se ven obligados a trabajar toda la noche y hasta la madrugada. 

“Un golpe bajo para el Festival”

Así fue como definió el productor del Fitm el retiro del apoyo económico de la Unidad de Víctimas. Por la falta de los $80 millones que proporcionaba esta entidad tuvieron que prescindir de la sala El Escondite. “El Festival está en dificultades económicas. En esta edición es más pequeño porque, debido a eso, bajó la cantidad de grupos que se presentarán este año”, agregó Julián Arbeláez.

Las salas como la del Teatro Fundadores, la Universidad Nacional y la Universidad de Caldas o espacios abiertos como la Plaza de Bolívar, normalmente se consiguen por medio de patrocinios o préstamo de la Alcaldía. A cambio de boletería o de cupos en los talleres que hacen para los estudiantes, las compañías se pueden presentar en estos lugares. La mayor parte del presupuesto se va en la construcción de las escenografías. 

Una de las medidas que han tomado para combatir la falta de dinero es reciclar los elementos que quedan en buenas condiciones para una próxima edición. Además, algunos de los utensilios que requieren los grupos se recogen de la calle, se piden prestados o se restauran. 

Las más complejas

Bakunin sala. Foto de El Galpón
Bakunin sala, del grupo El Galpón. Foto de El Galpón
Algo en Fuenteovejuna. Foto grupo Puño de Tierra
Algo en Fuenteovejuna, del grupo Puño de Tierra. Foto Puño de Tierra

En esta edición del Fitm son tres las obras de sala que tienen los montajes más complejos, ya sea por su diseño, tamaño o por las estructuras que lo componen. La primera es Solitudes, del grupo español Kulunka; Bakunin Sauna. Una  obra anarquista, de la compañía uruguaya Teatro el Galpón; y Algo en Fuenteovejuna de la Unam y el grupo Puño de Tierra de México. Tan solo el montaje de esta última costó cerca de $7 millones. 

Naufragata, Circo Zoé. Foto Andrea Macchia
Naufragata, Circo Zoé. Foto Andrea Macchia

Para calle la más compleja es  la obra Naufragata,  del Circo Zoé, de Italia Este es un montaje con estructuras metálicas de tres metros de alto, de las que los artistas se suspenden en el aire con aros y cuerdas mientras una banda musical toca en vivo. Es la única que se arma un día antes de presentarse. 

PERIODISTAS: Isabela Saldarriaga y Aura María Valencia

 

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