Dos hechos tristes en la Manizales de septiembre de 1926

La Voz de Caldas: 1926-2019

Dos hechos lamentables alteraron a la Manizales del 6 de septiembre de 1926. Ambos tienen como protagonistas a personas venidas de otras ciudades. Por la narrativa de ambas noticias las publicamos en su totalidad. Estas son:

“En la calle murió un niño el sábado en brazos de su madre
El sábado iba por la calle de la Inspección de Tráfico una mujercita llamada Susana Salazar, del departamento del Tolima, con su hijo en brazos. Tenía este niño al parecer siete u ocho años de edad, aunque la madre manifestó tener 15 a 16 años pues era raquítico, nos dijo. Poco antes de llegar a la puerta de la Inspección de Tráfico el pequeñuelo falleció en los brazos de su madre que se entregó a la mayor desesperación por la forma repentina de la muerte.
Fuera de ser raquítico este niño, que por nombre llevaba el de Feliciano Ruiz, nos dijo la madre que hace posible la próximamente año y medio una mula le había dado una patada en el estómago y que venía desde entonces muy enfermo.
Las autoridades hicieron las gestiones del caso para darle sepultura a este pobre niño.

“El final de un merodeador
Jesús Antonio Londoño, prófugo por varios delitos y no ha mucho fugado a una comisión de la policía que lo traía preso de Palmira había escogido como teatro para sus fechorías la región de El Tablazo, de este municipio, en compañía de Ismael Duque de sus mismas condiciones y antecedentes.
Estos dos hombres tenían sembrado el terror en aquellos lugares. Se dedicaban a mortificar las familias, a merodear y a pendenciar prevalidos de la impunidad, pues los vecinos no se atrevían a denunciarlos por miedo a ser asesinados.
Parece que lograron saber que Pedro Pablo Zapata tenía el propósito de delatarlos ante las autoridades, pues cuando el sábado a las tres de la tarde éste llegaba de Manizales y se ocupaba en descargar su mercado, Londoño le atacó revólver en mano y le hizo varios disparos, diciéndole que por qué pretendía hacerlos capturar. Zapata se entró a su casa y desde allí empezó a disparar también. Uno de los proyectiles de Londoño lo hirió en la cabeza.
En ese momento la esposa de Zapata, Anaveiva Madrid entró a la sala a ver la causa de aquel tiroteo y una bala de Londoño la hirió también en la cabeza aunque parece que no muy gravemente.
Llegó entonces el anciano Marcó A. Madrid, padre de Anaveiva y al ver lo que ocurría y a sus hijos heridos, sacó también su revólver y atacó a tiros a Londoño y a Duque con tal furia que logró hacerlos retroceder una cuadra. Como se le acabaran también los proyectiles se volvió a su casa y se encerró.
Poco rato después pasaron los dos bandidos hacia el Alto del Zarzo. Inmediatamente se puso el asunto en conocimiento de las autoridades de Manizales y a las diez de la noche el Inspector tercero municipal, don Vicente Abad, con su secretario y con algunos agentes de Policía se presentó en casa de Zapata a tomarle a éste y a su esposa las declaraciones instructivas correspondientes.
En esto estaba el inspector cuando llegó alguien y dijo: “acaban de matar a Jesús A. Londoño”.
El inspector Abad suspendió las instructivas y se dirigió con su comitiva, más con algunos vecinos al lugar donde había ocurrido el caso.
Efectivamente, entraron a casa de José Hidalgo y en la cocina hallaron a Londoño en la situación más macabra: estaba al pie del fogón, boca arriba, con los ojos abiertos, las manos sobre el pecho, en una un revólver, en otra un machete y en el bolsillo una almarada, armas peligrosísimas.
El mismo José Hidalgo refirió el asunto: llegaron Londoño y Duque a su casa, ya muy avanzada la noche a exigirle que le prestara un revólver al último porque estaba desarmado y que como antes había herido a un hombre y a una mujer la policía y iría a capturarlos y ellos tenían que defenderse. Hidalgo se negó a prestarles el revólver y los hombres entraron a su casa y se dirigieron hasta la cocina.
Allí encontraron a las sirvienta de la casa, Hortensia Calderón, la tomaron por el cabello, y Londoño por la fuerza la requería de amores. Hidalgo vio esto y le llamó la atención a Londoño quien enfadado le disparó. Sacó también Hidalgo su revólver y con una hábil movimiento logró hacer desviar el tiro a Londoño, y enseguida le disparó causándole varias heridas, una de ellas en la boca que le tumbó casi toda la dentadura y dejándolo muerto allí mismo.
En esta lucha intervinieron la señora de Hidalgo, Teresa Arias, Miguel García y Antonio Giraldo.

El inspector practicó el levantamiento del cadáver, se le trasladó a esta ciudad donde los médicos le hicieron la autopsia, y ayer le dieron sepultura.

Duque huyó.
Entre los vecinos de aquella comarca la muerte Londoño ha causado el mayor júbilo, y a Hidalgo lo consideran como un verdadero libertador.

Lunes, 6 de septiembre de 1926. La Voz de Caldas

Ciudad de foráneos

Ilustración de Santi Morilla

Las primeras décadas del siglo XX en Manizales fueron de desarrollo. El texto Progreso y delincuencia:mecanismos de control social en Manizales (Colombia), c. 1910-1940, de Miguel Antonio Suárez Araméndix, Edwin Andrés Monsalvo Mendoza y  Sebastián Martínez Botero, sostiene ese progreso trajo el crecimiento demográfico de la ciudad, y muchas preocupaciones. Eudoro Galarza Ossa, director de LA VOZ DE CALDAS, manifestó su intranquilidad por dicha migración, “cuestión que para él no solo generaba un problema social (¿Dónde pueden vivir? ¿Qué costumbres tienen? ¿Dónde pueden trabajar?), sino que ocasionaba un desbalance en la oferta y la demanda de la ciudad”.

Sostienen los investigadores que Galarza responsabilizó a los campesinos que pululaban por las calles de ser los responsables del aumento en los precios de la carne de cerdo, por abandonar el campo, sus tierras y animales. Ricardo Isaza Solom, otro miembro de la elite, señaló que “a medida que el progreso va caminando, la miseria no solo no va disminuyendo, sino que para las más numerosas capas sociales se va acrecentando haciéndose más desesperada e irresistible, provocando degradaciones”.

Así, mientras que las fábricas, talleres, bancos y comercio hicieron que Manizales “se fuera transformando en lo que parecía ser una urbe moderna, la infraestructura seguía evidenciando la parroquia de vecinos del siglo XIX”.

Y con los foráneos crecieron los actos delictivos. Dice la investigación que en 1913 Manizales tenía 33.251 habitantes y 129 prisioneros. “Una década después con una población de 51.838 habitantes la cifra alcanzó los 4.199 prisioneros. Es decir, que la cifra de delincuentes aumentó proporcionalmente más que la de la población”. Los delitos que más impactaban eran los de robo y hurto, “que tanto complicaban la tranquilidad de la ciudad y hacían temer a los vecinos por sus pertenencias, ya que la mayoría de hurtos involucraban a más de un delincuente y a veces actuaban en bandas de malhechores”.

La mayoría de los judicializados eran varones, “agricultores, con edades que oscilaban entre los 21 y los 30 años, solteros y sabían leer y escribir. Como lo señaló el editor de la Revista Anuario Estadístico con estos datos ´en cuanto a instrucciones de los sindicados en que aparece mayor porcentaje de alfabetos, se combate la creencia general de que los que cometen delitos son en su mayoría gentes ignorantes´”.

Viernes, 6 de septiembre. UmCentral

Avisos de ayer

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Escuela de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Manizales

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